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[F.C.] Pokémon EGN: Hoy es el fin del mañana

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  • Pokémon [F.C.] Pokémon EGN: Hoy es el fin del mañana

    POKÉMON EGN
    Hoy es el fin del mañana



    Un extraño pokémon ha despertado de un milenario sueño, iniciando la cuenta regresiva para una batalla de la que dependerá el destino de todo ser vivo en la Tierra. Para evitarlo tendrá que despertar a sus 12 hermanos. ¿Podrá lograrlo y encarar su destino?




    DISCLAIMER

    Pokémon y todos sus personajes pertenecen a Satoshi Tajiri, Gamefreak y Nintendo, ésto sólo es fanmade con la intención de entretener a otros seguidores de la franquicia.
    Los personajes originales encontrados en este fanfiction NO pueden ser utilizados sin consentimiento de OnixTymime.



    NOTA

    NO TOLERAMOS A PERSONAS SIN GOTA DE CREATIVIDAD O POCA DIGNIDAD DISFRUTEN RECIBIR MÉRITO POR EL TRABAJO DE OTROS, ASI QUE SI ROBAS ESTE FANFICTION O CUALQUIER ARTWORK DEL MISMO, ATENTE A LAS CONSECUENCIAS.

    SI LLEGAS A SABER DE ALGUNA PUBLICACIÓN NO AUTORIZADA, POR FAVOR, AVISAR PARA TOMAR LAS MEDIDAS PERTINENTES.





    ¡Saludos!

    Eve y los Guardianes de las Naturaleza, como se llamó en un principio gracias a la sugerencia de los lectores, es mi mayor proyecto personal y al que le tengo más aprecio.

    La verdad, jamás pensé que le llegase a gustar a tantas personas y que les agradara de la manera en que lo hace, pues cuando comencé lo hice por el entusiasmo producto de una conversación por messenger con una amiga, quién me animó a que escribiera una historia completa. Lo que escribí en ese entonces no tiene nada que ver con "EGN", pero el apoyo me hizo agarrar unos fakemon que, en teoría, eran unos Mewthree basados en la capacidad evolutiva de Eevee y darles espacio en la historia con su propia personalidad.

    Debo admitir que luego de descubrir los fanfics en este súper-fabulosa comunidad, también me picaron las ganas de aportar. Pero no me hubiera atrevido si no hubiera sido por aquel "empujoncito" de mi estimado @Axl Rose, a quien le agradezco que fuera el primero en el foro que leyera este fanfic y me animara a publicarlo. Gracias en donde quiera que estés, espero alguna vez volverte a ver conectado :).

    En verdad, aún a es estas alturas del partido, estoy sorprendida que haya tantas personas que le han agarrado verdadero cariño a los personajes de EGN, sintiéndose identificados o a gusto con ellos, disfrutando de cómo se desenvuelven en cada situación, lo que me hace sentir dichosa por hacer algo que los haga felices, aunque sea por un instante.

    A todos, muchas gracias, EGN no sería lo que es si no fuera por todos sus comentarios y el ánimo que me han dado ^^





    Muchísimas gracias por todo ;w;



    PROYECTO DE REVISIÓN

    Desde hace un tiempo, me he dado a la tarea de revisar y modificar los primeros capítulos con la intención de mejorarlos.
    Si se preguntan la razón, es simple: escribía horrendo. Ya, eso es todo, no hay mayor explicación.
    Además, cuando comencé este fanfiction, apenas estaba saliendo la 4ta generación y ya vamos por la 6ta, algo que ha logrado llenar ciertos "vacíos".

    PROGRESO
    (12/02/2017)

    11 - Camino a Monte Luna







    ÍNDICE
    ÚLTIMA ACTUALIZACIÓN: 08/04/2018


    ACLARATORIA
    Los capítulos que carecen de vínculo se debe a que comparten el post con el capítulo anterior. He tratado de acomodarlos todos para que tengan sus post individuales y todo sea más sencillo para ustedes, pero fui demasiado noob (?).



    Spoiler: 
    Prólogo
    1. Robo en Altomare
    2. A la luz de la Luna
    3. El relato de un fantasma
    4. Sin atajos
    5. El temido Equipo Rocket
    6. Contratiempos en Viridian
    7. Dulce Encuentro
    8. Pueblo Paleta
    9. Sin señal
    10. Hazlo con amabilidad
    11. Camino a Monte Luna
    12. Una danza lunar fuera de lugar
    13. Prestando ayuda
    14. Nuevos enemigos
    15. Club de Fans de los Pokémon
    16. Todo disperso
    17. Visitas inesperadas
    18. Malsumis
    19. Aviso
    20. Pesadilla en la Torre Pokémon
    21. Al final del Laberinto Azeban
    22. Antes de lo esperado
    23. Eve y Enurta. El Malsumi empedernido y traicionado
    24. ¡¿De qué hablan?!
    25. Un día "normal" en familia
    26. Dyfir /VS/ May
    27. Sobre nuestros hermanos
    28. Calma, alboroto y riñas familiares
    29. Mantén cerca a tus iguales
    30. Problemas familiares
    31. Atrapado
    32. Nacimiento
    33. Niñez y pérdida de inocencia
    34. Amor y Sueño
    35. Convirtiéndonos en prófugos
    36. Emboscada y secuestro
    37. Anhelos, deseos, sueños y miedos
    38. Instintos de furia
    39. Sólo por...
    40. Pasando el rato con un Malsumi
    41. La cuenta regresiva comienza
    42. Madison, una peculiar Creyente. Rencores del pasado
    43. El Pokémon de la Luz (Primera Parte)
    -----El Pokémon de la Luz (Segunda Parte)
    44. Resurgir en el Caos
    45. Princesas en conflicto
    46. ¡Quítenme a ese Mew de encima!
    47. ERS-696
    48. Jugando con las sombras (dividido en 2 post)
    49. Carpathia
    50. Amores que matan
    51. Feroz como el... ¡¿agua?!
    52. La propuesta
    53. Intereses
    54. Prepararse para una guerra sin morir en el intento
    55. Un regalo difícil de aceptar
    56. Cuentas pendientes
    57. La casa en el bosque
    58. Afinando detalles
    59. Por última vez
    60. Decisión
    61. Muestras de poder
    62. Que el cielo se parta en dos
    63. Sin filo, sin nada
    64.
    ¡Da la cara!
    65. Todo se paga
    66. Averouz
    67. Silencio




    EXTRAS



    Espero que este Fanfic sea de su agrado.






    Introducción: 


    Una penetrante oscuridad lo engullía todo, se sentía como flotar en la nada aunque era difícil estar seguro de ello, resultaba imposible saber si en realidad se existía o no en aquel vacío infinito. El silencio era el fiel compañero de aquel lugar perdido, ni el tiempo ni el espacio tenían nada que hacer ahí.

    De repente, en aquel paraje inexistente, resonó una voz:

    — ¡Despierta!

    Tan suave y cálida, era muy tentador responderle a gritos. Pero no obtuvo respuesta, por eso insistió:

    — ¡Despierta!

    — ¿Ah…?

    Finalmente le habían contestado, tratándose de un leve susurro somnoliento apenas. Un pequeño punto de luz nació en aquella penetrante oscuridad, débil y titilante, empezando a ganar fuerzas a medida que titilaba, como si un corazón comenzara a latir y se apresurara para no dejar de palpitar.

    — Ya es la hora, tienes que despertar.

    La luz ganó aún más fuerzas todavía, pero no era lo suficientemente poderosa como para combatir la oscuridad, tampoco es que aquel ínfimo punto de luz la tuviera fácil con semejante oponente. Pero no se dejó vencer, no dejó de titilar, luchando con las tinieblas sin dar el brazo a torcer.

    De nuevo, la segunda voz contestó, aún adormecida y con mucha pereza:

    — ¿Ya…?

    — Sí y es urgente —dijo ansiosamente la primera voz —. La situación se me ha escapado de las manos. No es el momento de que se cumpla lo escrito, pero nada ha sucedido como yo pensé que sería y se ha precipitado todo… los necesitan… ¡y rápido!

    Se detuvo y esperó que le respondieran rápido, sin resultados. Parecía que sea quién fuera el dueño de la segunda voz, tenía mucho sueño o no estaba a gusto con lo que escuchaba y era reticente a contestar.

    — ¡Dime algo! —apremió la primera voz.

    — ¿Qué quiere que le diga? —contestó finalmente la segunda, ahora sonando molesta —. Todos sabíamos que pasaría, usted ha sido la única necia, reacia a aceptarlo.

    — ¿Cómo te sientes? ¿Hay algo que deba saber? —preguntó la primera lacónicamente, haciendo oídos sordos a la respuesta que había recibido.

    — Nada en especial —respondió la segunda de un modo que destilaba amargura.

    — Ay, hija mía... —suspiró suavemente la primera voz, lamentándose por la hostilidad que comenzaba a captar en quien le contestaba —. Sé que no te he brindado lo mejor y que lo que está por venir será muy difícil para ti, no pienses que para mí lo es. Pero no debes angustiarte, hija mía, escucha con atención estas palabras, pues a partir de ahora serán ley: No estarás sola y de ello me aseguraré personalmente. Conocerás a alguien que en verdad te hará apreciar la vida, que te dará fuerzas y valor para afrontar el final...

    — ¡No! —chilló desesperadamente la segunda voz, cortando en seco a quien era dueña de la primera y haciendo que esta se sintiera ofendida — ¡Ya basta! No me haga esto. No me ayudará nada, sólo lo hará más difícil de lo que ya lo es, no puedo soportar que usted pretenda...

    — Hija, no hay peor sordo que aquel que no desea oír, así que mejor considera lo que te he dicho —vociferó la primera con profunda serenidad, logrando acallar a la segunda en el acto, reafirmando una vez más la influencia que tenía sobre ella —. Lo que temes no volverá a suceder, pondré todo mi empeño para evitarlo, lo juro. Juro que estará ahí, acompañándote, hasta el fin. Lo juro, hija mía.

    — ¿Pero por qué…?

    — En su momento lo entenderás, amada hija. Por ahora… ¡despierta!

    La luz que titilaba estalló de repente, inundando con su cálido brillo todo lo que tocaba y aniquilando para siempre las tinieblas, arrastrándola lejos de su lugar de descanso y devolviéndola a la realidad a la cual temía tanto regresar.






    En un bosque, muy apartado de la civilización, un gran grupo de pokémon se congregaba alrededor de un rayo de luz que emergió repentinamente de las profundidades de la tierra y ascendía hasta los cielos, perdiéndose en las nubes oscuras de la noche.

    Poco a poco, más pokémon llegaban al lugar empujados por la curiosidad, amontonándose para ser testigos de tan inusual suceso. Algunos estaban impresionados, muchos asustados y otros cuantos hipnotizados por la belleza de la misteriosa luz blanca, algunos comparándola con el esplendor que irradiaba la luna en las noches en que estaba es su máxima expresión, hermosa y redonda.

    De imprevisto, una silueta comenzó a surgir lentamente de la tierra, elevándose del suelo ante la atónita mirada de los presentes. Todos reprimieron un grito de terror, preocupados de que fuera lo que fuera que estuviera emergiendo ante ellos los atacara. Pero a pesar del miedo permanecieron quietos y a la expectativa, la curiosidad superaba a sus instintos ante la presencia del hipnótico pilar de luz, como si fuese algo que se viesen obligados a presenciar.

    La silueta se elevó un poco del suelo y el hermoso rayo de luz comenzó a desaparecer lentamente, extinguiéndose para siempre al cabo de unos segundos. Al desaparecer, los curiosos pokémon pudieron apreciar con asombro la identidad de la silueta, detallando hasta el más minúsculo detalle y sintiéndose contrariados, pues desconocían si era amigo e enemigo.

    El níveo pelaje de la criatura, poco a poco, comenzó a emitir un pálido resplandor que volvió a recordarles a la hermosa luna a quienes la contemplaban admirados. Tenía unos grandes ojos de un precioso tono azul que era más claro que el cielo y casi tan traslúcidos como el cristal, enmarcados con largas pestañas negras. Su cola y orejas eran largas también, lo mismo sus piernas y brazos, en los cuales no se vislumbraban dedos a simple vista. Algunas zonas de su pelaje eran de un intenso color violeta, específicamente en las puntas de sus pies, orejas y cola. Y en el medio de su frente llevaba incrustada una gema del mismo violeta intenso, esculpida con la forma de un símbolo extraño, que podría tratarse de una espinela.

    La criatura observó a los que la rodeaban con curiosidad, pero a la vez con cierta indiferencia. Quienes se atrevían a devolverle la mirada aún estaban petrificados del susto, demasiado confundidos por lo que veían y preguntándose de qué se trataba todo eso, de dónde venía realmente y cuáles eran sus propósitos.

    El misterioso ser elevó la mirada hacia los cielos, ignorándolos, y sin mediar palabra alguna despegó hacia los brazos de la noche, en donde reinaba una luna en Cuarto Creciente, alejándose del lugar y dejando a los pokémon con la duda.

    Al poco tiempo de que se fuera, un pequeño Pichu temeroso se acercó a donde hace muy poco yacía la criatura. Cuando llegó al punto exacto, encontró un hermoso camafeo. El pequeño ratón eléctrico quedó embelesado por la belleza de aquel antiguo objeto, más aún por su tamaño, que ocupaba casi su propio rostro. Lo levantó del suelo con sumo cuidado, acercándolo a su rostro lo más que podía para poder apreciar cada detalle con mayor detenimiento.

    En el camafeo estaba tallada la figura de una mujer joven y hermosa, con largos cabellos en los que tenía enredadas una gran variedad de preciosas flores, plumas, perlas, caracolas y frutos. En el dorso de su mano, con la cual acariciaba su grácil cabello, tenía grabado el mismo símbolo de la gema que tenía en la frente la extraña criatura nívea.



    Prólogo (2007):
    Spoiler: 
    Todo estaba oscuro… No había ni un pequeño rayo de luz. Sin ruido, solo hay oscuridad


    - Despierta… - interrumpe el silencio una suave voz, que parecía venir del vacío.



    - Despierta… - repite “el vacío”.

    - ¿Ah…? – susurra una voz, somnolienta.

    - Ya es hora ¡Despierta! – exclama “el vacío”.

    - ¿Ya…es hora? – susurra “la voz”, perezosamente.

    - Así es, la situación es mas grave de lo que pensaba – dice “el vacío” – Creía que tomarían medidas… Que lo cuidarían hasta que ustedes llegaran… Pero me equivoque…-



    - Estas muy callada – dice “el vacío”.

    - Sabías que no lo harían… - comenta “la voz”.

    - ¿Qué sientes? – pregunta “el vacío”.

    - Nada especial… - le contesta “la voz”, con amargura.

    - Hija mía… - espeta el vacío suavemente, interrumpiendo a “la voz” – Sé que es muy duro para ti. Pero créeme, hay un ser muy especial que estará en tu camino y te acompañara hasta el final… -

    - No de nuevo… - susurra “la voz”, cansinamente.

    - Hija, escucha mis palabras… - interrumpe “el vacío” – Este ser te dará fuerzas en el final –

    - ¿A qué te refieres? – pregunta “la voz”.

    - En su momento lo sabrás. Ahora… ¡Despierta! –

    La oscuridad desaparece y le da paso a la luz.



    En un bosque, muy apartado del mundo humano, un gran grupo de pokémon se congregaba alrededor de un rayo de luz, que había emergido repentinamente de la tierra y ascendía hasta los cielos perdiéndose en las nubes oscuras. Poco a poco, otros pokémon llegaban al lugar, impulsados por la curiosidad. Unos estaban impresionados, otros asustados, y otros cuantos hipnotizados por la belleza de la extraña luz. Entonces, una oscura figura empieza a surgir lentamente, al parecer, de la tierra. Todos los pokémon reprimen un grito debido al susto que les provocó la aparición repentina de esa figura, pero la curiosidad los hizo permanecer quietos. La figura se eleva un poco del suelo y el hermoso rayo de luz desaparece lentamente, dejando visualizar a una criatura. La criatura emitía un pálido resplandor, con unos grandes ojos de un azul más claro que el cielo, cola y orejas largas, lo mismo era con lo que parecían piernas y brazos en los cuales no se vislumbraban dedos, tenía unas cuantas zonas de su cuerpo violeta y en su frente tenía una gema con la forma de un símbolo extraño. La criatura lanza una mirada con sus claros ojos a los pokémon que la rodeaban, que estaban petrificados de asombro por su repentina aparición. De un momento a otro, el pokémon vuela rápidamente por los cielos de una luna que estaba en cuarto creciente, alejándose del lugar y dejando a los pokémon con la duda. Un pequeño Pichu se acerca a donde hace segundos yacía la criatura, y en el suelo encuentra un hermoso camafeo. En el se encontraba grabado la figura de una hermosa mujer joven, con largos cabellos en los que tenía enredados una gran variedad de hermosas flores, y en el dorso de su mano que jugaba con su grácil cabello tenía grabado el mismo símbolo que tenía el pokémon blanco en su frente.








    1
    Robo en Altomare


    Spoiler: 
    En una ciudad con ríos como calles conocida con el nombre de Altomare, una chica caminaba tranquilamente por la plaza que rodeaba al Museo de Historia, acompañada por un ceñudo Sneasel. La joven de tez blanca, ojos color avellana, cabello largo y blanco como algodón, vestida con unos pantalones cortos, una franelilla y una gorra que usaba de lado, consultaba una guía turística que le obsequiaron en la lancha que la llevó hasta el popular paraje turístico.

    De su mochila colgaba una pequeña placa que indicaba que su nombre era Dyfir. Acababa de cumplir dieciséis años y se encontraba en pleno viaje por Johto, su región natal, para participar en la Liga Pokémon, pero en vista de que aún faltaban meses para que se celebrase tal evento y que sólo le quedaba una medalla por ganar, decidió tomarse un pequeño descanso y visitar la hermosa ciudad que siempre había soñado conocer desde niña.

    — Oh, escucha esto —dijo Dyfir sonriendo y llamando la atención de su Sneasel con un ademán de la mano, paseando sus ojos con avidez sobre el pequeño y colorido trozo de papel que sostenía —: "Cuenta la leyenda que la ciudad está protegida por dos pokémon legendarios. Los Guardianes de Altomare se alzaron y combatieron valientemente contra un malvado hombre, que atemorizó la ciudad con la ayuda de sus crueles lacayos, un temible Aerodactyl y un sanguinario Kabutops" —leyó, levantando una ceja y dándole la vuelta al papel en busca de más información.



    Suspiró desilusionada al no encontrar nada más y se detuvo, elevando la mirada hacia los pilares esculpidos en mármol que ornamentaban la plaza. Señalando hacia el vasto mar, yacían las estatuas de los Guardianes de Altomare, con sus ojos vacíos fijos sobre las aguas a las que el viento se aseguraba de no concederles paz.

    — Latios y Latias… creo que así se llaman —susurró ensimismada, revisando una vez más el folleto para confirmarlo con bastante emoción.

    Su Sneasel, de inmediato, le indicó con un cariñoso gruñido que estaba en lo correcto antes de que su entrenadora pudiera corroborarlo, a lo que ella le regaló una gentil sonrisa de agradecimiento.

    Shade, como había nombrado al malhumorado Sneasel, era el pokémon más reciente que había capturado en su camino a ciudad Blackthorn. Fue bastante complicado de atrapar, el Sneasel se aseguró de hacérselo difícil al congelarle los pies cada vez que se encontraban, así estuvieron por al menos un par de días en el Camino Helado hasta que Dyfir se alzó victoriosa con Shade dentro de una Lunabola, la última bola de captura que quedaba en su bolsillo.

    Y si bien hasta ese momento el Sneasel no le había desobedecido, como habían comenzado con el pie izquierdo, Dyfir pensó que sería buena idea mantenerlo fuera de su pokebola durante su estancia en la ciudad para que le hiciera compañía y así lograran estrechar lazos.

    — Vayamos al museo, Shade —dijo alegremente aún con la esperanzadora idea rondando en su cabeza, dándole la espalda a los pilares y dirigiéndose muy contenta hacia la edificación.

    Por la absurda cantidad de turistas caminando distraídamente en todas direcciones, el trayecto hacia la entrada del museo no fue nada sencillo, en especial porque su Sneasel era propenso a perderse entre la multitud a causa de su tamaño. Con algo de suerte y después de recibir unos cuantos empujones accidentales, lograron llegar a las puertas del recinto, deteniéndose un instante para recuperar el aliento antes de ingresar sin mayores problemas.



    Apenas unos minutos después de que la joven entrenadora y su Sneasel entraran al museo, en esa misma plaza, un muy extraño pokémon blanco caminaba tranquilamente, abriéndose paso entre la multitud con absurda facilidad. Algo tan inusual robaba las miradas tanto de humanos como de pokémon, pero aquella criatura no parecía intimidada por ello, prácticamente indiferente ante los susurros de asombro que comenzaban a circular entre los turistas.

    El pokémon se detuvo en el centro de la plaza, inspeccionando cuidadosamente su alrededor, como si buscase algo. Su mirada, finalmente, se detuvo en el Museo de Historia. Con aire pensativo, inspeccionó cuidadosamente la fachada del edificio con sus ojos de cristal, frunciendo levemente el ceño al cabo de un par de segundos.

    En ese momento, un entusiasmado niño que siguió al pokémon desde el momento en que éste pisó la plaza, logró atravesar el corro de curiosos que se había formado alrededor de la criatura y ponerse frente a todos. Jadeando por el esfuerzo, metió la mano en uno de los bolsillos de su pantalón y sacó una ultrabola que lanzó de inmediato hacia el pokémon.

    Los espectadores ahogaron un grito y siguieron la trayectoria de la bola, a algunos casi se le salían los ojos y otros pensaban en cómo sobornar al niño si tenía éxito. Pero todas las expectativas se disolvieron cuando la pokebola se detuvo a sólo centímetros del rostro del pokémon.

    El niño se exaltó y la multitud ahogó un grito, conteniendo la respiración cuando el pokémon fijó sus ojos en el artefacto de captura con desdén. Torció los ojos, dibujando una discreta sonrisa burlona en su rostro, y unas cuantas chispas violetas saltaron de su níveo pelaje. La bola quedó envuelta en la extraña energía que emanaba el pokémon y dio un par de giros sobre si misma, volando de vuelta a las manos del anonadado niño.

    Como si nada hubiese ocurrido, el pokémon inició una muy tranquila caminata, con sus azules ojos fijos en el museo.

    Los cuchicheos volvieron a escucharse en el tumulto de turistas, todos atónitos ante la actitud del pokémon, tal comportamiento desdeñoso no era usual y mucho menos cuando era el centro de atención. En realidad, los pokémon que eran considerados raros, solían ser muy evasivos a tener contacto con los humanos, eso era lo que resultaba fascinante y respetable en ellos.

    Algunos compartieron que lo más prudente sería dejarlo en paz, no sabían si era agresivo a pesar de su delicada apariencia y podrían estar interviniendo en algo en lo que no deberían meter sus narices.

    Más un dicho muy popular reza que la curiosidad mató al Meowth, así que nadie le prestó atención a los más precavidos, tachándolos de cobardes, decidiendo seguir a la criatura manteniendo una distancia prudencial, deseosos de averiguar el motivo de su presencia en la ciudad.

    Mientras todo esto sucedía, el osado niño observaba con los ojos abiertos como platos la bola que reposaba en sus manitas. Tardó un tiempo en asimilar su fracaso y, cuando lo hizo, brotó en él ese enojo infantil que solía venir acompañado de pataletas y gritos de ira que eran capaces de destrozar los tímpanos.

    — ¡Mil quinientas monedas para nada! —exclamó furioso, estrellando la bola contra el suelo con todas sus fuerzas.

    La pokebola se abrió con un ruido seco al estrellarse en el piso, algo que llamó la atención de un hombre, que se acercó y recogió la ultrabola para revisarla minuciosamente. Intentó cerrarla de nuevo, pero apenas la encajaba ésta volvía a abrirse de inmediato. Cuando el niño estaba a punto de llevar su berrinche a un nuevo nivel de intensidad, el hombre lo detuvo y le devolvió el artefacto. El extraño reía para si mismo y ante la confundida mirada del joven, dijo:

    — Tranquilo, los fracasos son normales a la hora de atrapar pokémon. Pero te ayudaría un poco verificar el estado de las cosas que compres, porque esta pokebola vino defectuosa… o dejó de funcionar.



    Dentro del museo, un anciano rechoncho, calvo y con bigote canoso, que se presentó como Lorenzo, le mostraba a Dyfir el Mecanismo de Defensa de Altomare y le mostraba cada elemento del aparato, contándole todo con lujo de detalles.

    En ese preciso instante, Lorenzo la mantenía atenta a su exposición con una fantástica explicación del funcionamiento del MDA, el cual obtenía su energía de un objeto muy raro conocido como la Joya Alma. El MDA, según Dyfir, era un artefacto increíble, resultaba complicado no poner en duda que un aparato tan extraño pudiera hacer todo lo que el anciano le enumeraba con esmero. Pero lo que más asombraba a la entrenadora, en realidad, era que la idea de que la Joya Alma contuviera el alma de un Latios y que de ahí derivase su poder y su rareza.

    La joven estaba tan interesada que no dudó en hacer cientos de preguntas, tantas que logró aturdir a Lorenzo, pero él estaba gustoso de contestarlas todas, alimentando la fascinación de la entrenadora a tal punto que su Sneasel comenzaba a molestarse.

    Cuando Dyfir consideró que tenía toda la información que podía soportar sobre el MDA, buscó con la mirada alguna otra cosa que fuera interesante conocer. Shade fue más rápido que ella y llamó su atención, señalando el suelo, cualquier cosa sería bien recibida mientras dejaran de hablar de ese aburrido aparato.

    — ¡Guao! ¡Son fósiles! —exclamó Dyfir emocionada cuando bajó la mirada, admirando los huesos incrustados en el piso que estaban a sus pies.

    — No son fósiles. Inexplicablemente, estos pokémon lograron sobrevivir por miles y miles de años, logrando escapar de la extinción. Es algo muy curioso —explicó Lorenzo, dejándola boquiabierta —. Estos en particular, son los restos de los pokémon del hombre descorazonado que intentó destruir la ciudad: Aerodactyl y Kabutops. ¿Cómo los consiguió? Nadie lo sabe, pero ambos poseían un corazón idéntico al de su maestro, cruel y despiadado. Causaron muchos estragos antes de que los Guardianes aparecieran y los detuvieran.

    — ¿Así de poderosos fueron que Latios y Latias tuvieron que intervenir? —susurró Dyfir impresionada, ahora mirando con cierta aprehensión los despojos de aquellos pokémon.

    Mientras ellos recorrían la planta baja, en el piso de arriba, se encontraba una chica que ocultaba su castaña cabellera bajo un gorro blanco, vestía una franelilla verde y una falda blanca también. Sus lindos ojos, de un intenso azul rey, se mantenían fijos en el dibujo de un vitral que hacía con tizas pasteles, pero sus oídos escuchaban atentos a las charlas de Lorenzo y se divertía con las reacciones de Dyfir. Cerca de ella, observando con curiosidad detrás de la barandilla, estaba otra chica que tenía un enorme parecido con la primera, hasta compartían una vestimenta casi idéntica, la única diferencia notable era que no llevaba gorro y su cabello era más corto.

    Dyfir continuó inspeccionando el lugar con avidez y curiosidad bajo la indiscreta mirada de la otra chica, hasta que se tropezó con un pilar en el que reposaba una esfera negra sobre una almohadilla carmesí.

    — ¿Eso qué es? —preguntó, sin despegar los ojos de la lisa y brillante superficie del objeto. No era la gran cosa, pero llamaba de más su atención y no sabía por qué.

    — Seré franco contigo. No tengo idea —respondió Lorenzo riendo nerviosamente y encogiéndose de hombros. Cuando Dyfir lo miró, confundida y con cierto enojo, él recuperó la compostura y explicó: —. La trajo un pescador al museo hace un par de semanas. Según su historia, la encontró entre una de las redes de pesca que suele extender cerca de las Islas Muertas (ya sabes, aquellas donde están algunas ruinas de de la vieja Altomare). Desde entonces, los arqueólogos e historiadores del museo han investigado su procedencia, aunque no han averiguado gran cosa... por no decir nada. Sin embargo, existe la hipótesis de que podría ser una Joya Alma que ya no contiene el alma de un Latios, por eso han decidido exhibirla; aunque, aquí entre nos, yo no estuve de acuerdo, pero no les puse muchos reparos porque hace años que no tenemos nada nuevo que exponer. Además, bien podría ser eso que te dije o una mera pieza artesanal.

    — Fascinante —susurró Dyfir, genuinamente asombrada y fijando de nuevo sus ojos en la pieza — ¿Pudo haber sido una Joya Alma, entonces? Es triste pensar que ya no tiene el alma de Latios pero... si así como está es hermosa, no puedo imaginar lo preciosa que era antes. ¿Tú qué opinas, Shade? —le preguntó a su Sneasel, quien le respondió con un gruñido bajo que sólo indicaba que no estaba muy de acuerdo con esa afirmación. Dyfir rió nerviosamente, dándose cuenta de que su pokémon estaba algo aburrido y se dirigió de vuelta a Lorenzo: — ¿Qué otra cosa podemos ver?

    — ¡Cierto, cierto! Subamos al primer piso para mostrarles los vitrales y cuadros. Todo lo que verán ahí es una hermosa representación de la historia de Altomare. Piezas que son todas unas bellezas, ¡les va a encantar! —vociferó Lorenzo muy emocionado, mostrándoles el camino a las escaleras.

    Apenas dieron unos pasos cuando la puerta del Museo se abrió cuidadosamente. Lentamente, la cabeza del raro pokémon blanco se asomó y con sus ojos azules inspeccionó minuciosamente el lugar, hasta que se topó con la esfera que hace poco interesó a Dyfir. La criatura caminó rápidamente hacia la exhibición y se elevó apenas unos centímetros del suelo para poder apreciar mejor el objeto.

    La criatura pasó desapercibida hasta que Shade se percató de su presencia, girando de inmediato y gruñendo para advertirle a su entrenadora del recién llegado.

    — ¿Qué sucede, Shade? —preguntó Dyfir, extrañada del comportamiento de su pokémon.

    No tenían mucho tiempo conociéndose, pero su Sneasel nunca había actuado así. Por un instante, temió que la visita no fuera de su agrado y que se pondría pesado, sin embargo, al voltear y ver al raro pokémon, quedó boquiabierta.

    Lorenzo volteó en el preciso instante en el que algunos turistas curiosos asomaban sus cabezas por la entrada, hablando entre ellos con tanta ansiedad que creaban un zumbido. Esto logró llamar la atención de las dos chicas que estaban en el piso superior, quienes se asomaron con curiosidad y se extrañaron al contemplar la escena.

    Dyfir estaba atónita pero encantada, antes había visto pokémon poco comunes, era habitual conocer entrenadores de otras regiones que poseían pokémon que no se conseguían en Johto. Pero aquel era un pokémon que jamás había visto en ningún lado, ni en libros, ni en cuadros, ni en nada, parecía irreal y era imposible que pasara desapercibido.

    A pesar de ser el centro de atención, el pokémon los ignoraba por completo, más ocupado en el objeto de su interés que en los humanos curiosos, aunque eso sólo aumentara la ansiedad entre ellos.

    Así permanecieron por unos segundos que parecieron horas, el silencio era tal que se podía escuchar la respiración de todos los presentes, y si el pokémon no hubiera tomado entre sus pequeñas manos la esfera seguramente se hubieran alcanzado a escuchar los latidos del corazón de todos.


    — ¡¿Qué crees que haces?! —exclamó Lorenzo de inmediato bastante exaltando, haciendo que todos los espectadores ahogaran un grito por lo repentino de su reacción. El hombre caminó dando pasos grandes y tan deprisa, que al pokémon sólo le dio oportunidad de parpadear una vez antes de tener el rostro del anciano crispado de indignación frente al suyo.

    Dyfir no se movió de su sitio, mordiéndose la lengua para evitar gritarle al viejo guía del museo; consideraba que Lorenzo estaba siendo algo descuidado, nadie era capaz de asegurar si aquel pokémon era agresivo y lo atacaría al acercarse. Por suerte, la criatura no reaccionó negativamente. Suspiró bastante aliviada por ello, pero no debía bajar la guardia bajo ninguna circunstancia, cosa fácil ya que ese pokémon era tan llamativo que resultaba imposible quitarle los ojos de encima.

    La entrenadora escuchó unos pasos a su espalda y volteó. Las dos chicas que estaban pintando arriba bajaron y miraron con algo de aprehensión la escena. La muchacha del gorro le susurró algo a la otra, Dyfir no pudo escuchar nada, pero parecían estar preparándose por si algo salía mal, así que decidió también tomar previsiones, colocando una mano sobre una de las pokebolas en su cinturón y avisando a Shade para que actuara cuando le diese la orden.

    El pokémon se mantuvo quieto, taladrando con sus intensos ojos azules los de Lorenzo, mirándolo tan ferozmente que consiguió intimidarlo y hacerlo titubear. Aquellos ojos cristalinos eran hermosos, pero encerraban una fiereza increíble, era como si pudieran convertirse en una fuente de veneno en cualquier momento.

    — Oye… —balbuceó Lorenzo tragando saliva, algo acongojado por culpa de los ojos y la pasividad de la criatura — eso que sostienes es muy valioso y no te pertenece. ¿No crees que deberías devolverlo? —indicó suplicante, procurando tener la mayor amabilidad y serenidad posible mientras extendía su mano lentamente.

    El pokémon echó un rápido vistazo a la regordeta mano del hombre y volvió a sus ojos casi al instante, devolviéndole la mirada con desdén. Era increíblemente obvio que se estaba negando.

    — Por favor, ¿podrías devolver esa esfera? —insistió Lorenzo con la mayor cordialidad posible, pero aún con una actitud suplicante, hasta estaba considerando el arrodillarse para que notara lo significativo que era para él.

    Una vez más, el pokémon se negó con una simple mirada, pero Lorenzo no desistió, pidiéndole de las mil y un maneras que le regresara el objeto, siempre con el mismo resultado para su desgracia. Lorenzo estaba desesperado, pero procuró mantenerse sereno y ser paciente, al menos mantuvo esa intención hasta que el pokémon cambió la manera de responderle al negarle suavemente con la cabeza.

    — ¿Acaso entiendes lo que te digo? —exclamó el pobre hombre exasperado y al borde de una crisis de nervios, pensando que quizás aquel pokémon no entendía nada de la lengua humana y que sólo perdía el tiempo. Pero cuando el pokémon asintió, a Lorenzo se le acabó la poca paciencia que le quedaba — ¡¿Entonces, por qué no me devuelves esa esfera?!

    Perdiendo finalmente los estribos, se abalanzó sobre el pokémon para apresarlo y apretujarle el pescuezo, pero la criatura logró escabullirse entre sus manos, evadiéndolo con gran facilidad. La criatura dio una delicada voltereta en el aire, arreglándoselas para quedar a espaldas de Lorenzo y darle un ligero empujón que lo lanzó de bruces contra el suelo. El pokémon, aferrando la esfera con sus pequeños dedos, no dudó en dirigirse a la salida, donde los fisgones ahogaron un grito y se alejaron sin saber qué hacer.

    El pokémon los ignoró y se detuvo en el arco de la entrada, volteando y viendo con cierto recelo a las chicas que ayudaban a Lorenzo a reincorporarse. Ellos le devolvieron la mirada y, cuando lo hicieron, les mostró una sonrisa burlona, desapareciendo por la puerta, dejando que su risilla rebotara en las paredes del museo.

    Aquel pequeño demonio les robó, se burló y escapó y ellos no sabían cómo reaccionar, era increíble lo que estaba ocurriendo, estaban totalmente estupefactos. ¿Qué interés podía tener un pokémon en esa esfera de apariencia inútil? ¿Acaso trabajaba para algún delincuente?

    — ¡¿Qué demonios…?! —bufó Lorenzo, profundamente ofendido y rabioso, ahora más por la desfachatez del pokémon que por el hecho de que robara una pieza del museo.

    Terminando de ponerse de pie de un salto, el rechoncho anciano corrió hacia la salida seguido por las dos chicas, Dyfir y su Sneasel. Luego de abrirse paso (a empujones) entre los fisgones que intentaban tomar fotos con sus cámaras, lograron llegar a la plaza, sólo para darse cuenta que el pokémon ya estaba al otro lado; era más veloz de lo que jamás se atrevieron a imaginar.

    — ¡Vaya que es rápido! Pero dudo que más que nosotras —dijo la chica del gorro blanco repentinamente y mirando a su compañera con complicidad —. Latias, necesito tu ayuda.

    A Dyfir le fue inevitable preguntarse por qué le habían puesto el nombre de un pokémon a aquella chica, era algo muy extraño, pero casi le da un infarto al ver que la susodicha se desvanecía, rodeada de una luz brillante y convirtiéndose antes sus ojos en un Latias... o eso supuso, ya que jamás había visto uno real, sólo una estatua y unas cuantas pinturas.

    La multitud que se conglomeraba a su alrededor expresó la emoción que Dyfir era incapaz de exteriorizar, perdiendo el control y pegando gritos de emoción; ver dos pokémon tan raros era toda una proeza, algo digno de alardear por el resto de sus vidas.

    Latias lanzó una mirada nerviosa a su rededor, aquello la incomodaba y asustaba, pero la chica del gorro omitió por completo a su público y se montó sobre el lomo de Latias con una destreza que indicaba que había hecho eso antes, inyectándole algo de confianza a la guardiana.

    — ¡Rápido, tenemos que alcanzar a ese pequeño ladrón! —exclamó vigorosamente, señalando con su índice el camino que tomó el pokémon misterioso.

    Latias emitió un agudo y melodioso sonido, indicando que aceptaba las órdenes, y salió disparada a una velocidad abrumadora, llevándose consigo el aliento del público.

    — ¡Bianca, espera! ¡Niña atorada! ¡También estoy metido en esto! ¡Si no regreso esa cosa a su sitio estoy despedido! —gritaba Lorenzo, corriendo como podía con sus cortas y rechonchas piernas para intentar alcanzarlas. Pero era inútil, estaban demasiado lejos y ni en sueños podría ir tan rápido como ellas, así que se detuvo, exhausto y resignado —. Ya yo no estoy para estos trotes…

    — Suba.

    Lorenzo volteó y se topó con el juguetón rostro de un Dragonite que lo miraba con curiosidad. Por la sorpresa, el rechoncho anciano se alejó trastabillando un par de pasos, más cuando notó que sobre el lomo del dragón, extendiéndole una mano, estaba Dyfir acompañada de su Sneasel.

    — Vamos, señor Lorenzo, si no sube ya los perderemos de vista —insistió Dyfir con cierta ansiedad en su voz. Le parecía increíble que el hombre viese a una joven convertirse en un Latias como si nada pero miraba como tonto a su pokémon —. Dartiniant está bien entrenada, no lo hará caer, se lo aseguro.

    El viejo Lorenzo tragó saliva, agarrando fuerzas para superar el temor que le producía la idea de montar un Dragonite, hasta que finalmente aceptó el ofrecimiento de la entrenadora y ésta le ayudó a subirse El dragón agitó sus alas cuando el anciano terminaba de acomodarse, asustándolo y haciendo que buscara desesperadamente con qué agarrarse y no caer del pokémon.

    — Tranquila, no pasa nada —le susurró Dyfir cariñosamente a su Dragonite, dándole unas palmaditas afectuosas en la nuca. Cuando Dartiniant dejó de moverse, suspiró con alivio y le dijo a Lorenzo: —. Lo siento, no está acostumbrada a llevar tantos pasajeros. Sujétese fuerte, por favor, tenemos que alcanzar a esos tres a como dé lugar y tenemos que ser tan veloces como ellos. No será nada sencillo si usted se resbala —dejando al anciano con un nudo en la garganta, volteó y se dirigió a su pokémon: —. Bien Dartiniant, necesito que vueles a lo más rápido que puedas, sé que eres capaz. Así que... ¡adelante!

    La Dragonite rugió con fuerza y alzó vuelo, extendiendo y batiendo sus alas enérgicamente. Gracias a la innata velocidad de su especie, Dartiniant pudo alcanzar a Bianca y Latias en cuestión de un minuto. El pokémon ladrón los miró por encima de su hombro y era obvio que no le gustaba nada lo que veía por como fruncía el ceño.

    Así comenzó la persecución de aquel misterioso pokémon, el cual había robado un objeto valioso sin motivo aparente alguno.





    Robo en Altomare (2007)
    Spoiler: 
    Capítulo 1 –Robo en Altomare


    En una ciudad con ríos como calles, conocida como Altomare, una chica caminaba por la plaza que rodeaba al Museo de Historia de Altomare con un Sneasel a su lado. La chica de tez blanca, ojos café claro, cabello platinado, vestida con un short, una camisa sin mangas y portando una gorra que usaba de lado; consultaba una guía turística que le había regalado el señor de la lancha que la había llevado a la hermosa ciudad.

    El nombre de la chica era Dyfir, ella estaba viajando para participar en la Liga Jotho, pero había decidido tomarse un pequeño descanso y visitar la hermosa ciudad.

    - Según esto… - dice, dirigiéndose a su Sneasel - … La ciudad está protegida por dos pokémon legendarios. La historia cuenta que un entrenador malvado causó desgracia y destrucción con un Aerodactyl y un Kabutops –

    Levanta la mirada hacia unos altos pilares esculpidos, que tenían sobre ellos estatuas representando a los pokémon que protegían la ciudad.

    – Si no recuerdo mal, son Latios y Latias -

    - Sneasel, neasel – espeta Sneasel, asintiendo.

    - Entremos al Museo – le dice a su Sneasel, tratando de evitar quedarse sumida en el mar de Altomare.

    Ambos caminaron en dirección al museo y entraron.



    Unos minutos después, en esa misma plaza. Un pokémon blanco caminaba tranquilamente, robando muchas miradas de curiosidad, tanto de humanos como de pokémon.

    El pokémon blanco se detiene para observar el museo. Entonces, un niño que se quiso pasar de listo, lanza una Ultra Ball para intentar capturarlo. Pero queda suspendida en el aire a unos centímetros del pokémon blanco y regresa a las manos del niño. El pokémon sigue caminando hacia el Museo, sin darle importancia al intento del niño y éste, decepcionado, mira la Ultra Ball y la tira al suelo furioso. Entonces, descubre que la bola no funcionaba.



    Dentro del museo, un anciano rechoncho con bigote le mostraba a Dyfir el Mecanismo de Defensa de Altomare. En ese momento le explicaba que la máquina solo funcionaba utilizando la “Joya Alma”, que contenía el alma de un Latios. La chica estaba fascinada con el museo. Se aleja un poco del anciano y se encuentra en el suelo con los fósiles de un Aerodactyl y un Kabutops. El anciano le explica que esos son los restos de los pokémon que atemorizaron Altomare hace mucho tiempo, los cuáles pertenecían a un entrenador malvado.

    En la parte superior una chica con un gorro blanco dibujaba con tizas uno de los vitrales del museo, acompañada de otra chica que observaba en silencio.

    Dyfir seguía inspeccionando el lugar y se encuentra con un pilar en el que reposaba una esfera negra, completamente lisa y muy brillante.

    - ¿Esto qué es? – le pregunta al anciano.

    - No lo se – responde el anciano, con una gentil risita – Me la trajo un pescador hace unas semanas, me dijo que la encontró cerca de las “Islas Muertas” (es donde se encuentran las edificaciones deterioradas). Todavía la observando los arqueólogos e historiadores del museo… Aunque sí… Podría ser un Joya Alma, pero que ya no contiene el alma de Latios –

    -Interesante… – susurra Dyfir observando la esfera, fascinada – ¿Me parece bonita tu que dices Shade? – dice, dirigiéndose a su Sneasel

    - Neasel… –contesta con aire dudoso.

    - Veamos que más hay… – le dice Dyfir al ancianito.

    - Bien, síganme, les mostrare los vitrales. Ellos nos muestran una representación imaginaria de la historia de Latios y Latias – dice el ancianito.

    Cuando apenas se habían alejado de la esfera, un pokémon blanco entra al museo y se dirige directamente a la esfera. El Sneasel de Dyfir, Shade, se da cuenta y voltea.

    - ¿Sneasel? – espeta.

    - ¿Sucede algo Shade? –pregunta Dyfir, volteando.

    Cuando se da cuenta de la presencia del pokémon blanco, se le queda observando con mucha curiosidad. El anciano también lo veía algo sorprendido, y las chicas que se encontraban en el piso superior no se quedaban.

    El pokémon al parecer los omite por completo. Camina sobre sus cuatro patas hasta llegar al pilar donde exhibían la esfera negra, se eleva lentamente del suelo hasta quedar a su altura, la observa detenidamente por unos segundos y la toma.

    - ¡¿Qué crees que haces?! – exclama el anciano, acercándose a donde estaba el pokémon.

    Las chicas que estaban arriba, habían bajado y se plantaron al lado de Dyfir. El pokémon gira sobre si mismo en el aire para mirar al anciano que estaba ya enfrente suyo.

    - Bien… Dame eso –le pide el anciano tranquilamente, con la mano extendida. El pokémon lo mirada escépticamente – Por favor… ¿Me podrías devolver la esfera? –Pregunta educadamente, pero con un tono de voz impaciente.

    El anciano siguió insistiéndole al pokémon, pidiéndole de las mil y un maneras que le devolviera la esfera. La paciencia no le dio para más después de unos minutos, e hizo ademán de capturar al pokémon con sus manos.

    El pokémon blanco lo evade con facilidad y se aleja rápidamente de él en dirección a la puerta. Antes de salir del museo, se da la vuelta y los mira, escuchan una risa distante y el pokémon desaparece por las puertas del museo.

    Sin pensárselo dos veces, el ancianito, las dos chicas, Dyfir y su Sneasel corren detrás de él. Cuando salen a la plaza, ven que el pokémon ya está algo lejos, el pokémon era muy rápido.

    -Necesitamos pokémon veloces – dice la chica del gorro blanco – Latias… – dice a la otra chica que se encontraba a su izquierda.

    Dyfir se pregunta el por qué le habían puesto el nombre de un pokémon, pero se ahoga del susto al ver que la chica toma la forma de un Latias. La chica del gorro se monta en el lomo del pokémon

    – ¡Rápido, hay que alcanzar a ese pequeño ladrón! – exclama, mientras sale disparada, en persecución del pokémon.

    - ¡Bianca espera! ¡Niña atorada también estoy metido en esto, si no regreso eso a su lugar estoy despedido! – grita mientras corre tratando de alcanzarla. Pero era inútil, ya se habían alejado. Se detiene, algo cansado.

    - Suba – dice Dyfir desde atrás.

    Se encontraba sobre la espalda de un Dragonite, junto a su Sneasel. Le extendía la mano al ancianito, ofreciéndole transporte.

    El ancianito mira al Dragonite, inseguro, pero acepta y Dyfir lo ayuda a subir. Apenas se hubo acomodado, el Dragonite emprende el vuelo rápidamente para alcanzar a Bianca y Latias y al misterioso pokémon blanco…





    Pokiu.
    Last edited by OnixTymime; 08/04/2018, 18:44.

    EGN: Hoy es el fin del mañana
    65 - Todo se paga

  • #2
    Respuesta: Fanfic

    Muy buen fic.

    Mis puntos son:

    1---> Es original la idea.
    2---> La trama de la historia tiene de todo (salsa, chocolate y pimienta XD)
    3---> aPARECE UNA GRAN CREATIVIDAD CON ESOS POKEMONS NUEVOS YEAH.

    Hablando de la historia me parece una buena combinacion entre historias pasadas entre las peliculas de pokemon, convinando los espacios y los personajes de la 5ta pelicula "POKEMON HEROES" XD.

    Sigue esta muy buena la historia ^^.

    Salu2

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    • #3
      Respuesta: Fanfic

      uh
      pues se ve interesante,veamos como prosigue el fic, no me quejo
      jeje,desde que lei sobre el pokemon blanco supuse que seria el de tu avatar xD

      Comment


      • #4
        Respuesta: Fanfic

        pues simplemente genial :) te felicito me encanta

        un buen fic.... por cierto... aun no se me ocurre ningun nombre xD

        jeje salu2..!!
        [marquee direction=right:2bwirae8][/marquee:2bwirae8]

        Comment


        • #5
          Respuesta: Fanfic

          me gusta mucho la idea y tienes buena escritura, las descripciones son excelentes y la trama misteriosa y te engancha. sigue así, ya tengo ganas de ver el siguiente.

          Comment


          • #6
            Respuesta: Fanfic

            suerte k dices lo del avatar, pensava en mew, pero como dices k avanzo sobre uss cuatro extremidades no me cuadrava.

            PD: el fic parece interesante, necesito mas capitulos para dar una opinion mas detallada.
            PD2: x lo k si k te voy a felicitar es por tu nivel literario, todo muy bien expresado, y no se ace cansino de leer, y todo muy bien explicado, tendre k aprender de ams de uno a explicar als coass y detallarlas, en serio, muy bien redactado


            no dejeis de visitar mi fic
            http://www.centropokemon.com.ar/foro/1- ... sc&start=0

            Comment


            • #7
              2 - A la luz de la Luna

              Como veran... me adelante... Lo que hace el aburrimiento XD
              Como que voy a cambiar lo de los trece dias. Mejor que si el capitulo me parece largo lo publico mas tarde y asi, pero mientras publicare los capitulos los domingos XP.
              Gracias a todos por sus comentarios n///n
              Acepto comentarios, criticas y correciones ;). Ahora a lo que se viene XD








              2
              A la luz de la Luna


              Capítulo 2: A la luz de la luna: 
              El veloz pokémon volaba con gran destreza y agilidad entre las edificaciones de Altomare, maniobrando entre ellos sin mayores problemas, como si fuese algo cotidiano para él. Era algo increíble y digno de admirar, pero eso sólo desesperaba a sus perseguidores, a quienes les costaba darle alcance por verse obligados a serpentear entre los edificios. Al menos eran lo suficientemente rápidos para no perderlo de vista.

              — ¡Será mejor que devuelvas eso! —gritó Bianca llena de rabia cuando Latias casi se estampaba contra el anuncio de una heladería, luego de que el ladronzuelo hiciera una maniobra elaborada para despistarlas.

              Como respuesta a las exigencias de la joven, el pokémon se detuvo en seco y se dio la vuelta a la vez que con su gema de la frente disparaba un rayo multicolor, el cual Dyfir identificó como un Psicorrayo.

              — ¡Maldición! —chilló Bianca sorprendida y advirtió rápidamente: — ¡Esquiven!

              Latias pudo eludirlo con mucha facilidad dando una vuelta sobre sí misma. Por su parte, el Dragonite de Dyfir logró echarse a un lado y evadirlo, a pesar de que le había tomado más por sorpresa que a Bianca.

              Aún exaltados por lo cerca que estuvieron de ser impactados por el Psicorrayo, se reorganizaron rápidamente y buscaron al pokémon, dándose cuenta de que había aprovechado la conmoción para proseguir con su escape. Dyfir comenzó a sospechar que su verdadera intención no era acertarles, sino más bien distraerlos para ganar tiempo; no era nada estúpido.

              — ¡Acelera, Dartiniant! —ordenó la joven entrenadora enérgicamente, decidida a no dejarle al ladrón salirse con la suya.

              La Dragonite rugió con brío y agitó con más avidez sus alas, rebasando a Latias y a Bianca, que aún no lograban recuperar su velocidad después del ataque. Luego de esquivar algunos anuncios más, haciendo lo posible para evitar que el nervioso Lorenzo se cayera, volvieron a pisarle los talones al pokémon bandido. Afortunadamente, Bianca y Latias los alcanzaron pronto y entre ambos grupos mantenían al pokémon en la mira.

              — Toma otro camino y tratemos de acorralarlo. Si continuamos persiguiéndolo de este modo jamás lo atraparemos —le sugirió Dyfir a Bianca, quien asintió y le indicó a su compañera que girara, desapareciendo en el estrecho pasillo que había entre dos casas. La entrenadora de blancos cabellos volvió a fijar sus ojos avellana en su objetivo, frunciendo levemente el ceño, demostrando lo decidida que estaba al momento de lanzar su orden: — ¡Ambos, Rayo Hielo!

              Shade se colocó frente a su entrenadora como pudo, y tanto él como Dartiniant liberaron unos rayos azulados de energía temblorosa; a simple vista se notaba el intenso frío que encerraban destellos tan hermosos, pues dejaban una estela de escarcha por donde pasaban.

              El pokémon blanco volteó, percibiendo el peligro en el momento justo para esquivar los ataques, consiguiéndolo con una facilidad envidiable. Se detuvo y se aseguró de quedar cara a cara con la entrenadora, dibujando una sonrisa burlona y ganándose un ceño fruncido de ésta, quien aupó a Dartiniant a acelerar. Pero no iba a ser tan sencillo embestirlo, el pokémon volvió a disparar otro Psicorrayo en respuesta a su osadía.

              — ¡Cuidado! —exclamó Dyfir desconcertada, dándose cuenta al instante que aquella vez el pokémon tenía intenciones de dar en el blanco.

              Dartiniant logró evadir el ataque con una hábil maniobra, aunque casi consiguió que sus jinetes se cayeran al quedar bocabajo, forzándola a disminuir la velocidad para que se aseguraran de nuevo sobre su lomo.

              — ¡No podemos permitir que escape! ¡Vamos, Dartiniant, acelera! —exclamó Dyfir apresuradamente y su dragona no titubeó para seguir sus órdenes.

              Más adelante, aún lejos de la ajetreada persecución, un hombre intentaba acomodar el motor de su lancha en compañía de su leal Weezing; pero por los alaridos y quejidos llenos de enojo, era obvio que no le estaba yendo muy bien en su labor, decidiendo implementar un método que podía considerarse algo… poco convencional.

              Cuando los golpes de la llave inglesa comenzaron a resonar, el pokémon ladrón apareció tras girar en una esquina, acercándose vertiginosamente hacia donde estaba aquel hombre. Ya Dyfir estaba bastante lejos, sólo le faltaba muy poco para lograr escapar y salirse con la suya; pero de uno de los tantos callejones estrechos que formaban las edificaciones, aparecieron Latias y Bianca y, sólo por muy poco, no pudieron emboscarlo y embestirlo.

              Su repentina llegada tomó por sorpresa al pokémon, quien apenas se salvó de la arremetida de Latias y casi se estrellaba contra la fachada de un restaurante cercano, en donde los comensales gritaron desconcertados y comenzaron a correr en todas direcciones. Bianca se sintió satisfecha por ello pero no por mucho, pues el ladrón se recuperó rápidamente y encaró a ambas, dirigiéndoles una mirada asesina.

              Sin dar tiempo a Bianca de dar cualquier orden, el cuerpo del pokémon blanco comenzó a brillar, emitiendo un aura de un violeta intenso que envolvió a Latias por completo.

              Ante la atónita mirada de su jinete, el cuerpo de Latias se sacudió violentamente, casi derribando a Bianca de su lomo, retorciéndose sin ningún cuidado y chillando descontroladamente, expresando el dolor que sentía como si rogara porque éste cesara.

              — ¿Latias? —balbuceó Bianca muy preocupada y confundida, aferrándose como podía a su compañera para no caer en las aguas del canal bajo ellas — ¡Ya déjala! —gritó furiosa al caer cuenta de lo que hacía su enemigo.

              El pokémon, al parecer, estaba usando Psíquico sobre Latias y no aparentaba intensiones de cesar hasta que su víctima cayera inconsciente; en especial cuando alzó su mano hacia ellas, cerrando su puño como si tuviera el corazón de su víctima entre sus pequeños dedos y deseara pulverizarlo, acentuando la agonía de la criatura eon.

              Cuando Bianca creyó que Latias se desmayaría, el Sneasel de Dyfir apareció justo frente al pokémon ladrón, preparando un Puño Hielo. Sorprendido, el bandido consiguió cancelar su ataque Psíquico a tiempo para esquivar el ataque de Shade; el gélido puño apenas lo rozó, dejando algunos trozos de hielo pequeños y bastante escarcha en el pelaje de su pecho.


              El pokémon no se tomó la molestia de contraatacar; no tenía la menor intención de luchar contra ellas si estaban juntas, parecía consciente de que estaba en desventaja, así que retomó la huída.

              Shade aterrizó con gracia y siguió al pokémon por el borde del canal, mientras Latias y Bianca se reponían, recuperando la velocidad perdida para volver a estar detrás del ladrón. Casi de inmediato, Dartiniant las alcanzó y Dyfir las aupó a acelerar; estaban muy cerca de atraparlo, ya no había tanta distancia entre ellos y por más que lo intentase no podría escapar.

              En ese preciso momento, el alboroto llamó la atención del hombre que arreglaba su lancha y éste buscó rápidamente la causa con la mirada. Cuando consiguió el origen de la conmoción, ya casi tenía al pokémon blanco encima y la impresión le hizo cortar un cable por error, provocando una pequeña explosión que asustó a su pokémon.

              — ¡No, Weezing…! —chilló alarmado justo cuando el pokémon venenoso expulsó de sopetón un gas denso y violáceo.

              El hombre, sin dudarlo, saltó al agua y se dejó arrastrar por la corriente, pues inhalar el gas tóxico de su compañero hubiese sido mortal; pero el pillo no corrió con la misma suerte. Al no tener los ojos puestos en el camino, más preocupado por sus perseguidores, se percató de la nube de peligroso humo venenoso cuando ya había quedado envuelto en ella.

              — ¡Demonios! —exclamó Bianca alterada mientras Latias se detenía súbitamente — ¿Qué haces, Latias? ¡Se nos va a escapar! ¡Ve por él!

              — ¡¿Acaso estás demente?! ¡Eso es gas tóxico¡ ¡Puede matarte! —la reprendió Dyfir cubriéndose la nariz y la boca con la mano, sorprendida de que la otra chica no se diera cuenta y ni agradeciera que su pokémon le salvara la vida —. Dudo mucho que ese pokémon sea inmune al veneno, no quedará bien después de atravesar esa nube de gas… rodéala a ver si lo encuentras inconsciente al otro lado o algo así.

              Apenas ella terminó de decir esto, escucharon el inconfundible sonido del salpicar del agua. Todos dirigieron su mirada hacia abajo y pudieron ver cómo el pokémon blanco, totalmente inconsciente, estaba siendo arrastrado por la corriente. Intercambiaron miradas rápidas entre ellos, aún sin entender lo que acababa de pasar, y les ordenaron a las dragonas aterrizar de inmediato.

              Dyfir, Bianca y Lorenzo desmontaron a los pokémon, así Latias y Dartiniant pudieron sumergirse en las aguas del canal para rescatar al ladronzuelo, bajo la vigilancia de sus entrenadoras que las siguieron corriendo por la orilla.

              Dartiniant se encargó de rescatar al ladrón y, cuando logró atraparlo, salió disparada del agua; aunque con ciertas dificultades por no ser su elemento. Dyfir se acercó a su Dragonite y la dragona le encargó el pokémon a su entrenadora, extendiendo sus alas para que éstas se secaran y mojando un poco a la chica.

              Curiosamente, el pokémon misterioso tenía el tamaño de un niño pequeño y era tan ligero como una pluma, Su pelaje, a pesar de estar empapado, era tan suave que la chica creía estar sosteniendo un corte de la más fina de las sedas. Todo en ese pokémon eran tan extraño y fascinante, algo curioso de pensar luego del dolor de cabeza que les causó.

              Shade se les acercó, anunciando su llegada con un suave gruñido, y Dyfir sonrió, contemplando a sus pokémon y sintiéndose bastante orgullosa de ellos.

              — Hicieron un buen trabajo —les dijo suavemente, asegurándose de transmitir el mayor cariño que podía.

              Latias, por su parte, no tuvo tantas dificultades como Dartiniant de salir del agua y logró atajar la reliquia antes de que fuera arrastrada lejos por la corriente, devolviéndosela muy satisfecha a Lorenzo, quien suspiró aliviado al tenerla entre sus manos; el anciano estaba al borde de las lágrimas.

              — Estuviste asombrosa, Latias —felicitó Bianca muy contenta, acariciando el lomo de Latias, que restregó su rostro contra el de ella, murmurando muy contenta.

              — Tenemos que llevarlo al Centro Pokémon; creo que tiene fiebre —anunció Dyfir muy preocupada, acercándose con prisa a los otros dos y mirando con cierta aprehensión a la criatura que sostenía en brazos.

              — No deberíamos después de lo que hizo —espetó Bianca fríamente; parecía decirlo muy en serio por el modo en que cruzó los brazos y miraba al pokémon.

              — ¡Bianca, por todos los cielos! A pesar de todo sigue siendo un ser vivo y no podemos dejarlo así, aunque haya causado muchos problemas —la regañó Lorenzo, mirándola con gran reprobación y cierta decepción, a lo que Bianca respondió con un bufido y dándole la espalda, poco convencida con la idea. El hombre suspiró bastante frustrado y se dirigió a la otra —. Tienes razón Dyfir, dejemos de perder el tiempo y corramos al Centro Pokémon. Quién sabe cuántos estragos le esté ocasionando el veneno mientras hablamos.



              Ya había anochecido y en el oscuro firmamento colgaba una espectacular luna llena, brillando en todo su esplendor e iluminando hasta los recovecos más oscuros de la ciudad. Dyfir, Bianca y Lorenzo se encontraban en una de las habitaciones del Centro Pokémon; Latias también estaba presente, de nuevo escondida tras una figura humana, detalle que aún desconcertaba a Dyfir.

              Ante ellos, tendido en una camilla, yacía el extraño pokémon blanco, aún inconsciente. Todos contemplaban la pantalla negra que estaba al costado de la cama y mostraba sus signos vitales, a la expectativa de que algo sucediera, ya fuera para bien o para mal.

              Extrañamente, algo los mantenía anclados en esa habitación del Centro Pokémon hasta que el pokémon recuperara el conocimiento, ó por lo menos se estabilizara. No estaban a obligados a hacerlo; después de todo, los había empujado a perseguirlo por medio Altomare y aún así no podían dejar de sentir que tenían un deber que cumplir.

              Quizás era porque el primer diagnóstico no fue para nada alentador. El veneno se esparció rápidamente por el pequeño cuerpo del pokémon, con suerte de que lo llevaran rápido al Centro Pokémon y le suministraran el antídoto de inmediato. Y con todo y eso, todavía recibía sueros y antídotos a través de intravenosas sin avistarse mejoría alguna.

              Mientras Dyfir comenzaba a sopesar la desalentadora idea de que el pokémon no sobreviviese, la enfermera encargada del Centro Pokémon de Altomare (quien Dyfir estaba segura se llamaba Joy, al igual que todas las demás) entró a la habitación en compañía de una Chansey. De inmediato, todas las miradas se centraron en ella y formaron un corro a su alrededor, deseosos de escuchar el diagnóstico correspondiente.

              — Enfermera, ¿cómo se encuentra? —preguntó Dyfir sin darle oportunidad de suspirar, bastante angustiada y observando con cierta ansiedad los papeles que traía la mujer, quien trataba de echarle un ojos a los datos de la pantalla.

              — Antes que nada, me gustaría contarles que acabo de hablar con la oficial de policía y me informó que la nube tóxica en la Riva Bauer ya fue totalmente controlada. Nadie más, aparte de este pokémon, inhaló el gas —anunció rápidamente la enfermera, quitándoles un peso de encima a sus ávidos oyentes; pero algo en la forma en que examinaba la pantalla le indicaba a Dyfir que algo no andaba bien. La enfermera continuó con su informe con cierto tono amargo en su voz: — Por suerte, los pokémon son más resistentes que los humanos, así que no es algo que no pueda solucionarse con un antídoto… al menos en la mayoría de los casos.

              — ¿Al menos en la mayoría? —repitió Dyfir despectivamente — ¿Hay algo mal? —agregó de inmediato, frunciendo levemente el ceño; no le había gustado para nada lo último que dijo la enfermera.

              — A decir verdad —musitó Joy con mucha seriedad, abriéndose paso educadamente y acercándose a la camilla, comparando lo que veía en la pantalla con lo que tenía en sus papeles —, su estado no es nada tranquilizador. Los antídotos que le suministramos no han funcionan, su efecto es totalmente nulo y he probado con todos con los que cuento sin que cambien los resultados. Sus signos vitales son más débiles cada vez que vengo y no presenta mejoría, así que su propio cuerpo tampoco ha podido contrarrestar el veneno. Lamento decir que si éste pokémon continúa así, es muy probable que muera antes del amanecer —explicó con tristeza, lanzándole una mirada lastimera a su paciente.

              La Chansey se acercó muy afligida y soltó un murmullo muy suave, expresando la tristeza que su jefa también sentía, dejando muy en claro a los presentes que el asunto era bastante grave, confirmando que todo lo que Joy decía era cierto y que ya no podían hacer más nada para ayudar, sólo esperar.

              — ¿En serio no hay nada más que pueda hacerse por él? —preguntó Dyfir desesperadamente, sintiéndose ligeramente culpable por lo que había pasado; les había causado problemas pero no tenía por qué terminar así —. Por favor, tiene que haber algo que aún no haya intentado... algo que yo pueda hacer… hay que intentar…

              — ¿Por qué te preocupas tanto por ese pokémon? Estuvo a punto de robarse una pieza valiosa para Altomare —espetó Bianca bastante ofendida, señalando la esfera que Lorenzo aún tenía consigo —.Y también creo recordar que nos atacó.

              — Bianca… —musitó Lorenzo bastante acongojado, sorprendido de las palabras de la muchacha.

              — ¿No has pensado que pudieron obligarlo a robar? —bufó Dyfir molesta, no podía creer lo que escuchaba de la otra muchacha. ¿Cómo podía ser tan cruel cuando ninguna había salido herida? —. Por si no lo notaste, nunca nos atacó con la intención de hacer daño, sólo lo hacía para despistarnos. Estoy más que segura de que si así lo hubiese querido, este pokémon nos hubiese enviado derechito al hospital sin mucho esfuerzo.

              — Pues yo vi sus malas intenciones cuando atacó a Latias —espetó Bianca con una actitud bastante hostil, cruzándose brazos y mirando a la entrenadora con el ceño fruncido.

              Dyfir resopló molesta, aquello no llegaría a ningún lado y Bianca no le estaba cayendo nada bien, no sólo por su actitud, sino porque no dejaba de exponer a Latias; por los momentos, esperaba que la extrañeza en el rostro de la enfermera fuese porque pensara que ese era un nombre inapropiado y que sus padres no consideraron las consecuencias de llamarla como un pokémon.

              Mientras, Latias se había acercado a Bianca por atrás y la sostuvo por los hombros; en su mirada se podía apreciar todo lo que deseaba decir; no quería que discutieran, no era el momento adecuado y, según pensaba ella, no valía la pena. Bianca la miró y suspiró, sonriéndole y dándole unas palmaditas en la cabeza para tranquilizarla.

              — Como sea… debo admitir que me intriga un poco; es decir, se arriesgó mucho para tener esto. Me pregunto para qué la querría —susurró Bianca, tomando la esfera con cuidado y observándola detenidamente a la poca luz que había en el cuarto. Para ella no tenía nada de particular, sólo que su color era fabuloso y que era tan brillante que no podía ser algo natural.

              Dyfir permaneció en silencio, Bianca seguía sacándola de quicio al mostrar más interés en un objeto que en una vida que agonizaba; pero no quería empezar una discusión innecesaria, así que fijó de nuevo su atención en uno de los aparatos que mostraba los signos vitales del enfermo pokémon.

              De repente, una de las máquinas comenzó a emitir un pitido y los valores en las pantallas se volvieron locos. Justo cuando la enfermera corría para auxiliar a su paciente, el pokémon abrió los ojos de par en par, elevándose de la camilla y arrancándose de un tirón la aguja que le suministraba el antídoto y el suero.

              A pesar de la debilidad por el envenenamiento y el dolor que seguramente le produjo el arrancarse la intravenosa, para sorpresa de todos, el pokémon consiguió abalanzarse sobre Bianca, arrancarle la esfera de las manos y empujarla lejos.

              — ¡No! ¡Devuelve eso! —chilló Bianca exasperada, reincorporándose de inmediato e intentando atraparlo en el aire.

              El pokémon logró escaparse de las garras de Bianca y se dirigió con prisa a la ventana. Pero se detuvo de sopetón, sus ojos se movían desenfrenadamente en todas direcciones, totalmente desorientando y pronto las fuerzas le comenzaron a faltar. Y en el momento que Bianca estuvo a punto de atraparlo, justo antes de desvanecerse, el pokémon lanzó la esfera por la ventana ante la atónita mirada de todos.

              — ¡No! —gritaron al unísono y corrieron hasta la ventana, donde ahora yacía el pokémon, desmayado.

              Cuando se asomaron, dejando espacio a la enfermera para que atendiera al pokémon, descubrieron asombrados que la esfera flotaba en el aire. Asustados y confundidos, observaron los extraños dibujos que aparecieron en su lisa superficie bañada por la luz de la luna; los trazos brillaban suavemente y ninguno de ellos había visto tales símbolos en toda su vida.

              Cuando todavía intentaban asimilar lo que estaban viendo, las líneas en la esfera desaparecieron y ésta perdió su forma por completo, convirtiéndose en una masa negra y deforme que creció hasta diez veces su tamaño original. En cuestión de segundos, la masa adquirió forma y frente a ellos se formó un pokémon que se mantenía levitando frente a sus ojos.

              Su parecido con el pokémon ladrón era increíble, pero en vez de blanco la mayor parte del pelaje de su cuerpo era negro azabache, con un par de preciosos ojos violeta pálido; algunas otras partes de su pelaje compartían el color de sus ojos y en la frente tenía incrustada una joya del mismo violeta en forma de luna creciente que aparentaba ser hecha de amatista.

              Boquiabiertos y profundamente conmocionados, eran incapaces de pronunciar palabra alguna; la gran sorpresa que arrastraba la aparición de aquel pokémon no les permitía reaccionar o pensar siquiera. La enfermera Joy (quien aún no veía al nuevo pokémon) notó su silencio y le pareció extraño, así que levantó la mirada y al darse cuenta de lo que sucedía se incorporó del tiro, dejando a su paciente al pie de la ventana.

              El pokémon les devolvía la mirada algo confundido, probablemente por el gesto que tenían plasmados en sus rostros, entonces les sonrió y se acercó a ellos cuidadosamente. Retrocedieron rápidamente y el pokémon pudo entrar en la habitación, sin emitir sonido alguno todavía; sólo curioseaba con la mirada todo lo que le rodeaba, aunque en ningún momento se percató del pokémon desmayado que tenía a sus pies.

              — ¡Hola! —saludó repentinamente. Su voz tenía un tono masculino, bastante agradable y cálido, aunque con cierto toque de picardía en el fondo que resultaba encantador. Pero en vez de lograr tranquilizar a los humanos, consiguió que se les helara la sangre del susto; un pokémon que hablara en cualquier lengua humana no era natural después de todo —. Me llamó Moonghost, es un placer —se presentó, agitando la mano e ignorando la estupefacción causada en los presentes, dedicándoles una gigantesca y afable sonrisa.



              A la luz de la luna (2007)
              Spoiler: 
              Capítulo 2 – A la luz de la Luna
              El veloz pokémon volaba con una gran destreza y agilidad. Esto desesperaba a sus perseguidores ya que les costaba alcanzarlo, pero eran lo suficientemente rápidos para no perderlo de vista
              - ¡Será mejor que devuelvas eso! – le grita Bianca al pokémon.
              En respuesta, el pokémon le lanza una esfera violácea que lanzaba chispas. Latias y Dragonite, a pesar de lo repentino del ataque, logran evadirlo.
              - ¡Shade, Dartiniant! ¡Usen Rayo Hielo! – exclama Dyfir.
              El Sneasel y el Dragonite liberan los rayos, los cuales el pokémon esquiva con facilidad y hasta con gracia. El pokémon voltea para mirarlos, volando boca arriba, mirándolos burlonamente.
              Más adelante, un hombre intentaba arreglar el motor de su lancha, pero no iba muy bien. Entonces aparece el pokémon blanco con sus perseguidores pisándole los talones.
              El hombre los ve, al hacerlo se descuida y del motor empieza a salir un humo con olor a plástico y cables chamuscados, se olvida del pokémon y sale corriendo a buscar un balde.
              El pokémon no miraba su camino y cuando voltea ya entraba en la nube de humo.
              Después de eso, sus perseguidores lo dieron por perdido. Entonces, escuchan el sonido que se producía cuando algo caía al agua, miran hacia abajo y ven como el pokémon blanco era arrastrado por la corriente.
              Inmediatamente, Latias y Dartiniant dejan a sus jinetes en la orilla y se sumergen en las aguas para ayudar al pokémon. Bianca, Dyfir y el anciano corren por la orilla todavía sin entender lo que había ocurrido.
              Dartiniant logra sacar al pokémon de las aguas pero con dificultades. Dyfir se acerca a su Dragonite, el cual deja al pokémon en sus brazos y extiende sus alas para que se sequen.
              Latias había recogido la esfera negra antes de que la arrastrara la corriente, emerge del agua y se dirige directamente al ancianito ofreciéndole la esfera.

              Ya era de noche y la luna llena brillaba en todo su esplendor. Dyfir, Bianca, Latias (que de nuevo tenía forma humana) y el ancianito se encontraban en el Centro Pokémon, sentados junto a una camilla en la que yacía el pokémon blanco. Por alguna extraña razón, decidieron quedarse.
              La enfermera Joy entra en la habitación seguida por un Chansey y todos se levantan a escuchar el diagnóstico.
              - Enfermera Joy… ¿Qué le ocurrió a esté pokémon? – pregunta Dyfir rápidamente.
              - Pues…- dice la enfermera mientras revisaba unos papeles que estaba dentro de una carpeta – Al parecer sufrió una intoxicación.
              - ¿Una intoxicación? – repiten, extrañados.
              - Sí, es muy extraño por lo que me dijeron que sucedió – repite Joy, asintiendo –Y no está muy bien. Le hago el tratamiento común en estos casos y no le está surtiendo efecto. Sus signos vitales son muy débiles, si no mejoran mañana este pokémon podría morir - dice tristemente, mientras revisaba un aparato que proyectaba unas ondas muy débiles en la pantalla.
              - Chansey – susurra, con la misma preocupación de la enfermera.
              - ¿Me pregunto por qué querría esta esfera? – susurra Bianca, observando la esfera negra que tenía en sus manos y sin hacer mucho caso a la enfermera.
              - No lo sé, pero es muy extraño – dice el ancianito, acercándose a Bianca para también observar la esfera.
              Dyfir permanecía en silencio observando el aparato. De repente, las débiles ondas se alborotan. El pokémon blanco despierta repentinamente y se levanta de la camilla, arrancándose las agujas de la medicina que le estaban suministrando, haciéndose daño. Todos se sobresaltan y el pokémon le quita la esfera de las manos a Bianca.
              - ¡No! ¡Dame eso! – le grita Bianca, tratando de recuperarla
              El pokémon escapa de las garras de Bianca y se dirige rápidamente a la ventana, pero le fallan sus fuerzas y lo único que logra hacer es lanzar la esfera con fuerza (la poca que tenía) por la ventana que estaba abierta.
              - ¡No! – gritan todos y corren hasta la ventana donde yacía el débil pokémon, buscando por alguna razón sin sentido, recuperar y mantener a salvo la esfera.
              Cuando se asoman encuentran que la esfera estaba flotando. Ya no era lisa, en toda su superficie tenía unas extrañas runas que brillaban y en su centro tenía una estrella de doce puntas con un símbolo extraño en el centro. Nadie sabía que le sucedía, cuando de repente la esfera empieza a deformarse y hacerse más grande, sin una forma definida.
              Por fin, cuando adquiere una forma, dejó ver a un pokémon levitando, muy parecido al blanco que yacía inconsciente.
              En vez de blanco era negro, sus ojos era de un violeta pálido, algunas zonas de su cuerpo las tenía del mismo color de sus ojos (al igual que el pokémon blanco) y tenía una gema en su frente en forma de luna creciente.
              Todos (incluida la enfermera Joy y el Chansey) estaban sorprendido y con la boca entreabierta, sin poder pronunciar palabra.
              El pokémon negro los ve por unos segundos y sonríe mientras se les acerca, rápidamente se alejan de la ventana y el pokémon atraviesa el marco entrando en la habitación.
              - ¡Hola! – saluda con una voz masculina. Todos se sorprenden mas por el hecho de que el pokémon hablara – Yo soy Moonghost, es un placer –…









              AGRADECIMIENTOS:
              - A mi amiga Luisana, ya que Pokemon Heroes es su película favorita de Pokémon, por lo que decidí ambientar los primeros capítulos en dicha ciudad. También porque tiene cierta fascinación por la luna y por el apoyo que me ha brindado para la publicación del fanfic
              - A Axl Rose por darme aquel "empujoncito" que me animó a publicar el fic (el dichoso empujoncito dolió) y por la firma, gracias
              Last edited by OnixTymime; 27/05/2016, 17:16.

              EGN: Hoy es el fin del mañana
              65 - Todo se paga

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              • #8
                Respuesta: Fanfic

                cierto,algo corto el capitulo xD
                pero interesante,me dejan con ganas de leer mas x)
                sigue porfavor y gracias a los que hacen el fic posible :P

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                • #9
                  Respuesta: Fanfic

                  EXCELENTEEEEE ME ENCANTAAA!!!!

                  uno de los mejores fics sigue asi

                  ningun error :D salu2..!! publica el otro mañana porfaa!!!
                  [marquee direction=right:2bwirae8][/marquee:2bwirae8]

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                  • #10
                    Respuesta: Fanfic

                    huuuu esta muy bueno.... yo me avente los 2 episodios seguidos y me gusto mucho.....
                    aunk si lo escribieras en colores mas obscuros estaria mejor (espues delo primer episodio me dolieron los ojos.....

                    Comment


                    • #11
                      Respuesta: Fanfic

                      esta capitulo superaria al anterierios si no fuera (desde mi puntod e vista) tan corto, em 10 minutos como mucho esta leido, y eso para mi es poco, aunk entiendo que tardes mucho maas en enscribirlo


                      no dejeis de visitar mi fic
                      http://www.centropokemon.com.ar/foro/1- ... sc&start=0

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                      • #12
                        Respuesta: Fanfic

                        guau este fanfic llamado fanfic XD..esta genial me gusta la trama..el tema todo es original,estupendo,tienes mucha imaginacion....onix espero que sigas asi......saludos
                        draw....

                        ps=felicitaciones......

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                        • #13
                          3 - El relato de un fantasma

                          Bueno ya es Domingo, el día mas aburrido de la semana a mi parecer
                          Gracias a todos los que han opinado y agradezco la sugerencia de Emperor Nachus sobre los colores
                          Anexada les dejo una imagen. No me critiquen, queria dibujar algo mejor pero siempre se me ha pasado dibujarlo
                          Aqui el tercer capítulo. Acepto quejas, sugerencias y comentarios n-n







                          3
                          El relato de un fantasma

                          3. El relato de un fantasma: 

                          — ¿Cómo es que...? ¿Pudiste...? ¿Saliste...? ¿Apareciste...? —tartamudeó Lorenzo muy desconcertado, mirando en todas direcciones nerviosamente pues no entendía lo que estaba ocurriendo.


                          — ¿Ah? —soltó el pokémon bastante extrañado y observando atentamente el comportamiento errático del hombre mayor, preguntándose para sus adentros a qué se debía. Enseguida, dirigió sus pálidos ojos hacia la ventana y estos brillaron, al parecer, con entendimiento —. ¡Ah, claro! Usted está intentando preguntarme: "¿Cómo es posible que haya salido de esa esfera negra?". ¿Me equivoco?


                          Todos asintieron de inmediato, curiosos por averiguar qué hacía aquel pokémon en esa esfera. Moonghost —como se hacía llamar— rió discretamente por los gestos plasmados en sus rostros y añadió:


                          — No es gran cosa. La esfera debía ser expuesta a la luz de la luna llena en su primera noche para quebrar los sellos y... ¡listo! Moonghost, su servidor, quedaba libre una vez más.


                          Moonghost les sonreía inocentemente, bastante satisfecho con la respuesta que acababa de dar, aunque sus oyentes se mantuvieron expectantes, creyendo que en cualquier momento añadiría algo más. Al cabo de un rato, se decepcionaron al caer en cuenta de que eso no pasaría.


                          El pokémon creía que con esa breve explicación respondía a todas sus dudas, incapaz de notar la estupefacción en sus rostros al estar más interesado en inspeccionar los relieves en el techo. No sería tarea sencilla obtener la información necesaria para entender lo que sucedía.


                          — ¿Pero qué hacías ahí dentro? —insistió Bianca bastante impaciente, colocándose las manos sobre las caderas en plan de "Me debes una explicación".



                          — Sólo estaba durmiendo —respondió Moonghost distraídamente, mostrando poco interés e ignorando por completo la mirada asesina que le lanzó la joven —. Verán —suspiró —, es una historia muy larga y fastidiosa de contar, no quiero aburrirlos, en serio. Se supone que debía esperar ahí hasta el momento adecuado, que sería cuando Eve viniese a despertarme y... —se detuvo en seco de sopetón, acababa de notar que se le olvidaba una cosa y comenzó a lanzar miradas nerviosas a su alrededor, como buscando algo —. H-hablando de Eve —tartamudeó nerviosamente —, estaba por aquí, ¿cierto? Tiene que estar cerca, no puede haber desaparecido... ¿o sí? Sin ella yo no debería... ¿o sí? ¿Acaso eso se puede?


                          No hacía preguntas esperando a que las contestaran, hablaba para sí mismo atropellando las palabras y lucía bastante alterado, tanto que varias veces estuvo a poco de empezar a comerse las uñas. El resto intercambió miradas nerviosas, pues el otro pokémon —que por lo visto se llamaba Eve— aún seguía inconciente al pie de la ventana y nadie tenía el valor a decirle a Moonghost.


                          Mientras tanto, él continuaba hablando consigo mismo hasta que se detuvo, barriendo una vez más la habitación con la mirada, tan ansioso que se escuchaba su alterada respiración. De nuevo, no encontraba nada, al menos hasta que se le ocurrió la brillante idea de voltear, donde sus pálidos ojos encontraron al pokémon que yacía inconsciente bajo la ventana.


                          — ¡Ay, por todos los cielos! —chilló bastante alarmado y pegando un respingo. Moonghost se acercó rápidamente y se posó a su lado, recogiéndolo y sosteniéndolo entre sus brazos con delicadeza, como si temiera que se desintegrara si lo agarraba con mucha fuerza — ¡¿Eve, hermana, qué te ocurrió?! —le preguntó exasperado, tanto que ni siquiera reparaba en que ella estaba totalmente inconsciente. Al no recibir respuesta, sus niveles de pánico aumentaron y lo único que se le ocurrió fue zarandearla con todas sus fuerzas, lloriqueando desesperadamente —. ¡¡¡Eve, respóndeme!!!





                          — ¡Basta, por favor, no la trates así! —exclamó la enfermera Joy con una voz muy chillona debido a la impresión, acercándose presurosa a ambos —. Está intoxicada... su estado es crítico... la estamos tratando... necesita reposo... —decía, siguiendo el vaivén de su paciente con los ojos y deteniéndose a cada rato, sentía que le daban mini-infartos con cada sacudida.


                          La Chansey asistente apartó a la enfermera con un gentil empujón y se acercó a Moonghost, alzando la voz por encima de la de él y explicándole la situación... o eso parecía. Ellos sólo podían escuchar que decía unas cuantas cosas en su dialecto y nadie era capaz de traducirlo, los gestos eran lo único que los ayudaba a tener una idea de lo que estaba refunfuñando. Latias se unió a ella, actuando con más calma y ayudando a que el efusivo pokémon se tranquilizara un poco.


                          — ¿Qué dicen? ¿Cómo que se intoxicó? ¿Qué fue lo que le sucedió? —preguntó Moonghost preocupado, con los ojos aguados por las lágrimas que se esforzaba en retener, incluso había dejado de zarandear a su hermana.


                          — Es que... —balbuceó Dyfir algo acongojada. Sentía que le debía una explicación, más cuando él parecía a punto de estallar en llanto, pero no sabía cómo contarle lo sucedido de modo que no volviera a entrar en pánico y la sacudiera de nuevo. Se decidió por ser sincera —. Un Weezing liberó una nube de gas tóxico muy condensado por accidente, ella no se percató hasta que ya estaba inmersa y... bueno... obviamente, no le sentó bien. Cuando nos dimos cuenta ya había caído inconsciente al canal. La trajimos aquí y la enfermera justo nos estaba diciendo que estaba grave y luego... bien... apareciste tú.


                          — Y por eso su estado es delicado —añadió rápidamente la enfermera con severidad, lanzándole una rápida mirada de agradecimiento a Dyfir antes de continuar —. Necesita volver a la cama de inmediato para seguir con el suministro de los antídotos y el suero...


                          — ¿De qué está hablando? ¿Acaso me están diciendo que Eve se va a morir? —preguntó Moonghost con las orejas alicaídas y mirándolos a todos con cierto reproche.


                          — El veneno que inhaló es muy potente, si no sigo suministrándole el tratamiento...


                          — ¿Tratamiento? —repitió Moonghost sin poner cuidado en sonar grosero y molesto, frunciendo levemente el ceño — ¿Qué le han estado dando a mi hermana? Seguro ustedes quieren matarla.


                          — ¡¿Cómo puedes decir eso?! —chilló Joy de inmediato, profundamente ofendida —. Soy enfermera y mi deber es asegurarles la vida a mis pacientes. Siempre haré lo correcto por ellos y nunca me rendiré, haré todo lo necesario para salvarlos, es parte de la ética de mi profesión.


                          — Verás... —dijo Moonghost tranquilamente, tanto que descolocó a todos, y más cuando soltó a su hermana sin tener cuidado de que se golpeara la cabeza contra el suelo. Sin prestarle atención a lo que acababa de hacer, voló velozmente hasta la camilla, señalando las bolsitas del suero y el antídoto —. Esto es más dañino para ella que el Gas Tóxico de un Weezing, obligas a su cuerpo a pelear contra las toxinas y contra lo que sea que le estén dando. Eve tiene un metabolismo bastante quisquilloso, pero es capaz de anular el veneno, ella ha desarrollado resistencia a varias clases de sustancias tóxicas. Pero claro, le cuesta trabajo y por momentos puede parecer que va a estirar la pata, pero no es así.


                          — Pero...


                          — Ahora que tengo la cabeza más despejada, entiendo tus buenas intenciones, así que descuida, te aseguro que no serás ejecutada —dijo Moonghost alegremente, cortando en seco a la desconcertada enfermera y dedicándoles una sonrisa tan radiante que los descolocó por completo —. Despreocúpense. Se levantó para lanzar la esfera por la ventana, ¿verdad? Eso significa que se repondrá pronto, sólo hay que dejarla tranquila y sin darle más de esas cosas raras.


                          Hubo una pausa incómoda que se prolongó por un largo rato en el que ninguno de los presentes se atrevió a decir nada. Eve seguía en el suelo, Moonghost volvía a interesarse por el techo y el resto sólo tenía preguntas dándoles vueltas en la cabeza.


                          — Oye, aún no nos has dado una buena explicación de qué hacías dentro de esa esfera. Tampoco me has aclarado qué eres. Exijo una explicación ya que tu hermana nos obligó a perseguirla por toda la ciudad luego de robarse parte de la exhibición del Museo —puntualizó Bianca rompiendo el silencio. Se cruzó de brazos y clavó sus ojos en los de Moonghost, arrugando el ceño y acentuando así su cara de pocos amigos; exigía respuestas y las conseguiría a como diera lugar.


                          Moonghost cambió la relajada expresión que había adquirido su rostro y le devolvió la mirada a la joven de una manera sumamente antipática y odiosa, un cambio bastante radical si consideraban que en lo poco que lo conocían se notaba que era bastante despreocupado.


                          — Niña, comienzas a caerme gordo —declaró Moonghost secamente, adoptando la misma actitud que Bianca estaba tomando hacia él —. Y, obviamente, soy un pokémon, ¡doh! —agregó con un tono de voz tan chistoso que Dyfir tuvo que morderse la lengua para que no se le escapara una risotada.


                          — ¡¿Y a mí qué me importa si te agrado o no?! —chilló Bianca bastante disgustada por cómo le estaban tomando el pelo —. ¡Ya sé que eres un pokémon, no estoy ciega!


                          — ¿Entonces para qué me preguntas? —señaló Moonghost con desdén, dándole la espalda y volviendo a fijar su atención en el techo.


                          — ¡Contéstame de una vez por todas, pequeño demonio! ¡O llamo a la policía! —exclamó Bianca frustrada, agitando sus brazos rápidamente en un ademán de querer sacarle las palabras con los puños.


                          — ¡Bianca por favor, cálmate! —la regañó Lorenzo desesperadamente, acercándose a ella lo más rápido que le permitían sus cortas piernas y sujetándola fuertemente, pues la chica ya se estaba preparando para moler al pokémon a golpes. Luego de asegurarse de que Bianca no se le escaparía de las manos y, con la mayor educación que podía, dijo: — ¿Podrías, por favor, contarnos qué hacías ahí? No importa que sea una larga historia, sólo necesitamos entender por qué te encontraba es un objeto tan importante como Altomare—añadió rápidamente, prediciendo que el pokémon le replicaría.


                          Moonghost abrió la boca para decir algo y la cerró de inmediato, permitiéndose meditar por algunos segundos hasta que resolvió que no tenía escapatoria.


                          — Está bien, los complaceré... aunque se me hace extraño que no sepan nada —dijo con resignación, mientras ellos intercambiaban miradas extrañadas —. A ver... ¿por dónde puedo comenzar? —se detuvo para carraspear y empezó: —. Ustedes ya saben que Gea es la creadora de todo lo que existe en la Tierra, incluyendo humanos y los pokémon, sus creaciones más preciadas. Ella nos considera a todos sus hijos, nos profesa tanto amor que proveyó todo lo necesario para que pudiésemos subsistir y tener una vida plena y feliz en armonía con el resto de sus obras.


                          »Pero ella entiende que la perfección no existe. La ambición que nos otorgó para que creciéramos y pudiéramos defendernos en el mundo, nos haría querer desear más siempre, sin importarnos demasiado las consecuencias hasta que mal estuviera hecho. Aunque tardó en cumplirse, es algo que cuando comenzó a hacerse realidad la enfermó y debilitó, haciendo que se desvaneciera su presencia física en este mundo y sólo su esencia pudiese vagar apenas con poder para defenderse. Ella ha dejado en claro que aunque no lo hubiera hecho las cosas serían iguales, tarde o temprano llegaría su final y nosotros nos desvaneceremos junto a ella.


                          »Esa es su certeza y tormento, todos somos parte de aquello que la consume. Pero notó que los humanos lo empeoraban aún más, su conexión con la naturaleza se perdía a medida que evolucionaban y adquirían mayor raciocinio; pasaba igual con algunas especies de pokémon, pero siempre mantenían su vínculo con ella de alguna manera u otra. Gea siempre vio con dolor y tristeza cómo una de sus obras más queridas crecía a la perfección, pero tomando el camino equivocado, arrastrándonos a todos con ellos. Pronto, su inconsciencia lo destruiría todo.


                          »No pongan esas caras largas —pidió en son de broma al notar el efecto de sus palabras. Se sentía culpable, pero sólo estaba contando el relato tal cual él recordaba —. A pesar de todo, Gea piensa que la inteligencia humana es buena, un don que está orgullosa de haber otorgado. Pero el raciocinio atrae a la avaricia y con ello el olvidar lo que realmente importa.


                          » Por eso Gea decidió no quedarse de brazos cruzados, si llegaba su fin estaba decidida a que no fuera de las manos de a quienes tanto amaba, deseaba hacer un esfuerzo para luchar y proteger lo que es más importante para ella. Para ello ideó un plan para resguardarnos a todos y a ella misma también: creó Guardianes que simbolizan todo lo que ella encuentra hermoso en el mundo —se detuvo e hizo el ademán de una reverencia, luciendo curiosamente gracioso mientras lo hacía, y les guiñó el ojo con picardía —. Yo soy uno de esos Guardianes —rió al ver el gesto en sus rostros y añadió con sorna —. Increíble, ¿cierto? Gea dio a luz a doce Guardianes, a los que indujo en un profundo sueño y encerró en objetos que fueron escondidos posteriormente. Por eso me encontraba en esa esfera, sólo tomaba mi pequeña siesta de un par de miles de años.

                          »Los Guardianes sólo podemos ser liberados por la acción de una llave y esa función la cumple mi hermana: Eve. Aunque ella también es un Guardián, así que somos trece en total... ¿cómo es que se me olvidó contarla? En fin, es la más importante después de todo. Seguramente es culpa de la cosa que me dio Piruplú como despedida, sabía raro. Ese tipo raro y sus sustancias extrañas...





                          Moonghost se dio a la tarea de divagar, diciendo incoherencias que ninguno estuvo dispuesto a intentar conseguirles sentido. Afortunadamente no hizo falta, porque él mismo añadió:


                          — Es que ciertamente es muy importante. Más que sólo ser la llave y Guardiana de Gea, en ella recae el peso de salvarnos a todos, sin ella no se puede hacer nada —les lanzó una mirada de soslayo, con cierta lástima, antes de proseguir: —. Es una ironía que los humanos no sean muy de su aprecio, así que no me extrañó que les hiciera una mala pasada a propósito. Lo más probable es que sólo quiera despertar a los once restantes y olvidarse del asunto.


                          No volvió a decir nada en un largo rato, mirando hacia la ventana algo alicaído, como si el mencionarlo le causara una tristeza que ellos estaban lejos de comprender.


                          — Todo esto es muy extraño —comentó Dyfir algo acongojada, rompiendo el silencio. El relato de Moonghost había tocado su vena aventurera, a pesar de que estaba relacionado con lo que parecía el fin del mundo no podía dejar de sentirse emocionada — ¿No podían despertarse todos a la vez? — preguntó inocentemente, su curiosidad y sus ganas de saberlo todo no le permitían tener más tacto.


                          — Esa es la parte divertida, esto es como un juego para demostrar que somos dignos de ser los Guardianes de Gea —respondió Moonghost sonriendo misteriosamente —. Bueno, resulta divertido para mí y no tanto para ella —señaló a su inconsciente hermana con la cabeza —. Eve tiene la parte más pesada, es la única capaz de resolver los enigmas que nos mantienen dormidos y de borrar los sellos que nos recluyen en los objetos. Esos sellos están ahí para evitar que cualquiera pudiese liberarnos.

                          »Y no somos los únicos, a ellos también corrieron con nuestra misma suerte y les toca jugar. Es una competencia para poner a Eve a prueba y prepararla para nuestra lucha final; nunca lo entendí bien, pero la idea de todo esto es que ella esté lista para luchar contra los enemigos que Gea puso en nuestro camino — se detuvo, frunciendo levemente el ceño y mirándolos con más reproche que la última vez —. Insisto, ¿por qué no saben nada de esto? Es lo básico.





                          — ¡Espera un momento! —pidió Lorenzo con un ademán de las manos, algo reacio a creer en lo que escuchaba —Ellos, ¿dijiste? ¿Tienen enemigos? ¿No se supone que deben protegernos? ¿Cómo es que Gea no hace algo al respecto para que ustedes puedan cumplir con su misión? —insistió, lanzando las preguntas como si fuera una metralleta e ignorando por completo la interrogante que dejó Moonghost en el aire —. Ya es más que suficiente que tengan que lidiar con las personas, y mira que lo digo con fundamento; ser encargado de museo no es fácil y también he sido testigo de lo descorazonado que puede ser el hombre, lo he sufrido en carne propia. Por eso si Gea quiere evitar ser destruida, ¿por qué no deshacerse de aquello que pueda perjudicar a sus Guardianes?


                          — ¿Tú sería capaz de destruir a tus propios hijos? —preguntó Moonghost serenamente, con el atisbo de una amarga sonrisa en su rostro.


                          — No, nunca, eso sería una barbarie —contestó Lorenzo de inmediato aunque la pregunta del pokémon se le hacía extraña.


                          — Ahí tienes tu respuesta —dijo Moonghost encogiéndose de hombros despreocupadamente —. Ellos también son hijos de Gea, ella los hizo con sus propias manos. Su misión, contraria a la nuestra, es asegurarse de que el fin llegue más pronto.


                          — ¡¿Qué?! —exclamó Lorenzo atónito reaccionando por los demás, no se lo podía creer — ¡¿Por qué haría ella algo como eso?! ¡Es de locos!


                          — Pues verás, Gea tiene un Talón de Aquiles de Gea, viejito —dijo Moonghost tranquilamente, pero con un aire misterioso que despertó demasiada curiosidad en sus oyentes. Sonrió de un modo perturbador antes de continuar: —Mamá tiene ciertas reglas que seguir, ¿saben? Sin esas reglas, a ella nunca se le hubiese otorgado su poder y nosotros no existiríamos. Entre las tantas pautas a seguir, se encuentra la del Balance: todo pro tiene su contra. En base a eso se rigen la mayoría de las cosas en este mundo: bien y mal, mujer y hombre, luz y oscuridad... Bla-bla-blá...


                          Moonghost se interrumpió para bostezar perezosamente, como si todo eso le pareciera terriblemente aburrido, y pronto el techo volvía a ser más llamativo que seguir echando el cuento.


                          — Me parece entender —dijo Dyfir firmemente, dejando aflorar sus pensamientos alimentados por la emoción — que Gea creó esos "obstáculos" por obligación, pues si no lo hacía surgiría un desequilibrio que alteraría el orden de las cosas como las conocemos y eso conllevaría al caos.


                          — ¡Exactamente! —exclamó Moonghost encantado y asintió efusivamente con la cabeza. Pero se detuvo en seco y miró a la joven entrenadora con mucho reproche, entrecerrando sus ojos —. Bueno, llevas media hora haciéndote la tonta y ahora me sales con esto. ¿A qué se debe tal momento de lucidez?


                          — Sólo supuse que lo sabía —respondió ella de inmediato, asustada de haberlo ofendido —. En todas las historias que me han contado desde pequeña, siempre existe algo que si no estuviese ahí conllevaría al caos del mundo; pensé que en esta no sería la excepción.


                          — A todas estas —dijo Lorenzo, interrumpiendo a Moonghost cuando estuvo a punto de responderle a Dyfir —, ¿de qué clase de destrucción estamos hablando?


                          — No estoy completamente seguro de eso —contestó Moonghost lentamente, tratando de recordar las palabras exactas -. Puede ser por cualquier cosa. Podría ser por ese problema que tienen ustedes ahora con... ¿Cómo es que le dicen? ¡Ah, si!: Degradación del ambiente.


                          — ¿Ustedes luchan contra eso? —preguntó Bianca con un tono irónico en su voz, dibujando una sonrisa sarcástica en su rostro que le consiguió una mirada asesina del pokémon — ¡Ja, vaya locura! ¿Acaso pensaste que nos tragaríamos el cuento de que trece pokémon nos salvarán colocando la basura en el contenedor adecuado? ¡Entonces he de desearles la mayor de las suertes! Si nadie ha podido controlar todo esto, un pokémon no lo hará. Además, ¿qué tienen que ver esos supuestos "seres malvados"? ¿Es que acaso se encargarán de susurrarnos al oído para tirar basura en la calle?


                          — Vaya, vaya, vaya.... Estás tan ocupada en ser odiosa conmigo que no le permites a tu cerebro trabajar bien, ¿eh? —dijo Moonghost frívolamente —. Búrlate todo lo que quieras, pero te mofas del problema que nos aqueja a todos y si no se hace nada destruirá todo. Verás, el más mínimo cambio en el perfecto mecanismo de Gea lo altera todo y ella sólo está haciendo lo que puede para enmendarlo por ustedes. Y aquellos "seres malvados" que mencionas con tanta ligereza, tienen el poder de hacer lo que se les venga en gana con el Sr. Mecanismo. Con sólo mover un dedo son capaces de aniquilar lo que tengan cerca y su único propósito es acabar con todo. Si nosotros decidimos no hacerles frente, el final nos caería encima como si nos soltasen un Walrein súper desarrollado... y sin anestesia... —agregó dramáticamente pero con un leve tono jocoso en su voz que aligeró la crudeza de sus palabras, consiguiendo robarles una sonrisa a todos con la excepción de Bianca.





                          — ¿Y qué esperas que piense si todo lo cuentas de la manera más vaga posible? —espetó Bianca groseramente.


                          — Después de toda esta charla, tengo sólo una duda —dijo la enfermera con delicadeza, más interesada en zanjar el asunto para chequear a su paciente que en la conversación —. Hace rato, mencionaste algo sobre que sus enemigos "traerán el final más pronto". ¿Qué quieres decir con eso?


                          — Es porque todo tiene un fin. Aunque nosotros evitemos que por ustedes se destruya todo, nuestra acción no perdurará para siempre del mismo modo en que no somos inmortales —explicó Moonghost quedamente, esquivando sus miradas —. Puede que pronto, puede que demore, pero en algún momento llegará la hora hasta para Gea.


                          Una vez más, el silencio se apoderó de la habitación, nadie encontraba qué decir al respecto. La simple idea de que existiera un ente superior que luchaba por su supervivencia era alucinante, aún más tomando en consideración que había creado criaturas tanto para salvarla como para arruinarla. Y recordar que estuvieron a punto de matar a uno de sus guardianes por accidente los hacía sentir más abrumados todavía.


                          — Bueno... —suspiró Moonghost amablemente, tomándolos por sorpresa mientras les dedicaba una alegre sonrisa, la cual estuvo ausente por largo rato — ¿Qué más necesitan saber?


                          — Ya has dicho demasiado —una hermosa voz femenina a espaldas de Moonghost lo interrumpió. Su repentina intervención los hizo respingar a todos, sin excepción, pues a pesar de su suavidad exhumaba desprecio.

                          Con el corazón en la garganta, todos voltearon lentamente hacia la ventana, donde se tropezaron con Eve, ya consciente y reincorporándose con cierta dificultad mientras se acariciaba la cabeza, taladrando con sus hermosos ojos azules la espalda de Moonghost, quien aún no se atrevía a voltear.


                          — ¿Acaso eres idiota? —reclamó Eve débilmente al fantasma, frunciendo el ceño para acentuar su disgusto —. ¿Es que no ves que ninguno de ellos es lo que piensas?


                          Moonghost tragó saliva y comenzó a girar muy lentamente, tanto que su movimiento lucía muy rígido, como si fuera un robot; claramente, estaba hecho un manojo de nervios, intentaba mantener su sonrisa para disimular, pero fallaba maravillosamente y parecía más bien constipado.


                          — H-hola, hermanita... —fue lo único que pudo balbucear gracias a los nervios.





                          El relato de un fantasma (2007)
                          Spoiler: 
                          - ¿Cómo…? ¿Pudiste…? ¿Saliste…? ¿Apareciste…? – tartamudeaba el anciano, todavía sin poder creer lo que sucedía.
                          - ¿Ah? – soltó Moonghost confundido, al parecer no lograba comprender lo que el anciano intentaba expresarle. Luego dirigió sus ojos violetas hacia la ventana y se iluminaron, al parecer, con entendimiento - ¡Ahhhhhh! ¡Claro! Usted está intentando preguntarme: “¿Cómo es posible que haya salido de esa esfera negra?”… ¿No es así? – preguntó.
                          Todos asintieron rápidamente, ansiosos de saber qué hacía ese pokémon en esa esfera. Moonghost rió discretamente y prosiguió:
                          – Eso es bastante sencillo. La esfera tenía que ser expuesta a la luz de la luna llena y… ¡Listo! Moonghost su servidor quedaba libre – explicó con sencillez. Al parecer el pokémon creía que con algo así resolvería todas las inquietudes de los desconocidos que tenía al frente.
                          - ¿Pero qué hacías en esa esfera? – insistió Bianca con algo de impaciencia.
                          - Solo estaba durmiendo. Es una larga historia, el asunto es que debía esperar a que sucediera algo importante y que Eve viniera a despertarme y… - dijo Moonghost, pero se detuvo en seco repentinamente – Hablando de Eve… ¿Ella dónde estará? – se preguntó colocándose en una pose pensativa.
                          Se mantuvo unos cuantos segundos en silencio y luego se puso a barrer la habitación con la mirada, buscando algo con bastante ansiedad. Luego de no encontrar nada, se resolvió por voltear y ahí fue cuando su mirada dio con el pokémon inconsciente que estaba tirado al pie de la ventana.
                          - ¡Ay Santa Madre! – exclamó Moonghost alarmado. Se acercó rápidamente al pokémon y se posó en el suelo, recogió al pobre y lo sostuvo entre sus brazos - ¡¿Eve qué te ocurrió?! – preguntó exasperado al pokémon blanco, al no recibir respuesta al parecer se exasperó y comenzó a zarandear al pobre inconsciente con mucha efusividad - ¡¡¡Eve respóndeme!!! – lloriqueó.
                          - ¡Espera! ¡No lo trates así! – exclamó la enfermera Joy angustiada mientras se acercaba a ambos pokémon – Tiene una intoxicación… Su estado es crítico… Lo estamos tratando… – tartamudeó nerviosa, intentando explicarle a Moonghost. Su Chansey le acompañó afirmando con sonidos y gestos.
                          - ¿Como que se intoxicó? ¿Qué le sucedió? – preguntó Moonghost exasperado dejando de zarandear al pokémon.
                          - Es que… No sabemos muy bien qué le sucedió – le respondió Dyfir algo acongojada – Un señor estaba acomodando una lancha, erró al cortar un cable y su motor estalló, eso produjo humo. En ese humo entró… ehm… Eve… y a los segundos escuchamos como caía al agua, la trajimos aquí y la enfermera nos acababa de decir que se había intoxicado. No sucedió más nada, después de que hubo caído al agua lo trajimos aquí y la enfermera se ha encargado de lo demás –.
                          - Así es – asintió Joy – He estado implantándole una serie de medicamentos y realizando el tratamiento reglamentario para este tipo de casos, lo normal… -.
                          - ¿Tratamiento? – preguntó Moonghost con curiosidad, interrumpiendo a la enfermera en su reporte.
                          - Si. Le damos los medicamentos necesarios según el tratamiento estándar - explicó la enfermera – Pero… -.
                          - ¿Qué clase de medicamentos? –preguntó Moonghost de sopetón, interrumpiendo nuevamente a la enfermera.
                          Moonghost soltó sin ningún cuidado a Eve, dejando que cayera de una manera bastante graciosa al suelo y se dirigió a la camilla donde reposaba hacía unos instantes el pokémon blanco. Moonghost le echó una minuciosa ojeada a la bolsita de suero y a los frasquitos de medicamentos que reposaban sobre una mesita de noche y con los ojos abiertos como platos se volteó a mirarlos
                          - ¡¿Ustedes están locos?! – preguntó Moonghost conmocionado - ¡Esto es dañino para Eve! ¡En vez de ayudarla la enferma más! – agregó exasperado - ¡Ustedes querían matar a mi hermanita! – lloriqueó exasperado.
                          - ¡Disculpa! ¡No era esa mi intención! – exclamó Joy bastante alarmada – No lo sabía… En serio… - agregó en defensa - Por eso es que tenía los signos tan bajos… – susurró para sí, bastante agitada.
                          - ¿Es un ella? – se preguntó Latias, parpadeando repetidas veces.
                          - Bueno… No importa, solo nos toca esperar. Si fue capaz de levantarse para despertarme debe de estar bien, solo hay que dejarla descansar – dijo Moonghost con tranquilidad.
                          - ¿Sabes? Todavía no termino de entender qué hacías dentro de esa esfera. Tampoco me has aclarado qué eres – dijo Bianca, de nuevo se realzaba su impaciencia.
                          Moonghost cambió la relajada expresión que había adquirido su rostro y observó a Bianca de una manera sumamente antipática y odiosa.
                          – Niña… Comienzas a caerme gordo – declaró Moonghost con altanería – Y obviamente soy un pokémon, ¡doh! – agregó con un tono de voz bastante chistoso.
                          - ¿Y a mí que me importa si te caigo bien o no? Y ya sabía que eras un pokémon – espetó Bianca con acidez.
                          - ¿Entonces para qué preguntas? – bufó Moonghost.
                          - ¡Solo contesta a mis preguntas de una vez por todas! – exclamó Bianca frustrada mientras agitaba sus brazos rápidamente.
                          - Bianca por favor, tranquilízate – dijo el ancianito.
                          El anciano se acercó a Bianca con premura y la sujetó fuertemente, pues la chica tenía en mente caerle a golpes a Moonghost. Cuando se hubo asegurado que Bianca no se le escaparía de las manos dijo:
                          - ¿Podrías, por favor, contarnos qué hacías ahí? No importa que sea una larga historia – agregó prediciendo que Moonghost iba a replicarle.
                          - Está bien. Aunque se me hace extraño que no sepan nada… – dijo Moonghost resignado y lanzándoles una mirada dubitativa – Entonces comienzo... – dijo y se detuvo para carraspear - Como deben saber, cuando aparecieron en la Tierra los primeros seres vivos, Gea los cuidaba con cuidado por considerarlos sus hijos (es algo evidente, puesto que ella creó todo en la Tierra) y les proporcionaba lo necesario para vivir a plenitud. Estas criaturas, como supondrán, son los pokémon y posteriormente los humanos.
                          << Gea sabía muy bien que aunque ella les diera lo necesario, aquellos seres que había cuidado con tanto esmero la destruirían buscando su comodidad y mejores condiciones para subsistir, sería un proceso lento pero sabía que su fin sería algo inminente. Pero más que en ninguna otra criatura, localizó como principal amenaza a los humanos cuando éstos comenzaron a evolucionar, pues adquirían una inteligencia colosal con el paso del tiempo así como su creatividad y población crecían a una velocidad despampanante.
                          << Gea dedujo que esa inteligencia sería positiva por un lado, pero por el otro aquella capacidad de raciocinio traería consigo la avaricia y la inconsciencia. Por ello decidió crear sus propios métodos de resguardo, que se materializaron en guardianes que serían el símbolo de lo que ella cree es esencial para la vida y para la armonía entre los vivos. Somos todos medios raritos, con tornillos zafados y con unas actitudes tipo bomba atómica… Pero eso no va al caso y está fuera de lugar... – dijo con una risilla - Volviendo al tema…
                          << Gea “dio a luz” a doce guardianes y posteriormente los sumergió en un profundo sueño, encerrándolos en objetos ó lugares específicos, como un ejemplo está la esfera negra en la que yo dormía. Los guardianes sólo pueden ser liberados por una especie de “celador”, que es mi hermanita Eve que a su vez es una guardiana.
                          << Pero más allá de ser celadora ó guardiana, mi hermanita Eve tiene la misión especial de protegernos a todos, a humanos y pokémon por igual. Pero para serles franco, ella los odia a ambos – dijo suspirando.
                          << Retomando el tema, otra vez… Ella tiene la prioritaria tarea de localizarnos, buscarnos y despertarnos a cada uno de los doce –.
                          Al terminar de decir esto, un silencio embargó la habitación por alrededor de un minuto.
                          - Esto es muy extraño – comentó Dyfir interviniendo al fin, le llamaba mucho la atención lo que decía el pokémon – ¿Para qué tiene que despertarlos? ¿No podían despertarse todos a la vez? – preguntó con curiosidad.
                          - Esa es la parte interesante del relato – dijo Moonghost con una sonrisa de satisfacción – Primero que nada porque ella es la única capaz de resolver los enigmas y de borrar los sellos que nos mantienen atrapados, si no existieran esos sellos cualquiera podría habernos liberado. El otro punto relevante es que de la “destrucción” ocasionada por los humanos surgirán unas criaturas malvadas que tratarán de impedir nuestra tarea. Insisto, ¿por qué no saben nada? – preguntó extrañado
                          - ¿Cómo puede existir otro obstáculo? – preguntó el ancianito, omitiendo la pregunta de Moonghost – Ya es suficiente con que tengan que lidiar con los humanos, ¿no es así? Sé que ocasionamos una gran cantidad de problemas, soy testigo mismo de eso por ser el encargado del museo, pero si… Gea… quiere evitar que la destruyamos, ¿por qué existen esas cosas que la destruirán si ella es la creadora de todo? -.
                          - Aquí el “Talón que Aquiles” de Gea – dijo Moonghost con un aire misterioso – “Mamá” sigue ciertos patrones, un ejemplo es la Selección Natural en lo cual no me voy a extender porque la que sabe de eso es Icestar. – se detuvo para aclararse la garganta - Como les decía, entre esos patrones está el Balance: todo pro tiene su contra. De eso se rige la naturaleza: bien y mal, mujer y hombre, luz y oscuridad, Magallanes y Caracas… - dijo con vaguedad.
                          - Creo que ya te entendí… Creó esos obstáculos por obligación, pues si no lo hacía surgiría un desbalance que alteraría el orden de las cosas como las conocemos y eso conllevaría a algo caótico – dijo Dyfir algo insegura.
                          - Exactamente… – asintió Moonghost, pero se detuvo en seco y miró a Dyfir anonadado - ¿Y cómo es que si sabes eso pero lo demás no? - preguntó.
                          - Pues no sé a qué te refieres, pero sobre lo que dije es algo típico en esta clase de cosas. Cada historia que escucho tiene algo que si no existiera alteraría el orden de la realidad - agregó Dyfir con monotonía.
                          - Tengo otra duda. A todas estas, ¿de qué clase de destrucción nos estás hablando? – preguntó el anciano.
                          - Si mi masa gris no está totalmente atrofiada, tengo entendido que ustedes lo ven como: contaminación – contestó Moonghost despacio.
                          - ¿Ustedes luchan en contra de la contaminación? – preguntó Bianca con un tono irónico en su voz – Entonces he de desearles una gran suerte. Si nadie ha podido controlarla un pokémon no lo hará. Además, ¿qué tienen que ver esos “seres malvados”? – preguntó riéndose.
                          - Veo que eres de comprensión atrasada, además que eres odiosa y limitada, por personas como tú es que todo está así – dijo Moonghost fríamente – Para que te culturices, la contaminación destruye a la Tierra lentamente, si la Tierra muere ustedes también porque sin hogar ni recursos ¿qué haces? Por ejemplo: todos dependemos del oxígeno, ¿cierto?; las plantas producen oxígeno a través de la fotosíntesis, las plantas dependen del agua, si el agua está contaminada las plantas mueren y si mueren no hay oxígeno, ¿entiendes? ¿¡No lo ves!? El deterioro de cualquier factor alteraría todo y esos seres tienen la capacidad de destruir un bosque en instantes y hasta más… están para que todo se vuelva más rápido, no dejan esperanzas de vida. El final les caería como si les soltaran un Walrein encima –.
                          - Con todo lo que me dijiste no me aclaraste nada de los “malos” del cuento – espetó Bianca groseramente.
                          - De todo lo que has hablado solo tengo una duda – dijo la enfermera Joy – Tú dices algo sobre “evitar que el fin llegue más rápido”, o eso interpreté –.
                          - A pesar de que nosotros evitemos que ustedes destruyan a la Tierra, como todo tiene su fin – explicó Moonghost - Si no recuerdo mal, una de las causas sería la extinción del Sol, pero no le preste mucha atención a Flame…– susurró, al parecer, divagando en sus memorias.
                          - Una pregunta más. Tú dices que a todos los encerraron en un objeto o lugar ¿no? – dijo Dyfir - ¿Qué clase de lugares son esos? -.
                          - Así es. No sé en qué clase de sitios ó cosas, porque cada quien fue dormido por separado, pero solo se pueden abrir de una manera especial, en mi caso era que la esfera reflejara la luz de la luna llena y todos tienen un acertijo distinto. Sin los acertijos y los sellos cualquiera podría liberarnos, excepto a mí porque Eve debía liberarme personalmente – explicó Moonghost.
                          - Eso ya lo habíamos tenido claro hace mucho, cuando dijo lo de los sellos – murmuró Bianca un tanto amargada.
                          - ¿Qué más necesitan saber? – preguntó Moonghost alegremente.
                          - Creo que ya les has dicho demasiado – dijo una hermosa voz femenina a espaldas de Moonghost, su tono era firme pero era muy débil – Además, no son lo que crees -.
                          Todos miraron rápidamente hacia la ventana. Eve se reincorporaba con lentitud, su penetrante mirada taladraba la espalda de Moonghost, quien se dio la vuelta con una lentitud mecánica. Al parecer estaba algo asustado.
                          - Hola hermanita… - balbuceó Moonghost, riendo con nerviosidad…


                          "ANEXOS: 





                          Espero que les haya gustado, hasta el proximo domingo ^0^
                          Last edited by OnixTymime; 30/12/2016, 10:47. Razón: Añadidas ilustraciones adicionales

                          EGN: Hoy es el fin del mañana
                          65 - Todo se paga

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                          • #14
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                            ah ok no t preocupes onix :D

                            excelente capitulo, aun falta pero esta muy bien por lo que lei :D todo bien detallado y explicado :D

                            espero la otra parte ;) salu2..!!
                            [marquee direction=right:2bwirae8][/marquee:2bwirae8]

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                            • #15
                              Respuesta: Fanfic

                              Muy bien este capitulo, aqui aclasraron algunas dudas acerca de los nuevos pokemons.

                              Sigue asi. Salu2

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