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Ranger por pura casualidad

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  • Pokémon Ranger por pura casualidad

    ~Ranger por pura casualidad~

    (Fanfic aprobado por Demian. Véase esta evaluación):

    Spoiler: 
    El Tema del Fic – 17/20 puntos
    La Trama del Fic – 16/20 puntos
    La Gramática, Ortografía y Estructura de la escritura – 14/20 puntos
    La Narración del autor – 15/20 puntos
    Las Descripciones del autor – 15/20 puntos
    Apoyo visual (Si es que lo tiene, es decir, opcional) – 0/5 puntos.
    Puntaje total: 77/105 (Siendo 60 el mínimo)
    Conclusión: Fan fic y autor aptos para publicar en la sección. ¡Felicidades!




    Sipnosis: Selena, la ranger más avezada de toda Floresta, desapareció. Su compañera Plusle logra llegar a Carlos con su capturador, y este pretende llevarla a Alejandro, pero esta escapa. Mientras estos acontecimientos ocurrían, un crucero se dirigía a Otonia con lo que llegaría a ser la esperanza del jefe de Villavera...



    ~Prólogo~


    Spoiler: 
    Llovía. Era un día gris para la verde selva de Villaestío. Una chica de extraño color del pelo estaba caminando en guardia, acompañada de un conejito. Buscaba algo entre la maleza de la espesura selvática. La humedad le molestaba, pero tenía un deber que cumplir, aunque las gotas le dieran la vara.

    Se hallaba, entre las altas palmeras, una extraña actividad. Gente con una vestimenta extravagante, como si fueran a un concierto de rock a cantar, hacían cosas igual de raras que sus ropas. Con singulares aparatos hacían círculos alrededor de los salvajes habitantes, y luego estos les seguían con la apariencia de acabar de levantarse. Que capturen a un grupo reducido de pokémon era algo que no le parecía insólito, ¿pero toda la selva? Eso sí que no era normal.

    Mas su objetivo no era detenerlos y rescatar a sus prisioneros. Su objetivo era buscar su guarida, su centro de operaciones. La selva era el lugar perfecto para hacer una guarida subterránea; había vegetación a tutiplén y podría haber sido utilizada para ocultarla.

    Pero nada. La búsqueda no era fructífera. Había registrado hasta las reliquias, el lago, sin resultado alguno. Tenía que volver e informar a Carlos de la situación.
    De camino a la base, una manada de electrikes le cortaron el paso. Esto ya era terrorífico. Los electrike no son agresivos, y además son miedosos; cuando un niño se acerca, estos huyen despavoridos.

    Había una mano maestra detrás de este comportamiento. Los sujetos que rondan por la selva la habían emboscado.

    -Vaya, vaya, mira quién tenemos aquí, la molesta Ranger de alto rango...-Conocía la voz. Detrás de esas personas extravagantes y los perros que manejaban, había alguien de más nivel aún. Sujetaba un paraguas de moda para no estropear su rosado peinado.
    -Aina...-Dijo Selena, la chica del pelo azul.
    -¿Qué es lo que estabas husmeando, pillina?-Lanzó la pregunta. Evidentemente Selena no la iría a contestar. Los encargos que los ranger tenían que cumplir para la mafia de Go-Rock era completamente confidencial.
    Contestó con un vulgar “¿Y a ti qué te importa?”.
    -Así que no quieres decirlo, ¿eh? Bueno, ya que estamos, ¿por qué no llevarte como prisionera?-Se reía con una risa pícara de señora rica.
    Selena desenfundó su “arma”. Era un extraño aparato parecido a un móvil, aparentemente aparatosa, con una carcasa roja que protegía sus circuitos.

    -Con acorralarme no te basta, y tú lo sabes.- La ranger abrió la tapa que protegía la pantalla del aparato y entonces una antena se mostró. La máquina lanzó inmediatamente una peonza, que fue directa hacia las verdes crías de lobo. Las rodeó, pero todos ellos se cargaban el pelaje de electricidad, hasta que hicieron estallar rayos que rompía el círculo de luz que creó el trompo plano.
    La luz regresó y paralizó el brazo de Selena. Era una descarga muy fuerte. Dejó caer el capturador en el barro, y casi sus piernas. Los Electrikes se acercaron amenazantes, gruñendo, mientras los reclutas chocaron sus manos. El Plusle de Selena se asustó. Selena no lo comprendía.

    -¿Sorprendida? Estas mejoras que nuestro querido hermano le ha puesto a los super capturadores permite potenciar los ataques de los pokémon un cincuenta por ciento. Aunque quién soy yo para decir esos números, sólo se que los ataques son más fuertes.- Se ríe de nuevo. -Cogedla.- Los reclutas a unisono afirmaron y fueron a coger a la agredida.
    -Plusle, escapa tú. Coge mi capturador y ves a la base de Villaestío. Carlos sabrá que hacer.

    Plusle negaba con la cabeza.

    -No te preocupes por mí, seguro que averiguarán lo que habrá pasado. Ahora ve, ¡corre!
    Aceptó de mal gusto. Bajó del hombro de Selena y cogió como pudo el capturador; agarró con la boca el llavero y fue corriendo a cuatro patas. Hizo tropezar a un par de reclutas, a mancharse de barro.
    -¿¡Qué puñetas hacéis!? ¡Id a por ese Plusle de inmediato!- Ordenó Aina, y entonces Selena pensó que podría escapar de ellos. Pero una repentina decisión hizo que sus esperanzas se quebraran igual que vinieron.

    -O espera... Mejor mandad a los perros.

    Obedecieron. Con esos cacharros hicieron que los Electrike fueran a por Plusle. El conejo corrió como pudo en el terreno fangoso, y el capturador se dejaba cubrir por el. Cruzó la selva entera, fatigándose por cada paso que daba. El movimiento no le dejaba respiro alguno, perseguida por unos obligados y fieros lobos, mientras el viento de la lluvia obligaba a proteger sus ojos de las gordas gotas.

    Lo iba a lograr. Estaba viendo playa. La cruzó y pararon de seguirla.
    Que alivio.

    Estuvo enfrente de la puerta automática de la base. Plusle golpeó la puerta para llamar la atención. Una persona rechoncha con ropa veraniega y una toalla que siempre lleva la miró.

    -¡Anda, Plusle, tú por aquí!-Dijo con sorpresa. -¿Dónde está Selena?... ¡Oh!-Se fijó que llevaba el capturador a rastras. Su rostro reflejaba su cansancio. La cogió y entró con ella.


    El interior no era gran cosa. Había una gran pantalla, una recepcionista arreglándose las uñas y un ascensor. El suelo era de moqueta roja y las paredes de color crema. Carlos sacó su capturador para contactar con uno de sus amigos, también jefe de una base de operaciones de la unión.

    -¡Alejandro!-Gritó con desespero.
    -Carlos, por favor, que sea la última vez que me gritas así por el capturador.-Se frotó la cabeza, señal de que el grito fue un delirio para sus tímpanos.-¿Qué ocurre?
    -Se trata de una de tus rangers, Selena. Su Plusle ha vuelto con su capturador, ¡pero ella no!
    -¿¡Qué!?- Exclamó. Se quedó callado un rato, pensando. -¿Qué le ha pasado? ¿Lo sabes?
    -No, pero seguro que nada bueno. Plusle ha regresado fatigada y con el capturador de Selena.
    -... Esto es grave. Pueden haberla matado. Manda a todos los ranger que tengas disponibles para buscarla, ¿sí?
    -Tranquilo, Alejandro, mis chicos los buscarán- Giró la cabeza hacia sus queridos alumnos- ¿verdad que sí, chicos?
    -¿Verdad de qué, viejo?- Preguntó uno de los tres chicos que pasaban su rato libre sentados en las sillas. No había oído la conversación que tenía con Alejandro. Ignoró al ignorante y volvió a la charla.
    -¿Y qué hago con Plusle? Está empapada y jadeando, además de sucia...
    -Cuídala tú.
    -¿¡Qué!?
    -Pues eso. Que la cuides tú.
    -¡Pero Alejandro! ¡No tengo ninguna noción de medicina y lo sabes!
    -Pero si solo la tienes que limpiar y secar, Carlos, no me vengas con medicinas ahora. En cuanto al capturador podría verlo tu operado-
    -Mi operadora no sabe reparar capturadores.
    -Pues estamos apañados. Más tus rangers, pero bueno.

    Silencio.

    -¿Entonces qué hacemos?
    Se escuchó un bufido desde el aparato.
    -No lo sé. De momento limítate a mandar a tus rangers a buscar a Selena por la selva, luego ya veremos.- Alejandro colgó y Carlos suspiró. Plusle no estaba satisfecha con la decisión que tomaron entre los dos. Pensaba escapar. Pero esperó a un momento dado, después de limpiarla y secarla en su casa, situada en el mismo pueblo. Hasta la acogió de peluche para dormir.

    Mas en la cama, ella fingía estar dormida al lado suyo y se bajó de ahí. Carlos también se llevó el capturador de su compañera; no se fiaba de su operadora. Lo cogió desde el llavero con su boca y salió de su casa. Se subió a Lapras, no sin antes comunicarle que tenía que ir a Otonia para luego correr hacia Villavera. Dicho su destino, el pokémon transporte no tardó en dirigirse hacia la ciudad.

    Después de que el plesiosaurio acorazado zarpara hacia Otonia, Carlos, tuvo un despertar consciente. Notó que le faltó algo. Se levantó de enseguida, llamó a Plusle varias veces; sin embargo, no acudía. Salió de su casa; el cielo se había despejado. No había nube que anunciara otra tormenta. Fue a todos los rincones del pueblo, y en su búsqueda también notó que el lapras que fielmente esperaba a la desaparecida ranger tampoco estaba.
    Tenía que informar a Alejandro inmediatamente.

    Después de una charla con Alejandro, se decidió que la búsqueda de Plusle se iniciaría por la mañana, cuando el lapras llegara al puerto de Otonia. Mientras, un barco lleno de pasajeros que ansiaban conocer nuevas tierras iba a llegar al puerto a la misma hora.


    ~Capitulos~


    Last edited by Poisonbird; 30/08/2016, 03:50.



  • #2
    Hola. He leído el prólogo y está bien, aunque considerando que he jugado a los tres pokémon rangers, que aparezca Aina pues realmente no le veo el sentido. Supongo que se será como una historia alternativa, pero me gusta más la otra, donde lo importante para ella y sus hermanos es conseguir dinero. Aunque ponga eso, no quiero decir que esté mal. De hecho, tal vez siga leyendo el fan fiction :meowla:

    Pues Pluse debe de ser una musculosa. Pudo escapar de los electrikes que tenían su poder aumentado en un 50%, por lo que sería lógico que la alcanzaran :giggle:
    Tan vagos como siempre los de Villaestío. Bien adaptaste los personajes al texto.
    Es de suponer que del crucero mencionado, saldrá esa persona citada en el título que se convertirá en un ranger por pura casualidad.

    Nada más. Algunas cosas no las he entendido bien, vi dos errores de tecleo que se corrigen releyendo el texto, y bueno, no me apetece hacer un comentario mejor (?)
    Suerte y espero un primer capítulo <3


    ~ AMEEEERICAA, FUCK YEEAH!

    Comment


    • #3
      Bueno, yo te lo evalué y ya comenté los errores que tenías, ahora paso a decirte un poco qué me pareció la historia.

      Ranger es como lo más tardío de pokémon antes que Conquest y debe ser por eso que hay pocas historias así que se agradece la tuya. Me pareció un buen comienzo, bastante dramático, algo corto en historia quizá... aunque a lo mejor eso lo dejas para más adelante, me hubiera gustado saber más de la vida de la pobre secuestrada y de su equipo de trabajo.

      Hiciste casi que súperpoderosos a los villanos y eso está muy bien, así va a estar difícil que se me ocurra qué harán los Rangers para salvar a Selena. ¡Espero que en el próximo capítulo des más info! ¡Suerte!


      Gracias a todos por recordarme :) Sólo tengo buenos recuerdos de ustedes y de este agradable lugar también.

      Comment


      • #4
        Gracias por ese par de comentarios. Hacía tiempo que no recibía algún comentario que resaltara algún defecto del escrito. Aunque yo no me preocupaba mucho por la historia en sí ni por los errores... de hecho, este fic era solo para desengancharme de un juego. Pero ya que me ha gustado escribirlo... pues, ¿por qué no seguirlo? (Estoy hablando de hace casi dos años. Imaginaos cuánto habré escrito ya.)

        En fin, no puedo resistirme a responder estos comentarios así que... allá va (No me maten por hacer dinero negro, por favor [?]):

        Lindsay:

        Spoiler: 
        Hum... No he concretado nada sobre el objetivo de los hermanos Go-Rock en esta parte. El hecho de que secuestraran a Selena no significa que su principal punto de mira sea quitárselos de encima a lo bruto; es más, aunque no lo parezca, este sigue siendo su objetivo. Lo único que son... un poco más maquiavélicos, tal vez. Bueno, para maquiavélicos ella; los otros tres... ya se verá cómo son esos. Y sip. Es una historia alternativa. Algunos sucesos se asemejarán al mismo juego, pero otros serán añadidos extras, digamos.
        En cuanto a lo del plusle...
        Shit. Eso me pasa por aplicar el metagame de los juegos principales a rajatabla. ¡En cuanto pensé 50% en fuerza pensé solo en ataque y ataque especial, no defensas ni defensas especiales, ni siquiera en velocidad! No, mentira, las defensas de todo tipo también, ¿pero, la velocidad? La aparté. Porque entonces pensé "en Mundo Misterioso la velocidad es la misma para todos". Pero claro. Ahí los combates no son dinámicos. En las historias lo tienen que ser por narices. Mira que era descuidada, ¿eh? D: Pero al menos poner a algún incompetente en Villaestío me ha servido de algo. ¡Ay, y cuando veas el episodio quince...! ¡Ya verás, ya verás!

        Por cierto, has acertado.


        Demian:

        Spoiler: 
        Yep. Lo he dejado para más tarde. Aunque tampoco miré de contar lo que hizo anteriormente. Por si a caso, aclararé algo; Selena es la personaje femenina del juego, así que si has jugado, supongo que sabrás qué ha hecho, al menos desde que ingresó en la unión (Bueno, aunque no sea su vida entera, pero en fin, no creo que su pasado sea interesante). Y bueno, en cuanto la vida del resto... Ya se irán dando algunos detalles. No son muchos, por eso.


        Y sin más preámbulos, aquí os dejo el primer episodio de esta historia. Disfruten.


        ~Capítulo 1~

        Spoiler: 
        Un barco navegaba por las serenas aguas de Zafrán. Era un crucero de viaje, un hotel errante. Hace horas que pasó la media noche, y la gente que transportaba dormía plácidamente. No todos.

        Una adolescente también andante de dieciséis años se levantaba de la cama por culpa de su equilibrio alterado por el movimiento del mar. Los jugos gástricos estaban revolucionados y querían salir del estómago. Salió corriendo de la habitación, del interior, a cielo abierto. El kappa con un nenúfar de sombrero, que dormía humildemente en el suelo, despertó y la vio abrir la puerta. Miró el negro mar que aún se unía con la esfera y esparció su ácido bilis en la ondulante agua.

        -Aaaj, jopé... es la tercera vez que vomito en esta noche.- Refunfuñaba aprovechando la ausencia de gente en el barco. El lombre que le hacía compañía la miró preocupada. Ella giró la cabeza un momento, para contestar a esa cara de preocupación que tenía.

        -No... no te preocupes, Lol, es solo que no puedo estar dentro...- Suspiró. -Maldito líquido del oído que controla el equilibrio...

        Se quedó entre brazos en la barra que separaba el barco del mar, mirando el frente, esperando indicios de sueño, mientras sentía la brisa marina. Como entretenimiento, hablaba con su pokémon de su destino, no sin antes quejarse de los constantes mareos que tuvo en todo el viaje.
        -Espero que este viajecito en barco merezca la pena... Que no haya ningún entrenador que farde de ser el más fuerte y reta a todo dios. ¡Y cómo no sea así...! Oye, ni puñetera idea de lo que haré, tú.
        Lol insinuaba herirles con sus pequeñas zarpas. Se las miraba, con una mirada maliciosa.
        -¿Aunque para qué me irían a mentir? No tiene ningún sentido hacerme pasar un mal trago. ¿Qué beneficio tendrían?- Se encogió de hombros. -¡Bueno, el caso, que quiero descansar de tanto combatir y tanto entrenar! Y supongo que tú también.
        Lol asentió con ganas de tener unas pequeñas vacaciones en respuesta.
        -Buf... Es la última vez que cojo un barco- Decía constantemente. -Definitivamente, la próxima vez tomo la vía aérea.
        Aunque en eso Lol no estaba de acuerdo. Le daba pánico las alturas, y como buen pokémon acuático, le encantaba ver el agua, sea dulce o salada. La chica, con el nombre de Gionna Fernández, seguía contemplando el aparentemente quieto paisaje; más bien a la luna. No vio gran cosa, obviamente, salvo una figura alargada que tenía cabeza que no dejaban ver aquellos puntos brillantes del cielo llamados estrellas.

        -¿Hum? ¿Qué es eso?- Miraba aquella silueta. Parecía y era un pokémon, no muy común. Pasó un breve rato en la duda, hasta llegar la conclusión de qué era.
        -Un lapras...- Bosteza. -Ningún pokémon marino tiene un cuello tan largo como este. Aunque por lo general su actividad no es nocturna... En la noche descansan en playas, en el día se dedican a cazar peces, pero en la noche duermen. Que raro que un lapras navegue a estas horas... -La palabra “horas” le hizo recordar el transcurso del tiempo. Arremangó la manga de su polar verde para que deje mostrar su reloj digital. Un botón y una luz azulada indicó unos números que hacían una idea de lo tarde que era.
        -Buf... Las cinco de la madrugada. - Volvió a colocar la manga por donde le pertenece. A estas horas ella estaría durmiendo, si no fuera la fiesta que se está dando en sus tripas.
        Estaba deseosa por llegar a Otonia. En el barco no podía dormir ni comer. Comer podía, pero extraer los nutrientes de lo que ingería no.
        Intentaba no dormirse con los brazos colgando en la barra de seguridad. Estaba que no podía. Quería llegar a ver el sol salir, tiñendo el oscuro paisaje de naranja. Pasaba el tiempo, y al final se quedó rendida, dejando que sus brazos bailoteen en el aire, el cuerpo inclinado hacia delante y la boca soltando aguas. Su Lombre por el contrario había dormido medianamente bien y ya estaba desvelada. Iba amaneciendo. El barco estaba llegando a su destino. En cuanto la luz ya se llevó las estrellas por delante, Lol intentaba despertarla agitándola. No respondía.

        No tenía opción. Lanzó un chorro de agua a presión para que reaccionara. Lo consiguió, hizo que al menos abriera los ojos. Miró de nuevo el reloj.
        -Mira que bien, he descansado un buen rato. Una mísera hora.- Se quejaba de nuevo. Se percató de que se iba acercando a tierra. -Oh, mira que bien, ya llegamos.- Le costaba horrores separarse de la barra metálica, pero lo logró. Fue a buscar las maletas en su cuarto, y de enseguida regresó de nuevo con las náuseas.
        -Anda, Lol, ve a por las maletas tú... Ay...- Ordenaba afectuosamente mientras hacía cascadas de vómito.

        Nada más llegar al puerto, ella misma llevó parte del equipamiento. Cargaba con una bandolera grande por uno de sus hombros, y una maleta igual de verde que su polar, cuyas ruedas la hacían caminar. Su Lombre cargaba con una mochila no muy grande y poco pesada, estampado de margaritas.
        Tenía un hambre atroz y un cansancio muy acentuado. Lo más importante era comer, por lo que tenía que adentrarse en la ciudad y encontrar una cafetería por donde servían pastas.

        Mientras ella estaba buscando un buen sitio para saciar ese pozo vacío, el lapras avistado por la noche se paraba lateralmente en un rincón del puerto. Su único pasajero, la fugitiva Plusle, bajó de su caparazón con el capturador de su compañera en la boca para tocar tierra de nuevo. Se despidió de Lapras y caminó rumbo a Villavera. Pero para su infortunio, un pokémon vil aguardaba el momento propicio para tomar su vendetta. Estaba rebuscando en la basura a ver si encontraba algún pescado, y ver a ese Plusle de nuevo le crispó. Puede que fuera una pequeña broma lo que le hizo meses atrás, pero los Houndoom tienen la mala costumbre de ser rencorosos. Fue en su persecución, y esta se dio cuenta de enseguida. Corría desesperadamente para no ser herida.

        Pasó por la fuente que decoraba la plaza de la ciudad, donde un par de ludicolos siempre daban un alegre bailoteo, las calles por donde pichus, snubulls y makuhitas caminaban y jugaban entre ellos, y también por donde las gentes hacían sus compras matutinas. Entre las tiendas, están las cafeterías, un perfecto lugar para dar un pequeño respiro fuera de casa.

        Corrían rápido. Lo suficiente como para captar la atención de los ciudadanos que estaban sentados disfrutando del aroma del café. Gionna, que había pedido un croaisant y un vaso de agua para hidratarse después de tanto extraer líquidos, giró la cabeza hacia el cazador y la presa cuando estaba a punto de pegar bocado a su pasta.

        Houndoom acorraló a Plusle en una calle cerrada. El colérico carnero infernal sonrió, mostrando sus afilados dientes. Plusle abrazaba el capturador inútilmente, solo para reprimir su temor.
        En cuanto la hambrienta miró aquella escena, pensó intervenir... Después de comer su desayuno. Houndoom respiró hondo y le empezaban a salir ascuas de sus fauces. Esto ya era el colmo. Cogió el croaisant y se lo llevó en la mano. Lol, que comía tranquilamente una manzana, vio que su amiga se levantaba y se dirigía hacia ellos. Dando un bocado detrás de Houndoom y con la boca llena llamó la atención con la voz. Este se giró.

        -Deja a ese pequeño conejo en paz- Decía mientras masticaba. -O al menos no lo chamusques, podrías quemar alguna casa.

        Plusle ponía cara de incomprensión. Houndoom tomó a aquella figura humana zampante como una molestia. Preparaba de nuevo su fuego. Ella lo notó de enseguida y se metió toda la pasta en la boca. Por poco aquel chorro le quemaba.

        No podía decir nada. Tenía la comida almacenada en toda la boca, que intentaba triturar. Lol miró como distraía a aquel perro. Decidió en acudir en su ayuda cuando vio que la atacaba. Dejó los restos de la manzana y se abalanzó contra Houndoom con sus zarpas, haciendo finas líneas que enrojecían en la piel del sabueso. Este devolvió los arañazos con un mordisco en la mano. Le dolía, pero estaba acostumbrada a que le golpearan; después de todo, ha tenido que pelearse con otros pokémon.

        La guardaespaldas de Gionna seguía protegiendo a su señora, con todas las armas que tenía disponibles; chorros de agua, semillas drenadoras, uñas hirientes... Y también su oponente intentaba tumbarla, ya sea a bocados, con grandes chorros de fuego y con juegos sucios de engaño. Uno salía empapado, enfriado, con pocas energías, con múltiples arañazos... La otra solía quemarse con las llamaradas que escupía, llena de mordiscos y caía alguna que otra vez por aquellas fintas que hacía. Aunque en teoría Lol tenía mayor ventaja, estaba igual que su agresor.

        Gionna pensaba en como hacer que Houndoom parase de atacar, sin herirlo demasiado. Mas parecía que no quería dejarlas en paz hasta que una de ellas muriese.

        Plusle, cuya conciencia le dominaba el miedo, recobró claridad en su pensamiento. Aprovechando el altruismo de la entrenadora, siguió su rumbo hacia Villavera, aunque llegar ya no le hizo falta.

        Se encontró con el jefe de la zona oeste de Floresta, que lucía un pelo verde oscuro, cuyo pelo estaba sujeto desde abajo con una cinta blanca. Tenía la camiseta y los pantalones de color negro, una torera roja y bambas también rojas, aunque no del todo; tenía partes blancas y amarillas.

        -Vaya, Plusle, no me esperaba encontrarte pronto.-Cogió el capturador cubierto de barro seco mientras le daba unas caricias en la cabeza del plusle. No prestó atención a lo que pasaba hasta que oyó el aullido de dolor que soltó Houndoom al recibir otro de los múltiples arañazos de Lol. Esta vez fue un golpe directo.
        Estaba débil. Sus patas le dolían. Cayó al suelo sin remedio.

        -Buf... Me hubiera gustado no recurrir a la violencia para que no quemara nada, pero... No tenía remedio.- Suspiraba. -Venga, Lol, vayamos a pagar.

        En cuanto se iban dentro, el carnero, sediento de sangre, se levantó costosamente y soltó un rugido. Se giró por el bramido y le miró incrédula. ¿Cómo un pokémon, después de ser azotado varias veces, puede seguir queriendo luchar? Como siempre, su lombre estaba dispuesta a protegerla, pero esta la detuvo.

        -No, Lol, has hecho suficiente. Descansa. Bueno, primero tráeme la pokéball de Akirosoku, y deprisa. No tardará en volver a atacar.

        Antes de que Lol obedeciera, Alejandro interrumpió. La actitud le pareció demente. Tenía que impedir que hiciera más daño a ese carnero canino.

        -No vas a sacar a ningún otro pokémon. Déjame esto a mí.
        -¿Tú?- No lo entendía. Él no tenía ningún pokémon a su lado, y no parecía que el fuera muy fuerte. ¿Aunque quién era ella para juzgar la fuerza que tenía? Quizá sabía artes marciales... ¡Qué importaba! Quería saber lo que tenía entre las mangas.

        Alejandro iba a sacar el capturador del bolsillo que lo transportaba. Pero antes tenía que saber una cosa. Tenía que saber si el capturador que Plusle llevaba aún funcionaba. A parte, escuchó las palabras de Gionna tras que su Lombre debilitara a Houndoom. Quizá ella no era tan frívola como creyó. Quizá era una simple ignorante que solo conocía la violencia como único recurso para calmar a los pokémon.

        Decidido estaba. Una lección se le tenía que dar.

        -Aunque... será mejor que manejes esto.- Le tendió la mano, que tenía sujeto el sucio aparato. Gionna aceptó cogerlo, pero solo para echarle un vistazo. Era extraño que un completo desconocido le diera un desconocido aparato. Vio que el aparato tenía una solapa, cuya apertura dejaba mostrar varios botones. Reconoció de enseguida de que esta pieza tenía alguna función. Ahora tenía que descubrir cual era. Apretó botones al azar para encenderlo, no prestó atención a Alejandro. Logró encenderlo.

        En la pantalla se mostraban varias indicaciones. Botón tal para esto, botón cual para lo otro...
        -¿Se ha encendido? Bien, ahora pulsa el botón azul.
        -¿Y eso para qué?
        -¡Tú hazlo!

        Encogió de hombros. Quería que le contestara, pero a la vez quería ver lo que pasaría si lo pulsa, así que le hizo caso. Una antena se alzó hasta unos veinticinco centímetros de largo. ¿Era solo eso? ¿Solo levantaba una antena y ya está?

        En la pantalla apareció una instrucción que iba a dar Alejandro. Se adelantó a la orden y apretó el botón verde. Una peonza salió del aparato que dejaba un rastro de energía. La antena tomó el mismo color que la luz que dejaba el disco. Movió la mano que sujetaba ahora mismo el capturador, solo para ver si parecía una espada láser. Notó que la peonza también se movía.
        Houndoom se estremeció. Sabía lo que era. Con eso lo capturaron una vez, y no quería ser capturado de nuevo.

        -¡Perfecto! Ahora conduce el disco capturador hacia ese Houndoom y rodéalo.
        Busca cómo moverlo hacia delante, que es lo que le interesaba, y pronto le pilló el truco. Ya estaba, ahora hacía círculos al herido Houndoom, acorralándolo. Afortunadamente para él sabía como salir de ahí. Lanzó una pequeña llamarada mientas la peonza bailaba en círculos. Al romper el hilo de luz, un rayo regresó al aparato, dando un pequeño calambre a la mano de Gionna.
        -Me olvidé mencionarte que tengas cuidado con los ataques de los pokémon. Si cortan la línea, la energía empleada por el capturador regresa dañándolo. Aunque si el pokémon solo llega a tocar la línea, esta solo se rompe, pero no daña.
        -Entendido...- Dijo vacilante y dolorida. Sacó de nuevo el disco, intentando de nuevo rodear al feroz pokémon. En cuanto notó que iba a lanzar de nuevo una bola de fuego, esta paró de hacer círculos y ordenó con la agitación que hacía con su palma que lo esquivara. Por poco le da directo al disco.

        Después de que atacara, el disco siguió danzando alrededor de Houndoom. Finalmente, la luz que dejaba se hizo más intensa.
        -¡Ahora sube la antena!

        El círculo trazado se quedó en el aire, haciéndose más pequeño hasta comprimir a Houndoom. El hecho que le extrañó a Gionna es que el círculo, cuando tocó a Houndoom, este ya no se oponía; es más, ya no tenía ganas de atacar. Corrió hacia Gionna, aunque ella lo interpretó como amenaza, el miedo le paralizó. La tumbó y la acariciaba la cara con la lengua. Cada vez entendía menos. ¿Cómo puede un halo de luz convertir a un fiero lobo en un cariñoso galgo?

        -Bueno, bueno, ¡ya vale!- Imploró la entrenadora. A Alejandro la escena le dio gracia. Este tipo de sucesos suelen ser entrañables, pero en este caso adquiría tono cómico. Lol miró a Houndoom extrañada. “¿A qué venía ese cambio de actitud?”, se preguntaba.
        -Después de hacerte tanto daño, vas y me chupas la cara como un polo... ¿Se puede saber qué te ha picado?- No sabía nada de lo que acababa de hacer. Los rangers, mientras se captura al pokémon, consideran que transmiten sus sentimientos al objetivo. Cuando se completa la captura, entonces estos se convierten en fieles amigos. Pero algo extrañaba a Alejandro. La reacción que tuvo Houndoom tras la captura era señal de que los sentimientos transmitidos eran muy fuertes positivamente, pero ella mostraba cierta apatía en sus palabras.

        Plusle, en cambio, pensó que había encontrado un bis de Selena. El mismo perro mostró las mismas muestras de afecto que en ese momento estaba dando. Lo único que a Selena la raptaron una banda de rock de los años setenta. Y además, la desconocida entrenadora no se asemejaba en actitud ni en aspecto. Selena tenía una espera coleta que se alzaba arriba; sus ojos eran rojos como el uniforme de los rangers de Villavera y de la unión en general, y era alta un poco más alta. Gionna, en cambio, no tenía una estatura envidiable; incluso, conjunto a su desmadrada media melena castaña oscura, sus grandes ojos marrones escondidas tras unas gafas de cristal medio rectangulares y su vestimenta informal constituida por un polar verde manzana y tejanos azulados de campana, le quitaba un par de años de apariencia. Aunque su chaqueta roja para la nieve le daba algún recuerdo de ella, todo y que no era una torera.

        No obstante, Alejandro estaba convencido de que podría ser una buena ranger. Podría instruirla para que no dañe a ningún pokémon de la región y luego, cuando haya aprendido lo suficiente, mandaría a ella a rescatar a Selena. Sin embargo, pensó que rechazaría la propuesta para ser ranger, por lo cual, aquella posibilidad se le iría de las manos. Pero quería a Selena de vuelta. Tenía que pensar en un plan. Y para empezar a idearlo, se fijó en el equipamiento que dejó en la mesa de la terraza.

        Las conclusiones que había sacado era que no venía de aquí, si no de otra región, y probablemente tendría que pagar un hotel. Si decía que tenía una habitación para ella y que no le afectaría al bolsillo, entonces seguro que accedería. Empezó a proponerle.
        -Esto... tú eres de fuera, ¿no?
        -Em... sí, soy de fuera... ¿Por qué lo dices?
        -Por el equipaje. Supongo que buscarás alojamiento.
        -No andas equivocado... ¿A caso eres amo de llaves o así?
        -Algo así. Tengo un... albergue en un pueblo cercano llamado Villavera. Las habitaciones son un poco pequeñas y hay muy pocas, pero al menos son muy cómodas. Y precisamente tengo una libre. Si te interesa...
        Lo que decía le tentaba poco. Y si de verdad eran pocas, entonces el precio sería elevado, o eso pensó.
        -¿Y... cuánto costaría esta habitación...?- Preguntó para asegurarse. Entonces empezó a pensar. ¿Qué diría si en ese albergue se tenía que hacer más que tareas domésticas? ¿Tendría que decirle que costaba hacer unas misiones o que era completamente gratis? Pues los viajeros vienen a reposar en esa región, no a trabajar. Aunque parecía más una turista con ese equipaje.
        Además, ya había mentido desde un principio. ¿Desde cuándo una base ranger es un albergue?
        -¡No te costará nada! Con tan solo mantener la habitación ordenada cuando te marches bastará.
        -¿Ah? Bueno... ¡si me lo ofreces así...! ¡Creo que podré aguantar un poco de trabajo físico si no tengo que pagar por los servicios! ¡Bien, lléveme a ese albergue, buen hombre!

        Tal y como pensó. La economía venció a la comodidad. Después de que ella pagara al señor que manejaba el negocio de la cafetería, Alejandro llamó a su acompañante Fearow con un silbido. Una gran cigüeña emplumada de color marrón con cresta de gallo vino rauda y agarrando a los dos desde sus chaquetas con las zarpas de sus patas los llevó a Villavera. Plusle, como tiempo atrás, se sujetó a la pierna de la inconsciente principiante, que agitaba los brazos con nerviosismo mientras se balanceaba por el aire que le venía de enfrente.

        Y así, volando, llegaron al pueblo de la verde llanura.
        Last edited by Poisonbird; 25/12/2013, 06:42.


        Comment


        • #5
          El capítulo es interesante con la introducción de la nueva personaje. Buena entrenadora, me hubiera gustado que la describas un poquito más físicamente.

          Ahora voy comprendiendo más el título del fic… esta entrenadora está por convertirse en Ranger.

          Te hago una recomendación: pon los capítulos dentro de un spoiler para que sea más fácil desplazarse con la barra de al lado.

          La batalla contra el Houndoom y la forma en que lo capturó me han gustado, esto de que sea un entrenador que se convierte en ranger me parece muy interesante. La historia me va gustando cada vez más, muy original y divertida. ¡Sigue así, compañera!


          Gracias a todos por recordarme :) Sólo tengo buenos recuerdos de ustedes y de este agradable lugar también.

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          • #6
            Bueno, antes de poner este comentario informaré que a partir del 28 no estaré aquí, así que no habrán episodios hasta el 5 o el 6 de enero. Si os quedasteis con más ganas, podéis buscar el fanfic en Fanfiction. Ahí no están corregidos y puede que se encuentren con alguna incoherencia del pasado, pero servirán para entretener un buen rato.

            Disfruten


            ~Capítulo 2~

            Spoiler: 
            Ahí iban. Arriba, al cielo, hacia unos pocos kilómetros del lugar. Se habían olvidado de Lol. Y para colmo, también la carga. Una maleta que se arrastraba, una bolsa de correa igual de pesada y una pequeña mochila, ligera. Aunque podía deducir que se iban a otro lugar. ¿Pero la travesía sería larga? Pues si así fuera, no aguantaría.

            Buscó alguna oficina de policía por la ciudad. Fue por todas las calles inferiores de Otonia, por donde las tiendas de souvenirs y de necesidades básicas frecuentaban. Era una ciudad preparada para recibir visitas de otras regiones, e incluso de otros continentes del planeta. Pero por ningún lado encontró alguna comisaría. No parecía que el crimen ni los extravíos existieran en la región. Hasta ahora no se vio ningún entrenador, y la única gente que iban acompañados de pokémon era gente corriente con mascota. La recomendación que le hicieron a Gionna era buena, sin duda. Desde luego allí no encontraría ningún retador.

            Visto que en la parte sur no habían más que tiendas y tiendas, tuvo que dirigirse hacia arriba. Si subir unos tres escalones le resultaba un suplicio, subir una decena era un martirio. Sería como escalar los Alpes con la carga de una mula. Pero tenía que hacerlo. Todo sea para reunirse con ella. La lombre aspiró el aire para coger fuerzas y subir con todo el peso de los utensilios de dibujo de la bandolera y las múltiples mudas que su madre ha obligado que llevara de la maleta. Descansó a los cinco unos minutos y luego procedió con la última mitad. Pudo encontrarse con un edificio que parecía una sede avanzada tecnológicamente.

            El edificio en el exterior, era verde por arriba, y la parte que estaba unida al suelo era gris. Todo él tenía forma hexagonal, y la coronaba una pequeña cúpula de cristal. Lucía diferente que los demás edificios, además de que estaba aislado del resto. Podría ser un laboratorio, o lo que ella buscaba. Solo esperaba que no fuera la primera posibilidad. Estuvo en varios siniestros edificios de experimentación durante el tiempo compartido con su entrenadora. Y en el último no se lo pasó muy bien. ¿Y si fuera así y ella entrara? ¿Acabaría como un conejillo de indias? Sabía de un par que lo fueron. No era muy agradable padecer los cambios que les proporcionaron las modificaciones biológicas. Pero tenía que arriesgarse. Tenía que saber si la podrían ayudar. Se armó de valor y se puso delante de la puerta para que esta se abriera y la recibiera.

            Pisó los pies en aquella verde moqueta, en aquella sala con mesas de cristal y sillas para que descanse la gente que trabaje ahí. Una chica, pecosa, con aparatos, de gafas redondas y pelo arreglado con un par de coletas, estaba leyendo un tebeo. En la mesa de la izquierda se veían dos personas, con un plano puesto en la transparente superficie y con aire pensante. Dio tres pasos más, entrando la maleta que casi tocaba el suelo. Jadeaba. Estuvo buscando el edificio por horas con ese peso.

            La jóven del mostrador fue la primera en darse cuenta que un lombre entró en la base.

            -¡Madre de Arceus!- Gritó asustada por como se presentaba el nenúfar andante.
            -¿Qué ocurre ahora, Ana?- Habló el rubio vestido de traje púrpura imperial, sin agobiarse.
            -¡Mira como va ese Lombre, por el amor de la madre tierra!- Señalaba aterrorizada como si viera un muerto viviente. Julio la hizo caso. Era una escena espantosa. Parecía una esclava africana.
            -Dios...-Dijo también la otra rubia. Aquella llevaba un par de tirabuzones rubios en cada lado, una camiseta púrpura y blanca conjuntado con unos pantalones también blancos.
            El elegante hombre se acercó a ella y ajustó sus gafas. A Lol le dio miedo que se acercara tanto y dejó que su terror se escapara de su boca, empujado por las cuerdas vocales.
            La recepcionista tapó la vista con su tebeo, la chica se tapó de enseguida sus orejas; en cuanto a su superior, se asustó y retrocedió hasta golpear la pared con la espalda.
            -¡Cálmate, cálmate, oh dios, cállate!- Suplicaba que parara con esas palabras.

            Villavera era un lugar acogedor. Tan solo habían cuatro casas en medio de la llanura, de estilo rústico. Lo único que no entonaba con lo demás era el edificio que estaba delante de Gionna. Era un edificio de metal pintado de verde. Pero a parte de este engendro en medio de la naturaleza, todo lo demás era precioso. Pensó que una de las casas sería el albergue que Alejandro mencionó; algo que no pensó. Pero algo seguro que tenía era que Lol estaría encantada de ver el pueblo. Fue a mirar el rostro supuestamente maravillado de su lombre. Pero no estaba a su lado. Miró a todas direcciones. Nada. Tuvo una idea de donde estaba.
            -Vaya hombre...-Murmuraba al darse cuenta de que Lol brillaba en su ausencia.
            -No te preocupes por tu equipaje, seguro que lo habrán encontrado.- La tranquilizaba. Sabía lo que se había dejado.
            -No solo el equipaje, señor; también me he dejado a mi lombre.- Decía con cortesía. Plusle subió a su hombro -Bueno, espero que haya teléfono dentro para llamar a la policía de la ciudad.- Suspiraba.
            -Con el aparato que te he dado puedes hacer una llamada.
            -No me digas...- No entendía cómo podría un aparato que provoca euforia a un pokémon también podría utilizarse para hablar desde una lejanía. -Aunque ahora no tengo ganas de descubrir como se hace eso... No he pegado ojo.- Bostezó. -Quiero irme a mi habitación ahora mismo.
            -Pues entra ya en la base... Uy.

            Se le escapó la palabra. Tenía que seguir con lo de albergue. No tuvo que decir lo que era realmente.
            -¿Base? ¿Perdone?- Lo miró extrañada.
            -Erm... Esto-
            -¿Base de qué? ¿Militar? ¿De operaciones? ¿De los servicios secretos? Oiga usted, si me ha tendido una trampa para eliminarme de la faz de la tierra porque soy una amenaza para vuestro “poderío”, pues vais a tener que... sufrir mi cólera.

            La entrenadora paranoica metió la mano en el bolsillo para buscar su pequeña arma. Estaba dispuesta a defenderse de una posible amenaza, aunque ignoraba cómo. Alejandro tenía que apresurarse. ¿Ahora qué le diría? ¿Tendría que decir aquellos planes que tenía pensados, o debería cubrir la verdad con otra mentira? Pero a estas alturas encubrir sus intenciones ya no tenía ningún sentido.

            Tenía que decirle la verdad. O al menos lo que era.

            -No, de Rangers. Soy un ranger que patrulla por los bosques para ayudar a la gente o a la naturaleza.- Soltó finalmente. A Gionna aquello le sonaba raro. Forestales modernos que hacen el trabajo de un agente municipal. ¿Pero qué era esto? ¿En qué clase de región se había metido?
            -Igual, pensaba darte alojamiento para tus vacaciones, y no te pido nada, así que cálmate, ¿vale? Entra.

            Esta vez, sin sospechas de que fuera algún maleante de las altas esferas, entró en el edificio. Dos personas estaban reposando en las sillas, y dos pokémon estaban jugando entre ellos. Uno, graso con el cabello corto de color castaño claro estaba comiéndose un trozo de pastel; el otro, de estatura alta, con una bandada roja alzándole su pelo azul marino y de ojos azules, estaba mirando su capturador.

            Ambos miraron a su jefe y a la nueva inquilina, aunque más que a la persona, se fijaron en el pokémon que llevaba en su hombro.

            -¿Jefe? Este es el plusle de Selena, ¿no?- Preguntó su ayudante de pelo oscuro sin rodeo alguno.
            -Sí... Ese és.- Ahora, que parecía que todo se había aclarado para Gionna, se volvió a revolver en una confusa espiral dubitativa. ¿Quién era Selena? ¿Este plusle ya tenía dueña? ¿Y el aparato destartalado que tenía?
            -¿Y esa chica?- La masa que comía tranquilamente el pastel se acercó a Gionna curioso. Ella se apartaba un poco por la proximidad que tomaba.
            -Es... una nueva ranger.- Contestó su jefe.
            -¿¡Qué!?- Dio un golpe de voz brusco. Le había dicho que el alojamiento era gratis, sin ninguna ingresion a un grupo ni nada por el estilo. Y de repente, la meten como una de ellos. ¿¡Qué era esto!?
            -¡Anda, que chachi!- Cruzó de dedos ilusionado. Los ojos le brillaban.-¡Tenemos a una nueva ranger!
            -Eh... Siento desilusionarte, pero no. Hubo... un mal entendido. No he acordado que sería también... policía forestal.
            Miró hostilmente a Alejandro una vez más. Volvió a sacar la pequeña canica roja y blanca, amenazante. Aún así, Alejandro no se paró.
            -Ha demostrado que puede ser una ranger en potencia con la captura de un Houndoom. Para mí puede ingresar en la unión.
            -Para ti... Pero sabes que esto está en contra del reglamento establecido de la unión. ¿Has permitido que maneje un capturador que le hayan dado un título en la escuela de rangers?- Habló el ranger esbelto. Poco a poco, el rechonchín apagaba su rostro.
            -¡Igual que Selena! Le he dejado en un caso de emergencia. La ciudad estaba peligrando de ser quemada.- Argumentó su superior. Cada vez Gionna se agobiaba más. El contenido de la pequeña esfera estaba deseosa de salir. Pero se contuvo de liberarlo. Además, ¿qué es lo que estaba haciendo con esa pokéball? ¿Por qué estaba amenazando? No pensaba bien. El cansancio le estaba volviendo loca.
            -Mire, si no le importa, antes de que estalle, indíqueme dónde está mi habitación, por favor.- Pedía educadamente, sin descuidar ese tono de enfado.
            -Ah, cierto... por aquí.
            La condujo hasta el ascensor, y el elevador subió hasta la parte más alta. En el centro del piso, si se alzaba la cabeza, se podía ver el cielo a través del cristal que abultaba desde fuera. Un dragón amarillo de dos metros aguardaba a quien pudiera y quisiera montarse en el. Más a la izquierda, el fearow que llamó anteriormente Alejandro reposaba de un pequeño pero agotador viaje.

            Había varias puertas al lado; tres, en concreto. Una de ellas aguardaba una cama blanda para aliviar el cansancio que tenía ella. Alejandro giró el pomo de la madera y le abrió paso. Entró y se tiró corriendo a la cama. En cuanto su cuerpo chocó con el colchón, plusle se retiró de su hombro.
            -¿Contenta? Ahora duérmete, tengo que arreglar unos asuntos con mis... amigos de la unión.
            Otra vez le dio la sensación de que le habían tendido una trampa. Ha pasado de ser un guardabosques policía a uno de los miembros de una gran élite secreta que quería hacer algo con ella, no se sabía qué. Cerró la puerta, y esta se levantó e intentó abrirla. Nada. Giraba el pomo al lado contrario que había hecho Alejandro, lo cual le llevó a pensar que la habían encerrado.

            -Oh, genial, esto ha pasado de ser unas vacaciones a un secuestro.- Chocó sus nudillos de la mano con la pierna.- ¡Cuernos!
            Plusle la miraba alegre con ganas de jugar, aunque Gionna no estaba para más juerga.
            Dejó su bola de contención en la mesita de noche, deshizo la cama y con las sábanas se tapó.

            Mientras, en el piso inferior, el jefe de Villavera estaba a punto de iniciar una videollamada con su rival en la pantalla de recepción, pero este se adelantó.

            -Hola Alejandro.- Saludó, algo nervioso por lo que había en la base.
            -Hola Julio... eh... estás pálido...-Resaltó Alejandro al ver su cara en su pequeña pantalla.
            -Tengo un problema detrás mío...- Vigilaba sus espaldas para que Lol no se percate de que estaba pidiendo ayuda. Su ayudante estaba sirviendo zumos y pastas para la lombre.
            -Esto es absurdo...-Se quejaba la chica rubia del fondo. Lol la miró con malicia y amenazó con mojarla inflando sus mofletes con agua. Su rostro era indiferente. Entonces Lol disparó el chorro, empapando su traje.
            -Vale... ¿Con qué estáis tratando? ¿Con un lombre?
            -Je, je, muy perspicaz. Estaba que daba pena, y ahora se ha adueñado de toda la base.
            -¿Pena, por?
            -Iba cargado como una mula...
            Pronto supo de qué lombre se trataba. El que había visto defendiendo a su señora. Aquella que tumbó al houndoom hiriéndolo con sus uñas y mojándole con sus aguas.
            -Genial, porque la dueña de ese lombre está en la habitación de Selena durmiendo.- Suspiró. -¿Podrías hacerme un favor? Manda a alguien que traiga el equipaje y acompañe al lombre hacia aquí.
            -Lo haré encantado.- Sonrió. Esa tirana pronto estaría fuera. -¿Y en cuanto a su dueña, cómo es que está en la habitación de Selena?
            -Em... Acaba de ingresarse. Es una ranger nueva.- Se reía. -Espero tu enviado con el equipaje. Después cortó el contacto con su amigo. Cuando acabó de hablar con él, su ayudante le dirigió unas palabras, molesto.
            -No te atreves a decir que es una ranger ilegal... ¿Eh?
            En ese día su mejor trabajador estaba de mal humor. Parecía un abogado, tanto hablar de normas y legalidad.
            -Oh, cállate, Helio.- Dijo finalmente.


            Julio discutía con Ariana, su mejor ayudante. Necesitaba a alguien que llevara los objetos abandonados y a Lol, pero no le venía de gusto. “Tengo que patrullar por el mar Zafrán para que no ataquen los Gyarados” era su mejor excusa.
            Debido a la cabezonería, y que no tenía ningún ayudante más, tuvo que recurrir a un tercero. Era viejo, y sentía lástima tener que mandarle ir al pueblo de al lado cargado con tantas cosas, pero no tenía más remedio. Los otros rangers estaban ocupados patrullando parte del Bosque Lila, la ciudad, y la Cueva Unión.

            No muy lejos de la base ranger de Otonia, había un edificio que tampoco se camuflaba entre los edificios normales, aislado de ellos. Era una estructura roñosa azulada, rectangular, la anchura superaba la altura, y no era muy grande. En su interior, una persona cuyo cabello blanco delataba su avanzada edad, aunque su cuerpo aún conservaba algo de juventud, hacía cosas por la ciencia tecnológica. Con un montón de libros tendidos sobre su escritorio, buscaba hacer un aparato aún mejor. También tenía que reparar unos cuantos capturadores verdes defectuosos, aunque ese trabajo lo dejó para más tarde. Era más importante las mejoras.

            Recibió la llamada de Julio y, contado el favor que quería que hiciera contestó:
            -¡Qué descarado de tu parte, jovencito! ¿¡No podrías ir tú!?
            -Eh... No. Tengo que pensar por dónde podría estar la base del equipo Go-Rock.- Contestó sinceramente. Después de todo, era cierto. Desde que Selena había desaparecido, la Unión local empezó a centrarse más en encontrar la base oculta de la banda clandestina, sin descuidar de los problemas que la gente cotidiana tenía.

            Todo esta guerra entre rangers y equipo Go-Rock empezó con un robo. Y Gobios fue la primera víctima. Había terminado con una versión nueva del aparato, una más eficaz que el modelo estándar. Mientras Selena traía de vuelta a su laboratorio, entonces estos energúmenos hicieron su debut. Dos rodearon al anciano y hurgó entre sus pertenencias. Y entonces, el grupo tuvo esos aparatos a su disposición para usarlos en su contra. Desde aquel entonces, Selena, consciente o no, combatió contra ellos. Fue una importante colaboración para frenar a la organización criminal... hasta que la secuestraron. Supieron que estaba en su morada gracias a un reporte venido del mismo Carlos que indicó que no se encontró su cuerpo por ningún lugar de la Selva Oliva. Esos bandidos habrían dejado que se pudriera en la selva para provocar el caos entre ellos. Si encontraran la base, entonces esta batalla entre Floresta y ese grupo de peleles terminaría. Recuperarían los planos de construcción del modelo y el prototipo, además de Selena. Robarían el conocimiento que tenían sobre sus propios artilugios.

            Pero que él estuviera ocupado planteándose qué callejones podrían ocultar algún pasadizo secreto y revisando periódicos para buscar acontecimientos sospechosos no quería decir que fuera uno de sus hombres. Él solo era el jefe técnico. Y también tenía sus obligaciones.
            -¡Pues yo también tengo mucho trabajo! ¿¡Sabes los capturadores que tengo que arreglar!? ¡¿Pero qué te has creído que soy, un viejo despreocupado?!

            Julio se disculpó y cortó la conversación. Lol, mientras, se reía con tono malicioso. Se sentía la reina suprema del lugar, y su súbdito no lograba deshacerse de ella. Pero su reinado no iba a durar mucho tiempo. Al atardecer, finalmente Julio decide hacer él mismo el encargo. El cielo se anaranjaba mientras el príncipe de Otonia intentaba que Lol le siguiera, mas ella se negaba rotundamente a moverse del sillón.
            -Venga, si nos vamos a ver a tu compañera. ¿Seguro que no quieres volver a verla?
            Enseguida reaccionó. Se levantó y, sin olvidarse del equipaje, partieron hacia Villavera.

            El sol había pasado de dar luz blanca a amarilla, cambiando sutilmente el colorido de la ciudad. Yendo en contra de la gran bola de fuego, pasan de pisar fría piedra crema a basta tierra. Un camino que atravesaba la fresca hierba guiaba a quien caminara hacia una cueva. Una oscura cueva iluminada por luces artificiales.
            “Tranquilo, Julio, es solo cruzar el túnel, la llanura y ya está.” se repetía en la mente mientras daba sus pasos dificultados por el peso de la bandolera.
            A medio camino de la cueva, uno de aquellas personas que hacían el mal, cuya personalidad se ausentaba, se puso en medio con un trío de hombrecitos azules furiosos.
            -Vaya, vaya, vaya, que aparición más oportuna.- Decía con tono burlesco. -¿Te ha dejado tu novia?- Se reía locamente con este chiste fácil, haciendo referencia a la maleta que llevaba. A Julio no le hacia gracia alguna.
            -Cállate y manda a esos Machops a atacarme.
            -Con mucho gusto.- Mientras reía, mandaba a sus soldados al ataque.

            Como la “tradición” indica, cuando un ranger se encuentra con un recluta del equipo Go-Rock, este manda a que ataque al ranger, y este tenía que capturarlos para liberarlos de la opresión que les causaba la captura anterior.
            Cuando el disco ya se lanzó al suelo a hacer círculos alrededor, estos ya tenían preparado un ataque para la línea que les rodeaba. Sincronizados entre sí, concentrada toda la fuerza en el puño, se lanzaron a por el círculo de luz y este se hizo pedazos, regresando al capturador. El golpe fue muy fuerte, y logró que el aparato que Julio llevaba en la mano petara. Gritó dolido. Parte del aparato se fragmentó en pequeños trozos que se clavaron en su palma. Además, estaba muy caliente. Eso provocó que sufriera quemaduras de segundo grado antes que lo soltara. Lol quedó perpleja. Pensaba que esos rayos que regresaban a su origen solo causaban un ligero calambre, como le pasó a Gionna, pero vio que podían ser mucho más peligrosos. Y ella llevaba uno de esos...
            No quería pensar lo que podría pasar si volviera a utilizarlo cuando se encontrara una situación similar. Ni tampoco podía esperar a que Julio se recuperara. Tenía que irse para evitar que lo usara.

            Cogió carrerilla siguiendo la gruta recta, pero el recluta, tras ver que escapaba desesperadamente, mandó a sus machops a su caza. La rodearon haciendo un triángulo y este preparó su capturador para tener a otro con quien mandar. Su disco capturador, de color carmesí, rodeó a Lol con un rastro rojizo demoníaco. Esta se quedó frustrada. No sabía cómo evitarlo.
            Bajó la cabeza, haciendo que su sombrero vegetal tape sus ojos. Soltó una lágrima. Su mente estaba estancada en la culpabilidad para recordar el método que emplearon Houndoom y los machops para liberarse de aquel destino de servidumbre.

            Finalmente, cuando el rayo rojo la oprimió, sus pupilas llorosas ahora se habían empequeñecido. Ya no tenía noción de ser. Ya no recordaba que tenía que reunirse con su entrenadora. Ahora pertenecía a aquel pelele.
            -¡JA! ¡Otro más! Bien, vámonos. Creo que ya hice bastante trabajo en romper su porquería de aparato.- Con risas, machops y lombre los seguía como perros a su dueño. Julio no podía utilizar su mano izquierda. Le dolía horrores. Tuvo que abandonar el estropeado aparato y con la diestra arrastrar la maleta hacia su dirección. Tenía que traer el equipaje, igualmente. Salió de la cueva sin ningún otro percance.

            El cielo ya se había oscurecido. La luz lunar, al contrario que la solar, era compasiva con las estrellas y dejaba que se mostraran en la oscuridad. El satélite tenía forma de casi redondeada aquella noche. Luciérnagas grandes volteaban por el cielo embelleciendo la penumbra, dando alguna guía a Julio de por dónde estaba el pueblo, aunque le bastaba con la luz blanca y su memoria. El río fluía componiendo una melodía para la llanura. No tardó mucho en llegar al pueblo. Pudo ver las luces de las pocas casas de la villa.
            Finalmente, entró en una casa para tratarse las heridas de la mano y descansó.
            Last edited by Poisonbird; 27/12/2013, 11:36.


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            • #7
              Capítulo 1

              Primera impresión: Un barco navegaba por las serenas aguas de Zafrán. Lo primero que piensas al leer eso es en la chica del prólogo xd


              Era extraño que un completo desconocido le diera un desconocido aparato. Vio que el aparato tenía una solapa.
              Desconocido, aparato... Digo yo que repites un poco esas palabras.

              Pobre inocente e ingenua niña que va a tener que realizar tareas de ranger y luego será sometida a rescatar a la otra. Si es que la pobre lo tendrá crudo xd
              No es que tenga mucho que comentar, la verdad. Se me hizo un poco largo, supongo que será por tu propio estilo, donde te gusta figurar los aspectos en varias líneas, o de hacer mucha historia. No sé si es bueno o malo, o tal vez sea que me duela la espalda, pero me ha gustado.

              Y nada más. Me leeré mañana el capítulo dos, porque las tres de la madrugada no son horas de andar leyendo fan fictions xd
              Suerte! <3


              Capítulo 2

              -Igual, pensaba darte alojamiento para tus vacaciones, y no te pido nada, así que cálmate, ¿vale?. Entra.
              Fíjate. No se utiliza el punto después de un signo de interrogación.

              Qué pena que hayan capturado a Lombre. Le lavaron el cerebro, y seguramente que cuando vuelva a ver a la entrenadora, atacará en vez de llorar por el tiempo que no estuvieron juntas.
              En fin, que Gionna está asqueada con su "albergue". Normal, yo también lo estaría xd
              Yo solo pensaba que el daño era del capturador y no en el mismo ranger. Supongo que por los videojuegos, donde a quién le quita puntos de salud es al chisme y no al que lo utiliza.
              Last edited by Kavayo2; 27/12/2013, 10:00.


              ~ AMEEEERICAA, FUCK YEEAH!

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              • #8
                Lindas descripciones las del principio.
                He notado cambios en el tiempo de los verbos, por ejemplo mira esto:
                “Dio tres pasos más, entrando la maleta que casi tocaba el suelo. Jadeaba. Ha estado buscando el edificio por horas, con ese peso.”
                Dio es un verbo en pasado. Jadeaba está en pretérito imperfecto. Y ha estado en presente perfecto. Se nota mucho el cambio… yo sé que a veces de la forma que se piensa para hacerlo queda bien y, es cierto, se entiende, pero no queda prolijo…
                Ese tipo Alejandro sí que está bien loco de la forma que trata a la pobre Gionna o.o
                Que mal la batalla contra ese tipo ahí… tan bien que podría haber salido y terminó saliendo pésimamente, el Ranger lastimado y la Lombre capturada que quien sabe ahora cómo van a rescatarla… ¿tendrá que ir Gionna? Me queda esperar para saber. No te preocupes si te tomas una semana o dos, en estos días todos andamos ocupados y hay poco tiempo, esperaré tranquilo ^^ Suerte!


                Gracias a todos por recordarme :) Sólo tengo buenos recuerdos de ustedes y de este agradable lugar también.

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                • #9
                  ¡Y ya he vuelto! Con un episodio nuevo. Lo cierto es que hace cinco días que regresé, pero este episodio tenía bastantes cosas que podía añadir y modificar. Era un episodio un poco pobre para lo que ocurría. Oh. Y a lo mejor me repito demasiado con algunas palabras... o al menos tuve la sensación. Bueno, ya me lo comentaréis.

                  Añadiré un índice en el primer tema. Luego, quizá en un tiempo, ponga alguna descripción de los personajes principales que sean OC's. Gionna, sus pokémon, y algunos más, tendrán una ilustración.

                  ¡Y sin más dilación, responderé los comentarios! Ya las tenía preparadas antes de hacer este post [?]:

                  PowerToast:

                  Spoiler: 
                  … Ups. Qué descuido más gordo Dx. ¡¿Cómo se me pudo pasar por alto ese indeseado intruso?! D: Pero bueno. Ya lo he liquidado en su día.
                  Muere punto, muere [?]
                  Respecto a las palabras que se repiten: Diré que la parte de desconocido fue intencionado. Tiene cierto... efecto poético. De hecho, creo que eso era un recurso literario de repetición, no me acuerdo del nombre O_O. Aunque tendré que mirar si lo he colocado más veces...
                  Y lo del aparato...
                  Dammit! >-<


                  Respecto al detalle de las heridas de Julio: No me extraña que pienses eso. Yo también lo pensé en su momento. Hasta que por culpa de un gastrodon en el ranger 2 descubrí que el aparato explotaba. Bueno, pensé que era solo el disco. Pero hay... otra fuente más ilustrativa que demuestra cómo se dañan los capturadores. Más detalles en este spoiler dentro del spoiler:

                  Spoiler: 
                  Paso aquí algunas viñetas que demuestran de dónde procede la idea del daño (De Pokémon Ranger-The Comic):
                  Aquí no parece que el “stylus-holder” [?] reciba el daño, ¿verdad? (Simplemente, porque aquí hay nadie, duh) Pues observa esto:
                  ¿Recuerdas el prólogo? Selena le dio un calambre cuando los electrikes tras que rompieran la línea de captura. ¿Todo por qué? ¡Por la electricidad que venía de golpe! Podemos decir entonces que el daño es compartido.
                  Además... mira también esta:
                  Así es como queda un capturador destrozado. Presenta signos de no solo haberse quemado los circuitos si no también de haber explotado. ¡Justo lo que pasó en este episodio! No he visto manos amputadas cuando se presentó el dueño del capturador en el manga, así que podemos decir que solo hace una pequeña explosión. ¡Como si se hubiera calentado una palomita en la mano!


                  Y sí. Pobre niña inocente que confía en desconocidos con aparatos desconocidos... [?]
                  PD: … Creo que soy muy predecible C':


                  Demian:

                  Spoiler: 
                  ¿¡Te han gustado las descripciones!? Genial, hice bien en añadirlas :'D
                  Es cierto que no me he esmerado mucho con los tiempos verbales. De hecho... a veces me lío con ellos. Y más me liaba antes. De todas formas, agradezco que me lo dijeras. Así estaré más alerta en la edición (Y cuando escriba los nuevos episodios, claro) :3
                  Y... hombre. Ahora que lo dices, aquí hice a Alejandro muy... antipático O_OU. Ya me lo dijeron en el primer foro por donde lo publiqué. “Todos tienen una mala leche”... [?]
                  Y sí. Podría haber hecho que Lol se resistiera algo, la verdad. Pero bueno, ya está hecho uwu. Además, nunca se enfrentó a tres pokémon a la vez, así que... bueno.
                  Ahora toca el tercer episodio...


                  ¡Oh! ¡Otra cosa más! En este episodio introduje otro personaje más... y tras colocarlo, he recibido diversos comentarios proclamando su... “amor” hacia ese personaje. No sé si aquí se producirá la misma reacción...
                  Well! Aquí lo dejo :D.


                  ~Capitulo 3~

                  Spoiler: 
                  Amaneció. El sol ya se había alzado. Era la hora de tomar la primera comida del día. Se podía tomar alguna fruta, o pasta en la base, y de bebida, café, el ayudante del despertar y de los nervios. Mientras de buena mañana se saciaban, una ausencia se hacia notar entre los comensales.

                  Era raro. Había dormido como una marmota desde que pisó pies en el interior del recinto. ¿Tan cansaba estaba? De todas formas, ya le había dejado tiempo suficiente para que durmiera. Las normas del recinto eran claras; todo el mundo tenía que levantarse a las ocho al no ser que el sujeto en cuestión haya sufrido algún tipo de shock emocional o padecía una enfermedad. Alejandro subió a ver si aún seguía en un apacible sueño reparador. Subió al piso y abrió la puerta. Se encontró con una escena digna de plasmarlo en un cuadro. Como los perros jugando a las cartas...
                  Plusle, Gionna y un Umbreon con mucho pelo debajo de las orejas, que se alargaba hasta sus rodillas, estaban centrados en el juego, sentados en el suelo de forma que hacían un triángulo. Había fichas de colores desperdigadas por el suelo en el centro de la formación. La entrenadora de pronto sonrió, confiada.

                  -Je, je, je...- Se reía Gionna con una ingenua picardía.- Prepárate, Kyu, esta baza va a ser muy dolorosa.
                  Plusle, que también sujetaba unos cuantos naipes, los dejó en el suelo. No tenía ni una carta buena.
                  -¿Ah, sí? Veamos...- Hablaba. No movía la boca, pero su voz resonaba en los oídos de todos, como si tan solo necesitara su mente para comunicarse con todos. Gionna tumbó los naipes al suelo.

                  -¡Ja! ¡Toma dos pares!- Gritó, orgullosamente. El umbreon mantenía su cara quieta. Sus pequeños rojos ojos redondos, inusuales para su especie, y su sonrisa gatuna, en forma de tres, no mostraban emoción alguna. Hizo lo mismo, mostrando su selección de cartas.
                  -Escalera de color. Buen intento, querida.
                  -Mecachis la mar, tú me siempre ganas.- Soplaba la humana hacia arriba, levantando parte de su largo flequillo. Con esa cara no había quien lo ganara. -¿Por qué no jugamos a otro juego de cartas?
                  -¿Al burro?- Sugería el umbreon mentalista.
                  -Odio el burro.- Reprochaba. En ese juego nunca ganaba, simplemente por su lentitud al picar la carta. En cambio, Plusle asentía con energía.
                  -El pueblo ha hablado.- Decía victorioso, aunque mantenía la neutralidad en su rostro. Gionna suspiró. Se iba a aburrir como una ostra.
                  A Alejandro le pareció divertido aquel pequeño momento. Tanto que interrumpió cualquier cambio de juego con su risa. El hijo de Anubis giró la cabeza para dirigir su penetrante mirada en él.
                  -¿Es este nuestro carcelero?- Preguntaba. Con un sí de su entrenadora le bastó para resolver la duda. -Ya veo... “Desconfía de quien te de protección gratuita”, dijo alguien. ¡Y he aquí, el resultado de olvidarse de ese consejo!
                  -¿De dónde has salido tú?- Preguntó Alejandro sonriente. Su inteligencia le provocaba simpatía hacia ese extraño. Y era verdad. No sabía de dónde vino. No lo vio acompañando a Gionna cuando llegó. El refinado gato negro señaló la bola roja y blanca que estaba encima de la mesita de noche.
                  -¿Te mete en esa bola? ¿Pero cómo?- La conversación se transformó en un interrogatorio.
                  -Me encoje con un rayo y luego me absorbe. “Transfusión de moléculas”, lo llaman aquellos humanos malnacidos que se hacen llamar científicos.
                  Le parecía horrible encerrar a un pokémon en una pequeña pelota. Era como una prisión, a su parecer. ¿Y luego los sacan para que hagan daño al prójimo? Terrible. Aunque el pokémon perdido no parecía importarle, pensó. Entonces siniestras ocurrencias le pasaron por debajo de su caballera verde. Ocurrencias relacionadas con lavados de cerebros y sumisión involuntaria. Algo parecido con lo que hacía los villanos de la región. Aunque ella no aparentaba que fuera el tipo de persona que maltrata a todo lo que no sea humano. Además, si la bola controlaba a los pokémon, ¿entonces por qué ese gato trataba a veces con desdén a su propia jefa? Pero paró de liarse con preguntas que no obtendría respuesta. Tenía que desviar esos pensamientos para ponerse manos a la obra. La orden del día era hacer que ejerciera como ranger. Y lo primero de todo era hacerle ponerse el uniforme.

                  Se fijó en su ropa. Probablemente ya necesitaba un cambio, pues seguramente habría dormido con ella. No hacía tiempo para desprenderse del textil con el propósito de dormir. Además, su equipaje aún estaba de camino. ¿De dónde podría sacar una muda? Pero él tenía todo un almacén lleno de ropa, para recambiar los trajes rotos y para dar a los nuevos integrantes. Además, las cosas gratis siempre son aceptadas sin rechistar. Así que soltó la bomba:
                  -¿Quieres que te traiga ropa limpia?
                  -Pues... sí. Ya llevo cinco días con esto.
                  Tal como suponía. Accedió. Alejandro dejó de ser visible en el marco de la puerta para ir a por el uniforme. Algo olía a podrido para el oscuro felino. Su actitud era extraña para ser solo un celador. Actuaba con demasiada amabilidad para que solo la mantuviera como prisionera. El umbreon salió sin decir nada a su señora para ver lo que se traía entre manos. Fue a mirar las habitaciones para encontrarlo. Dio con él antes de que cogiera el conjunto. Una camiseta corta blanca y negra; pantalones muy cortos que no aparentaba lo que era; una torera roja con motivos amarillos; bambas rojas; guantes negros y un cinturón de poliuretano blanco con una ranura para colocar el capturador era lo que constituían aquel conjunto reglamentario. La parte inferior parecía demasiado pícaro como para ser de uso corriente. Mal asunto. Kyumbreon se vio con la obligación de seguir al jefe de Villavera sigilosamente cuando volvía a los aposentos de su señora para ver cómo actuaba. Si empezaba a hacer algo sospechoso, actuaría rápido. Se quedó al lado de la puerta atento a los acontecimientos.

                  Gionna miró la ropa recién dejada en la cama desecha. Tenía el entrecejo y la nariz arrugados al ver la ligereza de las prendas traídas. Cogió las medias de reojo y el mini-pantalón. Alejando se iba a retirar a esperar que se cambiara. No obstante, cuando vio que se iba, la joven chica le gritó:
                  -¡Eh, eh, eh, quieto parado! ¿¡Qué es esto!?
                  -Es... ropa nueva. ¿No lo ves? ¡Está limpia!- Le respondió. Bajo ningún concepto tenía que recordarle que era el uniforme oficial de la unión. Pero ella no se refería a lo que le había traído.
                  -¡Me refiero a ESTO!- Ella se plantó en frente y le mostró el mini-pantalón cerca de su cara. -¡¿Estamos en invierno y me das unos shorts que casi las confundo por ropa interior?! ¡¿Pero de qué vas?!
                  -¿¡Qué!? ¡NO! ¡No pensarás que-!
                  -¡SÍ, sí pienso!- Entonces le lanzó la pieza inferior en su cara. -¡Tráeme unos pantalones decentes, depravado!
                  Se quedó pasmado un momento. Cuando Selena vino con el uniforme no le había dado ni una queja. ¿Y ella por qué no le gustaba? Se vería bien con el traje, pensó. Mas tenía que complacerla si no quería que se marchara por el servicio pésimo que ofrecía. Kyumbreon soltó unas carcajadas flojas. Pobre desgraciado. Al menos tenía confirmado que no intentaba nada. Si no le habría obligado a ponerse todo el conjunto.

                  Después de que el jefe de Villavera le trajera los pantalones más largos que tenía y bajara de nuevo al piso inferior, Eustaquio subió a la planta por donde el gato se asentaba para coger su caja de cereales. El felino de enseguida se percató que el patrón cromático era el mismo que la indumentaria que le había dado. Entonces lo supo. Si se lo ponía, sería como si fuera uno de ellos. Tenía que impedirlo, evitar que diera su confirmación tras el acto de llevarlo. Fue raudo hacia la entrada para luego estrellar su hocico contra la recién cerrada puerta. Demasiado tarde. Ya cayó en la trampa.
                  -Inocente...- Masculló para él solo.

                  Una vez vestida con el uniforme, Kyumbreon, Plusle y Gionna bajaron al piso de abajo. Se tuvo que poner las medias para cubrir lo que le quedaba de las piernas; dejó las dos camisetas de manga larga al descubierto, y pasó olímpicamente del cinturón. Eustaquio anunció su llegada, elogiando su aspecto con el nuevo traje. Helio no dijo nada. Ella misma suspiró, diciendo una vez más al chico entusiasta que no piensa hacer su mismo oficio.

                  -No digas tonterías, si te queda bien el uniforme. Y a parte, ya me has demostrado que eres capaz de ejercer como ranger con aquella captura.- Repitió de nuevo el jefe. Ella se golpeó la frente con la mano.
                  -Im... bécil. Solo lo hice por saber lo que hacía el dichoso aparato.- Concluyó al final.
                  Antes de que se iniciara una discusión sobre si ser ranger o no ser, la puerta se abrió. El botones con su equipaje llegó al fin.
                  -... Hum. Retiro lo de imbécil.
                  Con la aparición de Julio, supo que pensó en lo que se dejó. No pensó que tenía contactos por ahí fuera que le obedecieran. Antes de que agradeciera al mozo su acción, se horrorizó al ver su mano.
                  Pese al vendaje, podía ver algunas ampollas y el enrojecimiento de las quemaduras. Le preguntó lo sucedido, expresando su reacción, y le contó la travesía de la cueva. El encuentro con el recluta... Mas no mencionó lo de Lol. Se le olvidó. Igualmente, tenía que volver a Otonia, y solo peligraba con ese energúmeno rondando por la cueva. Tenía que pedir un escolta.
                  Helio se ofreció, pero Alejandro se lo impidió.
                  -No Helio, mejor dejémoslo a nuestra nueva compañera.
                  -¡Pero jefe! ¡Si ni siquiera ha hecho las pruebas de iniciación!
                  -Y además, la señorita no quiere servir a vuestros intereses.- Añadió su vasallo.
                  Antes de que la sorpresa de tener ante sus ojos un umbreon parlante abrumara al príncipe de la ciudad otoñal, Helio empezaba a tenerle manía. Le estaba impidiendo que hiciera su trabajo. El Minun que estaba a su lado lo notó. Su rostro se tensaba. Apretaba los dientes para de que alguna manera no sintiera los hijos del odio.
                  -Es mejor que vaya el pelozuli. Se supone que tiene más experiencia en esto de capturar.- Se negaba a realizar el trabajo que le encargaba mientras jugueteaba con su pelo castaño oscuro nerviosa. El odio que acrecentaba en Helio desapareció. Al menos era considerada, pero que le llamara pelozuli no le gustaba en absoluto. Su superior era testarudo. Quería mandar a ella, pero se negaba. Todo y que tenía el apoyo de Helio, al final tuvo que ceder. Fue a comprobar que tuviera la mochila, pero no la tenía.
                  -Espera... falta una cosa. ¿Y mi mochila?
                  -Tu mochila... oh... no lo sé. Creo que la llevaba ese lombre...
                  -¿Y mi lombre dónde está?
                  Genial. ¿Ahora cómo iba a decir que su compañera fue raptada por un bandido con capturador? Echó una mirada abajo. No podía haber caído más bajo. ¿Dónde estaba el legendario “jinete del dodrio” cuya técnica de captura era más que loable? Había que comunicárselo.
                  -Lo... lo he perdido...
                  -No fastidies. ¿Cómo?
                  -No sé si lo entenderías...
                  -Oh, no no no no no, me lo vas a contar. Ya solo me faltaría que hayáis raptado a mi querida lombre.
                  -Pues precisamente eso es lo que ha pasado. La han “secuestrado”.
                  Se quedó de piedra. Estaba deseosa por estrangular a Alejandro por no decirle que se llevara el equipaje, y luego a aquel hombre rubio por dejar que se la llevaran otros. Lo habría hecho si no fuera porque contuvo su ira. Solo dijo dos palabras al respecto:
                  -Menudo día...

                  Kyumbreon quiso reírse de su reacción y desgracia. También se reprimió las ganas. Eso era serio, y no le convenía burlarse de lo sucedido. Gionna estimaba mucho a Lol. Fue su primer pokémon, su más fiel amiga. Incluso era una amistad más cercana que con las que tenía con sus compañeras del colegio. No, ellas ni siquiera llegaban a eso. Un día la dejaron al margen de sus juegos; no la llamaron más para que vinieran a sus casas, ni ellas querían venir a la suya; siempre la evadían con excusas. Al siguiente, al no poder estar junto a nadie, tuvo que esconderse de dos abusones cerca del estanque que había más allá de la valla de alambre que delimitaba el patio. Ahí fue donde, presa del cansancio y del hambre, conoció a la compasiva lotad, que le trajo, nada más dejándose ver, una manzana en su nénufar. Desde aquel entonces le siguió... hasta ahora. Era el peor retiro de su vida. Ojalá nunca hubiera venido.
                  -Mira, lo siento... Pero no pasa nada. No creo que haya andado muy lejos. Parecía que sus compañeros estaban buscando algo en la cueva, así que-
                  -Y encima va acompañado...- Bufó. Ahora sabía qué se sentía al ser despojado de su pokémon. Sin embargo, al menos podía volver a encontrarse con ella. ¿Qué razón tenía para temer de una pandilla cuando aún tenía a Kyumbreon? Ya tenía una razón para ir.
                  -Bueno... está bien. Tendré que ir. Pero que conste que lo hago por mí, no por vuestra... organización de forestales-policías. ¿Queda claro?
                  Eso complacía a Alejandro.
                  -¡Muy bien! Pero no te olvides de tu capturador.

                  Lo único que no se dejó. El objeto que inició todo ese lío. Ahora pedía que lo llevara. Sin otro remedio, tendió la mano y cogió el aparato con desganas. Ahora estaba lustroso e inmaculado. El herido príncipe de la sede este de la unión de Floresta, la enfadada entrenadora de la región de Lyra y el oscuro pokémon Luz lunar partieron en dirección a Otonia. Plusle quería ir con ellos; sin embargo, no tenía el permiso de Alejandro. De todas formas se escaqueó y fue con ellos.

                  Cruzaron la llanura. Tenía aspecto diferente en el día. Se podía ver toda vida que rondaba por la zona verde y escasa de árboles. Había chikoritas pastando, zizagoons cazando mariposas, linoones bebiendo del del río... Un panorama lleno de vida. Hubiera sido el primer lugar que visitaría si no fuera porque le arruinaron las vacaciones. Siguieron el sendero de tierra que los condujeron hasta el portal sin puerta del túnel.
                  -Aquí es.- Dijo Julio. -A partir de aquí las cosas se van a volver... algo complicadas. Ya sabes. Por los secuestradores.
                  -Los secuestradores no representarán ningún peligro. No estando un servidor.
                  -¿Estás seguro, umbreon? Ellos también tienen capturadores. Podrían capturarte también a ti.
                  -No si yo les hago retorcer de dolor antes.
                  Ya empezaba a lucirse. Gionna suspiró al oírle jurar sufrimiento a quien se ponía en medio. Había muchas cosas que le gustaba de él; pero si había algo que impedía que fuera uno de sus favoritos, era el trato que tenía con sus contrincantes. Era sanguinario a más no poder, incluso a veces quién se ha enfrentado a este, se quedó varios días en un Centro Pokémon con lesiones graves. Temía que Julio le dijera algo respecto a ese comentario. Pero no dijo nada al respecto.

                  Sin más dilación, entraron. Avanzaron por un camino corto, rocoso, aunque alisado. El aire era húmedo, sin dejar de ser frío. Sería oscuro si no fuera por los fluorescentes instalados en el interior de aquella montaña. Nada más llegar a mitad del recorrido, se encontró a la pandilla que hirió la mano de Julio.
                  -Que pinta más... Extraña, por no decir ridícula.- Comentó Gionna al ver por primera vez a esos personajes. -No serán esos los que...
                  -Sí, son ellos. Son el equipo Go-Rock, una panda de bandidos que quieren sustituirnos causando problemas en Floresta, no sabemos aún por qué.
                  -¡Menudo propósito más estúpido!- Exclamó la entrenadora con desdén. -¿Quién querría ser ranger? ¡Ay, por favor, si es mucho trabajo! ¿Se puede saber lo que-? ¿Kyu, a dónde vas?

                  El umbreon se acercaba curioso a uno de esos bandidos. Este estaba dirigiendo una peonza que liberaba un rastro lumínico del color del rubí con un aparato blanco y rojo que llevaba en la mano. Fue tranquilamente hacia él, sin saber qué estaba capturando al digglet para que lo sirviera. Una vez que estaba cerca y acabó de atrapar al pokémon tipo tierra, preguntó por lo que le hizo a ese topo que no dejaba salir sus pies a tierra. El extraño se giró hacia el. Lo miraba con ojos como platos tras sus gafas. Tenía que ser suyo.
                  Apuntó al chacal azabache con la máquina. Iba a capturarlo. Su entrenadora se puso alerta.
                  Gionna pensó gritarle a su negro felino que destrozara la línea con un ataque ofensivo, pero no le hizo falta. Kyumbreon no se dejaba dominar por un juguete. Saltó por encima como si fuera una cerca, aunque este siempre intentaba encerrarlo de nuevo. Finalmente, harto de escapar, pasó de evadir a atacar. Sus patas se cubrieron de una energía oscura que se elevaba como un gas, que pasó a cubrirle todo el cuerpo. Expandió esa energía al suelo, y después de que los ojos le brillaran más de rojo, nacieron de la onda umbría dragones alargados que mordieron la línea de captura. La línea se fragmentó en rayos que regresaron al aparato del pelele, reventándolo. El daño que le hizo en su mano fue menos severa que la de Julio. Mismos daños, menor cantidad. Suerte para él.

                  -Tch. Humanos... - Dijo con desprecio. -No sé lo que intentabais hacer, pero fuere lo que fuera, vuestra acción fue necia.- Se retiraba de la vista del incrédulo recluta, regresando a las cercanías de Gionna. Ese ataque de tipo siniestro, combinado con el poder mental resultó increíblemente dañino para su súper-capturador. Una vez que el falso ranger ya no era molestia, el grupo avanzó. No tardaron en encontrarse uno de sus iguales. Estaba enfadado. Había visto lo que Kyumbreon había hecho.
                  -¡Eh, rangers, de aquí no salís! Vuestro umbreon ha herido a uno de mis compañeros de trabajo.
                  -¡Pues mira cómo me ha dejado la mano uno de tus compiches!- Gritó también cabreado Julio, mostrando la vendada mano. Gionna puso la mano en la frente. Aquella escena parecía una pelea callejera entre bandas. ¿Así eran cuando se encontraba el uno al otro?
                  -¡A mí tu mano me importa un carajo! ¡Vamos, geodudos!

                  Tres piedras de musculosos brazos con rostro acudieron a su llamada. Vinieron por detrás impulsando su cuerpo pétreo contra el grupo, infructuosamente, pues los dos humanos esquivaron aquellos pesados y toscos cosos tirándose al suelo. Parecían idos. Las rocas se quedaron a pocos metros de ellos, detrás suyo. Antes de que los dos se levantaran, el gato miró al recluta.
                  -¿Mandas tres geodudes para hacernos daño? Patético.- Le dijo antes de disponerse a hendir las rocas mediante su psíquico. Ese ataque habría bastado para dejarles incapacitados por varios días, pero a pesar de ello, no estaban aún vencidos.
                  Luego Kyumbreon usó pulso umbrío. El golpe les había dejado atontados, pero no inconscientes. Harto de que no se rindieran, la faceta cruel de Kyumbreon se despertó al fin. Lanzó ataques siniestros sin pausa, ya no solo para dejarles inválidos temporalmente, si no para quitarles la vida directamente. Julio no soportaba verlos sufrir.
                  -Para, ¡para, para! ¡Ellos no pararán por mucho que los dañes!- Suplicó clemencia para las inocentes piedras en vano. Lo ignoraba por completo. -¡Ve a por su capturador, no a por ellos!
                  O... al menos deja que tu compañera los capture. -Miraba a Gionna, que llevaba el capturador sujeto en su mano derecha. Ella lo había oído. La idea no le gustaba.
                  -Oh, venga ya, no querrás que utilice el cacharro que me dio... Buf, ¿cómo se llama el tipo del pelo verde que me ha dado el traje este...?
                  -¿Alejandro?
                  -¡Eso!
                  -Pues sí, sí quiero. ¡Captúralos antes de que tu acompañante mate a esos geodudes!- Ordenaba a Gionna, como si de su superior tratase. Ella intentaba encontrar un argumento para no hacerlo; sin embargo, había algo que los dos no querían: que el demente de Kyumbreon asesinara a las piedras. Tuvo que decirle a su pokémon que así ya morirían pronto. Cuando se dejó calmar, preparó el artilugio de captura y lo usó para trazar en el suelo una serie de círculos que que encerraba a aquellos malheridos pedruscos. Estos no pudieron oponerse mucho. Sus movimientos estaban limitados por el dolor. En cuanto la luz azulada se dirigió hacia ellos dominó los cuerpos duros de los geodudes, y las recientes heridas provocadas por la ira de su pokémon fueron sanadas. Recobraron el sentido para luego huir de aquel hombre. El cobarde recluta no tardó en hacer lo mismo, temiendo que lo detuvieran.

                  Entonces siguieron su camino. Estaban a punto de llegar a su destino. Mas justo cuando parecía que nadie más iba a estorbar, otro problema, otra vez en forma de rockero ochentero, les cortó el paso. Era el mismo del otro día, junto con sus tres dopados machops.
                  -Vaya, ¿otra vez tú? -Preguntó a Julio aquel desagradable sujeto. Miró seguidamente a Gionna, con una sonrisa burlona.-¿Esa es tu nueva novia? No me esperaba esto de ti.- Se reía con su propio chiste.
                  -Mira como ha degradado la inteligencia en este mundo... Si ya cuando vas acompañada de un chico ya dicen que es tu novio.- Criticaba ella al mundo con el que convivía diariamente.
                  -¡Oh, vamos, que era broma, ranger de pacotilla!
                  Gionna apretó los puños. Le estaba empezando a cansar de que la llamaran ranger. Ella no quería ser una maldita forestal-policía; ella quería descanso, vacaciones, tranquilidad, y, ¿a cambio, qué recibía tras múltiples mareos en un barco? ¡Trabajo! ¡Un señor de pelo verde que insistió que hiciera encargos! ¡Nuevos maleantes que ni si quiera aspiraban dominar el mundo! ¡Un idiota que se reía por tontunas! Aunque para ayudar todo ser vivo que sufría un problema era un deber, le crispaba que la obligaran a ella hacer trabajos y llevar ese traje rojo que le daba el nombre de ranger.

                  Ya estaba. Cuando llegara a Otonia, lo primero que hará será robar algún vestido de una tienda de ropa y luego devolver el uniforme a Alejandro. Pero antes de poder hacer estas cosas, tenía que apartar a ese cerebro de mosquito del medio. El recluta llamó a sus sicarios y les ordenó que atacaran a la entrenadora.
                  Kyumbreon fue rápido. Detuvo la carrera de los pequeños hombres gris-azulados elevándolos al aire con su mente. Después los hizo caer en picado contra el suelo. Como antes, no fue suficiente para dejarlos K.O, aunque el agotamiento no tardó en hacerse mostrar. Era tres pokémon tipo luchador potenciados por el súper-capturador contra uno siniestro que conocía un ataque demoledor para ellos. Si lograban golpearle, le partirían los huesos y sería humillado ante vista de su propio dios. Y tampoco sabía sin mucha certeza si ejecutar la misma técnica les agotaría del todo. Tuvo que mirar a su señora para saber qué hacer. A veces resultaban más eficaces sus decisiones precipitadas que su cálculo.
                  -Haz lo que tengas que hacer, Kyu.
                  Con eso le quedó muy claro lo que quería que hiciera. Volvió a la carga, pero esta vez no los levantó, si no hizo presión en la musculatura con fuerza para causarles un horrendo dolor. En cuanto les rompió algunos ligamentos, paró. Julio no podía creerse que ahora le hubiera dejado hacer lo que se le antojara.
                  -¿No podrías haber intentado capturarlos antes?- Preguntó Julio irritado.
                  Gionna mantenía la cabeza baja, aumentando su furia. Ella liquidaba pokémon para que parasen aunque no le gustara, no jugaba con una peonza para calmarlos. Estaba harta de ser llamada con lo que no era.
                  -¿¡Pero qué hacéis, inútiles!? ¡Levantaos!- Ladraba el recluta. Por mucho que intentaran complacer a su amo cumpliendo sus órdenes, sus hombrecillos volvían a caerse como un tablón de plomo. -Ah, ah, muy bien, no os levantéis entonces. ¡Sois escoria! ¡Tengo a otro mucho mejor! ¡Vamos, sal, cara de pato! ¡Tienes rangers que humillar!

                  Con un tono cantarín, dio vida a los arbustos que estaban cerca de él. Unos pocos movimientos y una figura corta de brazos largos salió de un salto y aterrizó enfrente de la vista de los rangers. La mochila que llevaba a sus espaldas delataba su identidad. Gionna miraba incrédula a aquel ser.
                  -No-no puede ser... No...
                  Su lombre miraba intimidante a su entrenadora. No la reconocía. Pensó que Lol estaría encerrada esperando a que fuera vendida, pero en ningún momento se le ocurrió la posibilidad de que llegaría a acabar como los pokémon que se enfrentó antes. Kyumbreon se quedó impasible ante su magistral presentación. La entrenadora se la tomó con Julio. Ahora sí que odiaba a la unión.
                  -¡ME HABÍAS DICHO QUE SOLO LA HABÍAN SECUESTRADO, JODER!- Le espetó.
                  -¡Pensé que no me entenderías! ¡También quería decir que la habían capturado!
                  -¿¡Y POR QUÉ NO HICISTE NADA PARA IMPEDIR QUE ME LA “ROBARAN”, SI SE PUEDE SABER, ¡EH!?
                  -¡Lo he intentado, pero él mismo usó a sus machops para romperme el capturador!
                  -¡MALDITO INÚTIL...!
                  Su furia impedía que fuera comprensiva. No podía perdonar que no hubiera podido hacer nada. Quería romperle la nariz por perder, alzar el puño para sacarle un diente de un tirón, algo que ni siquiera llegó a hacer. Sentía que su mejilla estaba siendo rasgada por las uñas de su mejor amiga. Perdió el equilibrio, y Gionna cayó al suelo. Ella, con la mano temblorosa, se tocó la herida con los dedos. En cuanto los vio, estaban teñidos de rojo. No era una herida muy profunda, por fortuna, pero saber que estaba sangrando en la cara la aterrorizaba. Esperaba que no fuera ella la primera que se atrevería a herir. Ni ella ni ningún otro.

                  Kyumbreon reaccionó nada más que su señora cayera víctima del golpe furia. Se puso delante y creó un muro verde translúcido para que el único daño fuera aquel arañazo. Lol dejó de atacar, pero aún pensaba herirla.
                  -¡Detente! ¿¡A caso no recordáis a quién estáis dirigiendo vuestra fuerza!?- Le gritó, intentando que entrara en razón, mas parecía que la palabra era inútil. Lol soltó un gritó amenazante, como si quisiera que Kyumbreon se apartara. El felino también tuvo que adoptar una postura agresiva. Ya no era ella. Tenía que sacrificarla.
                  -K-k-kyu... no-no pensarás...- Preguntó con los labios temblorosos y ojos humedecidos.
                  -Lo siento, mi señora. Tendrá que ser llevada a Lunetah por traición.
                  Así era su forma de decir que ya no era ella, y que no tenía salvación. Ella no podía aceptarlo. ¿Tan de repente tenía que despedirse de Lol? Había que hacer algo. ¿Pero qué? Todo parecía perdido. O tal vez... podía vislumbrar la luz de una idea entre esas sombras de desesperanza. ¿Pero qué era? Sus emociones la ofuscaban. Tenía que dejar de lado lo que pasó en el presente para ver fríamente el pasado, encontrar en los hechos lo que tenía que hacer.
                  Se acordó de la reacción de los geodudes tras la captura. Antes eran unos pedruscos que hacían lo que uno cualquiera dijera. Y luego, cuando los pudo atrapar, huyeron de ese... antes de aquel, estaba el necio que trataba de que intentaba hurtarle a Kyumbreon. Tenía el mismo objeto que ella estaba sujetando con la mano, con diferente diseño, pero de todas formas, apenas notaba alguna diferencia.
                  ¿Podría haber alguna relación entre esos elementos?
                  Se fijó en ese molestamente risueño energúmeno. También sujetaba un capturador.
                  Ya está. Ya lo tenía.
                  -Kyu. Aparta. Yo me ocuparé de ella.- Dijo más sosegada, sin dejar de ser imperativa.
                  -Es peligroso, mi señora. No volverá en sí por mucho que diga que es vos.
                  -No pienso usar la lengua, tontín.- Kyumbreon se giró para ver a su entrenadora preparó su aparato curativo. Julio sonrió un poco. Ya no fue necesario decirle que tenía que capturarla si quería que volviera con ella.
                  -¡No! ¡No iréis a volver a usar ese aparato! ¡Vuestro cometido es enfrentar las adversidades usándonos, no curar al contrario!
                  -Y sin embargo, una de mi equipo se ha convertido en una adversidad. Ahora que sé que podemos resolver esta crisis sin implicar a la violencia... ¿Por qué no?
                  -¡Os estáis contradiciendo a vos misma!
                  -Será la última vez.
                  Él se quedó un rato breve en silencio. Al fin, se apartó del medio para no interferir en la captura.
                  -Que sea su voluntad, pues, la que le haga recobrar el sentido.
                  Cuando apuntó a Lol con la antena, esta dio un respingo, como si en un tiempo breve hubiera recobrara la conciencia. No quería que utilizara el capturador. No quería que se hiciera daño. Pero no tenía control de su cuerpo. Le dañaría con todo su potencial.

                  La captura de Lol dio comienzo. La peonza fue disparada con el propósito de que volviera a tener dominio sobre su motricidad; sin embargo, no iba a ser tan fácil como antes. Los anteriores fueron agotados previamente, pero ella no. Atacaba cada rato con sus chorros, sus zarpas y sus semillas, y la línea regresaba para electrocutar a su actual propietaria. Solo llegaba a hacer dos círculos cada diecisiete segundos; insuficientes para que pudiera capturarla. Los espasmos que le daban después de recibir la electricidad empeoraba todavía más sus movimientos. Lo intentaba una y otra vez, hasta que el capturador avisaba de que sus energías estaban llegando al límite. Empezaba a salir humo y a pitar. Un golpe más y explotaría. Estaba a punto de rendirse. Resultaba difícil devolverla a la cordura. Aquellos intentos inútiles están llevándola a la derrota.

                  Aquella escena estaba conmocionando a Plusle. Intentaba recuperar a su compañera vigorosamente. Por un momento pensaba que era una humana desalmada, que dejaba a los dementes hacer lo que les plazca. Pero verla padecer así... justo por ese cachivache del demonio. Se lanzó a ayudar. Corrió rauda hacia la lombre, pasando al lado de Kyumbreon, mostrándose al fin. El conejo impulsó su pequeño cuerpo para situarse a escasos centímetros de Lol. Sus mejillas iban soltando chispas. Chispas que posteriormente se convirtieron en rayos paralizantes que azotaron a Lol, atrofiiando sus músculos. No podía mover ni la boca para lanzar agua. Era su oportunidad. Reanudó el proceso y volvió a hacer círculos al aire que sintonizaban con la perinola luminosa. Cuando la luz cobró fuerzas, era hora de retirar el disco, finalizando así su captura. Su parálisis fue sanada, y al fin volvió en sí. No acababa de creerlo. Lo había conseguido. La había recuperado.
                  Lol fue corriendo hacia Gionna para darle un abrazo, al igual que ella. Ambas se agarraron con fuerza y lloraron de alegría. Pensaba su entrenadora que la había perdido para siempre. Sin embargo, Lol se fijó en la herida de su mejilla. Reconoció que la había causado ella. Pero no importaba. Ahora estaban las dos juntas. Aquel Plusle le acababa de hacer un favor. Quería soltarla un momento para agradecerle. No pudo. Lol estaba pegajosa. Y mientras, Kyumbreon intentaba no ver para morirse de asco.

                  El recluta, en cambio, estaba disgustado con aquella derrota. Iba a dejar que se reconcilien, decepcionado por su mala suerte. Por si no fuera poco, Julio se dio cuenta de que iba a escapar. Tenía que detenerle e interrogarle.

                  Ya no estaban bajo la tutela del jefe de Otonia. Llegó la hora.
                  Last edited by Poisonbird; 20/01/2014, 08:06. Razón: Corrección de algunos errores


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                  • #10
                    En realidad sí hay algunas repeticiones… si tú misma te has dado cuenta deberías hacer un repaso y poner más sinónimos…

                    Bueno, me pareció un poco raro que Alejandro no conociera las pokeball… o sea, está bien, los entrenadores supuestamente no conocían los capturadores de los rangers entonces ellos no tienen por qué conocer las pokeball pero igual no sé… como que las pokeball te las enseñan en la escuela, son objetos que cualquiera debería conocer, los capturadores en cambio son como armas secretas de los agentes oficiales. No sé… igual no está mal, sólo me pareció curioso.

                    Sigue habiendo algunos problemitas con los tiempos verbales pero como me has dicho que tratas de corregirlos ya no te diré más nada. De lo que sí te diré es que pongas en mayúsculas los nombres de los pokémon porque están todos en minúscula.

                    El capítulo estuvo bien… bueno, algo denso sin batallas y con tanta cháchara, pero se entiende que tienes que presentar a los personajes xD

                    Creo que tendrías que hacer los capítulos más cortos… fue un poco complicado leer tanta información… está bien que sea largo pero cuando hay mucha acción, cuando hay sucesos interesantes y nuevos pero creo que para ser un capítulo donde su Umbreon luchó y recuperó al Lombre perdido tuve que leer demasiado para saber tan poco. Es tu estilo, no hace falta que lo cambies, sólo lo digo porque me pareció una escritura muy técnica y trabada que podría llegar a aburrir a los lectores en algunos puntos.

                    ¡Nos vemos en el siguiente, compañera!


                    Gracias a todos por recordarme :) Sólo tengo buenos recuerdos de ustedes y de este agradable lugar también.

                    Comment


                    • #11
                      Novedades:
                      -Editado el capítulo 3


                      Bueno... responderé algunas cuestiones del... único que ha comentado. Ay, que voy a tener que hacer publicidad... ;_;

                      Demian:
                      Spoiler: 
                      ¡Toma castaña! Ahora es cuando rabio por poner demasiado texto. Intentaré no recargar demasiado los próximos. Pero con este que viene me he quedado un poco insatisfecha cuando lo escribí. Más por el diálogo que nada. Me parecía “un poco venido de la nada”. Yo y mis ideas de cuando tenía dieciséis [?]
                      Respecto a de los nombres, quisiera discrepar. Se supone que los nombres de los pokémon es un nombre común, pues no son únicos. Pensé que sería mejor ponerle las mayúsculas cuando ese fuera el mismo nombre del pokémon en cuestión o sea un legendario.

                      Y sí, tú mismo lo has dicho. Ellos no tienen porqué conocer las pokéballs. De hecho, no he visto a nadie mencionarlas (Al menos en la primera edición), así que pensé que lo ignorarían. No obstante, puede que tengas razón. Recuerdo que en la misión de Manaphy, Gobios dijo que tenía que enviar un mensaje a un entrenador de Shinnoh, así que, si el profesor sabía la existencia de los entrenadores, entonces también deberá de saber lo que es una pokéball (Pls, es ingeniero [?]). Pero los demás no lo sé, realmente. Supongo que dependiendo de la región que vengan.

                      … ¿Y cómo que no hay batallas? ¿¡Las capturas qué son!? D: Anyway, voy a disculparme por tanta cháchara. Me gustan los diálogos [?]


                      Por cierto. Tengo que pedir una cosa. Ya me han comentado varias veces que tengo problemas verbales y eso, y he estado mirando, pero parece que no logro identificar cuál es el problema (Tuve que prestar atención en clases de lengua LOL) Me gustaría que especificarais cuál error es y lo que tengo que hacer. Y también aprovecho para decir que tengo problemas con algunas palabras, parece. Sé que hay tres (Felino, ropa y aparato, respectivamente) que tengo más problemas en evitar repetirlas. Si hay alguna más, por favor, digan cuáles son las que más reitero, gracias~

                      ¡Y dicho esto...! Ahora es cuando vengo con un... capítulo de relleno cortito. Solo para dar un descanso de tanto texto, nada más. Aunque, ¿quién sabe? A lo mejor se ríe uno y le viene la intriga... (Personalmente, no sé por qué hice ese episodio) ¡Pero no pasa nada! En el próximo capítulo, las cosas se pondrán algo más interesantes. Y luego más animadas :D.

                      Bueno, aquí os dejo con el capítulo. Cheerio!


                      ~Capítulo 4~


                      Spoiler: 
                      Los tres pokémon y entrenadora entraron en Otonia. ¿Quién iría a decir que desde el primer día en su estancia tuviera que volver a la ciudad para luego no regresar? Era otro lugar más donde reinaba una guerra fría entre bandas. ¿Por qué no la informaron de esto? ¿Por qué solo se tuvo que conformar con el nombre del paraíso? Tuvo que desconfiar, demandar detalles. Ahora tenía la urgencia de marcharse, antes de que se encontrara un accidente similar. Pero antes tenía que quitarse esa vestimenta cubierta de polvo. Ahora que tenía su monedero y su mochila, podía ir a adquirir ropa normal.

                      Pero se sentía débil. Junto con el shock, que aún le afectaba en su estado de ánimo y la falta de alimento hacía que sus piernas le pesaran como yunques. Tenía que pasar por la cafetería de antes para tomar el desayuno que no tomó, todo y que estaban a punto de ser horas de comer.

                      Sentada en la mesa, y después de ocultar el capturador en su mochila, con cuatro bolas y una cuarta que lucía diferente de las demás, Kyumbreon notó que algo se salía de lo normal. No le metió en su pokéball, y eso que no se la dejó.

                      -¿No me metes en mi pokéball?- Le recordaba que estaba fuera, claro que ella ya era consciente de estaba tomando aire fresco.

                      -No... Necesito a alguien con quien planear nuestro próximo destino.- Argumentó por qué no le metía, todo y que podría haberle comentado las anteriores desventuras pasadas en vez de hablar sobre su futuro incierto. Pero sabía que era asuntos que no incumbían en esos momentos.

                      -Entiendo...- Subió a una de las sillas de la mesa, para ponerse a su frente. -No puede planear sola el próximo viaje por lo sucedido, ¿verdad que sí?
                      -Tan perspicaz como siempre...- Apoyaba parte de su cara en la palma de su mano zurda.
                      -Pues apresúsere y saque el mapa del continente.
                      Eso era lo que tenía que hacer. Dejarse de tanta historia y expandir el folio plastificado por toda la mesa. Prácticamente no se veía la mesa; ahora era un gran trozo de tierra de colores acompañado de varias islas bañado en las aguas del Océano Pacífico, cercano a América y Ásia. Mientras miraba el mapa sentada, Plusle se puso encima de las piernas de Gionna para reposar mientras ella pensaba. Entre letras pequeñas, unas más grandes daban nombre al continente.
                      Glimáthikos.
                      Los dos miraban el mapa dubitativos. Pensaban por dónde podrían ir. Pero ella suspiró nada más pensar que tendría que volver a coger un crucero.
                      -Puf... no me puedo creer que tengamos que movernos de aquí tan pronto.
                      -Esto le pasa por incauta. Habéis cedido que fueran generosos con vos a un precio que no era visible. Ya supe el destino que le aguardaban para vos cuando le traían estas ropas. Ahora deberá de pagar por su ingenuidad.- Dijo con severidad.
                      -Venga ya, Kyu... no seas tan duro conmigo. ¡No es mi problema que me crea a cualquiera!
                      -¿Tengo que volver a repetirle? ¡Nadie, ni en las tierras sin domadores, es de fiar! Todos somos renegados que están condenados a la desdicha del aislamiento. ¡No podemos confiar!
                      -No hables por todos y hazme el favor de ayudarme a decidir dónde podríamos ir, anda.- Le ordenó en seco.
                      El camarero vino a tomar notas mientras discutían las posibles paradas. Cuando Gionna pidió su ensaimada y su tila, además de una fruta para su Lombre, el negro chacal también se animó a pedir, solo para infundir el miedo.
                      -A mí me da un croisant de chocolate y un café largo, ¡y espero que el croaisant tenga el chocolate desecho! ¡Y lo quiero presto!- Exigía con una voz potente.
                      -¡Kyu!- Reñía a su Umbreon por su travesura. -No se deje asustar, solo es un granujilla... tú, Plusle, ¿quieres algo?- Esta negaba con su cabeza. -Vale, eso es todo.

                      El camarero se retiró intentando conservar la calma. Mientras se hacía la infusión, seguían con la discusión. Tras descartar varias opciones, decidieron al fin que partirían hacia el oeste, a deambular otra vez sin causa concreta ni cobijo. Una vez acordado, la entrenadora volvió a doblar el papel y lo guardó en la mochila. Luego dio un suspiro, esperando a que llegara ya su calmante natural. La espera siempre era densa y tediosa, tanto que obligaba a aislarse del mundo que la envolvía con su propia imaginación...
                      No. No podía. Con lo que había ocurrido antes, era imposible. Solo podía recordar lo pasado, y algunos detalles. Este Julio, ese Alejandro... ellos no parecían tratar a los pokémon como herramientas, como tantos que ha visto. O al menos se demostró que empatizaban con ellos. Quizá demasiado. ¿Pero quién era ella para juzgar? A las criaturas que no era cercana no llegaban a importarle mucho, al no ser que sean lo suficientemente débiles o rechazados para que ella los pueda ayudar.
                      Pero con los encuentros recientes pudo ver pokémon sometidos involuntariamente al yugo de la humanidad, incluso a su propia lombre. Además, no ha necesitado emplear primeros auxilios para salvar a aquellos geodudes. Solo tuvo que jugar con un juguete para que sus heridas cicatrizaran al instante. ¿Y si fuera aquel oficio el que buscaba? ¿Sería ese el cometido que buscaba durante todo aquel exilio que le ocupaba cuatro años de su vida?
                      No. Odiaba trabajar para alguien. Estar en colectivos era un calvario. Y si un compañero tendría que tener, se quedaría como la quién no puede mover ni un dedo por la duda. Era impensable. Prefería actuar por su propia cuenta antes que por el mandato de un superior, pese a que hubieran cosas que tenía en común con la entidad y ella. Era incuestionable que aquel no era su lugar.

                      Mientras estaba inmersa en su reflexión, el camarero trajo lo pedido. Todo menos...
                      -¿Dónde está mi croaisant?- Preguntó Kyumbreon.
                      -Oh... Vaya, ¿no lo hacías para asustarme?
                      -Estúpido humano... cuando digo que quiero un croaisant...- Preparaba su pulso umbrío, solo para que adquiriera un aspecto más intimidante. El pelo que le colgaba se alzaba como si hubiera un conducto de aire, y en cuanto sus ojos, brillaron del color de la sangre.-¡ES QUE QUIERO UN CROAISANT! ¡Date prisa si no quieres que provoque caos y destrucción por la ciudad!
                      Con el rabo entre las piernas, el camarero corrió con temor de su supuesto poder destructivo.
                      -¡Y NO TE OLVIDES DE MI CAFÉ!- Gritaba con tal potencia que también asustaba a su alrededor. Luego se rió. Que fácil era hacer para él crear miedo.
                      -Pobre hombre, no le hagas esto...- Decía Gionna mientras tomaba un sorbo de su tila.

                      Cada uno tomó lo que le correspondía. Dos contrastes surgieron tras pagar el almuerzo. Quien tomó tila salió más calmada, relajada, somnolienta, mientras que el que bebió café estaba como una moto, hiperactivo. Buscaron alguna tienda de ropa, tal como se planeó desde un principio. No tardaron en hallar una.
                      El establecimiento tenía mármol gris como suelo, con perchas sujetándose a las barras que a la vez colgaba ropa esperando a ser comprada. Buscó algo que le resultara cómodo. Encontró un pantalón de chandal azul oscuro que le llegaba hasta los pies y una alegre sudadera gris con la imagen de un Persian jugando con un Pachirisu bordada. Fue a caja a preguntar si podía llevársela puesta. La dependienta le preguntó si estaba de servicio, pensaba que iba a comprar ropa para luego, para cuando se retire del trabajo. Le contestó que estaba de vacaciones. Una falsedad, pero en parte cierta.

                      Mas, cuando ya estaba lista para partir, se dio la casualidad de que a su lado, una chica de ojos verdes de pelo lila rosado que lucía un vestido púrpura corto que no le cubría ni las rodillas, calzaba con unas botas blancas y rosas con un tacón no muy largo también estaba comprando ahí. Era corta, de piel pálida igual que ella, casi de su misma estatura si no fuera por el calzado. Al ver a la entrenadora, reaccionó instantáneamente. Que alguien con un noventa-sesenta-noventa saliera con aquel conjunto era una blasfemia.

                      -¡Oh, venga ya! ¡¿Solo te vas a llevar eso?! ¡Que crimen!- Exclamó aquella fresca desconocida. Gionna asentía indiferente, sin decir palabra. La violinista le agarró el brazo, arrastrándola delante de las perchas. Sacaba toda la ropa que le parecía digna de ser sacada de aquella tienda, y se la tiraba a Gionna rápido “¡Este estampado está de moda!” “Mira que mona es esta falda” “Vas a quedar faishon con este vestido” y frases parecidas decía mientras el entrecejo de Gionna se arrugaba. Lol contenía su risa con esta escena mientras que Kyumbreon, como siempre, injuriaba al comportamiento humano. Plusle, en cambio, recordaba a ese sujeto perfectamente. Saltaban chispas amenazantes de sus mejillas. Aunque notaban que el aire se electrizaba, ignoraron la reacción del pequeño conejo.

                      La ropa que seleccionaba la misteriosa joven se amontonaba en los brazos de Gionna. El monte de piezas de algodón tintado le tapaban la vista. Vio que ya era demasiado y paró de darle ropa. Propuso probárselo, a ver si había acertado con su talla.

                      -Si yo solo necesito un par de piezas de ropa... No un MONTONAZO de ropa.
                      -Tonterías, en cuanto más ropa tengas mejor. ¡Ala, pruébate la ropa, VENGA!- La empujó, haciendo que pierda el equilibrio y retrocediera hasta la cortina del vestidor. Cuando entró, cayó directa al interior del probador. Todo el montón que llevaba en los brazos ahora yacía en el suelo, excepto algunas que quedaron encima suyo. Como un cuerpo inerte reviviendo, despegó la espalda del suelo, con cierta dificultad. Miró todo el textil que tenía y empezaba a buscarle pegas para no llevársela consigo. La gran mayoría fueron descartadas por ser demasiado escotadas, o demasiado feas, o ajustadas, e incluso, porque se llevaban.
                      De todo el montón, solo tres conjuntos fueron aceptadas, contando también con lo que llevaba puesto. Cogió aquellas dignas piezas y las puso entre brazos, dejando que el uniforme coronara la montaña. Salió del probador, dejando atrás toda la ropa que no se puso.

                      La compradora compulsiva se fijó en aquel rojo carmesí y ese negro que distinguía a los rangers de Villavera. ¿Qué hacía una ranger en su santuario? ¡Si es que no se cambiaban nunca! Era extraño. Aún no estaba segura. ¿Y si era otra pieza que había comprado del mismo lugar? Tenía que sonsacarle información.

                      Le propuso tomar algo. Evidentemente, Gionna no aceptó la invitación debido a que ya fue a la cafetería antes. Pero tal fue su insistencia que tuvo que rendirse ante su “hospitalidad”. Para que tuviera más confianza en ella, le pagó lo que le hizo comprar.

                      Plusle seguía mostrando hostilidad, y Kyumbreon también le empezaba a caer mal. Se notaba hipocresía en el aire. A Lol todo lo contrario; se alegraba de que al fin alguien se acercara a ella. Gionna aún no sabía como considerarla; ¿era una mera imbécil que se metía con la gente o era una extraña alma solitaria que hacía amistades en las tiendas? De todas formas, la joven desconocida cogió su abrigo magenta, con sus mangas ajustadas de color negro y decoración amarilla para salir a la calle.

                      Llegaron a la cafetería. La tercera vez que Gionna se sienta en el mismo puesto, y la segunda vez que le atiende el mismo camarero. El muchacho miraba con temor al felino, que se asentaba al lado de su dueña. La que ahora estaba enfrente de Gionna se pidió una magdalena. En la mesa, fueron intercambiando información. Ambas se dijeron sus nombres; el suyo era Aina. Y luego, empezaron a hablar de sus gustos; mejor dicho, Aina habló sobre sus propios gustos. Se le antojaba hablar de moda, como si ya fuera su amiga del alma; sin embargo, aquellas chácharas le resultaban aburridas para Gionna. Qué le importaba que lo más que se llevara en aquellos momentos, los cantantes del momento... y sin embargo, ¿qué hacía aguantando toda aquella sarta de tonterías? ¿No tenía que irse a coger el ferry para Nebeshory?

                      Plusle ya le empezaban a escapar rayos azules de sus mejillas. Estaba intentando que ella cogiera confianza en ella solo para que no actuase en su contra, o al menos, lo pensaba. El pokémon ánimo sabía realmente qué era: una arpía que encantaba a los pokémon con su violín. Kyumbreon miraba al roedor con su apática cara. Notaba la creciente presión sobre él.

                      De repente, un tono alegre sonó. Venía de la mochila de la entrenadora. No tenía nada de su posesión que sonara así, al no ser que fuera el aparato que le dieron. Que inoportuno. Estaba en frente de una completa pija desconocida, ¡y va y suena el teléfono-juguete de las narices! Tenía que desconectarlo.
                      -¡Uy, tienes móvil! ¿Puedes enseñármelo, porfaaaaa?- Pedía con entusiasmo, acercando su cara contra la suya. Gionna retrocedía como podía sin moverse de la silla. Ella ponía una cara de susto y desespero; quería que enseñara su “móvil” para responder la duda suya de si era un Iphone o una Blackberry de esas que se anunciaban tanto en las paradas del autobús. Temía a que le pidiera otro favor si lo sacaba y lo veía. ¿Pero qué más podía hacer si no sacarlo a la luz para que la dejara en paz? Abrió su mochila y un olor a circuito quemado le llegó a su nariz, irritando un poco su garganta. Sacó al exterior el aparato y miró la pantalla. Anunciaba que tenía una llamada perdida de Alejandro. Y tenía un mensaje de texto con el nombre del energúmeno de verde. Lo dejó para luego y volvió a dejar que perfumara la mochila de su asfixiante olor.

                      Ya está. Las dudas de Aina se resolvieron. Realmente, era una de esos moscardones que defendían a los pokémon como a su prójimo. Pero había un misterio que resolver. Se quitó el uniforme y se cambió con ropa nueva, por alguna razón. Y además, esa persona tenía el capturador de su reclusa más reciente. La cruz que tenía como llavero era inconfundible.
                      -Vaya, vaya, vaya... Así que eres ranger...- Decía con un tono siniestro.
                      -Erm... ¡Que tenga una réplica de ese... ese... aparato de cuyo nombre no me quiero acordar, no significa que sea ranger!- Mentía que era una pieza de coleccionista. Una mentira notablemente improvisada, puesto que un juguete de coleccionista no sonaría como un móvil sin apretar nada. Y además no sabía como se llamaba.
                      Que desastre.
                      -No me mientas, sé que eso es un capturador.- Seguía con aquella entonación cargada de malicia.
                      -Vale, lo admito, soy ranger.- Suspiró por tercera vez. -Bueno, me han metido como ranger por narices, sin preguntarme ni nada, pero no me considero ranger... Y todo eso por una habitación gratis... ¡ARGH!

                      Ya está. Ya lo soltó todo. Al fin. Se hizo un silencio.Aina pensaba con cuidado. Era una principiante, al parecer obligada, y no parecía estar contenta con ese deber que le pusieron en medio. Preguntó por qué no se escaqueaba de su trabajo. Su respuesta fue que no podía negarse a ayudar a nadie. Todo y que le metieron en un puesto involuntario, tenía algunas cosas en común con ellos. Después de que le dijera por qué no huyó antes, empezó a comerse su magdalena. Kyumbreon aprovechó el breve bocado para captar la atención de su entrenadora.

                      -Mi señora... será mejor que se aleje de aquella humana infame.
                      -¿Por qué?
                      -No te has percatado del comportamiento del Plusle, ¿verdad?
                      -¿Plusle...?- Dirigía su mirada hacia ella. Se le estaba escapando la electricidad al lado de su silla. Aina observaba que estaba mirando al suelo, hablando. Ella también se agachó. En su cara no pudo asimilar la sorpresa que se llevó.

                      ¡Ese Plusle...! La miraba fijamente, la reconocía. La misma que se escapó de los electrike.

                      Estaba a punto de preguntarle por dónde se encontró al conejo, mas sonó de nuevo el móvil-cacharro. Esta era un mensaje de texto, de la misma persona. No tuvo otra que ver su contenido.

                      “Hazme el favor... Ve a la base ranger de Otonia... O haré una hoguera con tu equipaje.

                      Alejandro.”

                      -Se-será atrevido el jaimito peloverde...- Maldecía.
                      -¿Qué pasó? ¿¡Se te ha declarado el novio!? ¡Oigh, que bonito!- Decía otra vez con su tono burlesco. Otra vez Gionna la miró con malos ojos. Si ni siquiera lo decía alegre.
                      -¿Y bien?- Preguntaba por el mensaje Kyumbreon a la vez.
                      -Que me amenaza con incinerar las maletas, el tío este.- Contestaba su pregunta.
                      -Déjale... Así se intoxica con los químicos empleados en la fabricación. ¡Que se liquide el solo!- Se reía con su humor negro. Eso a ella no le hacía gracia alguna. A parte de los útiles que albergaba en la mochila tenía su principal entretenimiento y las creaciones de su aburrimiento, a parte de ropa que tenía que llevar a lavandería. Pero era una buena excusa para irse. Esta vez, su mandato fue de lo más oportuna.
                      -Hija... siento tener que dejarte, perooooo... me llaman.
                      -¡Oh, no, quédate! ¡No tienes por qué ayudarlos!
                      -Me han chantajeado...
                      -Ah... ah, bueno... en tal caso... ¡Ya nos veremos!
                      -Sí... eso... nos vemos...- Quiso añadir un “hasta que los tepigs vuelen”, pero no tenía el suficiente valor para decirlo.

                      Irremediablemente, con el temor de perder esas cosas, se fue al lugar indicado. Se despidió de Aina dejándola con su magdalena. Antes de alejarse demasiado, Lol despidió simpáticamente a Aina con el brazo, como si tuviera la corazonada de que se volverían a ver. Ella también decía adiós moviendo la mano, fingiendo simpatía. En cuanto estaban lejos, volvió a dibujar una sonrisa maquiavélica en su rostro.

                      -Sí sí, tú ve... que a lo mejor te mandan a la muerte.


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                      • #12
                        Mmm, puede que tengas razón con lo de las mayúsculas en los nombres de los pokémon… yo creo que si los pones en mayúscula resaltan mejor pero bueno, el punto en que lo aclaras está bien así que déjalo así si te parece.

                        Bueno, ahí te dejo una repetición. La palabra “buscaba”. Pero veo que este capítulo es un poco mejor que el otro. Como que es más serio y centrado, tiene más pinta de formar parte de un fic de aventura y no de una comedia.

                        Sin dudas, este capítulo es mucho más entretenido. A veces la comedia pone más trabas de las que queremos, las novelas tienen que ser serias y poner algún que otro chiste pequeño como el de Umbreon al camarero y nada más. Bien por ti en este.

                        Estuvo bien, le puso mucho suspenso a la historia este capítulo. Al fin apareció la enemiga y tu forma de escribir cada diálogo y cada situación fue perfecta, muy bien pensada y fácil de entender. A veces escribir simple es lo mejor para que tu fic llame la atención a la gente. ¡Nos vemos, amiga! ¡Hasta el próximo capítulo!


                        Gracias a todos por recordarme :) Sólo tengo buenos recuerdos de ustedes y de este agradable lugar también.

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                        • #13
                          ¡Yay! Ya está. Lo siento por la semana de retraso; tenía bastantes cosas que hacer y no pude arreglar el capítulo. ¡Los esquemas son muy importantes! Y posiblemente esta semana tampoco podré dar mucho... tengo un par de exámenes y trabajos que entregar... ugh.

                          Hoy no tengo nada que responder. Nada más tengo que decir gracias por decirme por donde he acertado. Ahora trataré a adaptarlos a este formato, siempre y cuando sea posible.

                          Y en fin. Este episodio es para dar un poco de suspense, introducir la acción y tal. Luego notaréis que sigue el mismo esquema al principio, pero ya irá variando de ritmo. Esto era muy largo y tenía algunas cosas que estaban por puro decoro, pero las pude omitir. El único defecto que veo es que la mayor parte del episodio es puro texto, pero bueno, puede que se deba a que adoro recurrir al diálogo ya que me llamo Platón [?].

                          Bueno. Eso es todo. ¡Ah, no! Tengo que advertir que aquí se hace la primera presencia de muertes por parte de pokémon y algún personaje poco relevante. Si eres sensible... mejor prepárate antes de leer esto. (Pero no sé, tampoco veo que sea para tanto. Hum.)

                          ¡Bueno, en fin! ¡Ahora sí que lo dije todo! ¡Cheerio!


                          ~Capítulo 5~

                          Spoiler: 
                          Un plano de la ciudad se extendía por lo ancho de la mesa de cristal. Julio estaba mirando junto a su mejor ayudante por dónde podría esconder algún escondrijo. Habían varias posibilidades, algunas poco viables. Una era bastante potencial, pero aparentaba vacío. Revisaron las cuentas locales de electricidad, y el nombre del local no figuraba en la lista. Sin embargo ninguno de sus rangers pudieron aventurarse en aquel lugar. Las puertas estaban cerradas y los muros de hormigón eran infranqueables. Tampoco era una posibilidad que pudiera ser descartada a la ligera.

                          La recapitulación de los pocos hallazgos encontrados fue interrumpido por la entrada de Gionna. Venía agobiada por la reciente amenaza, pero agradecida. Una queja de ella bastó para que Julio se fijara en la ausencia del uniforme.
                          -¿Qué haces sin uniforme?- Preguntó.
                          -Em... ¿se tiene que llevar uniforme?- Interrogó también con una sonrisa asimétrica y forzada. Sabía que no tenía que llevar otra ropa era, pero prefería hacerse la despistada.
                          -¿A caso tú no fuiste a la escuela?- También participaba en la conversación su ayudante. Obviamente, no había ido a una escuela de formación para aquella profesión, e ignoraba muchas cosas sobre ellos.
                          -Um... hasta medio sexto de primaria. Eso cuenta... ¿no?- Se pudo oír a aquella rubia insultarla en voz baja. No logró captar cuál era el adjetivo que le había atribuido.
                          -Anda... sube el ascensor y cámbiate en el ropero. No puedes estar así.
                          -Pffft, ¿y por qué?
                          -Solo sube, o de lo contrario llamaré a Alejandro y le diré que queme tu equipaje.
                          Se resignó. Al fin subió. ¿Para qué rebelarse? ¿Para que sus cosas se conviertan en hollín?

                          No tardó mucho en cambiarse y bajar abajo con la ropa reglamentaria. La bolsa, junto con las nuevas mudas, la tuvo que dejar arriba en el almacén. Después de realizar su mandato, se encontró a su umbreon hablando con Julio. No pudo entender muy bien del tema del que conversaban, tampoco notó el ápice de culpa que mostraba el hombre de traje púrpura. Nada más dar una señal de su presencia, Julio la miró arrepentido del trato que la dio anteriormente.
                          -Podrías... habérmelo dicho antes...
                          -¿El qué?- Preguntaba sin saber aún a que se refería.
                          -Lo que te hizo Alejandro. No me esperaba que hiciera eso...- Julio dio un suspiro. Ahora ella sabía de lo que estaban charlando; Kyumbreon le había contado las desventuras anteriores al incidente de la cueva. -Iba a mandarte a hacer una misión, pero dudo de que quieras hacerla... aunque me harías un favor si fueras para allá. Últimamente no tengo mucho personal... Y la única que tengo disponible... bueno. La necesito para otra misión.
                          Ahora le dio pena. Lo que antes era un enorme monstruo mandón había sido reducido a un gato abandonado a su suerte. No podía resistirse a quedarse un rato más. Si total, ¿para qué irse a otro lugar si no sabía lo que haría después?
                          -Bueno... veamos qué es primero y luego decidiré si ayudarte.
                          Pero la oposición no tardó en responder a aquella decisión.
                          -Mi señora... no.
                          -Mi señora sí, Kyu. No tenemos nada más que hacer salvo irse por ahí. Y ya sabes que ando algo cansada de caminar sin razón.
                          -¡Pero ayudando se agotará más!
                          -Mejor que te tomes tú un descanso. -Sacó su pokéball del bolsillo y le obligó a entrar. Al ver que había aceptado a prestar su ayuda una vez más, Julio señaló el periódico que estaba en la silla que estaba a su izquierda. Gionna lo cogió y leyó atentamente lo que ponía en silencio.

                          Lo que redactaba aquel papel grisáceo no era precisamente los escándalos de alguna celebridad, como pensaba en un principio. Doscientos treinta-y-nueve casos de envenenamiento en casas domésticas. Veintidós víctimas mortales. Sospechas confirmadas de contaminación del agua por los mismos currantes del lugar. Ella se quedó pasmada. El hecho de que hubieran fallecidos le abrumaba.
                          -Oh, mi Dios...- Dijo algo aterrorizada.
                          -Sí... Es horrible. Esto ya pasaba desde ayer, pero hoy me han reportado que los koffing del depósito de residuos de la red de aguas tienen un comportamiento extraño. Me comunicaron que han salido de su territorio y han empezado a expulsar líquidos en el agua desde el martes. No sospecharon de que fuera nocivo hasta que hicieron las pruebas de calidad del agua.
                          -Ya veo. Y supongo que querrás que vaya allí a tratar con esos koffings...
                          -Exactamente.
                          -Pero... esas bolas sacan gases... gases tóxicos. Y encima pestilentes.
                          -Bueno, no hay problema; tenemos máscaras de gas para estos casos. No podrás preocuparte por tu salud.
                          Ya había aceptado. Iba a solucionar este grave asunto. El abastecimiento de agua, un recurso necesario, convertido en un arma de aniquilación masiva. Fue a hablar a la pecosa operadora para que le diera la máscara. Era una protección segura; sin embargo, tenía una desventaja. No podría ver de lejos. Las gafas, puestas con la máscara, eran dolorosamente incómodas. Ya que estaba, le pidió a la chica que le arreglara el capturador. Debería de experimentar un poco más antes de partir definitivamente. Además, no iría a devolverlo con esas pésimas condiciones.

                          Después de una pequeña caminata, algo deliberada, llegaron a la alcantarilla. Lol notó de enseguida el olor que esparcían las substancias nocivas. Estaba suplicando que la guardara en la mochila. Le parecía bien; su lombre y el plusle que le acompañaba eran vulnerables al tóxico. Si no tenían algún tipo de cubierta respiratoria, podrían padecer los molestos síntomas que conllevaba; conjuntivitis, disnea, debilidad muscular... todo dependía del tiempo que estarían. Dos horas aspirando el veneno y morirían de asfixia. A ella la podría salvar de tal destino; Plusle, en cambio...

                          ¿Qué haría? Ella era un pokémon que se encontró en la calle mientras saciaba su torturado estómago. En el único sitio por dónde podía meterla era la mochila, mas era demasiado pequeña e incómoda para el roedor. Lo único que podía hacer era mandarla de regreso hacia la base sola. No tenía nada de qué preocuparse; ella le condujo a aquel lugar. Pero no quería. Insistía en quedarse. Tanto que recurrió a sus encantos para que la dejara seguir, pese al riesgo. Cosa que funcionó bastante bien.

                          Bajaron por las escaleras que bajaban bajo tierra. Un riachuelo de agua pasaba entre el suelo cementado, y al lado, cuerpos lilas que flotaban en el aire escupían en el agua una substancia del mismo color que ellos, casi transparente. A vista de Gionna, eran tan solo un par de manchas difuminadas que hacían una invisible cascada. Aún así, pudo identificar las manchas como koffings que son. La entrenadora se acercó a uno de estos globos. Este ni siquiera se percató de que un ser humano se acercó a él. Ella lo tocaba, sin resultado. Parecía que estaba en trance, que solo podía soltar tósigo para contaminar el agua.

                          -Oh, venga... Hazme caso...- Le pegaba hasta golpes de puño con su blanquecina mano, de nuevo sin ninguna reacción de parte del koffing. Al final, recurrió a una solución desesperada. Entre todas sus criaturas, había una que era inmune al veneno. De hecho, ya tenía preparada la canica que liberaría a otra de sus bestias para lanzada. En cuanto la bola se abrió al aire, una rana antropomórfica, azulada, con una bolsa grande en el cuello, salió relajada de aquel artilugio del demonio. Saludó a su toxicroac. Google era su apodo. Ordenó que atacara a la bola de gas. Esta vez, fue su mismo pokémon que hiciera que sus planes fallara. Su actitud pacífica no le permitía golpear a ninguna criatura salvaje. Justo como temía que pasaría. Pero al menos tendría un resguardo físico por si acaso. Solo tenía un último recurso, uno que no era muy ortodoxo...

                          Tenía que usar el capturardor.

                          Sacó el aparato de la mochila, lo encendió y soltó el disco. Manejó la peonza para que corriera entre agua y cemento una y otra vez alrededor del koffing. Este paró de babear y se hinchó, tanto que hizo que el cinturón que dibujaba en el aire se rompiera en pequeñas chispas. En cuanto el globo morado volvió a su lugar, el koffing se desinfló, soltando gases que polucionaban el interior. Probó otra vez con un radio mayor. Al principio iba a conseguirlo; sin embargo, no fue suficiente para evitar los gases. Estos detuvieron al disco. Al no poder moverse, la energía tuvo que regresar a su procedencia.

                          Ni modo. No podía atraparlos. Al no ser que fuera más rápida en hacer los círculos, no podía hacer nada. Iba a intentarlo de nuevo, mas el calambre le hizo reconsiderar esa opción. Prefería mirar más a fondo el lugar. Continuó en el único camino que veía que se podía ir, y uno de los empleados, también con una máscara, le cortó el paso. “No pasa nada, todo está controlado”, decía, pero ella no se lo creía. Para la poca reacción que hacían aquellas pelotas vivientes... Lo ignoró, y siguió adelante. Ahí, al menos algo de vida que no sea venenoso circulaba también por el aire, sin verse afectado por la polución. Siendo completamente de metal y magnetismo, no tenía circulación a la que contaminar. Decidió practicar un poco su técnica con aquel Magnemite. Este solo podía cubrirse un poco de su electricidad y girar rápidamente, pues no sabía como deshacerse de esa molesta línea que brillaba cada vez más y más. Al final fue capturado, y alegremente, el pokémon imán le otorgó su lealtad.

                          Siguió explorando la construcción subterránea. Intentaba no mirar al suelo para evitar ver a las ratas púrpuras que habían sucumbido a la toxicidad del agua, a aquellos cadáveres que aún tenían fresca la hemorragia nasal que causaba el veneno.

                          Mientras caminaba tan campante por la mal iluminada zona, tres koffings se dirigían hacia ella, lentos y sin mostrar ninguna emoción, agresivos. El magnemite, que estaba detrás suyo, se puso en frente e intentó avisar al objetivo principal de las bombas flotantes de humo; pero la entrenadora no entendía qué quería decir. Este solo movía frenéticamente sus imanes y emitía ruidos metálicos incomprensibles para el oído humano. Finalmente, la bola de acero mantuvo quieto una de sus magnetitas para señalar al frente. Lo cual desgraciadamente se interpretó como una acusación sin fundamento.
                          -Magnemite, ¿pero por qué me señalas, qué te hice, qué-?

                          Tres golpes secos fue sentidos en su espalda. Entre la sorpresa y el impacto, perdió el equilibrio y se estampó contra el suelo. Google los había visto venir, pero se quedó parado al no saber qué hacer; podría ser que estuvieran invadiendo su territorio. No. Los koffing no se comportaban así normalmente, aunque fueran salvajes. Ella miró atrás, por fin. Ya vio a sus agresores. Aún tratando de levantarse, estos preparaban otro placaje para ella. No le dieron tiempo a darle; el magnemite los electrocutó levemente cuando cargaban. Plusle también se puso a la delantera para proteger a Gionna.

                          Los koffing dirigieron su ira hacia magnemite. Lo iban golpeando con su ligero cuerpo, propulsados por sus propios gases. Los placajes apenas le hacían algo, pero este no estaba acostumbrado a recibir daño de ningún tipo. Y mientras, Plusle inhalaba sin querer aquella polución. Tosía fuertemente en consecuencia.

                          Mientras estaban entretenidos con el Magnemite, Gionna aprovechó para practicar el manejo de la máquina una vez más. La nula visibilidad le impedía hacer buenos círculos, además de que eran muchos y el capturador no llegaba a hacer círculos tan grandes, y no sabía qué pasaba exactamente. Finalmente, el magnemite, al verse sin posibilidad de atacar con su duro cuerpo, tuvo que recurrir a la electricidad. Las chispas que se formaban en sus imanes fueron hacia las bombas lilas, que los aturdió por un momento. Al menos el magnemite le otorgó una oportunidad de oro para que Gionna se acercara lo suficiente para poder ver por dónde estaban los cuerpos y así, capturarlos a los tres de una vez. En cuanto estos fueron oprimidos por el halo de luz, recobraron su sentido común y regresaron a su lugar. Era raro. El magnemite se veía fatigado, así que la entrenadora le mandó a descansar. Ahora tenía que continuar ella y sus acompañantes.

                          Un panorama moribundo se le presentaba ante sus ojos. Crustáceos, cocodrilos y tortugas estaban en el suelo tumbados, o tambaleando, esforzándose por no caerse como sus vecinos. También se veían koffing alrededor. Mientras los pokémon acuáticos estaban débiles, ahí un grupo de pokémon se abstenían de beber el agua.
                          Eran pokémon con gran avidez mental, ejecutores de grandes ayunos y levitaciones de objetos. Amarillos o azules, con una trompa como nariz o pequeños yoguis, se anticiparon al envenenamiento de las aguas y se salvaron del mismo destino que sufrían ahora los corphish, totodiles, croconaws, squirtles y rattatas. Los gases tampoco les afectaban; ergo, un pequeño velo rosado formado por energías psíquicas mantenían a salvo de cualquier alteración en su anatomía. Ella era consciente de ello, y no sabía si estos pokémon, protegidos por el velo sagrado, serían igual vulnerables al efecto de la captura. Tenía que comprobarlo, así que repitió el proceso. Al menos el halo que desprendía un drowzee le ayudaba a distinguir su posición. Al principio le costó, pero a medida que la captura se prolongaba, esquivaba más hábilmente los psicorrayos de drowzee. Cuando consideró que ya le pilló el tranquillo, procedió con la captura definitiva. El velo sagrado no fue ningún impedimento para que también se uniera a ella.

                          Era el señuelo perfecto. Un pokémon tipo psíquico, cuyos ataques podían levantar e inmovilizar a objetos pesados. Aunque eso dependía del potencial que disponían. De todas formas, sería suficiente para capturar a los que habían en la zona. Fue por ellos, uno por uno. Ahora que tenía al tapir de su lado, era imparable. Su falta de coordinación se compensaba con la asistencia. Peinó las zonas por donde había estado. Al fin, pensó que lograría facilitar la limpieza de las aguas. Una vez que acabó, se dispuso a ir más al fondo. Algo captó su atención. Y esta vez no era un pokémon tendido en el suelo. Gionna se acercó más para ver qué era aquella alargada figura turquesa.

                          No pudo evitar que el pulso le temblara. Pudo distinguir un matojo de pelo castaño. No parecía que se pudiera levantar. Aún respiraba, pero con muchas dificultades. Una pequeña tos le indicó que aún estaba vivo. Tenía que mantener la cabeza fría. Aunque estuviera nerviosa, no podía permitir acobardarse y dejar tirado al joven.
                          -Dime, ¿qué ha pasado? ¿Cuánto tiempo lleva aquí? ¿Ha tomado algo del agua?- Preguntaba con tono neutro, asimilando su terror. Él intentaba responderle; mas su garganta estaba demasiado irritada. Aquellos ahogados torbellinos le dificultaban el habla. Él miró a aquella ranger por encima de sus propias gafas. No podía dar detalles. Tenía que decirle lo más brevemente y claramente posible quién había causado todo este desastre.
                          -Go... go... Los koffing... El equipo... COOOF COF COF COF.
                          -¡NOOOO! ¡He dicho si está bien! Puf, para qué pregunto; está fatal. -Sentía la obligación de ayudar a aquel empleado, y rápido. Intentaba llevárselo consigo; sin embargo, ella no podía cargar con su pesado cuerpo. -¡GOOGLE, ayúdame a cargarlo, maldita sea!
                          Tenía los minutos contados. Él no podía permitirse que un ranger solo se ocupara de él. No tenía más remedio que seguir con su mensaje.
                          -El...Equipo... Go... Rock... los Koffing...
                          -No, no, no siga malgastando aliento, por favor... tenemos que llevarte a un hospital.
                          -Pero... todos... capturados... un we... arriba... en la tubería...
                          Su tos se hacía más fuerte cada vez. Su mente se le nublaba, y la frase se deformaba, perdiendo coherencia. Tenía que volver a empezar.
                          -Shhhh... ya... sé que lo está pasando mal, pero-
                          -Los koffing... Fueron todos... Capturados... Por el Go... Go... Rock.
                          Al fin logró captar sus oídos. ¡Aquella panda de nuevo! ¡De modo que ellos estaban tras esto! Eso explicaba muchas cosas. Y quizá la causa por la que él no pudiera salir también fuera ellos. ¡Malditos! ¡Ahora tenía que correr más para ir a detenerlos lo antes posible y salvarle! Mas, Google lo soltó tras que el “rock” fuera pronunciado.
                          -¿¡Google, pero qué haces!? ¡Tenemos que llevarlo al hospital!
                          Este no hizo nada. Un silencio sepulcral se escuchó. Solo el agua que corría era oído. Ni una respiración dificultada por venenos gaseosos se hacía audible. Tampoco el débil pulso se sentía en la muñeca del chico.

                          No podía ser. Había gastado su último aliento en aquellas palabras. Luego se ahogó. Ella también lo soltó sin cuidado alguno. Se sentía impotente. Justo cuando pensó que podía hacer algo había tardado demasiado. En cuanto a las criaturas, no hizo nada por las que quedaban vivas. ¿Por qué? Se sentía inútil. Tanto querer ayudar, y lo que lograba era dejar pasar la desgracia, permitir a la muerte que dominara aquellas instalaciones. Tuvo que hacer caso a Kyumbreon. Esta situación acababa con su autoestima.

                          Pero luego pensó. Al operario le quedaba poco tiempo. Después de que muriera, ella pudo notar el tono liliáceo de su tez y el pequeño río rojo de las fosas nasales. Y los otros... ¿qué podía hacer con ellos? No se confiarían. Se habrían alejado de ella antes. Tenía que seguir para que esto dejara de suceder. Y aquel difunto le había indicado por dónde tenía que seguir.
                          Last edited by Poisonbird; 08/02/2014, 13:35. Razón: Corrección de errores de tipografía


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                          • #14
                            Bajaron por las escaleras que bajaban bajo tierra.
                            Guau, eso sonó repetitivo xD

                            Es cierto lo que dijiste al principio, esto introduce un poco más la acción. Y me parece bien porque hasta ahora el fic venía como sin un rumbo aparente, ahora toma otro matiz. Estuvo bien el capítulo, buenas descripciones como siempre.

                            ¡Nos vemos en el próximo! Ya quiero saber qué hace ese raro equipo en ese lugar…


                            Gracias a todos por recordarme :) Sólo tengo buenos recuerdos de ustedes y de este agradable lugar también.

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                            • #15
                              Estas no son horas de publicar... [?]

                              Jolín. Por poco pongo este capítulo la semana pasada. La verdad, este también estaba rellenito de cosas innecesarias para explicar la historia. Mucho tecnicismo, metáforas que podrían dificultar la lectura, quizá alguna actitud "sueística" por parte de la protagonista... sobre todo el final, Pero eso fue muy fácil de omitir. Tan solo había que quitar aquella palabrería. Ahora bien, no sé si la habré hecho... demasiado inteligente para no ser un poco Mary Sue, tal vez. Yo no lo creo, pero... jum. Fue un capítulo que lo escribí con prisas, de todas formas. No garantizo que esté limpio de errores.

                              ... ¿Se me olvida algo? ¡AH, SÍ! ¡El 14 de febrero este fic cumplió 2 años y 2 lectores que comentan! Me hubiera gustado mucho, muchísimo hacer algo especial para conmemorar ese tiempo... pero entre Aristóteles y los movimientos artísticos de finales del siglo XIX no pude hacer nada (Y mucho me temo que no podré hacer gran cosa). Aún tengo que hacer las descripciones de los personajes, anyway. Pero en fin. Eso me recuerda también que el fic no tan solo tiene que pulirse, si no seguir creciendo. Hace un mes que no escribo un capítulo nuevo (Que conste que este va de camino hacia los 35 episodios, aunque aquí no lo parezca). Lo cual implicaría que algunas veces tenga que abstenerme de publicar aquí alguna semana; quizá dos seguidas.

                              Y bueno... ya he puesto mis inquietudes. Lamento haberos hecho esperar (O haberte hecho esperar. Creo que eso quedaría mejor [?])



                              ~Capítulo 6~
                              Spoiler: 
                              Estaba empezando a cansarse. La tubería hacia cuesta arriba, y el agua que fluía la empujaba en contra de su dirección. Plusle estaba fatigada, no por la caminada; anormalidades empezaban a surgir en sus pulmones. Le pedían que aspirara más aire, aunque sea el mismo que le creaba la necesidad.

                              Después de tanto esfuerzo por no verse arrastrada de vuelta al cuerpo del muerto, se encontró con unas escaleras que bajaban hacia una zona llena de una substancia viscosa parecida al barro. Eran los despojos de las aguas residuales, combinado con unos cuántos químicos más. Parecía un lugar adecuado para la cría de grimers.

                              A Gionna le daba algo de grima caminar entre aquel moco marrón liliáceo, mas parecía el único camino que se le presentaba. Tenía sus peligros; a parte del riesgo a quedarse atrapada entre aquel mar de porquería y de caer enferma por vía cutánea, podría descender en los agujeros que había. Entonces tendría una intoxicación y una fractura. Con miedo y temblores, bajó lentamente por la escalerilla. En cuanto sus bambas entraron en contacto con el suelo lodoso, pudo notar lo resbaloso que era. Por poco se reprimió la tentación de apartar el pie de ahí. Luego lentamente puso el otro. El último paso sería desprenderse de la barandilla. Algo que le costó bastante. Una vez cogido el equilibrio, empezó a patinar con torpeza. Gritaba como una posesa, presa del pánico. Iba directa a uno de esos huecos, pero por una vez, aquel poco control motriz mal dirigido jugaba a su favor...
                              hasta que, cerca de las otras escaleras, se estampó contra la pared. Al menos la máscara amortiguó el golpe en la cara. Pero sus piernas quedaron en el suelo.

                              Drowzee y el toxicroac fueron mejores patinadores y subieron antes que ella. Viendo que Gionna no lograba ponerse en pie, Google fue a su ayuda, subiéndola. Al estar los cuatro reunidos, Drowzee separó el lodo de su cuerpo, para asegurar su salud. Este tenía una idea de donde estaban aquellos maleantes. Se puso a la delantera e indicó por donde tenían que ir. Siguieron al baku, y más koffing rociaban sus desechos al agua. A parte, personas con mascaras antigás de ropas ochentonas contemplaban sonrientes a sus esclavos. No tardó en reconocer a aquellos bellacos. No. No solo eran bellacos. Era un grupo de crimen organizado. Ahora lo veía con sus propios ojos, aunque con la imagen emborronada. Sombras del pasado le acecharon, reviviendo experiencias pasadas negativas. Combinado con la agonizante muerte que acababa de presenciar, hacía que su ego y su rechazo al sufrimiento emocional se interpusiera a su altruismo, diciéndole a ella que se echara atrás y se tome ya sus dichosas vacaciones. Pero la valentía y el sentimiento de responsabilidad se interpusieron en su decisión de retirada. Ella había presenciado demasiado sufrimiento. Se juró detenerlo. Google miraba a su jefa, esperando a que ella siga adelante.

                              Aunque con inseguridad, dio un paso adelante y se dispuso a seguir con su trabajo. No obstante, fue interrumpida por uno de aquellos peleles. Ya se lo esperaba. No estaba sorprendida.

                              -¡Eh, tú! ¿No serás por casualidad aquella que nos estás quitando a los koffing?
                              -¿Cómo que vuestros, si ni siquiera lo metisteis en una pokéball?- Aplicaba la lógica del entrenador, pues no veía por ninguna parte su pequeña residencia.
                              -Yo no entreno, ¡pero estás acabada! ¡A por ella, mis koffing!
                              Todos los globos de la zona la rodearon. Eran cinco que en contra de su voluntad querían herirla, por dentro o por fuera; no importaba cómo. Drowzee se adelantó a la orden, tumbando a las bombas vivientes con sus poderes psíquicos. Sin pensarlo dos veces, Gionna intentó hacer vueltas a su alrededor con la peonza, pero los cuerpos estaban tan juntos entre sí que no lograba hacer bien la captura, pues la línea tocaba constantemente con el cuerpo de al lado, o con el de su objetivo mismo. Al final el tapir amarillo no pudo contenerlos más, y su ataque cedió. Los koffing volvieron a alzarse al aire, y se dirigieron a por el baku amarillo con sus cuerpos. Los placajes le dañaron, no lo suficiente para debilitarle, pero sí para dejarle cerca de aquel límite. Tres se pusieron al margen para dirigir una niebla purpúrea al pokémon psíquico, sin los resultados deseados gracias al velo sagrado. Gionna vio una oportunidad para librarse de estos. Aún le sería difícil capturarlos, pero al menos no era imposible. Lamentablemente, uno de ellos se percató de los fugaces movimientos del juguete y redirigió sus gases al disco capturador, dañándolo. La mayor avidez que presentaba le desesperaba. Se coordinaban bien entre ellos, incluso se ayudaban mutuamente, como si de su trance no quisieran salir. Además, estaban manteniendo ocupado a su drowzee. Por fortuna tenía aún dos opciones; mandar a su toxicroac para que los disperse o pedir a Plusle que los paralice con onda trueno. Ambas opciones le parecían válidas, pero con trabas; por un lado, separar a uno de los koffing con un solo pokémon haría que otro acudiera a su ayuda, provocando el fracaso de la maniobra. Y por otra, la formación que quedaría tras detener su baile de vals sería entre dispersa y unida; demasiado cerca para que se pueda hacer tranquilamente unos movimientos fugaces, demasiado lejos para poder atraparlos a la vez. Al menos a su rana podía doblarse, o triplicarse si quisiera...

                              Ya está. Ya lo tenía.

                              Ordenó a Google que los acorralara, con tan solo engañarles la vista. Con esto dejó claro que no quería emplear la violencia, y entonces esta vez accedió a cooperar.
                              La rana luchadora fue corriendo hacia ellos, quintuplicándose y dirigiendo a los koffing cuales ovejas. Una vez acorralados era el turno de Plusle. Esta pidió que usara el movimiento; mas no entendió. Luego fue más específica. Pese a que sus fuerzas estaban mermadas por la intoxicación, fue por debajo de ellos y usó su técnica. Las chispas de Plusle imposibilitaron la movilización de los cuerpos ligeros y su gestión de gases. Ahora era su oportunidad para salvar a esas almas inocentes con su instrumento divino. Uno menos. El recluta se retiró al quedarse sin siervos.

                              Pudo adentrarse más, llegando pacientemente al fondo del asunto. Ningún koffing enloquecido, ni los múltiples actos que hacía la muerte en los pokémon que se encontraba, ni tubería, ni pelele, le impidió llegar al centro del mal. Plusle cada vez se encontraba peor. Su disnea era cada vez mayor, y su corazón empezaba a ahorrar sus latidos para tiempos mejores. Mientras, los pies de Gionna no daban abasto y le empezaban a demandar un descanso. Se sentó, apoyando la espalda sobre la pared de hormigón enmudecida. Miraba su reloj, solo para controlar el tiempo de reposo. Cinco minutos le era un tiempo justo, pero suficiente para menguar el dolor de las plantas.

                              Observaba lo que tenía alrededor, y pudo notar que había una zona que la ocupaba una muchedumbre cubierta por los filtros de las máscaras. ¿Tan necesario era que hubiera tanta gente para contaminar el agua?

                              El tiempo de descanso se terminó. Ya era hora de levantarse para acabar con el constante envenenamiento. Entre la multitud, habían algunos acobardados con los que se enfrentó antes. Múltiples de insultos vulgares fueron escuchados en boca de estos.
                              -Oh, por favor, chicos, la única razón por la que os persigo es porque vosotros habéis esparcido agonía y desesperación por la ciudad. ¿Sabéis cuantas personas matasteis con vuestra travesura ya? Veintidós. Y la que os debería insultar sería yo, vaya. Yo no hice nada para llevarme el título de “perra” o “malparida”... Solo hice justicia.- Decía con tono arrogante, en respuesta a aquellas malas palabras. Se sintió ligeramente ofendida por los adjetivos que la etiquetaron.
                              Detrás de esa barrera de lobos cazadores, un alfa estaba ejercitando su sentido rítmico con su bombo. Tras oír los tomates de desprecio que tiraban a Gionna por sus anteriores andanzas, paró de tocar, al igual que el grandullón flotante que manipulaba dejó de funcionar.

                              -Así... que la entrometida ranger llegó hasta aquí...- Sonaba su voz detrás de sus guardianes. Era un año menor que ella. Su peinado casi blanco de tono azulado era un par de cuernos de pelo cuya punta se caía, mantenido por medio bote de gomina. Estaba vestido con una gabardina de cuero azul más vivo, y un pantalón del mismo color. Llevaba una camiseta púrpura que exhibía entre la apertura de la chaqueta, y en cuanto a adornos, se podía ver un cinturón en el cuello. Su fisonomía era robusta; musculoso no es que fuera, pero su torso era ancho. Él también llevaba una máscara que le mantenía sano.
                              -Oye, tú, so ñoña, deja que el ritmo de nuestra fiesta continúe.- Hablaba metafóricamente, refiriéndose como fiesta el jueguecito que tenían con los pokémon de la zona, venenosos sobre todo. No obstante, ella no tenía entendimiento para dobles sentidos.
                              -¿Qué fiesta?
                              -Además de problemática, lerda. Chicos, haced el favor de transmitirle la rabia, ¿queréis?- Se refería esta vez al medio de transmisión, todo y que a los que mandaron no la padecían. Quince rattatas canijos por culpa de las porquerías del aire iban como podían a por ella. Tenían convulsiones por la fiebre, y eso les quitaba mucha movilidad. Parecía complicado poder capturarles debido a su número, pero no le hizo falta ni siquiera aturdirlos. Eran solo un par de vueltas, y ya los abandonaban a su suerte. La masa se quedó sin armas para atacarla, y empezaban ya a temerla, aunque solo fuera porque le pusieron la victoria en bandeja.
                              -Erm... ¿Jefe? Ha podido con nuestrsos rattata...-Informaba uno.
                              -Porque habían respirado mucho aire en este lugar. Los gases de los koffing son muy nocivos.- Argumentaba la causa de que fuera tan fácil capturarlos. Después de comentar eso, pensó en Plusle. Echó un vistazo rápido. Ella adquirió una imagen enfermiza, insana. Estaba sucumbiendo al veneno. Tenía que zanjar este asunto rápido si quería tratar su salud.
                              -¡Pero que aguafiestas que eres! ¿Es que los rangers solo sabéis arruinar nuestros planes o qué?
                              -Oye, tú. Deja de esconderte de tus secuaces y sal que te vea la cara.

                              Empezaba ya a ponerle nerviosa esa irritante voz sin saber cómo es el cuerpo que la procedía. El adolescente dio a los reclutas la orden de apartarse, y en vez de echarse a un lado, fueron detrás de Gionna a bloquearle la salida, por si intentaba escapar. Al fin, el pokémon que estaba manejando, contemplativo ante el agua que él había profanado y el energúmeno que manejaba la operación se mostraron.
                              -Así que tú eres el jefazo de estos malandrines...
                              -Sí, sí lo soy, capulla. Mi nombre es Emilio, por si te se ocurre llamarme “tío raro”.- Recordaba a uno de la misma profesión que le había llamado así. -Me han dicho que has podido capturar a nuestros koffing... ¡Pero seguro que con su evolución no vas a poder!- La bola mutante de gas dejó de contemplar su creación y se giró, esperando su rítmica orden.
                              -¿Quién dice que no pueda contra un weezing? Oh, por cierto, tu tampoco me llames ranger. Tengo nombre, ¿vale?
                              -¡Yo te llamo cómo me de la gana, ranger!- No quería memorizarse nombres. Apenas se vieron y ya le caía fatal.
                              La unión de dos koffing se acercó intimidante hasta quedarse frente a ella. Soltó gran cantidad de gas. Aquella expulsión creó una corriente de aire caliente que ondeaba su uniforme y levantaba parte del cabello que quedó suelto. Retrocedió unos cuantos pasos para poder proceder con la captura una vez más. De nuevo, con un toque de botón, la peonza fue volando hacia el cuerpo del pokémon dominado por el ritmo que dictaba el bombo. Al primer círculo, el abominable globo doble cargó y golpeó la línea. Pudo retirar el disco pronto, evitando más daños.

                              Algo captó su atención. Los weezing acostumbran a flotar y moverse al ralentí; sin embargo este no era el caso. El cuerpo lila era endemoniadamente veloz. Al menos esta vez estaba tratando con un solo pokémon, así que no debería de haber ninguna dificultad si le paraba un poco. Pese al agotamiento de su acompañante, mandó a que usara confusión una vez más, solo por si a caso.

                              -Je, je, je, no te creas que será tan fácil.- Dicho esto, a otro compás le indicó el nuevo objetivo. Inmediatamente, el weezing obedeció a la música y regurgitó un escupitajo hecho de lodo púrpura y toxinas, impregnando de él al drowzee antes de que pueda pararlo con su mente. El peso del bomba lodo era demasiado para el baku, y pronto cayó derrotado. Gionna se percató del cambio de ritmo. Había pasado de allergo a vivace antes de que la abominación vomitara sus ácidos, y después a la inversa. Era como una rata actuando según la melodía del flautista de Hamelín.
                              -Un momento... ¿está manipulando a ese weezing con el bombo?- Preguntó para sí misma en voz alta. Luego se tapó la boca por encima de la máscara. Acababa de hablar sola.
                              -Vaya, no eres tan lela como pareces...- Confirmaba él -Pues sí, con mi bombo lo atrapé y con mi bombo lo controlo. ¿Hay algún problema con ello?
                              -¿A parte de que me estás impidiendo devolver la salud al agua? Ninguno.- La frase final lo entonó con ironía; mientras, tenía que planear como detener a ese weezing. Miró a Google por un momento. Tenía que volver a probar el mismo truco de antes.

                              Emilio y Weezing estaban confundidos. El toxicroac se había camuflado entre iguales. No obstante, había algo que no tuvo en cuenta. Emilio tocó presto, mientras Weezing se hinchaba, haciendo que se lo pensara dos veces antes de empezar la captura.
                              Finalmente, soltó un gas helado gris que nubló la vista de todos los presentes. El tiempo en el que estuvo presente la niebla fue poca. Al dispersarse, las diez ranas volvieron a ser una. Google buscó a sus gemelos ficticios, mas desprevenidamente fue golpeado con un placaje, haciendo que volara por los aires y se estampara contra el suelo. Se levantó, furioso por el daño. Emilio se reía como un poseso de su ingenuidad.

                              -AAJAJAJAJAJJAJAAJAJAJAJ, ¿¡de verdad pensabas que iría a caer en la misma trampa que mis reclutas?! ¡TONTA!- Gionna empezaba a impacientarse. El choque fue muy fuerte como para ser un placaje normal y corriente. Ahora iba a lanzarse con todo lo que tenía. Aunque su voz no fue necesaria. Google preparó las reservas de veneno para dirigirlas a sus garfios para después dar un salto e inyectarle las substancias con ellas. La mutación era inmune al nocivo; mas aquel puñetazo fue contundente. Después de que se recuperara de la sorpresa, ambas criaturas ponzoñosas lucharon enrabiados. Emilio intentaba dominarlo con el sonido del bombo, pero estaba demasiado ocupado como para prestar atención a las órdenes rítmicas. La batalla continuaría hasta que uno de los dos decayera, y eso no ocurriría hasta un largo tiempo. Eso le dio tiempo a Gionna para pensar. Ambas fuerzas estaban igualadas, así que tuvo que pensar en algún elemento del entorno que lo aventajara. Sabía que lo tuvo enfrente todo el tiempo, pero se le escapaba. Entonces recordó. Tenía agua cerca, y con él se podía recuperar. Eso ralentizaría un poco su victoria, pero al menos la tendría asegurada, al no ser que este se pudiera recuperar solo. Aunque no parecía que le quería dejar tranquilo ni un segundo. Eso podría dificultarle las cosas... o quizá facilitarlas. Ya estaba. Ya sabía como pararle los pies.
                              -¡Google, métete en el agua, rápido!- Ordenó. Sin rechistar, el toxicroack se lanzó al agua para aliviar sus contusiones. Emilio no sospechó de lo que estaba planeando hacer, hasta que este se lanzó sin razón.
                              -¡No, tontolaba, NO LO HAGAS!

                              Demasiado tarde. Weezing entró en el agua en balde, pues su contrincante lo pudo evadir sumergiéndose. El trío unido intentaba alzarse de nuevo, pero no podía; de enseguida, su cuerpo lleno de gas se rellenó de agua. Pronto, imperó a su rana vivaz que lo hiciera emerger. Este, con su puño cerrado, dio un fuerte puñetazo acompañado de un gran salto, haciendo que el agua se abriera y moviera para dejar salir a los dos pokémon venenosos.

                              No demoró más. Antes de que el agua se escapara por sus orificios y cayera de nuevo al agua, hizo la captura con nerviosismo. Cuando el círculo ya decía que estaba listo para liberar a Weezing de sus penurias, hizo un brusco alzamiento hacia el techo del recinto para que lo abrazara y lo liberara. Presenciada la derrota de su señor, los peones de Emilio huyeron despavoridos. No tenían nada que hacer contra ella.

                              Weezing ya era lo suficientemente ligero como para que Google pudiera impedir que se ahogara. Cuando ya se acabó el agua, este volvió a levantarse al aire para reunirse con sus iguales. Gionna esbozó una sonrisa orgullosa, mientras veía como este recuperó su libertad. Emilio también quería irse, rápido, mas los ojos rapaces de ella se movieron hacia la mancha azulada que era, y pidió a Google que lo detuviera. El anfibio fue corriendo hacia él y lo tumbó antes de que Emilio pudiera galopar. Antes de acercarse al vivo tumbado y asustado, la entrenadora guardó el capturador y agarró a Plusle en brazos. Ya no podía mantenerse de pie. Tenía que saber. ¿Por qué tanto daño?
                              -Tú no te irás hasta que me digas la causa de todo este embrollo.
                              -Pffffft, ¿te crees que te lo voy a decir a ti, niñata? ¡Ni en sueños!
                              -Dilo o el veneno de este enorme sapo recorrerá por tus venas. Y no creo que te apetezca sentir como cambia tu cuerpo... porque, sinceramente, es una tortura. ¿Ves a este Plusle? Tómala como ejemplo.
                              Google levantaba el brazo con el puñal incorporado preparado, para dejar claro que lo iba a hacer.
                              -¿Y bien? ¿Vas a decirme o no?
                              -Vale, vale... muy bien...- Se reía nerviosamente.- ¡Os he quitado tiempo, rangers! ¡Hemos envenenado el agua para que vayáis ahí y nosotros podamos encontrar al pokémon legendario! ¡Y NO TE DIRÉ POR DÓNDE ESTAMOS BUSCANDO, NUNCA!
                              -¿Qué...?- No comprendía. No sabía nada de que una leyenda se ocultaba en alguna parte, de la que se buscaba como un santo grial, y esa organización que estaba ayudando sin intención alguna era un obstáculo para ellos, o eso extrajo de sus palabras. Pero tenía sentido. Sabía de primera mano que un desastre provocado puede despistar al poblado para que no se prevenga de una catástrofe aún mayor. -Nosotros podemos capturar hasta el pokémon más duro de pelar. En cuanto consigamos muchos legendarios, vosotros llorareis como nenazas. ¡Y nosotros seremos los mismos salvadores del caos que crearemos! Claro que pediremos algo a cambio... ¡PASTA!- Se reía como un loco en un manicomio. La furia brotó en la entrenadora, y recorrió las venas de las manos, haciendo que sus dedos se adjuntaran. Quería decirle todo lo que pensaba al respecto, de lo viles que eran...

                              Mas se calló. Sería un desperdicio de saliva, y también de un tiempo crucial. Se giró hacia atrás para así volver a sentir el aire fresco, sin decir palabra. Google lo dejó en paz y se fue con ella, dejando a Emilio solo con sus sudores y sus temblores.


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