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Fugitivos del cataclismo

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  • #61
    Oh, vale, eran un nuevo tipo de enemigo. Supongo que eso de que se parecian a los Imps se me habrá pasado por alto. Y por el canon no te preocupes, en Homestuck todo es canon.
    ¿Con que la aparición de los trolls es lo que causa las anomalias? Pero en teoria la conexión entre dos partidas distintas no deberia causar problemas, ¿será porque las partidas se crearon en universos distintos? Pero incluso con eso deberia ser posible...
    Bueno, el capitulo ha estado bien. Se han esclarecido cosas, pero han aparecido nuevos interrogantes. Aunque me desconcierta el cambio de actitud de PC, ahora parece que quiera matar a Samantha, ¿sera por la influencia del musculito que tanto odia?

    Comment


    • #62
      Respuesta a comentarios: 
      @New_World;
      ¿Con que la aparición de los trolls es lo que causa las anomalias? Pero en teoria la conexión entre dos partidas distintas no deberia causar problemas, ¿será porque las partidas se crearon en universos distintos? Pero incluso con eso deberia ser posible...
      Cierto es. De hecho la mera unión de partidas es factible.
      Ya puedes pensar en cosas raras, ya.


      Yeah, lazy editing here.
      Así que... dos meses han pasado desde la última vez que publiqué algo de este fic. Créanme que ya lo tenía de antes. Pero pasarlo a limpio es un martirio y no puedo ponerme siempre a ello. Aparte, tenía un lío de libretas que no vean.
      También tengo parte del 16 escrito. Veré si lo termino en esta semana y lo paso este finde. Again, no revisé bien mi trabajo. Pero bueno.

      Feliz vuelta al cole, folks [?]

      Capitulo 15

      Spoiler: 
      Un vacío abismal. Un reinado púrpura. Aún no sabía como llegaba a aquel lugar. Era la segunda vez que estaba en esa habitación dorada cuyos exteriores no eran más que edificios amatista y sombras fantasmagóricas que ondulaban en la infinita negrura. Aquellas voces de ultratumba que resonaban desde el vacío le susurraban malos augurios que tarde o temprano iban cumpliéndose, tanto en su tierna juventud como en su floreciente adolescencia. Antes no sabía de donde venían, y era escéptica al respecto. Ahora tenía certeza que eran esas criaturas ultramundanas que le cantaban aquellas desgracias. Y daba gracias por esos pequeños avisos, pues pudo evitar grandes males en cuanto era consciente de su veracidad. Pero aún no sabía cuán confiables podían ser. ¿Por qué esos generosos préstamos? ¿Cuál era el precio que pagar?

      Quizá estaba equivocada. Quizá no eran nada perversos como su difusa apariencia connotaba. Claro que si decidieran provocar agonías innecesarias le darían falsas profecías. Y por el momento esos avisos fueron bastante certeros, aunque crípticos. Aún así no se sentía cómoda. Tenía un mal presagio sobre ellos. Aunque más que traición, podía deducir que era... como alguna desgracia que se cernía sobre ellos. Destellos azulados y violetas iluminando el vacío dejando paso a un nuevo orden... relinchos de dolor mientras llovía fuegos fatuos sobre Derse...
      Era algo escalofriante. Un bello espectáculo, pero perturbador. Incluso vio en su mente cómo ardía una joven de melena rizada, ahogada entre llantos, gritos de terror y un voraz calor.

      Una joven de melena rizada y ojos ámbar...

      No, ¿¡cómo podía pensar en la hermana de su amiga imbuida en lumbre!? ¡Sería terrible si pasara!
      Sin embargo, que la imaginación tuviera tal desate le había hecho actuar de enseguida. No tenía ni idea de lo que hacía. Se subió a la ventana tan rápido como pudo y saltó hacia una aparente y prematura muerte. Mas en vez de caer al suelo se alzó hacia el vacío, volando como si de un avión se tratase. Debía de encontrarla en cuanto antes. Solo tenía que hallarla, o si no...

      Mirando perpleja al mar negro, ahí estaba. Los susurros retumbantes la asustaban; paralizaban. Todo y que tenía un camisón violeta igual que ella, no cabía duda de quién era.
      ─¡Cherry!
      La niña sacudió la cabeza al oír aquella voz. Con sus inocentes pupilas, giró su vista hacia la pitonisa.
      ─¿Amber?

      Y entonces empezaron. El silencio se hizo escuchar entre el círculo de los abismales. Chirridos agonizantes se oían entre la lejanía. Llamas azules se prendieron para repartir muerte entre la penumbra perpetua.

      No lo podía creer. Era justo la imagen mental que se había creado. Estaba acongojada. Si aquel inimaginable hecho se había materializado, entonces lo siguiente sería...
      No, no podía quedarse mirando.
      ─Tenemos que irnos de aquí.
      ─¿Por qué? Si esos fuegos artificiales son... preciosos...
      ─¡No hay tiempo para ver pirotecnias, vámonos!
      ─¿Pirotecnias, pero eso qué es?
      Procuró no llevarse las manos a la cabeza y usarlas para alejarla de ese carnaval infernal. Descendieron a las calles de aquel globo encadenado. Pronto empezó a caer ceniza y ascuas fantasmales, junto a tentáculos en plena incineración. Polvo y fragmentos se precipitaron como pequeños meteoritos en las calles, provocando pánico entre aquellos desprevenidos viandantes.
      Era un indicio. La caída del noble círculo de los Horroterrores era signo de condena.
      ─Es terrible.─soltó Amber de repente─, si estas llamaradas llegan a al suelo... no, no quiero pensar en lo que va a ocurrir. Es impensable.
      ─¿Moriremos todos, Amber?─preguntó sin más la pequeña.
      ─Espero que no. Solo... espero. ¡Oh, qué narices, claro que no! ¡Vamos a refugiarnos y problema resuelto!
      ─¿Dónde?

      Cierto. No sabía por dónde ir. De momento los puntos altos eran un lugar propensos a perderse en el viento, así que sus aposentos, desde luego, no eran una opción. El exterior aún era peor opción. Con esas vistas apocalípticas era imposible estar a salvo.
      Y en las casas ajenas... aún podía preguntar. Aunque todavía estaban en riesgo de derrumbamiento, pero quizá si se fueran al polo opuesto de la luna podrían mantenerse sanas y salvas.

      O simplemente podían ir al subsuelo.

      Tenían que encontrar a alguien. No importaba cómo serían; necesitaban que alguien les de un alojamiento adecuado, y rápido. El fuego ya empezaba a bajar como cometas celestes de las mismísimas...
      Un momento... ¿fuego bajando lentamente como cometas?
      No podía ser. Así no era cómo funcionaba la gravedad. Si eran meteoros, tenían que descender más rápido.

      Cuerpos translúcidos caían cual lluvia torrencial, rugientes. Los gritos de la plebe se hicieron eco entre las paredes. Una amenaza completamente nueva estaba azotando impecablemente al reinado de las sombras, diezmando a la población de una forma atroz e incompasiva. Parecían borrones. Fantasmas pomposos que velozmente manchaban los preciosos ladrillos de sangre.

      Cherry estaba traumatizada. Estaba siendo testigo de vistas cuya inocente mente no podía aguantar. Temblaba como una hoja, aferrándose a la falda de Amber como si fuera lo único que tuviera. Ella también estaba desesperada. Esos monstruos invisibles eran dignos de la sensación que transmitían.
      ─No... no quiero que me coman...
      ¿Y quién quería ser comido? Debían escapar como sea de ese infierno. Por encima de ellos.
      Para su desgracia esos monstruos tenían el don de la anticipación. Uno de aquellos zorros enmascarados se plantó ante ellas clavando sus sangrientas pupilas en sus rostros. Los gruñidos se volvieron palabras tras inhalar algo de su aroma.
      “Hu... manos...”

      Ladró fuerte mientras abría sus fauces, preparado para hincar diente a algo más blando.

      Afortunadamente Amber pudo anticiparse a ese asalto haciendo un amago y correr hacia unas escalinatas, llevándose a Cherry consigo. Pero era tenaz. El can de tres colas no cedió y persiguió a las chicas, dando rienda suelta a su apetito. Ella no tenía ni idea de si era deidades enfurecidas o simplemente una jauría de lobos famélicos; sin embargo, el mero hecho de que existieran ya le daba demasiados quebraderos de cabeza. ¿A qué habían venido? ¿Por qué masacraban aquella luna? ¿Realmente ese evento era parte del juego? Porque si tenían que hacer frente a esas bestias tan pronto, ya estaban perdidos.

      Plantarle cara sin saber de qué estaba hecho era era un riesgo incalculable. Tenían que seguir huyendo.
      El etéreo depredador trataba de carbonizarlas con su ardiente saliva, lanzando proyectiles ígneos hacia ellas, sin dar en el blanco. Y más aún; parecía que cada vez que intentaba hacer arder los ladrillos desaceleraba su marcha. Su mayor ofensa era una ventaja para ambas soñadoras.

      Claro que era un calentamiento. Podían oír cómo tomaba una gran bocanada de aire desde atrás. Esta vez el zorro iba a terminar con sus vidas de una vez por todas.
      Temía la posibilidad de que no hubiera un desvío pronto. De que los cimientos amatistas cayeran con ellas. De sentir las brasas en sus carnes mientras angustiosamente se consumían.
      Suerte que Fortuna les brindó una salida a ese estrecho corredor de la muerte.

      Y salió. Como una abrasadora enana blanca en miniatura engulló parte de los edificios y repartió calor por todo el aire circundante. Incluso sus pieles pudieron notar la posible catástrofe que se hubiera llevado a cabo si no hubieran corrido hacia la izquierda.
      Se habían salvado por el momento. Mas aún no estaban a salvo. Tenían que continuar la marcha.
      Todavía tenía una inquietud. Estaba segura de que el zorro sería consciente de las limitaciones que implicaban usar esas artimañas. ¿Entonces por qué? ¿Por qué siguió lanzando llamas? ¿No era mejor abalanzarse directamente sobre ellas?

      Pronto supieron por qué lo hizo.

      Habían cometido un grave error. Estaban acorraladas por una elegante fachada y columnas grecorromanas sustentando las ominosas cornisas de un palacio. Sería una dicha si aquel portón estuviera abierto. Mas todo apuntaba a que el señor de esa casa no iría dejar entrar a nadie.
      La pequeña le empezó a entrar el pánico. Empezó a preguntar a su compañera qué harían ahora con desespero. Amber no sabía contestarle. Retroceder ahora sería ir directas a la boca del lobo, literalmente hablando.

      Peor aún; parecía que pisar tierras reales era un llamado de arresto, pues un enjambre de guardias con lanzas salieron de sus puestos para rodearlas.
      ─¡No se muevan!
      Obvio que no lo iban a hacer. Con esas puntas afiladas apuntándolas era imposible. Aunque aquella excesiva hostilidad le incitaba a llevarles la contraria. Aparte, todo el mundo peligraba en ese momento. Si el zorro llegaba a asaltarlos, todos saldrían perdiendo.

      Era hora de ser diplomática.

      ─¿Hay algún problema? Porque un kitsune fantasma escupe-fuego nos está persiguiendo.
      ─Estáis en propiedad privada. Quedáis arrestadas por allanamiento.─contestó el guardia jefe.
      ─Oh, no lo sabía.─contestó la pelirroja con ironía;─Tampoco vi algún cartel que lo indicara. Aparte, ¿allanamiento? ¿Veis que haya roto alguno de esos ventanales, acaso?
      ─¡E-eso! ¡No hemos roto nada, déjenos pasar!─añadió la pequeña.
      ─¡Silencio! Una palabra más y vais derechas al calabozo. Estáis avisadas.─repitió. Con aquella insistencia y el poco tiempo que le quedarían no podían negociar. Pese a las circunstancias, Amber siguió insistiendo.
      ─¡Pero escúchenme un minuto; no podéis retenernos aquí, estamos todos en grave-!
      Calló en seco; después cayó al suelo. La sacudida de una porra la conmocionó, despojándola de toda habla. Juró oír a Cherry preocuparse y suplicando que no se acercaran a ella. Luego sus ojos fallaron. No veía nada. Ni siquiera los monstruos de las profundidades viviendo en ese océano de nada.

      Pudo notar un leve fulgor blanquecino después del golpe. Pronto notó que sus brazos estaban sepultados bajo su propia cabeza.

      Se había quedado dormida en el escritorio.
      ¡Demonios!
      Estaba hablando con Silvia hasta el momento que se desplomó de cara a la madera por la falta de sueño y tuvo esa pesadilla. Si lo hubiera sabido, se habría tomado un café y pasado toda la noche en vela.
      Se quitó las legañas de sus ojos y se esforzó en echar un vistazo a la pantalla.
      -talkingChaplin [TC] empezó a molestar a fieryVisioner [FV] a las 5:06-
      TC: Amber.
      TC: ¿Estás ahí?

      Tuvo una alegría al leer ese texto oliva con buena ortografía. Samantha había logrado contactar con ella hace un par de horas. Pero era raro. ¿Por qué no vio esta ventana antes?
      Ah, ya. No la había abierto.
      Por encima del mensaje de conexión había todavía más texto. Parecía que le había enviado más mensajes mientras estaba intentando dormir. Quizá era importante.
      Subió hasta la última conversación que tuvo. Pronto levantó una ceja.
      ¿Pero esto qué era?
      -TalkingChaplin [TC] empezó a molestar a fieryVisioner [FV] a las 4:08-
      TC: eeto
      TC: no sequien eresd perro suongon que eresdvunm amigo o asmiga de nsammy asi qt6engo que decirtre
      TC: uuuuuuugh
      TC: njo llegon bien ba casa.
      TC: estaba lleeeeeeena de heridas y tenia unab muynn grsandfe poor lqa panzita
      Oh no.
      TC: estoy muynpreocupadom por su aspecto claro
      TC: no lev sale el algodón por su fieltro asi que no se si se npondrab bien

      ¿Fieltro? ¿Algodón? ¿Pero qué se había fumado su tío para que sonara tan amable? Igual, si esto no era una broma ya podía irse preocupando.
      Continuó leyendo.
      TC: oh nacaban de decirme
      TC: ahora un señor con largos cuernos la curo
      TC: dice que al menos no se infectaran lñas heridass
      TC: no se que significa eso pero sduena bueno

      Y de nuevo, más cambios tipológicos. Al menos esto aclaraba más las cosas y parecía menos drogado.
      TC: D-i-sculpe es+e desorden l-i-ngu-i-s+-i-co
      TC: Lo que el spr-i-+e de su am-i-ga (Vergelspr-i-+e) -i-n+en+o dec-i-r es que llegó en es+ado cr-i-+-i-con a su casa

      ¿Vergelsprite? ¿Su guía?
      TC: +en-i-a var-i-as quemaduras y lacerac-i-ones
      TC: Pero no +ema. Sus les-i-ones han s-i-do +ra+adas y es+a es+able ahora.
      TC: Se espera una evoluc-i-on favorable despues del +ra+amiento.
      TC: Podra hablar con ella en breve
      TC: B-i-en. S-i- hay algun camb-i-o al respecto, le hare saber
      TC: busque bajo el nombre de medicalHelper
      TC: as-i- podremos estar en con+ac+o
      TC: Saludos
      -TalkingChaplin [TC] huyó de fieryVisioner [FV] a las 4:13-

      Y claro, no vio esa conversación porque por aquel entonces estaba ocupada hablando con Silvia y luego se quedó dormida. ¿Quiénes eran esos sujetos, a todo esto? Uno era su sprite, seguro. El otro, no obstante...
      Podría preguntarle a Samantha ahora. Seguía conectada; o quizá se dejó el ordenador abierto otra vez, quién sabe. Al menos sabía por su ortografía que era ella la que estaba hablando.
      FV: ahora sí
      FV: ¿cómo te va?


      Tardó lo suyo. Pero al final recibió una respuesta.

      TC: No muy bien.
      FV: ya me lo imagino.
      FV: con esas heridas es imposible pasarlo bien
      FV: recibí mensajes de tu... “médico”, por cierto
      TC: Ugh
      TC: Sí
      FV: y de tu sprite, supongo
      FV: tendrías que enseñarle a escribir
      TC: Es complicado para él
      TC: Vamos, tiene muñones, no manos.
      FV: valeeee
      TC: Y el médico... bueno, médico
      TC: No es una persona. Es un troll.
      TC: Literalmente hablando
      TC: Y se llama Arthur
      FV: ah, pensaba que esos laaaaaaargos cuernos eran metafóricos

      Su amiga casi podía poner una risa en la conversación. En vez de eso hizo como si la contuviera.
      TC: No me imagino a Vergel hablando con doble sentido
      FV: de hecho los muñecos no hablan
      FV: excepto él, parece ser
      FV: pero que sea un muñeco no quiere decir que deje de ser un conejo
      FV: algo salido tendría que estar
      TC: Deja de jugar con mi infancia, por favor.
      TC: Con lo inocente que es, el pobre...

      La falta de sueño estaba haciendo estragos a su sentido del humor. Tenía que parar en ese instante.
      FV: vale vale :)
      FV: ya paro
      FV: así que tienes un troll en casa
      TC: De piel gris y cuernos que parecen caramelo, sí.
      FV: e imagino que tendrá largos y filosos cuernos de elefante
      TC: No, los tiene afilados y cortos
      FV: que atípico
      FV: de todas formas a silvia no le va a hacer ni puñetera gracia que existan estos seres en el juego
      FV: sea troll o chupacabras, da igual.
      TC: No sé yo... me había dicho que es de un planeta llamado Alternia.
      TC: No he visto nada sobre esta localización, así que... no sé.
      TC: Me va a tener que dar unas cuantas explicaciones al respecto.


      Un alienígena, ¿eh? Sea un personaje no jugador o un infiltrado, sospechaba que ese sujeto podría responder varias incógnitas respecto a aquel juego. Como por ejemplo... ¿por qué tenía esas pesadillas? Estaría bien que su amiga le sonsocara algo.

      FV: pregúntale por qué está ahí
      FV: quizá nos aporte algo
      TC: Bien.
      TC: Hablando de Silvia
      TC: ¿Cómo está?
      FV: abatida
      FV: tuvo ciertos... accidentes antes de entrar
      TC: ¿Qué accidentes?
      FV: una larga historia
      FV: te la cuento luego
      FV: por ahora está ocupada en plantearse por qué “demonios” su guía es tan profano.
      TC: No fastidies.
      TC: ¿Por casualidad no tendrá un diablo como sprite?
      FV: no
      FV: ya no
      FV: ahora es un mesías satánico.
      FV: pero sí, se podría decir que prototipó un demonio por accidente
      TC: ¿Y sabes quién ha dejado prototipar una polilla?
      FV: nadie, que yo sepa.
      FV: a no ser que su hermana haya...
      FV: no, ella prototipó a su hámster
      TC: ¿Su hermana también está en la partida?
      FV: y presumo que su hermano también.
      FV: no sé por dónde ni cómo.
      FV: pero podría ser cosa suya.
      TC: Entiendo.
      TC: ¿Pero cómo han podido entrar los dos con diferentes ordenadores? Pensaba que solo había un ordenador en su casa.
      FV: ¡error, mi querida samantha!
      FV: hay dos
      FV: pero el segundo es de su padre y está protegido por una contraseña
      TC: Bah, como si fuera uno entonces
      TC: Pero eso no responde mi pregunta. ¿Cómo es que han podido entrar solos?
      FV: tiene que ver con lo que le pasó esta noche.
      FV: y es que...
      Unos gritos amargos podían oírse fuera. Voces llenos de furia y desagrado, cargados de una ira asesina que nunca atinaba. Al parecer, su abuelo vio un insecto apegado a la pared del balcón.
      FV: oigo gritos en el balcón.
      TC: ¿Gritos?
      TC: Voy a mirar qué pasa.
      TC: …
      TC: Es solo tu abuelo.
      TC: Está intentando ahuyentar a un búho.
      FV: ¿un búho dices?
      TC: Eso he dicho.
      TC: Lleva un trozo de papel atado a una pata también.
      TC: A lo mejor nos interesa.
      FV: un mensaje,¿eh?

      Y pensar que ahí solo vivirían criaturas sedientas de sangre... eso no se lo esperaba.
      FV: voy a ver.

      Se levantó lentamente de la silla y puso el monitor en espera. No podía dejar ver que el ordenador estaba encendido, o de lo contrarío recibiría más quejas todavía. Luego corrió la puerta para ver el panorama que se había montado.
      Su abuelo estaba blandiendo su su báculo contra una ágil ave rojiza y blanca.

      ─¡Fuera de aquí, bicho asqueroso!
      Que además sabía imitar el desdén de su abuelo.
      ─¡Ni en sueños, viejo vejestorio!
      Toda una locura que tenía que cesar con todo su brío.
      ─Pero abuelo, ¿qué estás haciendo?

      Con el desconcierto en sus caras, ambos miraron a la chica adormilada. Su presencia imponía una tregua; tal que el búho tuvo que tocar los pies a tierra.

      ─¿No tenías que estar en la cama, jovencita?─preguntó Rogeliosprite.
      ─Acabo de levantarme hace poco.
      ─Aún son las siete.
      ─Uno no puede saber cuándo es de día o de noche en este infierno, y lo sabes.─reprochó su nieta. El búho le iba dando toques con la pata. Señal que le urgía leer ese trozo de papel.

      Asintió. Dejó que posara en su brazo. Mala idea. Las zarpas se clavaban en el brazo, así como le costaba sostener su peso. Por lo menos pudo deshacer el nudo que sujetaba el mensaje. En cuando lo pudo tomar, este se retiró. Su sufrimiento se palió de enseguida nada más desdoblar el folio.
      Tenía una huella impresa en el fondo con una tinta más clara; probablemente fuera del mismo búho. Y las letras...

      Sí, definitivamente era un mensaje.

      “El pueblo de los sabios te saluda, vidente.
      Estás cordialmente invitada a nuestro templo. Acude antes del próximo eclipse prospitano. No temas; Hermes será tu guía.
      Es imperativo que vayas antes de que acabe el eclipse. Las escrituras se han vuelto inciertas, y solo quien pueda anticipar con detalle podrá comprender.”

      “Las escrituras se han vuelto inciertas”. ¿Qué quería decir con eso? No entendía nada.
      Igual eso no quitaba que la actitud de su abuelo era demasiado agresiva. No parecía que iba a anidar. ¿Entonces por qué esa violencia? Tuvo que darle una severa mirada con tal de que hablara.

      ─Abuelo. Tú sabías que este pájaro vendría aquí, ¿cierto?
      ─No... no me había fijado en lo que tenía en la pata.
      No cambió ese tenaz rostro. Seguía sin creerle.
      ─Vale, no soy quién para engañar. Sabía que tarde o temprano los consortes acudirían a ti, pero no tan pronto.
      ─Oh, así que esta visita estaba programada.
      ─Sí. Yo... solo quería que estuvieras preparada para cuando el momento llegara... pero parece ser que apenas haya tiempo para ello.
      ─No. Me parece que lo que querías encerrare en este palacio para que no conociera la muerte de primera mano. De ser así me habrías enseñado a luchar, ¿o no?
      ─No sé luchar, Amber. El Ermitaño no lo sabe todo.
      ─Pero supongo que bien sabrá que la ignorancia es un mal. Por eso reflexiona para despejar sus dudas. No, espera, eso es estúpido. No tiene nada que ver con saber luchar.
      Pensó un momento. Se había perdido.
      ─Aunque... eso explicaría por qué me animas a pensar, más que a explorar. Ahora, ¿atacar a un mensajero? Creo que estás provocando un mal innecesario.
      ─Quizá.

      Sorprendentemente, el pobre animal volvió a hacer acto de presencia con su estridente voz.

      ─¡Eh, que sea un búho no quiere decir que me tengan que ignorar, ingratos!

      Amber se quedó boquiabierta. Pensó que sus malas maneras eran una reacción defensiva, no una forma de ser. Cuando pudo imponer el silencio, el ave de gran bravío carraspeó.

      ─Sí, es verdad; esta vil visita se habría llevado a cabo más tarde, y en un momento en que ese viejo tuviera la guardia baja.
      ─¿V-viejo? ¿¡Pero qué falta de moda-!?
      ─¡SI-LEN-CIO!─ordenó Hermes. ─Pero ha ocurrido algo que nos ha dejado perplejos a todos. Pensábamos que pasaría tal y como los oráculos decían... ¡pero no! ¡Tenía que haber un punto de giro y ahora no sabemos nada! ¡NADA!
      ─¿U-un punto de firo? Exactamente... ¿qué es lo que ha ocurrido?─preguntó Amber intentando mantener la calma. El búho, en cambio, le inyectó una mirada inyectada en sangre.
      ─¿¡De verdad tengo que decirlo todo!? ¡La **** hostia, menudo pedazo de inepta nos ha tocado!
      Tanta rabia también era anormal. Algo le pasaba a ese plumífero. Pero tampoco tenía que perder los estribos. Necesitaba mantener esa asertividad.
      ─Hace poco que he entrado. Solo dime qué es lo que ha ocurrido.
      ─¡Pues qué va a ocurrir! ¡El lore perdido! ¡Los arcaicos! ¡Los doce sellos! ¡HAN VUELTO!
      Cada vez entendía menos. Ante eso, la joven solo podía decir una sola cosa:
      ─¿Qué?
      ─¡Por las astas de Deenos! Bueno. Ya me dijo el sabio que no tendríais ni pajorera idea de lo que es. Y tampoco sé mucho sobre esas paparruchas; ¡solo sé que alguien tuvo los huevos de provocar a los arcaicos Y HACER QUE TODO SEA IMPREDECIBLE! Menos mal que tú existes. Aún.
      ─A-aún.─Repitió Amber tragando algo de saliva.
      ─Sí. Aún. Porque... sí. Porque tú no necesitas esas mierdas de murales para saber lo que se avecina.
      ─Me... ¿me estás pidiendo que eche las cartas?─preguntó entonces. Después de todo, pensarán que será extraordinaria por tener una buena baraja.
      ─Por mí puedes alimentar a las llamas con esos papeles inútiles; ¡eres más que una de esas videntes baratas; no necesitas esa bazofia! ¿¡Es que no sabes qué clase de rol ocupas en este juego!?
      ─Eh... ¿no era encender la forja?

      Hermes se llevó las alas en la cabeza y se encaró frente la pared, dispuesto a romperse el cráneo con el mismo. Antes de asesinar a algunas de sus neuronas, pudo recobrar la compostura y volver a mirar a los dos con la misma furia.

      ─¡No ese tipo de rol! Espera, no se llamaba rol, era... era... eh... algo como título divino o... ¡qué más da, ya te lo dirán los viejos!
      ─¿Abuelo? ¿Sabes de qué está hablando?─le preguntó entonces a Rogelio. Este se quedó un momento pensando, debatiendo si proporcionarle esta información. Luego tuvo su respuesta.
      ─Creo... que se refiere a...
      ─Chitón.─volvió a interrumpir el búho. ─, no le soples a los observadores; espera a que los sabios te iluminen. Ahora tenemos que escalar la torre de la azotea y...

      Levantó la cabeza. Antes tenía la sensación de que faltaba algo. Ahora sabía lo que era.

      ─Cojona. No hay torre. Bueno, pues, eh, ¡vidente, joder! ¡Haz que aparezca la torre, maldita sea!
      Tenía que protestar. Decirle un millón de cosas a esa cotorra nocturna. Estaba pidiendo algo imposible. Si bien la tenían como una poderosa bruja que podía hacer parecer torres de la nada, estaban bastante equivocados.
      Pero por preguntar a Samantha no perdía nada. Salvo, bueno, tiempo.
      Ni falta le hizo. Encima de las cuerdas de tender de la azotea, se iba alzando poco a poco unas magníficas escalinatas ascendiendo en espiral hasta el espirógrafo, con barandilla incluida. Parte de esas escaleras fueron cubiertas por una pared blanca.

      TC: Bueno.
      TC: Parece que el búho es importante.
      TC: …
      TC: Supongo que iré adelantando mis deberes.
      TC: Y lo decoraré un poco, de paso.
      TC: Sí, estoy aburrida.
      TC: Pero muy aburrida.
      TC: Espero que sea lo suficientemente estable.


      Su servidora se había adelantado a sus exigencias. En un tiempo récord, además.

      ─Esto es sublime. ¡Venga, vamos! ¡Tenemos que ir, y rápido!
      ─¡Un momento, tengo que prepararme!─se quejó Amber ante sus exigencias. Claro que quería ir y ver qué era lo que estaba pasando; pero tampoco se iba a ir sin al menos dar las gracias a Samantha.
      ─Buh, está bien, está bien. Te esperaré arriba, señorita “Tengo-Que-Prepararme”.
      Al fin sola. Ya podía volver a entrar en su habitación para leer todos los mensajes que dejó su amiga.

      Tenía el don de la oportunidad, no cabía duda.

      FV: de hecho tu aburrimiento fue bastante útil.
      FV: ahora mismo un... búho me estaba pidiendo esa misma torre.
      FV: y con urgencia, además.
      TC: Me lo figuraba.
      FV: algo grave acaba de ocurrir por ahí fuera.
      TC: ¿Cómo de grave?
      FV: bastante, al parecer.
      FV oye
      FV: voy a salir en este inhóspito mundo y no sé los días que estaré fuera.
      FV: presumo que mi abuelo también me acompañará, sabiendo el fervor que tiene por protegerme
      FV: pero aún así me voy a arriesgar bastante
      TC: Entiendo
      TC: Desde luego tu tierra parece peor que la mía
      TC: Si fuera él, tampoco te permitiría salir
      FV: jo-der sam
      FV: menudos ánimos que me das
      TC: Perdona
      TC: Entre mi hermana y esa criatura desordenando mis cosas no puedo ser optimista de ninguna manera.


      Los carraspeos de Hermes podían ser escuchados tras el cristal. El guía se estaba impacientando. Con las plumas superiores, demandaba cesar esa pérdida de tiempo.

      FV: en fin.
      FV: esa asquerosa ave no puede esperar mucho más, al parecer.
      FV: voy adelantando.
      TC: Está bien...
      TC: Ten mucho cuidado.
      FV: tranquila.
      FV: llegaré, seguro.
      FV: aunque me chamusque en el camino, pero... llegaré.
      TC: Esperemos que vuelvas SIN quemaduras.
      FV: sería la mejor opción, sí.
      TC: Venga, cuídate.
      FV: ciao.


      Ya. La charla había terminado. Podía irse en paz y satisfacer las exigencias de ese pájaro nocturno.
      O no del todo. Parecía que no la querían dejar ir, aunque no la conocieran de nada.

      -medicalHelper [MH] empezó a trollear a fieryVisioner [FV] a las 6:00-
      MH: Espera
      FV: eh?
      MH: An+es de que +e vayas es m-i- deber fac-i-l-i-+ar un d-i-spos-i-+-i-vo de comun-i-cac-i-on a d-i-s+anc-i-a
      FV: oh, tú debes de ser arthur.
      MH: Af-i-rma+-i-vo.
      FV: gracias por cuidar de samantha, de verdad.
      FV: vete a saber las cosas nefastas que podrían haber desembocado su muerte.
      MH: Eso +amb-i-en forma par+e de m-i- deber.
      MH: +odo sea para garan+-i-zar un juego flu-i-do


      Y entonces, una secuencia aleatoria de letras y números apareció en ocre. No entendió para qué era en un principio; mas su cometido fue explicado.

      MH: -i-nser+e es+e cod-i-go en el alqu-i-m-i-zador y ob+endras el susod-i-cho.
      FV: el comunicador.
      MH: S-i-.
      MH: Solo cues+a cua+ro un-i-dades de gr-i-s+. El pago no supondra problema.


      Un sujeto que escribe raro cuya especie no es la humana. No se sabe su procedencia ni sus motivos para colaborar. Aunque había quedado claro que este también estaba interesado en ganar este juego, no se sabía para qué ni si realmente lo haría para beneficio del grupo o el suyo propio. Bien podría ser un colaborador... o un oportunista.

      Estaba dispuesta a preguntarle, sin temer por su vida. Pero Hermes seguía presionándola con su impaciente mirada.

      FV: en fin
      FV: me quedaría a hablar contigo, pero me apresuran.
      MH: Nos man+endremos en con+ac+o en+onces.
      FV: supongo
      FV: depende de cómo me vaya con ese artilugio
      MH: B-i-en
      MH: Has+a en+onces.
      -fieryVisioner [FV] huyó de medicalHelper [MH] a las 6:03-


      Bien. Solo era copiar el código y ya podía partir tranquilamente. Había muchos misterios que englobaban esos pequeños hechos y tenía tan poca noción de lo que estaba ocurriendo. Mas una cosa era segura.

      Tenía que saber lo que era. Cueste lo que cueste.



      -windyGamer [WG] empezó a molestar a talkingChaplin [TC] a las 6:02-
      WG: SAMMY! ^O^
      WG: menos mal que estas bien
      WG: perdona que me haya desconectado antes
      WG: el internet aquí es un poco inestable y en fin
      WG: pasan cosas
      WG: sam?
      WG: bueno, no importa, te contare que ha pasado
      WG: sabes que mi padre es programador verdad?
      WG: digamos que fue... “llamado” para que hiciera unos trabajos
      WG: no entiendo cuales
      WG: igual me llevaron a mi y no me permitian hablar con nadie ni por internet
      WG: menudo rollo!
      WG: pero todos libres de hacer lo que queramos, asi que decidi escapar
      WG: fue dificil, y estuve como... dos días vagando por ahi
      WG: pero adivina que
      WG: conoci a gente muy amable en los bajos fondos
      WG: si, vivi a base de ratas fritas, pero... ¡estoy bien! ¡no he cogido la rabia ni nada!
      WG: y mas aún porque terabyte (el geek de la calaña) restableció esta conexión a internet!
      WG: verdad que es genial?
      WG: …
      WG: bueno, me estarás dando rienda suelta par que lo cuente todo
      WG: igual
      WG: sabes alguna web conspiranoica o algo?
      WG: porque no puedo acceder a ninguna por mi cuenta
      WG: hola?
      WG: hm, empiezo a pensar que te fuiste a dormir y dejaste el ordenador encendido
      WG: es muy tipico de ti :D
      WG: pues
      WG: espero que te recuperes de esta herida pronto
      WG: cheers!

      -windyGamer ha cambiado de estado de FELIZ a IGNORANDO-


      Extra que no llegó a tiempo pero que llegó de todas formas: 

      PD: Son Sam y Grisselda de pequeñas


      Comment


      • #63
        Huh. Cero comentarios. Pero un gracias de [MENTION=56869]New_World[/MENTION]. Yo también te doy las gracias por seguir este escrito. De verdad, saber de alguien que lee es importante para mí uwu

        Ahora. Vengo con este capítulo, recién salido del horno, cuya entrega ha sido en...
        ... La leche, ¿he cumplido el plazo de entrega? ¡F*** YEAH! No salió como esperaba, thou. Tenía la esperanza de que traería uno en dos semanas y tardé el doble. Y luego espero traer un capítulo pasado un mes y lo traigo en dos. Aquí tiene que haber una secuencia matemática para los plazos, ¿no? [?]

        ¡Ahora! Tengo que advertir de la gran cantidad de palabras malsonantes que contiene este capítulo. No sé si alguien que lee el fic ha leído mi academia. Si es así, seguro que esta aparición les alegrará el día ;D
        Y también el que haya leído el fanfic de Fabi, puede [?]

        Wellp. ¡Disfruten!

        Capitulo 16

        Spoiler: 
        “Corre, salta, esquiva.”
        Estaba en un castillo hostil, cuyos siervos pixelados veneran a la lava que el pequeño héroe ponía al borde de la muerte cada vez.
        “Corre, corre. ¡No te dejes aplastar por las piedras!”
        Fue por poco. En un instante pensó que perdería la única vida que tenía. Sin embargo, los picos de esas cascarrabias dejaron al fontanero vulnerable a cualquier otro golpe. Un toque más y todo habría terminado.
        Aún así, llegó a ver al rey de las tortugas; aquel malvado que tenía cautiva a la princesa. Se reía de él, como si le recordara lo pequeño y fútil que era.
        No, ya estaba harto de esa canción. Hoy iba a terminar el juego de una vez por todas.
        “Esquiva, salta, ¡dos saltos!” Tenía que llegar a esa palanca como sea.
        Dos, tres llamaradas. Una iba al medio. Esperaba a que se acerque la primera. Y luego...
        La de más arriba le alcanzó. El fontanero miró a su titiritero asustado. Y, finalmente, cayó en la lava que había debajo del suelo.

        GAME OVER.

        El joven, frustrado por el esfuerzo perdido, tiró la consola por el saco de dormir después de dar un sonoro grito. ¿¡Por cuánto tiempo tardaría en regresar en ese punto del juego!? Por poco lo tenía.
        Mas otro ruido sonó, aparte del lastimero cántico del propio juego. Un tono que procedía del ordenador que estaba por encima de su cabeza.
        Era un mensaje. Uno muy poco agradecido.
        -americanPride [AP] empezó a molestar a windyGamer [WG] a las 05:34-
        AP: EH
        AP: MARIKAh
        AP: kiEres jugar?


        Vaya palo.

        Era quien menos quería hablar en esos momentos. Era quien por tantos años lo había atormentando y seguía atormentándole cada vez que tenía la oportunidad. Y por alguna extraña razón no se alejaba de él, por mucho que le hubieran dicho de no acercarse.
        Pero siempre volvía, como un constante tormento, ya sea en pantalla o en vida. Y él se amarraba a ese tipo con fuerza. ¿Por qué no se libraba de él?
        Tampoco le importaba, de todos modos. No había muchas cosas que le importaran ahora mismo. Que hubiera perdido contacto con sus amigos o ya no tuviera un hogar propiamente dicho era algo irrelevante. Era hijo del viento, después de todo.
        Eso no quitaba que verle escribir de esta forma le diera coraje.

        WG: que quieres ahora? >:(
        AP: WOOOw wow WoW
        AP: ese kaRaAakter
        AP: pero k te pasa koLeGuIiIII?
        AP: solo keria jugar
        WG: que tipo de juego? ¬¬
        AP: d esos ke te gustan aTI
        WG: …
        WG: dime que no es otra de tus bromas pesadas por favor
        AP: na bromeo
        AP: en n serio tio
        AP: pnsabas ke iba a ofender a tu raza otra vez??'
        WG: jódete kevin
        WG: no voy a probar la bazofia que me diga
        AP: bas a hacer lo que yo te diga y lo sabez
        AP: mira aki te paso


        Y ahí estaba lo que le iba a pasar. Parecía que esta vez la cosa iba en serio, tal y como él decía. Era un ejecutable cuyo nombre desconocía; cosa extraña, pues se sabía todos los títulos medianamente y muy conocidos. Después de todo, William era un apasionado por los videojuegos; siempre portaba la seta verde de la vida como emblema, lo cual le daba un rasgo distintivo entre la plebe. Lástima que estuviera hecha jirones por los costados. Pese al estado de la prenda, se rehusaba a cambiar de vestuario. Aunque no le importaría obtener otros pantalones.

        En cuanto su pelo... estaba muy revuelto. Sus cabellos castaños parecían negros por la suciedad que acumulaban. En cuanto sus ojos azules no se podían casi apreciar por sus ojeras. Los acontecimientos de los últimos años han endurecido aquel joven rostro con penurias y calamidades. Y para colmo no sabía qué estaba pasando en el exterior en ese momento.

        Volvió a centrarse en lo que tenía frente su pantalla. Parecía que efectivamente, era un juego para PC; claro que había sido engañado por esas tretas con anterioridad. En vez de juegos le había enviado cosas más... obscenas. Incluso logró cargarse varios sistemas operativos con alguna especie de virus prefabricado. Seguía sin fiarse.

        Una forma de asegurarse de que no fuera ningún ejecutable infecciono o un vídeo indecente era ver el peso del susodicho.

        Tres gigabytes entre los dos. Parecía legítimo.

        WG: muy bien kevin
        WG: si esto resulta ser un juego DE VERDAD...
        WG: jugaré
        AP: JAJAJAj
        AP: ya t me insinuas MaRIKaAh?
        WG: PERO
        WG: si resulta ser uno de esas películas X
        WG: te juro por el amor de palutena que te bloqueo
        WG: ¿si?
        AP: lo ke tu digas compadre
        AP: igual no ba a pasar...

        Que se lo había creído. Ahora iba a descargar el juego y comprobar que no fueran dos hombres dándose palmadas en... cosas que no quería imaginar.
        E inició la descarga.

        Todavía no sabía cuánto tardaría. De momento el tiempo estimado era de cinco horas.
        De momento.
        Claro que la descarga no tardó en colapsar la red.
        Estúpido Kevin.
        Y volvió.

        La barra avanzaba con parsimonia. Pero el tiempo restante no hacía más que aumentar por cada avance que hacía, hasta llegar a las 38 horas restantes.

        Estuvo mirando el blanco techo un rato. Los fluorescentes de la sala no se encendían; por algo tenía una pequeña bombilla en el escritorio dando calidez a esas pardas paredes. Un mar de cables estaban enredados bajo el escritorio, conectadas a unas máquinas con luces parpadeantes. Algunas de ellas eran completamente inservibles a ese momento. También había un monitor colgado en la parda pared...
        Apagado. Aunque poco servía tenerlo encendido. Solo gastaría electricidad para nada. Frente suyo, aparte del ladrillo de la IBM por donde se asentaba la pantalla, había una ventana agujereada por un par de balas. Entonces fue cuando recordó que en ese sitio murió un hombre.
        Pero pensar en eso no le iba a salvar de ese aburrimiento. Más bien intensificaba su angustia.

        Aquello no iba a acabar nunca.

        ─Will, ¿por casualidad no estarás descargando algo?

        El giró su cabeza hacia la puerta de la sala de cobro. En aquel marco se asomaba una bola de pelo pegada sobre una tez morena. Este tipo, junto a una barba de tres días, unos ojos verdes como jades y un cuidado porte hacían de él alguien atractivo a vista de cualquiera. Pero lejos de ser deportista, su pasión era construir ordenadores y montar redes de internet. Su nombre era Joe Hillman; pero la peña de bajo tierra preferían llamarlo...

        ─¡Terabyte! Eh... sí, sí, ando descargando algo... ¿por?
        ─El navegador me va lento.
        ─Oh. Lo siento.─se disculpó.
        ─¡Si te he dicho que el bando de ancha no daba para descargas!
        ─Se me había olvidado, lo siento.─repitió.
        ─¡Pero es la quinta vez que te lo digo! Y aún así te has puesto a descargar otra cosa.

        Ante eso ya no tenía excusa válida. Sí era cierto que cometió ese error varias veces. Joe se puso la mano en la frente mientras soltaba un largo y pesado suspiro.

        ─¿Cuánto pesa ese juego esta vez?
        ─Tres gigas, ¿por?
        ─¿¡Tres gigabytes!? ¡Eso es mucho peso!
        ─Bi-bien. Perdona que haya causado esa lentitud, de verdad.
        ─Tranqui, tranqui, que no me he enfadado, eh. ¿Has podido hablar con esa amiga tuya?

        Cada vez se sentía peor. Había logrado enviar mensajes a Samantha, pero no hubo respuesta alguna. Y el único que le respondía era ese dichoso Kevin. En serio. Esto no podía ser.
        Sin embargo, solo se limitó a responder.

        ─No. Pude abrir una ventana de conversación, pero no me ha contestado. Se habrá dejado el ordenador encendido, supongo.
        ─Seguramente. Debe de ser tarde por ahí.
        ─Sí... tiene que ser eso.
        ─Bueno, anímate colega; seguro que hablarás con ella tarde o temprano.

        Y así iba a despedirse y retirarse. Mas al mínimo paso recordó algo.

        ─¡Oh, cierto! ¿Has visto a Lilly?
        ─No, ¿por qué?

        Se quedó callado un rato. Parecía que sus temores eran ciertos.
        ─Mamá Koala anda preguntando por ella. No sé, creo que se ha fugado otra vez.
        ─¿¡Otra vez!?
        ─Yup. Y lo peor es que Phanter y Havoc están durmiendo.
        ─¿Y Zu no puede salir?
        ─Zu aún anda fuera buscando algo de comer, así que no hay nadie que pueda ir a buscarla.
        ─Bueno. Al menos si la ve la podrá traer aquí, ¿no?
        ─Eso espero, Willy. Eso espero.

        Los altavoces empezaban a molestar otra vez. Ese abusón no paraba de incordiarle.
        ─Eh, te están mandando un mensaje por ahí.
        ─Nah, es ese imbécil molestándome otra vez.
        ─Qué fiasco. Oye, si te molesta mucho me lo dices, que le haré una jugarreta de tu parte, ¿sí?

        Esa propuesta le proporcionó unas cuantas risas terapéuticas. Era una persona estupenda. Podía parecer perezoso y algo despreocupado; pero muy en el fondo sabía que era todo un caballero. Con razón era el mejor que le caía de todos los habitantes de la Victoria Line.
        ─No hace falta, Joe. Ya le mandaré yo a freír espárragos.
        ─Más te vale. No te quiero ver amargado por ese sujeto.
        ─Descuida.─le dio una sonrisa. Después, Joe se fue retirando hacia la oscura estación.

        Ahora William debía de cumplir su promesa. Canceló toda transferencia de datos y empezó a plantar cara a ese gorila estúpido.

        WG: no puedo
        AP: ke no?
        WG: no no puedo descargar nada
        AP: anda ya
        WG: que no
        WG: tengo un internet muy lento
        AP: si T zuEra lEnto no aBlarIas cnMiGo
        AP: marika
        WG: pues
        WG: sabes que te digo?
        WG: que te dejo
        WG: estoy hasta la coronilla de soportarte.

        Cómo no, su agresor volvió a burlarse de sus palabras. Lo subestimada con bravío. Llenaba la página de rojo con su odiosas jotas.
        AP: si?
        AP: vueno, no Bas a BlOqueaRrRrRME
        AP x ke en el fondo me hamas
        AP: y lo sabes


        Cada día el mismo cantar. ¿Cuándo dejará de abusar de aquel desliz? ¡No era culpa suya que se enamorara de alguien tan rufián como él!
        Aunque en cierto modo, tenía razón. Independientemente de lo altanero que fuera, tenía algo que lo atraía. Pero no, era malsano pensar en él, y mucho más soportarle. Cada vez que le hablaba era más daño para su autoestima y sus ánimos. Tenía que apartarse de ese chico.

        Decidido. Hoy esta tontería se iba a terminar de una vez por todas.
        WG: pudrete kevin
        -Bloqueaste a americanPride-


        Y luego, el silencio. Al fin podría dormir. Mas aún no tenía sueño alguno. Aún necesitaba despejarse un rato. Después de la emoción del juego y esa conversación no podía quitarse ese insomnio de encima.

        Dentro de la cajonera lleno de folios, estaba lo que le permitiría salir de esa oficina. No habría ninguna luz que le guiara, así que era mejor llevarse una consigo.

        El pequeño haz de la linterna iluminaba todo lo que fue un centro de actividad. Personas de desplazaban de una calle para otra por aquel vestíbulo, abriendo las compuertas con sus billetes de papel; de día a tarde, de tarde a noche. Cualquiera que no hubiera pagado por aquel trozo de papel y se aprovechaba de la espalda de los otros viandantes era severamente multado.
        Ahora aquellas puertas no cerraban el paso a nadie. Era aterrador cómo la guerra cambiaba las cosas.

        Cada vez que las desgastadas deportivas de William pisaban tierra se clavaban los restos de las rotas barreras de cristal. A veces los resquicios de los caídos merodeaban por el aire, como si quisieran ahuyentarlo con su hedor. Pero solo eran las añejas manchas sangrientas que no quisieron limpiar.

        Vale, que ahuyentaba a unos cuantos cautos era un hecho; pero que le entraran náuseas cada vez que abría la puerta también.

        Fue descendiendo cada vez más. Pese a que la noche londinense era gélida en otoño, las vías mantenían una temperatura agradable por sus entrañas. Tenía que recorrer un largo camino de unos cuantos metros plagado de humedades y asustadizos roedores hasta el vestíbulo de Oxford Circus, solo para poder ver al resto de integrantes. En otros tiempos tendría que haber apegado su espalda a la pared y arrastrarse despacio si quería atravesar esos túneles. O quizá ni sería capaz; el morro del metro podría arrebatarle algún trozo de él. Pero gracias a un derrumbe por King's Cross y las múltiples masacres, el lugar era todo un paraíso para los vagabundos que querían ocultar su existencia.

        Él era un fugitivo. La militancia estadounidense lo arrastró junto a su padre a sus celdas. Por alguna razón, necesitaban los conocimientos de un programador; quizá para desarrollar algún arma que pueda disparar con ellos, quizá para que no tengan que preocuparse de los cálculos y estrategias, quién sabe. Lo único que sabía era que él era usado como un medio de chantaje. Ellos le ponían el cañón en la sien, él lloraba de miedo, y su padre obedecía sus órdenes.

        Hasta que los tres líderes de esa pequeña sociedad asaltaron la base y se lo llevaron a este lugar. En un principio se negaba, ¿pero qué otra opción había? Las tiendas eran centros de contrabando; ningún familiar daba signos de vida; sus amigos no lo podían acoger; las casas eran solo pilares de hormigón... al menos halló algo de confort en esas galerías.

        Aún así, podía sentir que cada día se hundía más en una incurable depresión. Y entonces, chocó con una figura parlante.

        ─¡Oye, tú, a ver si vigilas por dónde andas, pedazo de gili...!

        Se calló.

        ─¿Willy? Hostia tío, mira que tengo los ojos en el ****, ¿eh?
        ─Tranqui, Helen, yo los tenía en el suelo.─se disculpó.

        Todo y que no tenía modales en el habla, le infundía cierto respeto. Su pelo carente de melena, sus atributos invisibles a la vista, junto a sus pantalones acampanados y una camiseta comercial de Street Fighter la hacían aparentar el sexo opuesto. Su forma de ser y sus gustos tampoco ayudaban a salvar del error. En cuanto escuchaban su agravada pero femenina voz ya era demasiado tarde para disculpas. Ella era como “Cleaner”, pero prefería ser llamada “La **** ama”... o por su nombre, al menos. Sí, sería bravucona y violenta; pero no maliciosa.

        ─Bah, todos cometemos errores tío. Sabes que Lilly se piró, ¿no?
        ─Ya me lo dijo Joe.
        ─¡Es que no podía irse por el día esta criaja, no! Ahora no puedo dormir por su culpa. Estúpida niña...

        No pudo evitar soltar una carcajada con esas palabras. Aunque los insultos poca gracia le hacían.
        Luego se dio cuenta de que se estaba riendo de la desgracia de Helen y se sintió un poco culpable por ello.

        ─¡No te rías! Por su culpa esa vieja no se va a callar nunca!
        ─Pues ve a buscarla, ¿no?─preguntó inocentemente. Luego tuvo que retificar─,ah, no, no podemos salir.
        ─¡Claro, hombre! ¿Te piensas que estaría aquí pasmada si pudiera ir a buscarla? ¡Joder, no!

        William chasqueó la lengua frustrado. Podía entender porqué se debía ese toque de queda. Red Phanter, el líder de aquel grupo, prohibía a todos sus huéspedes salir a las calles de Londres; salvo a Purple Crow.

        Purple Crow era quien suministraba los víveres. Su nombre representaba toda una leyenda, tanto para la peña como para los pocos paisanos que quedaban por las calles. Se decía que volaba a través de la presteza de sus pies; tal era así que le permitía existir a otros ojos acorde a su antojo. No había bala que pudiera atravesar sus sienes ni cuchillo que la rasgara. Ni siquiera los mejores francotiradores ni luchadores cuerpo a cuerpo podía atinar un golpe. Era temida a causa de los cuellos de altos rangos que había degollado y de los secretos que había hurtado.

        Red Phanter confiaba mucho en ella para tareas de reconocimiento y recolección; incluso más que su amigo Havoc. Después de todo, podía pasar completamente desapercibida. Havoc solo podría bombardear la zona y armar todo un infierno.

        Aún así, todo y que entendía las causas de ese confinamiento, no le quedaba claro por qué no podían ir a tomar una bocanada de aire fresco. Necesitaban oxígeno. Debían de salir, aunque fuera solo por un momento.

        ─Oye. Estoy hasta los cojones de estar aquí encerrada. Quiero un poco de aventura, hostia.
        ─¿¡Qué!? ¿¡No tienes suficiente con pegar a un almirante armado en toda la cara!?
        ─Me llamó maricón, Willy. ¡Maricón!
        ─Bueno, eso me lo dicen mucho y no voy pegando a la gente.
        ─Mal hecho.─reprobó;─debiste de darles a todos un hostión en toda su **** jeta.
        ─Para ti es fácil decir eso.
        ─No, no, y lo haría aunque el tío midiera dos metros y medio. Coño, que sí, que no tengo que pegar; ¿pero si luego viene otra hostia, qué quieres que te diga?

        Pegar o ser pegado. Esa era la filosofía de Helen Lerybda. Pero aunque tenía razón sobre no dejarse subyugar, por alguna razón no podía dejar de estar inhibido.

        ─Tú mismo, tío. Si quieres morir cuando entren, allá tú.
        ─No; me voy a esconder en cuanto vengan. Nadie me verá cuando pase.
        ─¡No me hagas reír, Willy! Van a mirar en todos los putos rincones de estas putas vías. ¿Te crees que vas a poder escapar de ellos quedándote quieto en un sitio, eh?

        Otro punto a su favor. Era un completo indefenso ante una armada. Y si llegaban a asaltar la Victoria Line y no estaba ninguno de los tres grandes...
        No sabía exactamente qué pasaría, pero sería catastrófico.

        ─Pero en fin, dejemos ese tema. ¿Te apuntas?
        ─¿A qué?
        ─¡A buscar a Tonticia en el País de las Belicopesadillas, tonto del ****! ¿A qué iba a ser?
        ─No me... Helen, por lo que más quieras, ¡ahí sí que te van a matar!
        ─Me da igual.
        ─¿¡Y si nos ve Grudge o Melody!? ¡Ellas podrían chivarse!
        La contestación fue exactamente la misma.
        ─Me da igual.
        ─¡Además, Zu aún está fuera! Puede traerla ella misma.
        ─En serio, Willy. ¿Tú te crees que esa capulla va a traerla aquí con las mierdas que traiga? Además, estoy segura de que ese fuzzle nos está ocultando algo.
        ─¿Ocultar? ¿Él? No, ¿por qué tendría?
        ─No lo sé, tío, solo tengo una corazonada. Y tampoco es que sea muy normal que haya bloqueado los blogs conspiranoicos, ¿no? ¿Qué me dices, tronqui?

        Era cierto. Hace relativamente poco, justo cuando lograron configurar una IP indefinida, había ciertos lugares de la red por donde no podían acceder. Todo ellos eran lugares que teorizaban no solo los posibles propósitos del asesinato de Kennedy o el probable origen alienígena de la raza humana; también cuestionaban causas sobre el actual conflicto. ¿Quién lo provocó? ¿Qué querían? ¿Para qué todo ese revuelo? ¿Acaso había algo certero en esas conjeturas?

        En su momento también le pareció raro. Y no por nada quería hablar con Samantha, quien estaba metida en esos extraños páramos. Pero ahora que Helen le había mencionado, puede que la verdad esté a solo unos metros por encima del subsuelo.

        Decidido.

        ─Tienes razón. Tenemos que ver qué está pasando ahí fuera.
        ─¡Toma ya!─gritó victoriosa. ─Pues nada, ¡arreando, ya!
        ─¿Pero no nos tendríamos que preparar?
        ─Nah, volveremos antes de que el día empiece a dar por ****. Tampoco quiero que me jodan. Me da palo sufrir.

        Sobre ello no tenía nada que objetar. Era mejor volver antes de que la gente despertara. Salieron de las vías y fueron con sigilo al vestíbulo de la estación.

        Era una noche extrañamente clara en el viejo Oxford Streer. La madre luna iluminaba la amplia plaza metropolitana, llena de tiendas perdidas y sueños rotos. Algunas luces navideñas del segundo año todavía colgaban totalmente inertes, aún dibujando la alegría que traía Santa Claus en su cara.

        Fue una tarde nívea cuando el ejército de Estados Unidos entró en Londres mientras los ingleses trataban de regocijarse como en cualquier víspera de Nochebuena, faltando el respeto a las celebraciones en nombre de la patria. Destrozaron belenes; acallaron villancicos; quemaron edificios... y sobre todo agujerearon cuerpos y arruinaron la vida de miles; entre ellos la suya. Su madre estaba ahí. Y los dos habían desaparecido de la capital.

        Sí, también fue en ese día cuando las vías se tiñieron de rojo y se derrumbó parte del camino... tantas cosas pasaron en el veinticuatro de diciembre...

        ─Eh. Pasmao. Céntrate, ¿quieres?

        Otra vez distraído. No podía parar de hundirse en su melancolía. Pero tampoco podía negar que mirar sus alrededores le traía muy malos recuerdos, junto a los de su dulce niñez.

        Cuando pasaba a la juguetería de Thompson a ver sus coloridos peluches... el sabor de los dulces que compraba... y en esa época cuando no estaba tan separado de sus amigos. Una vez Griselda, Samantha y él hicieron el “generoso” gesto de dar una caja de bombones a un paisano. Pobre de él, el brinco que dio al descubrir una rana donde solo podía haber chocolate.

        Y se rieron...
        Y rieron...

        ─¡Joder, William, que te estoy hablando!

        Y de vuelta a la tierra.

        ─¿Decías algo?
        Y Helen no tuvo otra salvo llevarse la cara en la frente.
        ─¿¡Pero cómo cojones puedes estar tan “empanao”!? ¡Mantén los pies en esta mierda de mundo, joder!
        ─¡Pero no grites! Vas a llamar la atención.
        Y entonces bajó la voz.
        ─Vale, listillo. Bajaré mi **** voz. A lo que te decía: si vemos luces nos largamos pero cagando leches, ¿sí? Si nos encontramos a Zu también nos piramos, ¿okey?
        ─Bah, no sé para qué me has gritado entonces.─reprochó.
        ─Y... casi se me olvida; si por casualidad vemos una Advance me la quedo yo, ¿estamos?
        ─Sí, sí...─sí... cómo se partieron de la risa. Mas todo se perdió cuando lo condenaron a vivir entre rejas durante dos años para ser usado como vía de chantaje.
        ─Tío. Esos “sís” han sonado distantes.
        ─¿Cómo?
        ─Te has empanado en un tiempo récord. Otra vez.─dijo Helen.
        ─Oh, perdona... es que este sitio me trae muchos recuerdos, ¿sabes?
        ─Bueno, mierda, menudo momento has cogido para ponerte nostálgico, tú.
        ─Ya lo sé...

        Algo tenía que hacer con ese déficit de atención. Claro que tampoco era su culpa que en aquel lugar hayan ocurrido cosas que le marcaron de por vida y que como un anciano tenga que rememorarlas como si tuvieran lugar el día anterior.

        Iba a comentárselo, aunque no tuviera nada que ver con el hecho de estar atento. Pero nada más intentar volver a pronunciar palabra, el sonido del caucho pisando la piedra puso a ambos jóvenes en alerta.

        Parecía que la guardia en esos lares no había cesado, después de todo.
        ─¡Mierda, tío, un mili! ¡Escondámonos!

        Eso provocó que su camarada le tapara la boca de un manotazo y lo arrastrara hasta un muro derrumbado por donde ocultarse.

        Tras asomar la cabeza pudo ver que, efectivamente; era uno de aquellos hombres con ropas pardas y sucias botas armado con una metralleta. ¿Pero por qué habían soldados en una zona tan desolada como Oxford Street? ¿Será que los estarán buscando?

        De repente recordó porqué Red Phanther les espetó que no salieran de las vías del metro con tanta insistencia. Podían notar cómo sus ojos y su cabeza se movían alrededor.
        Quizá los había oído. O quizá era a otro par de delincuentes a quien buscaba. Helen era muy ruidosa, después de todo.

        El militar se quedó plantado durante un buen tiempo, manteniendo la alerta en todo momento. Después se oyeron más pasos. Varios pares de zapatos estaban cruzando la calle hasta el primer guardia. No eran los suficientes para ser todo un pelotón, pero sí para hacerles sospechar de que algo grande estaba pasando. De hecho, había algo que pudo captar la deficitaria atención del joven.

        Entre aquella marea uniformada, un hombre lánguido y pálido dejaba colgar sus brazos esposados. Su descuidado cabello negro y esa tez alargada, junto a esos ojos hundidos en grandes bolsas de insomnio era inconfundible.
        ─Padre...─musitó el jugador.─¿Pero por qué está aquí fuera?
        ─Tío. No irás a salir y decirle hola en frente de cinco milis, ¿no?
        ─¡Claro que no!─respondió.

        Aunque, para ser franco, era una tentación salir de su escondrijo y abrazarlo. Después de tanto tiempo... de aquella fuga...
        Una vez reunidos y un intercambio de palabras y gestos, prosiguieron su marcha. Tenía curiosidad. ¿Para qué necesitaban a su padre? Su compañera suspiró de alivio al verles marchar.
        ─¡Jo-der! Nos ha ido de poco, ¿eh? Creo que ya llegó el momento de...

        Pero él no quería volver. En vez de eso, se levantó y trató de seguir aquella marcha militar. Helen impidió su ida agarrándole de la muñeca con fuerza.

        ─¿¡A dónde crees que vas!? ¡¿Estás majara?!
        ─Pero... mi padre está ahí...
        ─¿¡A qué coño le importa tu padre ahora!? ¡Tienes una vida por mantener, tío! ¡No puedes arriesgarla por una gilipollez como esa!

        ¿Pero qué clase de vida era esta si no tenía ningún familiar a su lado? Aparte, quería saber exactamente qué era lo que querían de él. Esperaba que no fuera su muerte.

        Una mirada a la calle lo decía todo.

        ─Parece que no te voy a hacer cambiar de opinión, ¿eh?─lo soltó. ─Vale. ¡Vale! ¡Haz lo que quieras, atontado! ¡Si quieres perderte por ahí allá tú! Pero a mi no me metas.
        ─Gracias, Helen. Lo aprecio, de veras.─le dijo, pese a la rudeza de sus palabras.
        ─¡Pero si te estoy mandando a la mierda, pedazo de anonado! Ahora vete de aquí antes de que me hagas mover el **** de ahí, idiota.

        William pudo irse para seguir a los peones de guerra.
        Last edited by Poisonbird; 11/02/2016, 03:14.


        Comment


        • #64
          Menciones honorables para que no se le pasen, que luego pasa lo que pasa: [MENTION=56869]New_World[/MENTION]

          F***ing finally. Llevo casi tres meses sin publicar. ¿Y todo por qué? ¡Porque pensaba que no escribí suficiente! Voy a dar una alegría a esos lectores invisibles...
          Pobres. Les he asustado con que dejaría de escribir si no recibía los suficientes comentarios. Nunca más haré eso.
          Gracias a todos los que me leen. Aquí tienen más intriga para sus tranquilas almas. Si quieren poner sus teorías, bienvenidos sean (aunque sabemos que nadie lo va a hacer [?]).

          Oh, sí. ¿Sabían que Homestuck acabó? Su cierre me dejó flipando en colores. Si quieren leer un buen tocho y tener algo por lo que pensar, ahora es el momento.
          ...
          Debería de hacer un dibujo sobre eso.
          Bueno. Ya. Eso es todo. Cheerio~!

          Capitulo 17


          Spoiler: 
          “Respira… no pares.”

          Estaba siguiendo el camino que por instinto sabía que los hombres de hierro habían ido. Era difícil caminar entre tanto escombro y tanto cristal amontonado en la acera. Por si no fuera suficiente tener las piernas débiles, los grandes trozos de hormigón esparcidos por el suelo le hacían bailar sobre un terreno tembloso. El nerviosismo y la emoción que recorría por sus venas también lo entorpecían considerablemente.

          Al fin, después de dos años en la penumbra subterránea, su padre apareció de nuevo en su vida. Su soledad y su nostalgia iban a ser aliviadas; no importaba cómo. Estaba deseando que llegara el día por donde podría ir y rogarle, por su bien y el de él, que venga con él a ese humilde refugio. Ya sabía, que estaba escoltado por hombres nada amistosos, ¿¡pero qué más daba!? Ahora sabía que seguía vivo.

          Mientras seguía el rastro de sus captores, pensaba en todo lo que tenía que decir a su querido progenitor; lo mucho que le echó de menos, las anécdotas que estaban por contar… y cómo no, todavía tenía pendiente el cómo le salvaría de esos subyugadores. No es que fuera a mejorar su calidad de vida así; seguiría siendo miserable. Aún así, era mucho mejor que estar trabajando para causas impropias.

          Tuvo que parar de fantasear cuando vio a esos altos seres despojados de humanidad plantados ante un escaparate. Encima del cristal, podía apreciar unas desgastadas letras de metal, un nombre bien conocido.
          Thompson’s.
          ¿Pero qué demonios hacían unos guerreros como ellos delante de una juguetería?
          Podía oír que estaban usando sus ásperas bocas para decir alguna que otra palabra; mas no podía decir cuáles eran. Tenía curiosidad. Y tratándose de su padre, pensó que merecía la pena correr el riesgo.

          Con el mayor de los sigilos, fue acercándose con cuidado hasta una pila de restos más cercano a él, siempre manteniendo el cuerpo gacho y con toda la atención que podía prestar.
          Parecían estar estudiando el lugar un breve tiempo. Como si estuvieran buscando algo en ese cristal roto. Pero por mucho que inclinaran y agachaban sus miradas, parecían no hallar esa cosa.

          —No entiendo… —, dijo su padre seguidamente. —¿Por qué querrían robar un peluche? No es nada que se quiera aprovechar.
          —Sigue haciéndose el despistado…—rió uno de los peones.
          —¿Quieres que le pegue un tiro en la pantorrilla, señor?—bromeó otro.
          —¡Ni te atrevas, recluta! ¡Ya estáis borrando esa estúpida risa de la cara y removiendo los cajones hasta que encontréis ese estúpido juguete antes de que sea yo quién acabe con vuestras miserables vidas, venga!

          Después de una vigorosa afirmación en coro, los hombres irrumpieron en la silenciosa tienda con violencia. Aunque William no estaba dentro, podía presenciar con sus oídos cómo su infancia se venía abajo. Rebuscaron entre todos esos juguetes tallados, moldeados, construidos y confeccionados con cariño con sus manazas, sin tener piedad alguna. Algunas delicadas muñecas se fragmentaron en el suelo, igual que los muñecos de latón fueron soltando sus piezas a medida que los soldados se frustraban por no encontrar su propia pepita de oro.

          Después de un tiempo destrozando aquel paraíso infantil, los soldados volvieron a salir.

          —No hemos encontrado el pingüino, señor. —informó el tercero con pesadumbre.
          —¿Cómo?
          —Lo dicho, señor. El peluche que tiene la copia original ya no está.

          Parecía que el sargento no estaba nada satisfecho con la respuesta dada. Podía oír cómo expresaba su ira a través de esos jadeos que emitía. Tal como procrastinó, ese titán soltó sus malas maneras en forma de palabras soeces y gritos. Tan fuertes eran que no podía ni entender siquiera lo que decía.
          Sin embargo los reproches de su padre eran bastante claros.

          —Ya dije... tendría que estar aquí...
          —¡SILENCIO, MALDITA SABANDIJA! ¡Cómo vea que lo estás escondiendo en otra parte vas a ver lo que se siente cuando pase el aire a través de tus asquerosas vísceras, vaya que sí!
          —Pero señor, el rehén es necesario para cumplir la misión.

          El sargento odiaba que se cuestionaran sus palabras, se podía ver. De hecho replicar a un superior era algo inadmisible en el ejército... o al menos en su pelotón. Tenía los ojos inyectados en sangre y una desquiciada sed de violencia que se percibía a cinco metros de distancia.

          —¿Perdona? ¿Acaso tú te crees mejor que yo, uh? ¿Sabes lo que les pasa a los rebeldes como tú, eh, recluta?

          El pobre soldado no podía hacer nada más que mantener un corto silencio.

          —S... sí, señor...
          —¡ENTONCES NO VUELVAS A REPLICARME, ASQUEROSO GUSANO!
          Pobre hombre. Cómo lo compadecía.
          —Está bien, señor... no... volveré a llevarle la contraria…

          Por si no fuera poco, aquel ancho ser lleno de rabia descargó también contra los otros dos.

          —¿¡Y vosotros que estáis mirando, enclenques!? ¡BUSCAD A ESE MALDITO PÁJARO BOBO!
          —Pe-pero no sabemos por dónde-
          —¡ME DA LO MISMO, ENCONTRAD ESE **** PÁJARO YA!

          Y así, con todas las contrarias destrozadas por el miedo, los soldados respondieron afirmativamente en coro y se dispersaron hacia ninguna parte en concreto. Su padre, en cambio, se quedó con ese desagradable bulldog. No había acabado con él.

          —En cuanto a ti... eres un inútil. ¿¡Es que no sabes esconder bien una mierdecilla de CD, eh!?
          —Ya lo he dicho... estaba en el escaparate...
          —¿Pues sabes qué? ¡No está! ¡Te equivocaste, Alan!
          —¿Qué te esperas...? Este sitio está abandonado. Cualquier bandido podría habérselo llevado...—trataba de excusarse con tal de no recibir ninguna agresión de su parte, pero fue inútil. Recibió un puñetazo en la cara, seguido de otro más, y así sucesivamente, mientras recitaba un mantra de insultos que tuvieran que ver con la debilidad de su persona.

          El joven no podía aguantar ver cómo su padre se reducía a un saco de boxeo. Por mucho que quisiera ignorar ese acto de brutalidad militar, no podía aislarse ahora.
          A su izquierda podía ver una piedra del tamaño de su palma, con muchos bordes filosos. Si acertaba un golpe contundente en su sien, quizá podría…

          ¡No! ¿¡Estaba pensando en matar a un sargento!? ¡¿Cómo?! ¡Ni por asomo! No era un asesino; nunca lo sería. No tenía ni la precisión de un francotirador, ni el sigilo de un ninja, ni la fuerza de un oso... ¡ni siquiera coraje para hacer semejante cosa! Tan solo una horrible vista y una piedra.
          Mas era cierto que si algo no hacía, su padre podría morir, ahí y ahora. Dejar que recibiera tales represalias sería un crimen del cual no podría perdonarse jamás.

          ¿Valía la pena sacrificar una vida para salvar otra? ¿Era realmente necesario abandonar sus principios en ese campo de guerra? Es decir, era su propio padre quien estaba siendo agredido.
          Algo debía de hacer.

          Sin más preámbulos, William aprovechó la propia ira asesina del sargento para alzar la roca mientras trataba de apuntar a su desprotegida sien, sin casco que le blindara ante este tipo de agresiones.

          No obstante, antes de que pudiera abrir su cráneo, un fino hilo de sangre apareció en su nuca tras una fugaz sombra violeta. Aunque pareciera un fino corte, el cuchillo en cuestión llegó a alcanzar la aorta de aquel desgraciado. Yació sin aire, agonizando en un charco carmesí. No fue nada que Alan pudiera agradecer completamente. Para más colmo, la asesina en cuestión estaba ahí, guardando silencio con su inamovilidad.

          El viento hacía bailar la larga bufanda emplumada de aquella joven mujer de extrañas ropas. Sus mangas lilas se asemejaban a pequeñas alas, así como un pico sobresalía de su frente, pues parecía tener la cabeza de un gran ave abrigando su cabeza. Una cinta blanca ceñía la ancha camisa, dando un par de vuelos a partir de las lumbares, y, bajo esas suaves ropas, un pantalón bombacho y unas vendas cubrían sus prestas piernas. Por si las plumas no eran suficientes para hacerla parecer un pájaro de mal agüero, sus pies estaban protegidos por lo que parecían ser unas garras adheridas a sus flexibles zapatos.

          Esa técnica y ese sigilo al caminar... era como un ave cuyas alas no se oían al batir. No se esperaba verla ahí, luciendo sus siniestras habilidades. De la sorpresa, el joven dejó caer la piedra al suelo con brusquedad. El choque de la petra con el hormigón fragmentado captó la atención de Purple Crow.

          Y ahí lo vio. En posición de ataque, pálido; con una cara de asombro, miedo y asco, hecho todo un harapo andante. Se había quedado helado nada más tener a esos ojos marrones clavados en él. Ella murmuró una palabra ininteligible a sus oído. Luego fue una frase, como una pregunta. Quizá se cuestionaba qué estaba haciendo en ese desamparado lugar.

          No sabía qué decir al respecto. Tampoco sabía si realmente sabía inglés. El único contacto que ellos han tenido fue visual. Nunca la había oído pronunciar ni una vocal siquiera, ni conocida ni desconocida. Francamente, ese misterio que rodeaba su persona le provocaba cierta incomodidad.

          Y de nuevo, el silencio. Parecía que estaba esperando una excusa para decir por qué estaba aquí.

          —¿Zu...? Er... deja que-
          Apenas excusarse, la chica dio un brusco giro y dio un fuerte golpe. Tal fue que el presunto “agresor” cayó al suelo sin poder hacer nada. Fue un espanto ver que el receptor de aquel rodillazo era su propio padre. Lo peor es que no actuaba por sed de sangre ni mucho menos. Las únicas razones por las que Zu golpearía a un desconocido eran, o bien por encargo, o bien por defensa propia.

          Y esta vez, parecía que era por la segunda razón. Vamos, no creía que Red Phanter conociera a Alan Larson y que tampoco quisiera matarlo.

          Mas al parecer, un agravio sin cometer era suficiente para que Zu lo considerada como un enemigo. Sacó dos kunais de sus mangas, lista para ejecutar una vez más.

          Luego, al fin, su padre se pronunció en su defensa.

          —Deja... a mi hijo tranquilo.

          No, no, aquí había un malentendido. Ella no le estaba atacando ni nada. ¡Y él tampoco era un peligro! ¡Por dios santo! ¿¡Es que no veía las esposas!?
          No sabía cual era el problema de su padre con los ninjas, pero una cosa era clara. De ahí nadie iba a salir herido. No mientras él sea testigo.
          Así que decidió actuar.

          —¡Quietos los dos!

          Aunque su padre ya estaba muy quieto, pero en fin.

          —Papá, ella no es alguien que quiera matarme o algo parecido. Solo... solo es una conocida. Y Zu, no sé si me entenderás, ¿pero podrías, por favor, guardar esos cuchillos, que me vas a dejar sin padre?

          Parecía que sí sabía inglés, después de todo. Nada más pedir, la ninja guardó sus letales armas y se retiró sin decir palabra. Supuso que era mejor los dos a solas mientras vigilaba su retaguardia desde las alturas. De enseguida William fue rápido a socorrerle.

          —¿Estás bien?—preguntó preocupado el jugador mientras tendía su mano. Sin darle la suya, él asintió con disimulo. Y mientras, él esperaba a que aceptara su ayuda.
          —Venga, papá, cógeme la mano.—luego cayó en la cuenta que las tenía esposadas—, oh. ¡Bueno, deja que te agarre al menos!

          Con toda la fuerza que podía emplear, sujetó a su padre para que pudiera erguirse sobre sus piernas una vez más. Ahí aprovechó para cumplir con sus anhelos más tempranos.

          Un mero abrazo. Uno bien dado. Aunque diera un quejido de dolor, agradeció esa muestra de afecto con una débil sonrisa.

          —Me alegro de volver a verte.—dijo su hijo acto seguido.
          —Will... te has dejado bastante.

          Tan lúgrube en su habla como siempre. En vez de replicarle, dio unas cuantas risas y continuó hablando.
          —Bueno, no es fácil darse un baño cuando te estás escondiendo.—contestó mientras reía.
          —Escúchame, William.—interrumpió. —¿Te han invitado a jugar a un juego?
          —¿Eh, cómo? ¿Volvemos a estar juntos y eso es lo primero que me preguntas?—volvió a preguntar con una disimulada indignación.
          —Por favor, Will. Contesta a mi pregunta.

          No podía creerlo. Era la reconciliación más fría que había vivido en todo ese periodo. Después de esos dos años, ¿por qué no recibía siquiera unas palabras de afecto? Un “qué tal estás” o un “yo también te eché de menos” habría sido más que suficiente.
          ¡Pero no! Tenía que ser el hombre de a pie apático de todos los días, con su inexpresiva cara y su descuidada tez y su miseria. ¿Para qué seguía dándole su afecto filial si a duras penas era correspondido?

          Es severa mirada le inquiría una respuesta.

          —Sí... ¿por qué?

          Sorprendentemente, fue apoyando sus manos en su hombro como podía. Ahora que bien miraba sus ojos, podía notar una creciente preocupación en su interior. No porque pudiera ver su alma, precisamente; más bien lo transmitía.

          —Escúchame bien, William. Ese juego... tienes que jugarlo.
          —¿Qué?
          —Debes de conseguir un compañero que te ayude a iniciar sesión. Solo así podrás salvar tu vida.
          —Pero no entiendo, ¿qué tiene ese juego que pone en peligro mi vida? ¿Es el nuevo “The Ring”?
          —¡No, no, no! ¡Es el Armaggedon! ¡Trae el fin del mundo aquí! Han logrado cometer la primera parte del plan. ¡Ahora ellos tienen que entrar ahí! Pero... pero el disco... esa es una amenaza para su plan...
          —¿Qué dices?
          —Pero... también te necesitan a tí para entrar en el juego...
          —Esto no tiene ni pies ni cabeza.—como la vida ahora, iba a quejar. Mas fue ignorado.
          —Solo... solo tienes que descargar el juego y jugar. Así podrás salvarte.
          —¡Pero mi internet no da para descargar tres gigas de golpe! ¿¡A quién se le ocurre hacer un archivo que pese tanto!?
          —Oh, sí… ya contemplé eso.
          Parecía que tenía que Alan tenía algo que entregarle. Aunque amplios eran los bolsillos de su mono, no podía entrar ambas manos ahí.

          —Mete la mano en mi bolsillo. Hay dos CDs en él. Tómalos.

          Bingo. Ahí estaban. Los dibujos apocalípticos que abrían las puertas de Babel. El juego que tanto revuelo ha causado ahora estaba en sus manos. Se sentía poderoso. Quizá porque tener otro juego en sus manos realzaba su espíritu gamer. O quizá porque podía causar enormes destrozos a escala mundial. De todos modos sentía que podía hacer grandes cosas con él.

          Pero había algo que no entendía. ¿Cómo esto podía causar el fin del mundo? ¿Cómo? Y más importante; ¿por qué dos discos? ¿Acaso era una instalación de dos partes o eran dos juegos conjuntos? Tenía que saber. Todo y que había otra cosa pendiente que Alan no había dicho.

          Un dato importante que fue acallado por un fuerte estruendo y un haz candente. Inmediatamente, la tierra dio un reiterado brinco. Empujado por esas ondas sónicas de la lejanía, el viento hizo rodar algunas de las rocas; hasta habría empujado al ligero William de no ser porque su padre cubrió su lastre. No sabía qué fue eso. No habrán tirado una bomba de hidrógeno, ¿verdad?

          —Rayos… ha empezado.—masculló entre dientes su padre. —No hay tiempo. Tienes que ir a tu base de enseguida y entrar en el juego. Usa el disco con los meteoritos y encuentra a alguien que juegue como servidor. Solo así podrás salvarte.

          ¿Pero y él? ¿No iba a venir? ¡Cómo! ¡No podía decir que se vaya y que no escape con él! Por una vez que volvió a encontrarse con él…

          —Bi-bien… ¡pues vamos! ¡Podrías venir conmigo! ¿No te parece?—le dijo sin pensarlo dos veces.
          —No, Will… no quiero ponerte en peligro.

          ¿¡Qué peligro!?

          —Pero papá… no quiero perderte de nuevo...
          —Por favor, Will… no des tu vida por mí. Aún eres demasiado joven…

          ¿¡Pero cómo iba a dar su vida por él!? ¿¡Qué problema había!? ¿¡Militares!?

          —¡Y tú también! No sé qué te han hecho en mi ausencia, ¡pero no quiero volver a perderte! Zu seguro que protege desde nuestras espaldas. ¡No hay nada que temer! Además, son gente muy simpática. Seguro que te llevas bien con ellos.

          Se volvían a oír pasos apresurados procedentes del pelotón que fue mandado a la búsqueda del Santo Pingüino. Al parecer, venían a reportar sobre sus nulos hallazgos.
          O eso parecía hasta que escuchó un grito desde la lejanía.

          —¡Eh, mariquita cazurra, pedazo de burro, eh, William! ¿¡Estás vivo o te han pegado los tiros ya!?

          Ahí iban las campanadas de ida. Aún así, se negaba a aceptar que él se iba a ir una vez más. Aún insistía en llevárselo a la estación de metro.

          —Vete ya, por favor.—seguía diciendo.
          —¡Me niego! ¡No quiero irme sin ti!
          —William, por lo que más quieras…
          —¡No quiero perderte como mamá! ¡Vamos, aún podemos-!

          Tarde. Su padre estaba alejándose de su vista sin ni siquiera dar un paso. La fría mano de Zu Battle le estaba arrastrando lejos de su padre. Por mucho que rehusara separarse de su padre, no podía liberarse de esa fuerza que le arrastraba.

          —“Baka”. No podemos estar más tiempo.

          ¿Por qué? ¿Por qué no podía salvarlo? ¿¡Por qué no le dejaban!? Justo cuando el lánguido programador era una fina vara, los tres reclutas le rodearon como una jauría de lobos hambrientos al acecho. Vio como le gritaban y le inculpaban de la muerte de su respetable sargento. Luego, un muro le tapó los hechos. Fue lo último que vio su padre.

          Pronto dejaron de correr. Zu se había parado en un callejón oscuro y solitario, como muchos de ese barrio destartalado. No había luz que iluminara ese sitio, salvo la propia luna. Muchos peligros podían ocultarse bajo esa penumbra perpetua, aunque la luz de la linterna revelara a las alimañas que supieron aprovechar esas ruinas. No entendía por qué Purple Crow veía ese sitio como un lugar idóneo para volver a las vías. Y tampoco esperaba que lo fuera.

          Lo único que podía esperar era que no le dispararan una bala en el cerebro, o en el pecho. Después de lo mucho que ha sufrido, solo le faltaría una muerte abrupta.

          Aparte de eso, seguía sin estar muy satisfecho con su propia salvación.

          Preguntó a Zu por qué dejó a su padre a merced de esos hombres sanguinarios. Pero por más que esperara oír su acento oriental por segunda vez, solo podía oír los aullidos del aire.
          —¡Joder, tío, por un momento pensé que te habían bombardeado a ti!
          Y a Helen, cómo no. No sabía desde cuándo hizo acto de presencia, pero desde luego estaba.
          —¿Eh? Oh, no, para nada… ¿volvemos?
          —Seh, por qué no.—se puso las manos en los bolsillos mientras ambos caminaban hacia su sucio y húmedo lugar. —Y… ¿qué tal con tu viejo?

          —Preferiría no hablar de ello.—contestó finalmente.



          Queen Anne Street. Cerca de esa calle, el frío aire londinense se había vuelto en una ráfaga infernal que ponía a arder los pocos arbustos que aún daba vida la calle. Los centros médicos cercanos fueron barridos por aquella onda expansiva; aunque afortunadamente, nadie estaba siendo tratado en ese lugar. Sí que había un pequeño vecindario cuyo único hálito por esos momentos era disfrutar de las últimas horas que le quedaba al planeta de vida. Y aún así, un meteorito decidió que era mejor acabar con ese malgaste sin previo aviso. Cayó con todo su peso e hizo pedazos sus hogares… salvo a uno, claro estaba. Y era el que iba a recibir la peor parte.

          Aquellas personas audaces que sintieron el temblor ignoraron el toque de queda impuesto por los estadounidenses y fueron a ver qué fue eso que había aterrizado tan cerca de sus casas. Obviamente, varios guardias dieron sus correspondientes represalias a aquellos infortunados que fueron avistados quebrantando sus leyes. Otros, ya más agraciados, pudieron ver el pedazo de roca candente que tanto ruido hizo. Pero no tardaron en encontrarse con una verja de cascos verdes que disparaban nada más acercarse al borde del cráter. Los tres secuaces del sargento gruñón estaban entre esa barrera. Y tras ellos, estaba el programador, siendo testigo de esa brutalidad policial; simplemente, porque ellos querían vengarse por lo que no hizo.

          Hubo un curioso, sin embargo, que logró burlar esa seguridad. No porque fuera alguien precisamente sigiloso; era más cantarín que no silencioso. Tampoco era un violento en potencia; ni siquiera era un maestro del disfraz. Es más; tampoco hizo ningún esfuerzo por no ser visto. Más bien fue completamente ignorado por ellos, por una simple razón.

          No era humano. Y tampoco tenía forma humana. La pequeña ave blanca se puso cerca del meteorito para verlo con más detalle. Sabía exactamente quién entró esta vez. Y de momento, era la menor de sus preocupaciones. Aunque podría representar un peligro, esa persona era la menor de sus preocupaciones. Mientras la otra amenaza no llegue a pisar los terrenos SBURB, todo estaría bien. Uno es inofensivo. Los dos, en cambio, son una calamidad.

          Tampoco había garantía de que no ocurriera, de todas formas. Todo dependía de un hilo.
          Sin batir sus alas, apareció posando sobre el hombro de Alan tras un haz verde. El padre de William sintió sus pequeñas garras adhiriéndose sobre la tela de su mono. Pero estaba tan inmerso en su culpa que ignoró su presencia.
          Hasta que pronunció palabra.
          —¿Has entregado los discos?
          —Sí.—contestó en seco.
          —Kevin le ha pedido jugar, ¿verdad?
          —Sí.—volvió a responder.

          Tal y como lo había predicho desde un principio. El desorden reglamentario no cambió esos acontecimientos. Quería creer que se equivocaba; mas era algo completamente imposible para un primer guardián. De momento, lo único que podía hacer era esperar a ver cómo ese nuevo reglamento afectaba la jugabilidad.

          —Reza para que no se equivoque de disco, Alan. Reza por ello.
          Last edited by Poisonbird; 30/04/2016, 10:27.


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          • #65
            Si, ya me habia enterado del final de Homestuck y me ha dejado decepcionado...

            Spoiler: 
            ¿En serio, Hussie? ¿Creas un ser practicamente invencible y haces que muera por un agujero negro? ¿¡Y PARA COLMO PONES COMO ENEMIGO FINAL A LA IMBECIL DE LA CONDESCE?!

            En fin, siempre nos quedara el fanfiction para mejorarlo... Bueno, pasemos a lo que nos importa:
            - ¡El pajaro lo sabia! ¿Estara actuando por si mismo o será un esbirro de una fuerza superior como Doc Scratch?
            - Y si al Padre de William lo retenian por un disco, ¿significa que los gobiernos descubrieron la existencia de SBURB? ¿Acaso la guerra se inicio realmente en un intento de conseguir una copia al conocer el inminente fin del mundo?
            - Al parecer un nuevo jugador a entrado al Medium, ¿pero porque resultaria tan catastrofico que alguien más accediera? ¿Acaso los dos actuarian como los trolls psicopatas ocultos del cannon (Kurloz, Aranea, Meenah...)?

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            • #66
              Huhuhuhu... hay tantas preguntas... bueno, hay algunas cosas ciertas en el post de [MENTION=56869]New_World[/MENTION], pero es una revelación de las grandes, así que no diré qué es cierto y qué no ;P
              Supongo que algunas de las respuestas están sutilmente respondidas en este capítulo. ¡Así que, sin más dilación...!

              Bueno, sí hay dilación. A ver, tengo que ser franca; últimamente tengo la sensación de que mis dotes de escritura se ha "atrofiado" un poco. Me da la impresión de que no mejoro nada, no sé por qué. Es como si me hubiera quedado sin formas de relatar los sucesos. Y francamente, ni siquiera sé si lo que estoy sufriendo es un bloqueo o es la falta de práctica conllevada por los estudios. Agradecería algún consejo, al ser posible.

              Oh, y tengo que confesar; antes tenía una idea de a dónde me dirigía con esta historia... y de repente, tras discutir ciertas ideas con una amiga, me encuentro sin saber hacia dónde encaminar esto. Aún queda un par de personajes por entrar y tampoco es que haya desvelado nada que sea , así que de momento no hay problema.
              El problema quizá venga en el nudo y tal vez en el final. No tengo muy claro quién va a ser el verdadero villano, la verdad -<-

              Ahora bien, ya tengo vacaciones. Puede que me dedique más días a escribir FdC, ¡so!
              (Y quizá a hacer algún fondo... tengo un boceto hecho y me gusta como está quedando 0u0)

              Y ahora sí, aquí tienen su capitulo mensual... o de mes y medio, mejor dicho.
              Cheerio~!

              Capitulo 18

              Spoiler: 
              Silencio. Un gran vacío. Ahora que no había ningún peligro, solo los cristales hechas trizas crujían bajo las suelas de los dos refugiados. Era una sensación molesta que incomodaba a los dos. Después de todo, no podían estar siempre en perpetuo silencio, ¿verdad?
              Ya habían llegado a Oxford Circus cuando Helen quiso hacer un comentario grotesco sobre sus padres. Sabían bien que el anterior estruendo habría despertado a toda la peña; incluyendo a la más canalla. Si los veían, alguna consecuencia sufrirían.

              Con la mirada y unos gestos de cabeza acordaron que harían el menor ruido posible.

              Bajaron las escaleras hacia el subsuelo ferroviario. Cruzaron las barreras quebradas una vez más; todo para encontrarse una pequeña muchedumbre reunida. Zu estaba en el centro reportando lo sucedido a un pequeño apache con su críptico idioma de oriente. El resto, aquellos que lo rodeaban, estaban esperando una traducción.
              Tal y como temían. Si ese enano de cabello rojo alzado al techo los veía, tendrían que ayudar a Grudge a pelar patatas… o ratas de alcantallirado. Quizá hasta tengan que limpiar las vías de animales rabiosos. Y ambos odiaban eso.

              —Oye Willy, hoy me dejarás dormir en tu cabina, ¿no? Ya sabes… por infringir las normas y toda esa mierda.—le susurró en el oído. Temía la furia de Red Phanter.
              —No tengo ninguna pega con ello.—contestó.
              —Bien.

              Con suerte, nadie se daría cuenta de su presencia. A fin y a cuentas, habían infringido la única norma que habían en esas instalaciones, y se podía ver a simple vista, ya que eran los únicos que faltaban en esa pequeña reunión.

              Mas esta vez la fortuna no iba a acompañarlos esta vez.

              —¡Vaya, vaya, vaya, pero mirad a quién tenemos aquí! Si justamente estábamos hablando de vosotros, tortolitos.

              De todas las personas que habían; de todos esos habitantes que residían en las vías, tenía que ser justamente ella quien tenía que cazarles in fraganti.

              Quizá su baja estatura hacía de ella alguien fácil de ignorar. Parecía toda una ternura desde fuera, con esa melena ondulada y ese agraciado conjunto compuesto de una azulada blusa y una falda que sería blanca de no ser por el barro que ensuciaba la prenda. Sí, era una pre-adolescente de doce años; pero ya con su corta edad era de temer. No tuvo remordimientos en mandar toda una ráfaga de balas a un soldado con una metralleta hurtada. No por nada tenía el mote de “Perish Song”. Un tarareo y en tres minutos, todos caerían muertos ante sus sádicas artes. Y no solo eso; tenía un oído excepcional, permitiéndole hasta oír los pasos de una rata a cinco metros de distancia.

              Sus comentarios no fueron ignorados. Pronto se llevaron todas las miradas gracias a esa voz chillona.

              —Joder, Melody, eres una **** chivata. ¿Qué coño ha pasado con mi soborno de cuatro chuches?
              —Me los comí. ¡Y no te pedí cuatro, te pedí ocho!
              —¡Mentira cochina, zorrilla, dijiste cuatro!
              —¡”Naaaa na na na na na”, te dije ocho y trajiste cuatro porque te comiste la mitad!
              —¡Pero serás mentirosa, so bastarda…! ¡Con lo que odio las nubes!
              —¡Chiiicas, chicas, chi-cas! ¡Ya está bien! —interrumpió otra voz; aguda, pero varonil. —Cleaner, ¿por qué habéis salido a la calle? ¡Se supone que lo había prohibido!

              Ahí estaba. Con un pelo rojizo que aspiraba llegar al techo y una tez arcillosa pintada con líneas blancas, el pequeño jefe de las vías se pronunciaba como figura autoritaria que era. Tan solo un chaleco, unos pantalones de cuero y unas líneas rojas en los brazos le cubrían el cuerpo. Sus pies desnudos estaban tan llenos de mugre que casi parecían dos suelas de zapatos y, por los hombros se asomaban dos mangos de hacha entrecruzados.

              Ese era Red Phanter. El indio alocado. El verdadero superior de esas cuevas urbanas.

              —Está bien, está bien, ¿no quieres hablar? ¡Me parece bien! Aún tengo a Willy, ¿sabes?

              Tanto él como Zu le lanzaban una mirada inquisitiva, a la vez que la anciana del fondo seguía cantando victoria en su interior. Melody sonreía triunfante ante tal escena. Ella siempre quiso dejarle a los dos como un pequeño delincuente que se ocultaba bajo la faceta de un despistado.

              —¿Y bien? ¿Por qué saliste con Helen, William?

              No sabía qué responder. Por una parte, Helen le partiría la espalda en dos por decir sus propias razones. Claro que él también tenía sus motivos.
              No sabía de qué demonios dudaba entre decir las de su compañera y las de él, si estaba preguntando por las suyas. Tenía la libertad de sincerarse.

              —Bueno… Lilly se perdió fuera y la quisimos buscar, y no quería molestar, así que…
              Tras escuchar su excusa, el rostro de Phanter expresó una gran preocupación.
              —Mira, agradezco que respetes mis horas de sueño, en serio; ¡pero eso no quita que hayáis arriesgado vuestra vida para nada! ¿No habéis oído ese estruendo? ¡Os podría haber matado, oye!
              —Buen intento, cabezahueca.—le murmuró Helen entre dientes.
              —Así que esta mañana vais a ayudar a Grudge y-
              —¡Alto, alto, alto, AL-TO!

              Para sorpresa de los presentes, otra voz, más aguda todavía, se pronunció en la querella. Era incluso más baja que Melody, pero su falda llena de flores y su camiseta no se presentaba en mejores condiciones que sus ropas. Tenía un par de mechones por cada lado de sus sonrosadas mejillas, así como una melena medio ondulada por detrás que le llegaba hasta el hombro. Aquellos ojos castaños solían relucir con una constante ternura que no tenía fin ni término; mas en ese día estaban llenos de determinación y un poco de culpa. Fue ella la responsable de que ellos se arriesgaran, y no iba a dejar que sufran las amarguras de Grudge por ella. Estaba decidida.

              —Por favor, Leon, déjame tomar su castigo. ¡No me hace nada ayudar a la señora Mallon con sus tareas!
              —¿¡Li-Lilly!?—exclamó William. Parecía que había vuelto mientras estaba fuera.
              —¡Wow, quieta parada, pequeña florecilla! ¡Tú todavía eres demasiado joven para cazar ratas! No creo que a tu madre le guste.—argumentó Red Phanter.

              Una gran señora de pelo canoso y repartido por cada una de sus sienes le dio el punto a favor.

              —¡Pues claro que no me gusta la idea! ¿¡Cómo voy a dejar a mi pobre niña a buscar ratas rabiosas, por el amor de Dios! Pero sí que la dejaría tomar sus responsabilidades de una forma menos peligrosa que esa. ¿Puede ser, señora Mallow?
              —Bueno… podría ayudar en la cocina.—contestó Grudge.
              —¡Oh, sí!—gritó Lilly toda victoriosa. Pero aún así, Leon se restistía ante la idea de dejarlos correr.
              —Pero no puedo dejar a estos dos impunes, ¿entiendes, peque? Han infringido también las normas.
              —Pero Leon, no les hagas esto, porfa. Lo hicieron con buena intención.—imploraba Lilly con ojos cuasi llorosos; la debilidad del pequeño Fuzzy. Tan temible era esa mirada que tenía que implorar al sombrío mastodonte que estaba a su lado.

              —¡Havoc, por favor, sálvame de esta ternurita!
              —No.—le contestó en seco. Y un “no” de Havoc era un simple, llano y firme “no”. Con ello, Leon tuvo que desistir ante las súplicas.
              —Vale, está bien, no les mandaremos a limpiar las vías.
              —¡Bien!—dijo Helen.
              —¡Eh, eh, eh, no tan deprisa! Os requisaré los videojuegos por dos días. Considérenlo como una… pena menor.
              —¿¡Qué!? ¡No es justo!—y se quejó después.
              —En fin. Ya está. Nada más se levante el sol os informaré de lo que ha ocurrido ahí fuera. Descansen por ahora.
              —Eh… Leon… creo que será mejor que nos lo cuentes ahora.—replicó Joe.
              —¿Aún estando cansado? Oye, ya sabes cuando estoy medio dormido, así que ve a dormir, ¿vale, chavalín? ¡Vamos, váyanse, déjenme descansar! ¿Sí?

              Dicho aquello, y visto que Leon no iba a darle nuevas noticias hasta el alba, el grupo empezaba a dispersarse por las vías con un paso cansado. Nadie más quería hablar tras esa tediosa discusión.
              Pero había algo que no había dicho y que Helen tenía que sacar a luz.

              —¡Espera un momento, chalado! ¿No te dijo la friki esa sobre el meteorito, eh?
              Todos detuvieron su marcha completamente sobresaltados. Tuvieron que insistir en una traducción, estaba claro.
              —¿¡Meteorito!?—preguntó la madre de Lilly.
              —¡Jo joo, este planeta se va a pique!—exclamó luego Melody.
              —Eh… no, Helen. Eso fue una bomba.—le rectificó luego Leon. Pero ella sabía muy bien de lo que hablaba.
              —¡A mí no me vengas con cuentos, Oppa Loompa, que yo lo he visto! ¡Era una **** roca gigante! ¡UNA ROCA, NO UNA ZANAHORIA QUE IBA VOLANDO POR AHÍ!
              —¿Ah, sí? ¿Y qué pruebas tienes de que fue un meteorito y no una bomba, eh?
              —Elemental, idiota, tengo un testigo. ¿Verdad que era un meteorito, Willy?

              Era el centro de atención una vez más. Todos clavaron sus ojos en él; algunos con un notorio temor que iba creciendo por cada segundo de su silencio. Sabía que algo había caído; y ese objeto misterioso estuvo a punto de herirle. Para desgracia de su compañera, no vio exactamente qué era. Incluso él tenía sus dudas al respecto. Después de todo, las dos cosas se sentían completamente igual.

              —Eh… supongo que si fuera una bomba nuclear estaríamos muertos, ¿no? Pero también podría ser un misil normal… ¡no lo sé, estaba con mi padre cuando pasó!

              Una decepción. La multitud empezaba a tranquilizarse sabiendo que era un estruendo normal y no apocalíptico. Leon no hacía sino reprobando el escándalo que había provocando con sus gestos.

              —¡En toda tu jeta, Cleaner!—exclamó Melody. —Anda, Phanter, ¿y si vas con Havoc y quitáis los videojuegos a ese par de pánfilos, ya que estamos! ¡Que se jodan por montar este teatrillo!
              —Mira, me parece buena idea, Perish. ¿Te apuntas, Havoc?
              —Será un placer.—contestó unánime mientras crujía sus dedos y se dirigía con Leon hacia el lugar de dormir de Helen. Sin embargo, ella se puso delante, tratando de cortarles el paso.
              —De aquí no pasáis, gilipollas.
              —¿No? Buh, vale. Havoc, ¿te importaría inmovilizarla por mí?

              Iba a ello nada más pronunciar palabra; pero ella era más rápida y se alejó.

              —Aaaah, no, ¡sus muertos voy a dejar que me agarre ese tarado!

              Trató de huir de sus dos metros de altura siguiendo el recorrido de Oxford Circus hasta Green Park. Pero justo cuando empezaba a coger velocidad, y sin ni siquiera dejar rastro de sus pasos, Zu le bloqueó el paso amenazando con sus dagas orientales. Intentó engañar los impecables reflejos del cuervo púrpura; mas por mucho que intentara, siempre cubría el flanco que dejaba descubierto con cada paso. Finalmente, las grandes manos de Havoc la levantaron hasta su hombro.

              —Ya, ya… no más juegos por hoy.

              Estaba furiosa. No podía tolerar que aquel forzudo la arrastrara hasta su propio cuarto a hurtar sus más preciados tesoros. Juraba venganza mientras que sus gritos se ahogaban en la distancia; sobre todo a William. No hacía más que llamarle traidor a todas horas. Odiaba admitirlo, pero se sentía mal por no seguir la corriente. ¿Qué podía hacer? Estaba tan patidifuso como todos.

              Finalmente, el ambiente se calmó un poco. Cada uno de los habitantes se refugió en sus respectivas estancias, rezando para que no haya ningún derrumbe. William, en cambio, no dejó de pensar sobre lo ocurrido. Aún quería saber qué fue lo que cayó del cielo. Y que Helen insistiera tanto en que fuera un meteorito le extrañaba bastante. ¿Y si ella tenía razón y Leon estaba ocultando algo? ¿Y si tenía que ver con meteoritos? ¿¡Qué disparate acababa de pasar por su cabeza!? ¡Claro que no ocultaba nada! Lo único que iba a ocultar era sus videojuegos si no se daba prisa.

              Con toda la calma del mundo, el joven caminó hacia su rincón, pensando en un buen escondrijo para su oro en disco. No vio a nadie ir a allanar su morada. Todos los que se fueron al mismo sentido que él también tenían su espacio en las vías hacia Green Park. No, nadie que mandara en ese suburbio iba a hacia Warren Street.

              Excepto…
              Zu. Y ella tendía a no dejar verse mientras caminaba.
              En cuanto se dio cuenta de la gravedad de la situación, corrió a toda prisa, sin importar cuantas colas de roedores o cucarachas pisaba con sus desgastadas deportivas.
              Llegó demasiado tarde. Había limpiado su habitación completamente. Todas sus consolas; sus títulos; su entretenimiento; su Super Mario; sus Zeldas; sus Pokémon; sus Sims, Pongs, Daxters, Crash. Todos brillando por su ausencia. Ni para súplicas tuvo tiempo, solo por una demora.

              Esto no podía seguir así. No podía quedarse embobado a todas horas, ¡era inaudito que ocurriera tan a menudo! ¿¡Por qué demonios se despistaba tanto!?
              Ahora no podía decir que era un aficionado a los videojuegos si tenía sus juegos en tierra de nadie. Tal era el drama que casi quería dar berrinches varios y llorar por su identidad perdida.

              Hasta que recordó.
              Aún tenía dos CD’s en su bolsillo. El último regalo de su querido padre. SBURB Delta. Aquella arma de destrucción masiva cuyo solo propósito era el de condenar estas tierras.
              Por suerte para él, el ordenador no fue inutilizado de ninguna manera. Y precisamente había una persona que estaba interesado en jugar a ese juego. Pobre de William; era quien menos quería hablar en ese momento. Pero debía de hacerlo. Por su padre.

              Miró dubitativo esas dos piezas de arte digital preguntándose cuál debía de poner primero. ¿Y qué más tenía que hacer? Sabía que había un detalle que se le escapaba; pero no sabía cuál.
              Al no encontrar una respuesta rápida, le quitó importancia y abrió el Pesterchum para desbloquear al único con el que podía jugar por el momento.

              -windyGamer [WG] desbloqueó a americanPride [AP]-
              AP: OOOOOOOOH
              AP: PROoOOO MIiIIIIRAh KIEN A VUELtOoOOoOOOOOO!!!!!!11111!!!!!!!!!!!!
              WG: dejate de chorradas kevin
              AP: UY UY uY MiRaA KIEN SE PONE XuUuLITOH AORA
              AP: no djaste de ser un marikah con sindrome de estocolmo
              AP: no no
              WG: UGH!
              WG: quieres parar!?
              AP: no :)
              WG: mira
              WG: acabo de conseguir el juego ese que me pasaste
              WG: en fisico
              WG: muerete de envidia
              Aunque sabía que a él le importaba un rábano estas cosas.
              AP: oOoOOOOOOoooOOH tu papi te izo un regalete xabalIiinAaaAAaA!?!?!?!?!
              AP: como a los neNes pequEñOoos?
              WG: pero como lo has sabido!?

              Aunque simplemente podría ser otra de sus burlas. No sabía por qué le pareció que sabía que lo recibió de su padre.
              AP: e e las preguntas luego nenafa
              AP: abre el **** servidor
              AP: benga.
              AP: k te rajoi
              WG: pfff esperate
              WG: deja que mire cual es el que tengo que meter


              Fue sacando los discos y los miró dubitativo. No recordaba si tenía que insertar el disco con una casa o aquel que estaba ardiendo en llamas por culpa de los meteoros. Ni siquiera sabía realmente si Kevin le iría a ayudar realmente con el juego. Aún así, era raro. ¿Cómo podía hacer esa mofa? ¿No era demasiada casualidad?
              Como sea, tenía que elegir. Y ya que el fuego le intimidaba bastante, tomó el otro disco en vista que la memoria le seguía traicionando.

              Encontró el ejecutable que Kevin necesitaba. SBURBserver.exe. No tuvo duda alguna de que era ese.

              WG: lo encontre!
              AP: bien idiota
              AP: abrelo y sigue las instruciones bale?
              AP: seguro ke sabras manejar esa mierda
              WG: si si -_-
              WG: deja de agobiarme quieres?
              WG: o no juego
              AP: bale baaaaale
              AP: sigue con tu mierda marikon


              La pantalla le pedía pulsar la tecla Enter para proceder con el juego. Parecía uno de esos ejecutables diseñados para hacerle pensar que era un troyano vestido de algo novedoso. Pero todas esas sospechas se quedaron en nada cuando vio una ventana mostrando el nombre del juego.

              Y después, lo impensable.

              Veía una sala blanca llena de ruido gris por los alrededores. Cables merodeaban por los suelos conectando con cualquier tipo de aparato informático; más se fijó en la pantalla TCT-LCD la cual miraba. Comparado con el CTR parpadeante que poseía y la torre horizontal por la cual reposaba, su equipo estaba a la altura del betún.
              Y, delante de ese lujo informático, aquel energúmeno esperaba a que ocurriera algo.

              Había cambiado bastante desde la última vez que lo vio. Su masa muscular era menos de la que tenía ahora, a la vez que su piel no estaba tan tostada. Lo único que conservaba de su aspecto de hace cuatro años era ese par de pircerings ubicados en la oreja izquierda y en el agujero derecho de la nariz; y esas pupilas rojas que denotaban peligro a primera vista. El pelo que antes pinchaba al tacto había sido esquilado hasta dejar descubierta su calva; aunque había una capa grisácea que indicaba crecimiento. Parecía que esas vacaciones en Texas le habían sentado bastante bien.

              Iba vestido con unos pantalones bombacho terrosos y un cinturón negro alrededor con una camiseta de camuflaje. Y, cómo no, llevaba una medalla de chapa colgando de su cuello; un regalo de su padre, pensaba que era. Para acabar de completar el conjunto, sus pies estaban protegidos por un par de botas impermeables completamente negras. No dudaba que, con el dinero que ganó en la lotería, se hubiera conseguido un asilo perfecto en su “verdadera patria”.
              Pero había algo que no cuadraba. ¿Por qué precisamente él estaba en una sala de informática? No tenía sentido alguno.
              Entonces fue cuando cayó en la cuenta. ¿Quién retuvo a su padre para que le hiciera unos trabajo de programación? ¿Y quién le dio el juego primero? Sí, él. El mismo con quien estaba hablando. Aparte, sabía que tenía una enorme pasión por la fuerza militar de Estados Unidos y las armas. ¿Coincidencia?
              ¿Y si él cumplió su sueño y ahora colaboraba con los mismos que destruyó su familia por completo?
              No. Tampoco creía que era tan mala persona como para destrozar lo que fue su hogar durante quince años. Entonces si Kevin tenía las dos copias en digital, eso solo podía significar una cosa.

              WG: oye kevin
              AP: ke?
              WG: no te estaran utilizando como conejito de indias verdad?
              WG: quiero decir…
              WG: mi padre modifico este juego no?
              AP: pero ke istorias me estAs contTando ya
              WG: dimelo kevin!
              WG: en serio
              WG: estoy muy preocupado por ti sabes?
              WG: vamos no te veo capaz de colaborar con esos…
              WG: … de hecho…
              WG: es muy posible
              WG: pero aun asi!
              WG: aun pienso que no eres tan capullo como pienso que eres
              WG: dime que no haces esto porque quieres
              WG: por favor ó.ò


              Pero no hubo respuesta a sus preguntas. Tan solo vio que se reía y fue pulsando botones sin mirar siquiera el teclado.

              AP: AJAJAJAAJJAJAJAJAJAJAJAJADFFAJFAJFHAFHJAHFA
              AP: AUUuUUUUN SIGES cOn eSAaaaAaAaS MARIKAAAaAaAa
              AP: dejate de marikonadas y juega joder
              AP: ke no era lo ke te gustava, eh?
              AP: PUES BENGA


              No. Algo esta mal con él. Aún pensaba que podía haber un ápice de víctima en él. ¿Y por qué insistiría tanto en jugar, si era algo que precisamente no disfrutaba?
              Seguramente él también estaba en peligro. Y lo sabía perfectamente.
              No había otra. Si quería ayudarle, debía de hacer lo que él ordenaba.

              Fue indagando por los controles del mismo juego. Había abierto varios menús con tantas cosas y tantos costes que no entendía por ahora, y no había ni un mísero panel de instrucciones que le explicara como funcionaba.

              Pero cuando vio las palabras “Modo Construir”, fue entonces por donde supo qué hacer.
              Recordó que había algo similar en otro juego, cuya nueva versión llegó justo antes de que la guerra asolara Britania. Y ese juego era uno de los que más furor causó entre los casuales.
              ¿Tenía que construir a su alrededor y mejorar su condición de vida, acaso? Y si era así, ¿dónde estaba los indicadores de necesidad de Kevin?

              Quizá el juego ya contaba con que tendría que haber una comunicación vía mensajería, pero preguntar si estaba tengo o si tenía que ir al baño le parecía una soberana estupidez. Él era real, por lo que podía hacer las cosas él solo… ¿o era un avatar de él mismo? Quizá por eso era tan distinto y estaba en un lugar tan atípico.

              AP: pero a ke koño esperas?
              AP: empieza a sakar los putos trastos de una jodida vez
              WG: ah solo tengo que quitar cosas?
              AP: SiiIIIIIIIIIiIIIiIiIIIi!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!111111 1111!!!!!!!!!!!!
              WG: estate tranquilo quieres?


              Por un momento pensó que podría manipularlo como un títere. Es más; el cursor se bloqueaba cada vez que pulsaba en él. No podía ni moverlo. ¡Qué desperdicio de potencial!
              Pero sí los objetos. Empezó por mover la mesa de al lado hacia la izquierda y dejarlo bien lejos.

              WG: eeeh…
              WG: donde puedo vender esa mesa?
              AP: KE SAKES OBJETOS DE HE DIXO
              WG: habermelo dicho mas claro imbecil ¬¬


              Abrió lo que era una ventana con varias máquinas y ceros de grist por debajo de las fotografías. Fue llenando ese espacio vacío con maquinaria pesada de la cual no sabía su utilidad. Para aumentar la diversión de Kevin y que adquiriera habilidades, suponía.

              Por alguna razón no podía dejar de pensar en los Sims mientras jugaba.

              Luego se quedó mirando a ver qué hacía su cliente. Kevin, por otra parte, parecía que estaba seguro de lo que hacía. Se levantó y se plantó sobre el Cruxtruder esperando a que pasara algo.
              De enseguida, empezó a mostrarse impaciente, hasta que volvió al teclado y empezó a bramar otra vez en mayúsculas.

              AP: A BER
              AP: QERES TIRAR EL LLUNQUE AL COSO TAPADO MARIKON DE MIERDA


              A este paso lo iba a dejar desamparado como siga abusando de ese insulto. Aparte, no veía ningún yunque por los alrededores. Solo el escritorio, cosas tapadas por estática y un peso muerto de hierro con forma de yunque.

              Ah, míralo. Tenía que asumir que no había desde el inicio. Ya le valía.

              Procedió agarrándolo con el cursos y fue arrastrando el con el ratón hasta el lugar indicado. Pensó que ya lo tendría, hasta que la imagen solo mostró grises y no le dejaba interactuar con nada.
              Parecía que el programa se había congelado completamente.

              WG: kevin lo siento mucho pero se ha colgado el ordenador
              -No se ha enviado el mensaje. No hay conexión a Internet.-
              WG: oh


              Solo se le fue la conexión. Momentáneamente. Mala cosa; si Terabyte estaba navegando por los lares limitados de Internet, entonces le quitarían el juego. Y si le quitaban el juego, seguramente todos estarán condenados, ya que no tendrían otra vía para salvarse de lo que fuera.
              No fue el caso. Y tampoco se fue por tanto tiempo.
              Menudo destrozo. Había creado un buen cráter en el mármol de Kevin. Su enfado fue descomunal.

              AP: IA T BALE GILIPOYAS
              AP: CASI ME MATAS MARIKON D MIERDAaAaA1!!!!!!1111
              WG: oye un poco de porfavor que se me fue la conexion vale?
              AP: BAH
              AP: PEDAFO DE INUTIL
              AP: NI SIKIERA SBES JUJAR
              WG: te digo que se me fue la conexion -_-
              AP: BLEH
              AP: KIEN TE NECESITA WILIAM
              AP: NO BALES 1 MIERDa
              AP: tienes la herramienta + putamente zuerte del planeta y no saves maneharla
              AP: kon lo fafil ke es
              AP: tengo que haferlo todo yo joder


              Ya estaba repartiendo cizaña otra vez. Ese macarra era incansable. ¿Cuándo acabaría ese infierno? Quería decir, ese juego no era eterno, ¿no?

              Estaba pensando en dejarle a un lado otra vez y buscarse otro que le ayudara a salvar su pellejo de esa cosa desconocida que lo amenazaba. Hoy estaba inaguantable. Pero sentía que si lo bloqueaba otra vez, iría a acabar como ese pobre yunque que acababa de tirar. Seguramente vendría a Londres y lo buscaría expresamente para zambullirlo en las apestosas aguas del Thames y dejarlo ahogarse en ellas hasta que se convirtiera en un fiambre putrefacto.
              Espera, ¿¡acababa de lanzar el yunque hacia la tapa él solo!? ¡Ahora sí que estaba aterrorizado!

              AP: vuEno
              AP: Ke Te pareFe mi TiRo al yunQuEeEEh Eh’
              WG: es
              WG: O_o
              WG: a
              WG: sombroso
              AP: t EsTas kagandoOo del miedo e shurri?
              WG: mother of god
              WG: tu no te fuiste de vacaciones
              WG: te fuiste al gimnasio!
              AP: PFFFFT koooooOOOOmo kada DIA meMaaAZzOoOOO!!
              AP: aora mira komo paSo la primMera parte del juego sin tu alluda
              WG: ah ya no tengo que hacer nada?
              WG: entonces estoy a salvo?


              Estaba expectante. Fue poco lo que hizo y ya se ganó la salvación, ¿quién lo diría? Tuvo un corto alivio al pensar que todos estarían bien ahora.
              Pero tuvo que bajar de las nubes otra vez. Vio a Kevin reírse como un descosido al leer sus últimos mensajes.
              AP: XRO KeEeEeEe dIiIiIiIIcEEEeSsss BoOoOoOoBooooo!!!!!
              AP: TU NO TE AS SALVAO IMBEZIL
              WG: ey pero que me estas contando?
              AP: ME SALBASTE SOLO A MI MARIKON
              AP: D LA YUBIA DE METEORITOS
              AP: Y TODO GRAFIAS A TiiIiIiIIiIiI!!!111!
              WG: oh… no… D:
              WG: me has traicionado! >:C
              AP: T TRAICIONASTE TU BOBACHO
              AP: a caso no t dijo
              AP: k usaras el CD de los METEORITOS?!
              AP: IDIOTA
              AP: NI ESO ACES VIEN

              Deshonra. Encima que hizo un acto de misericordia con ese pánfilo, se lo paga con más insultas. ¿¡Qué culpa tenía él de no prestar atención en su momento!? ¡Venga ya! ¡Este favor no iba a hacérselo gratuitamente, ni de coña! Debía de compensarle, al menos.
              WG: no pues ahora me salvas tu! >:C
              WG: ya va siendo hora de que me devuelvas algunos favores!
              AP: OoOoOOOOH No Will
              AP: TE JODES
              AP: AORA MIRA KOMO SALGO ADELANTE Y TU NO
              AP: T BAS A KeDAR YoRanDO KoMoh LA NENAZA kE ERES
              AP: UEH UEH
              WG: e
              WG: ere
              WG: eres un

              La mano derecha le temblaba horrores; tanto que no le dejaba enviar todo el mensaje. Había perdido la compostura. Quería despotricar contra ese abusón en voy alta; en vez de eso, picó repetidamente la mesa, tratando de desahogarse en silencio.
              Por desgracia, los golpes no fueron ignorados.
              Se quedó helado. Con tan solo escuchar su japonés preguntando qué estaba haciendo ya sabía lo que le esperaba.

              —¿Z-Zu…?—giró su cabeza mientras decía aterrorizado su nombre. Entró en la habitación con paso firme y miró la pantalla, tranquila. Cuando vio el CD que estaba al lado del ratón, le pareció ver que sus ojos se abrieron un poco. Parecía como si hubiera algo en ese disco que le alterara. Y eso no era normal.
              —¿Te pasa algo, Zuzy?—preguntó William un tanto preocupado. En vez de una explicación, simplemente tomó el CD y desapareció sin más antes de que pudiera protestar.

              Ahí iban sus últimas esperanzas por la humanidad. Solo quedaba un Kevin alegrándose de su desgracia y nada más. Sentía que su mundo se hundía miserablemente. Esa relación que intentaba tener le estaba destrozando por completo. Solo por él, Zu le había quitado lo que supuestamente debía jugar. Solo porque a él no le importó que se equivocara. Se había aprovechado de él completamente.

              Esto ya no tenía perdón alguno. Tanto que hizo por él y así pagaba su gratitud…
              Ya era hora de cerrar el grifo.

              WG: vale kevin
              WG: lo conseguiste
              WG: ahora SI que estoy perdido
              AP: JAaAaAHHHHH
              AP: LLORIKA
              WG: te acabas de quedar solo
              WG: suerte con tu juego
              -windyGamer [WG] bloqueó a americanPride-


              Era la última vez que le iba a dirigir la palabra. Cerró la ventana del juego para no verlo y el monitor para luego tumbarse en el saco de dormir. Tras pensarlo un rato, llegó a la conclusión de que tal vez era un juego como cualquier otro. O uno que era incluso peor que el de E.T el extraterrestre. De todos modos, ya lo perdió. Claro que no iba a ser nada importante. Nada ocurriría si no lo jugaba. Era un aburrimiento de juego, después de todo. Por lo que vio, no era nada emocionante. No merecía la pena jugar a semejante cosa.

              Mañana iba a ser otro día.
              Last edited by Poisonbird; 28/06/2016, 13:49. Razón: "últimamente tengo la sensación" x2. Realmente se me está atrofiando la cosa [?]


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              • #67
                Bueno... tenía este capítulo preparado desde hace un tiempo; pero surgió un pequeño problema, y es que se me alargaba mucho. Aparte, me vino una avalancha de trabajos yyyyyy claro, entre que me he puesto cabezota con acabar de publicar RppC y ese bloqueo que tengo con esta historia... obvio que se me iba a pasar.

                Y claro, hasta llegar a cierto punto, no sabía por dónde seguir. No sabía si pasar a otro personaje, seguir con la entrada de Will o introducir a alguien nuevo. Pero para narrar más de lo mismo, preferí cambiar de lugar.

                No, estoy hablando del episodio que va después de este. El que voy a poner está bien tal y como está.

                Ahora, que tenga que seguir con un mismo personaje por durante ahora cuatro o cinco capítulos... ni Samantha se lleva tal racha. Al menos en el siguiente cambio un poco de aires; y menos mal, porque iba a acabar loca con ese tontorrón [?].

                Bueno, ya, ya... dejo de liarme con mis propios dilemas narrativos y publico el capítulo.

                Cheers!

                Capitulo 19

                Spoiler: 
                Verde. Más verde. Todo era verde frente a los ojos del joven. Un vacío completamente plano engullía a William sin dejarle ver nada aparte de ese color, como una pantalla esterando a ser encendida por su presto dedo. Desgraciadamente para él, o sentía sus manos sobre la consola. No tenía ni la más remota idea de cómo salir de esa inacción obligada.

                Hasta que el tiempo al fin le mostró el logo de su consola.

                Era una partida de Super Mario, sin música y sin el nombre de Nintendo por ninguna parte. Era una versión pirata de ese juego, estaba claro. La pantalla continuó sola, sin que tuviera que mover ni un solo dedo. El mundo uno se formó a su alrededor tras un haz claro. Curiosamente, el protagonista de ese juego no era el fontanero. Había una versión en miniatura de él mismo completamente pixelada que se movía por cada paso que daba. Fue algo emocionante. Era el héroe que iba a emprender la épica odisea para encontrar a la princesa; o bien esperaba, por ser él, que fuera un apuesto príncipe en apuros.

                Alegremente, aplastó las cabezas de esos enanos fúngicos y obligaba a las tortugas circundantes a esconder sus testas en sus corazas. Corría divertido, haciendo salir las amanitas y las monedas brotaran de los bloques que flotaban en el aire. Era fantástico. Era libre de toda atadura dentro del Reino Champiñón.

                Mas todo su mundo se ennegreció en un destello oscuro. Y, sin ni siquiera descendiendo de un tubo, estaba dentro del fuerte del Rey Koopa. Poco le importó su propio desconcierto, ya que eso significaba que el jefe final ya estaba dentro de su alcance.

                Corrió y corrió, pasando por debajo de las inmóviles Rocas Picudas; otro suceso raro, pues estos se dispondrían a aplastarlo nada más ponerse por debajo de sus pinchos. Tampoco saltaban las llamas de la lava para inmolar su cuerpo. Solo era él y los mares ígneos que pasaba fácilmente con cada salto. Solo unos chirridos melódicos y notas bemoles se oían de fondo. Por cada metro recorrido, pantallazos de muerte y destrucción se cirnieron sobre su vista. El recuerdo del cuerpo agujereado de su madre. Las luces festivas siendo apagadas por el caos. Su padre convulsionando por las descargas de las pistolas eléctricas. Y, cómo no, la cara de ese gorila mirándolo socarrón mientras era golpeado por él mismo.

                Cada vez las piscinas magmáticas se ensanchaban hasta tal punto que no bastaron dos saltos para cruzar. Pero cada trauma que hacía acto de presencia, dibujaba una plataforma ascendente que prevenía su caída, como si la vida quisiera atormantarlo con las desgracias del pasado.
                Y, finalmente, tras el hacha que cortaba el puente, ahí estaba. Un rey tortuga que no tardó en desfigurarse y transformarse en Kevin Brown.

                Trató de esquivar sus llamaradas como si del propio Bowser se tratara. “¡Corre, salta, esquiva!”, se repetía cada vez que evitaba una derrota segura. Estaba centrado en hacerlo caer en la lava. Estaba dispuesto a hacerlo. Quería ahogar esas risas en ocho bits en roca fundida.
                Mas algo hizo detener su frenesí. Un pensamiento; una oposición. Fue aquel traicionero instante cuando se dio cuenta de que sus anhelos se estaban asemejando a los de un asesino desquiciado.

                ¿Realmente podía hacer eso sin volverse como él?

                Y después, la desgracia. El daño. Un esputo de fuego lo hizo caer antes que él. Lo hizo descender por debajo del puente, y siguió descendiendo y descendiendo hasta cruzar los límites del mapa. Poco a poco, en ese descenso por la negrura eterna, los gráficos iban mejorando por cada centímetro que bajaba, hasta volverse muy cercano a la realidad.
                Finalmente, su sprite aterrizó boca abajo. En contraste al castillo de Bowser, era un páramo completamente abierto y congelado, con blanco y gris por doquier. Los vientos helados se podían notar en sus piernas, así como la nieve enterraba su rostro. Cuando sacó su cabeza del suelo, pudo notar que los copos ascendían hacia el cielo, como si nevara en una cinta rebobinada. Y, frente la vista frontal de su mini-él, no había sino un horizonte vacío y una figura lejana desfigurada. Parecía una caperuza flotando en el aire, esperando a que se acercara.
                Se fue acercando lentamente hacia ese espectro en medio de la nada.

                Pero justo cuando iba a llamar la atención de ese trozo de tela vacío, el Pesterchum le sacó de ese sueño tan extraño.

                Nunca pensó que esas vivencias tan intensas le darían unas aventuras oníricas tan asfixiantes como esa. Pero más importante, ¿qué era esa capa? ¿Y quién diablos hablaría con él a las siete de la mañana?
                Fue a encender la pantalla mientras se limpiaba las legañas de sus ojos. Tenía que saber quién interrumpió su sueño.
                De nuevo, recuperó su usual alegría, después de tantos años. No era en persona, pero al menos sabía que era ella.

                -talkingChaplin [TC] empezó a trollear a windyGamer [WG] a las 7:08-
                TC: ¿Webs conspiranoicas?
                TC: Claro, ahora te paso unos cuantos enlaces.
                TC: ¿Estás despierto?


                Claro que sí. Ahora le iba a contestar.

                WG: SAAAAAAAAAAMYYYYYYYYYYYYYY! ^O^
                WG: me despertaste de una horrible pesadilla ;_;
                TC: Oh...
                TC: Esto...
                TC: ¿De nada...?
                WG: fue todo TAAAN raro...
                WG: estaba en un juego de mario, andaba muy tranquilamente por el reino champiñon...
                WG: es que parecia una creepypasta, te lo juro
                WG: y de repente estoy dentro de un castillo muy facil de pasar hasta que me encuentro a kevin
                WG: PUM!
                WG: caigo en la lava
                WG: y no se si eso era el infierno o que, pero estaba todo helado
                TC: Eh...
                WG: creo que la parca estaba ahi, bueno, no se lo que era, era muy raro o_o
                TC: No lo dudo.
                TC: ¿Te paso los enlaces o no?


                Se entusiasmó demasiado. Tenía que calmarse.

                WG: por favor -_-
                WG: siento si me fui por las ramas... u_u
                TC: No te preocupes.
                TC: Debiste de pasarlo fatal con ese sueño.
                WG: i know right!?
                WG: ¡Fue horrible! >_<
                TC: Ya ya.
                TC: Ya pasó.
                TC: Ten. Mira si los puedes abrir.
                TC: Estos blogs no aparecen ni en Google, así que deben de funcionar.


                Texto azul subrayado en la ventana blanca. Dos enlaces con nombres evocando oscuros misterios aparecieron en la pantalla de William. ¡Al fin podía saber qué estaba ocultando Red Phanter!
                Hizo un presto click a los dos enlaces para que las ventanas del Internet Explorer se abrieran lo más rápido posible. Rezaba para que ni la latencia ni el servidor le mantuvieran en la incógnita.

                Funcionó. Después de diez minutos esperando, se le cargó la página al completo. Dio gracias al mal diseño y a su simplicidad, pues gracias a este no tardó una hora.
                Ahora que tenía la página abierta, podía leer su contenido. Una de las noticias fue que las Islas Canarias fueron arrasadas por, “supuestamente”, un meteorito; aunque afirmaba rotundamente que fue el... ¿”harpíon”? H.A.A.R.P, en todo caso. En otras palabras, que el gobierno encontró una manera de usar asteroides como arma bélica.

                Todo tenía sentido ahora. Realmente cayó un meteorito en las calles; sea manejado por una facción militar o no.

                Pero había otra entrada que le puso los pelos de punta.

                “Aviso de bomba nuclear dentro de tres días”.

                El autor no estaba seguro de si los medios iban en serio o era una trola para que luego el gobierno “malo” pueda instaurar en paz el Nuevo Orden Mundial, pero una cosa estaba clara: odiaba las bombas.

                WG: un momento
                WG: van a bombardear el mundo!? D:
                TC: Sí.
                TC: Quizá estas páginas lo pongan en duda; pero francamente creo que tratan de ser optimistas, pese a todo.
                TC: Pero ahora que lo leo, se me hace raro que den un tiempo determinado para lanzar las bombas. Está demasiado coordinado, ¿no?
                WG: que mas da!? ES TERRIBLE! >-<
                WG: tengo que avisar al resto!
                WG: Y-Y TENGO QUE RECUPERAR ESE JUEGO
                WG: ahora entiendo por que mi padre queria que jugara con tanta urgencia
                TC: Espera.
                TC: ¿Cómo se llama ese juego?
                WG: hm...
                WG: sburb
                WG: por que lo preguntas?
                WG: no es tipico de ti interesarte por estos juegos...


                Hubo un silencio muy incómodo. Era como si le hubiera molestado sus últimas frases. Esperaba que no fuera eso.
                Y evidentemente, no fue esa la causa de su silencio.

                TC: ¿¡Tienes una copia física del juego!?
                WG: lo conoces!? O_O
                TC: ¡Claro que lo conozco!
                TC: Estoy en una partida ahora mismo.
                TC: Aunque esté medio parapléjica, pero igualmente.
                WG: oh dios!
                WG: entonces me puedes ayudar
                WG: genial! ^O^
                TC: Em... no.
                WG: espera, no!?
                WG: por que!? D:
                TC: Digo, no creo que pueda.
                TC: No sé si había un límite de clientes o algo por el estilo.
                TC: Pero podemos intentar.
                TC: ¿Tienes el ejecutable del cliente?
                WG: lo he perdido u_u
                TC: No te preocupes. Te pasaré una copia digital.
                WG: no puedo descargarlo
                WG: ya lo intente con kevin, pero iba demasiado lento
                TC: …
                WG: es que
                WG: mira!
                WG: mi padre me dijo que jugara para que me salvara o algo
                WG: y el tambien queria jugar a ese juego
                WG: asi que jugue con el
                WG: pero
                WG: pero...
                WG: fui un idiota
                WG: me equivoque de disco y acabe por ¿salvarle? el pellejo
                WG: y no quiso jugar conmigo el muy condenado!
                WG: y pensar que me iba a devolver el favor al menos...
                WG: he he, menudo idiota...


                Ahora sí estaba asustado. Después de contarle esa odisea internáutica, Samantha se quedó callada un largo tiempo. Sabía muy bien que ella odiaba a muerte a ese hombre; más que nada por el abuso que le hacía a él que no a ella en su infancia.

                Desde siempre, Kevin fue un abusón que hacía uso de la fuerza bruta para intimidar a aquellos más pequeños que él; tanto si eran menores como si fueran más débiles. No conocía el respeto; ni para sus superiores ni para nadie. Iba acompañado de cuatro secuaces; dos de ellos lo abandonaron simplemente porque empezaron a dudar de que saldrían premiados a su lado. Fue poco después de que Kevin empezara a tener predilección por él.

                Estuvo una semana sufriendo sus bromas; tan pesadas eran que empezaron a convertirse en algo serio. Incluso empezó a usar su fuerza por tal de magullarlo y reducirlo a nada. Tampoco era de hacer daño psicológico, después de todo.

                Entonces fue cuando una joven Samantha decidió tomar la justicia de su propia mano.
                Trató de darle su propia medicina usando las fuertes piernas que había trabajado jugando al fútbol con los niños. Se enfrentó a él frente a la fuente; cuerpo contra cuerpo. Con solo una patada bien dada, logró alejarlo.

                Por un corto periodo de tiempo.

                Cómo un boomerang, regresó con fuerza llevándose la reputación de Samantha consigo. Por culpa de argumentos simples como “las niñas deberían de bailar ballet y no chutando goles en el campo” y “un niño haría su trabajo mucho mejor”, logró que su equipo la sustituyera por otro y la aislaran por completo.

                No consiguió acobardarla; pero sí la hizo mucho daño. Para empezar, y sin que sin ella se diera cuenta, creó un odio acérrimo hacia la hombría. Muchos de sus amigos eran chicos, así que tuvo que despedirse de gran parte de sus amistades. Menos servía juntarse con las suyas; ya la apartaban por hacer deporte de forma activa.

                Podía entender si se enfadaba. Después de todo, ayudarle era como despreciar todo lo que hizo por él.

                Pronto pronunció palabra. Y no parecía contenta al respecto.

                TC: De modo...
                TC: ¿Que le dejaste entrar en la partida...?
                WG: si u_u
                WG: lo siento
                TC: Lo que faltaba.
                TC: Primero se hace novio de mi hermana.
                TC: Y ahora esto.
                TC: ¿Cómo se supone que me lo debo tomar?
                WG: WTF
                WG: tu hermana hizo que!? O_O
                TC: No dije nada.
                WG: whoops hehe ^^U
                TC: Como sea... tenemos un problema bien gordo entre manos.
                TC: Sobre todo tú, William.
                WG: no habia otra persona con la que pudiera jugar, vale? T_T
                WG: no tenia opcion
                TC: No lo digo por eso.
                WG: ._.?
                TC: Lo digo porque este juego trae el fin del mundo.
                TC: Y si uno no empieza a jugar pronto, morirá junto al planeta entero.
                WG: ._____________.
                WG: en
                WG: serio?
                TC: Sí.


                Aún no se tragaba la historia del juego maldito. No, tampoco podía creer que su padre haya creado semejante cosa. ¿Un juego que trae meteoritos? ¿¡En serio!?

                TC: Tienes que encontrar una forma de entrar.
                TC: Recupera el disco.
                TC: Luego veré si puedo ayudarte, ¿de acuerdo?
                WG: no se...
                WG: tampoco creo que fuera asi de grave el asunto...
                TC: Will, por favor.
                TC: He jugado a ese juego.
                TC: Sé de lo que me hablo.


                ¿Realmente eso era un arma para acabar con el mundo? Quizá era el destino. Si bien iban a lanzar bombas antes de terminar, al menos eso ofrecía una segunda vida. ¿Pero por qué? ¿Por qué irían a destrozar el mundo de una vía u otra, si al fin y al cabo no tendrían planeta al cual dominar?
                Algo podrido se olía en la distancia, y no entendía nada. Solo una cosa era segura; el no quería morir.

                WG: bien bien...
                WG: vere si logro quitar el cd a purple crow
                WG: pero sera dificil
                WG: ella es una ninja, despues de todo
                WG: tiene una vista de aguila esa mujer
                WG: quien sabe lo que es capaz de hacer...
                TC: Hm...
                TC: Va a ser difícil.
                WG: aunque...
                WG: normalmente cuando confisca las cosas se las da a grudge
                WG: vere si se lo habra dado a ella primero
                WG: luego fisgare en su habitacion a ver
                TC: Entiendo.
                TC: Pero no pierdas mucho tiempo.
                TC: Avísame cuando lo tengas.


                Era hora de poner remedio a sus errores. Apagó el monitor y, sin hacer mucho ruido, caminó hasta el vestíbulo. Eran las siete y media de la madrugada. A estas horas no habría nadie pululando por ahí, con suerte.
                Estaba vacío. Casi. La luz del alba proyectaba una silueta menuda en los escalones. Estaba mirando hacia arriba. Suponía que era para ver el amanecer. Lilly siempre lo hacía.
                De todos modos, si ella estaba ahí era señal de que su madre no tardaría en levantarse. Decidió que era mejor estar con ella un pequeño rato hasta que Mamá Koala se alejara de la morada de Grudge. Así tendría menos gente con la que lidiar.
                Y para estar con su hija un pequeño rato. Sobre todo para eso.

                —Ey.—saludó el joven con la mano.
                —¡Willy! No has dormido muy bien, ¿no?—preguntó la pequeña.
                —No... no muy bien. Creo que se me apareció un fantasma.
                —Vaya. ¿Quién era?
                —¡No lo sé! ¿Estás mirando el cielo?
                —¡Síii! Miraba las estrellas, pero ahora se van a ir con el sol. ¡Nunca vi tantas en una noche!

                Claro, teniendo en cuenta que las neblinas siempre cubrían el firmamento, era raro ver alguna luz celestial. Odiaba esa atmósfera. Tan llena de intrigas y de... tristeza. Era irónico que una de sus peores noches sea una con tantas luces guiándole.

                —Me alegro de haber salido anoche. ¿Sabes? ¡Una chica me dio este amiguito!
                Y, ahora que se fijaba, tenía un pingüino granate entre brazos. Un pájaro bobo con una cara bastante simpática.
                —Se llama Señor Pingurnis, y le encantan las sardinas.
                —Qué monada.—dijo con una sonrisa en la cara,─¿y dices que te lo dio una chica?
                —¡Ajá! Parecía un poco loca, y al principio daba miedito, ¡pero era muy amable! Tenía pelos también locos, ¡pero muy!
                —¿No te ha dicho su nombre?—preguntó, tratando de averiguar su identidad.
                —No... no le pregunté.
                —Oh, está bien.

                Después de esa pequeña conversación, parecía que solo le faltaba disfrutar de los colores que iban tiñendo el cielo. El rosa empezaba a sustituir los azules de las pocas nubes junto al tenue amarillo que dejaba salir el sol. Toda estrella que resplandecía iba ahogándose por la corona del sol.

                Excepto por una.

                Era una bola de luz blanca enorme con tonos rojizos. Era preciosa. Como un destello que nunca perece, ni aunque la luz opacara el resto. Era un cuerpo celeste que persistía. Lilly estaba maravillada; tanto que hasta pensó que era un ángel que caía del cielo.
                William, en cambio, tuvo un mal presagio.

                Parecía que Helen tenía razón, después de todo.

                —Lilly... creo que eso no es una estrella.
                —¿No? ¿Y qué es?—preguntó toda sonriente. Le daba hasta lástima decirle la cruda realidad.
                —Un... es un meteorito.
                —¡Oooooh! ¿Y lo veremos de cerca!—seguía sonriendo llena de alegría.
                —Demasiado. Nos va a aplastar y todo.
                —¡No, no lo hará! ¡Todo estará bien!
                —Lilly, creo que no estás entendiendo nada de lo que digo.
                —¿Verdad, Señor Pingurnis? ¿Verdad que no nos hará nada?—le preguntaba al peluche, como si pudiera hablar por ese pico de color cadmio.

                Pudo observar bien a ese plumífero por un breve lapso de tiempo. Le pareció ver una brecha cerrada con hilo blando, como si tratara de ocultar el algodón de su interior. Por alguna razón tenía la sensación de que esas suturas encerraban algún misterio. ¿Pero cuál?

                “—No hemos encontrado el pingüino, señor.”

                ¿Por qué estaban buscando un pingüino?

                “—Lo dicho, señor. El peluche que tiene la copia original ya no está.”

                Pronto vio la luz al rememorar los hechos. El adorable Señor Pingurnis era la panacea de sus problemas. ¿¡Para qué ir a donde Grudge si tenía una copia en frente de sus narices!?

                —¡Lilly! ¿Podrías dejarme al Señor Pingurnis un momento?
                —¿Ah? Claro, claro, ten.—le cedió el pájaro sin rechistar. Toqueteó las costuras y trató de remover el algodón hasta que pudo notar un brillo iridiscente en sus entrañas.

                Ahí estaba. Aquel tesoro que buscaban estos hombres de guerra estaba ahora en sus manos. No pudo evitar expresar su júbilo con palabras.

                —Estamos salvados, ¡salvados! Oh Lilly, ¡nos has salvado a todos!
                —Oye, no te volviste majara, ¿no?
                —Eh... ¿puede...? ¡Ah, qué más da! Voy a necesitar al pingüino un momento... y algo que corte también.
                —¡Oh, no! No irás a cortarlo en pedacitos, ¿¡verdad!?
                —No, es que... verás...—buscaba traducir que necesitaba el disco de su interior en el idioma de los niños. No tardó en dar con una forma de expresarlo.—El Señor Pingurnis tiene una cosa que le pone muy malito...
                —¡Oh, no!
                —Y tengo que sacarlo. ¡Solo quiero curarlo, nada más!

                Ha funcionado. Bajo esa pobre historia llena de fantasía, logró que Lilly le cediera el peluche.

                —Un momento, creo que vi una navaja por ahí tirada.

                Bajó un momento a las vías para luego traer en sus pequeñas manos, una cuchilla llena de óxido.

                —Aquí tienes. Cuidado no te cortes, ¿vale?

                Agarró ese pequeño cuchillo y colocó la hoja por debajo de las costuras. Costó un poco por la roña del filo; pero uno a uno, los hilos fueron cediendo hasta dejar ver una gran brecha y parte del CD a la vista.

                —Bien, ahí estás.

                Con cuidado de no destripar al pingüino, fue retirando el objeto hasta que pudo lucir todos los colores con la luz matinal. Alrededor del centro, se dibujaba una estrella de doce puntas con un punto de cada color.

                Era completamente diferente a los CD's que le dio su padre. Quizá sea una edición limitada del juego, pensó. Pero el caso era que estaban todos salvados.

                —¡WOW! ¿¡Era eso lo que tenía dentro!? ¡Qué bonito!—exclamó la pequeña.
                —Sí, esto era.
                —Pero... aún sigue abierto. Se va a desangrar.

                Vaya hombre, ahora se sentía mal por Lilly. Había roto su juguete por el juego. Pero lejos de entristecerse, mantuvo su optimismo.

                —¡Bueno, no pasa nada! Le pediré a mi madre que lo cosa. ¡Gracias Willy!
                —No hay de qué. Ahora... voy a dormir un poco. Estoy bastante cansado.
                —¡Okey! ¡Que sueñes con los angelitos esta vez, Will!

                Pobre inocente, tener que mentir así para que no lo viera jugar...
                Con su paso somnoliento, regresó a la taquilla de Green Park y volvió a encender el monitor. Samantha seguía conectada. Le estuvo esperando este tiempo.

                WG: lo tengo! :D
                TC: Bien.
                WG: no es la copia que me dio mi padre, pero seguramente sirva
                WG: parece una edicion limitada!
                TC: ¿Estás seguro de que no es otro CD de servidor?
                WG: si
                WG: eh
                WG: esto
                WG: no
                WG: pero seamos positivos, a lo mejor tiene los dos cds en uno
                WG: who knows?
                TC: Te has vuelto muy optimista de repente.
                TC: Quizá demasiado.
                TC: En fin, introdúcelo ya.
                TC: Si ves un archivo de nombre SBURBclient.exe, vas por buen camino.
                TC: A todo esto, tengo que decirte algo.
                WG: dime o.o


                Le estaba tomando algo de tiempo. Quizá eran malas noticias. O tal vez quería decirle algo personal; pero lo dudaba.

                TC: Me temo que no voy a poder ayudarte.


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                • #68
                  ¿¡Por qué me costará tanto pasar a limpio los capítulos ahora!? Y mira que para este me faltaba bien poco desde que lo seguí.

                  Bueno... er... [MENTION=56869]New_World[/MENTION]? Se me olvidó mencionarte.

                  Eeer... tengo como capitulo y medio en la libreta; pero ando desorientada con este fanfic y tengo que ordenar mis ideas. ¿Cuántas veces dije eso? Tengo muchas cosas por poner yyy... estoy entre, o bien omitir cosas o alargar los caps hasta 6000 palabras o más.

                  Lo sé, es un montón. Pero tampoco quiero que hayan muchos episodios. Y no sé, a lo mejor me beneficia hacer tochones.

                  Bueno. Eso es todo.

                  Cheerio~!

                  Capitulo 20

                  Spoiler: 
                  Aunque lo había visto venir, no quitaba que le sintiera como una puñalada por la espalda. Esperaba que Samantha le echara una mano con su problema. Primero sintió tristeza. Luego pasó a estar frustrado y enfadado.

                  WG: pero por que sam!?
                  WG: yo confiaba en ti!
                  WG: como has podido!?
                  TC: A ver, tengo mis razones.
                  TC: Primero: no puedo levantarme de la cama.
                  TC: Tengo una herida profunda en el torso, ¿recuerdas?
                  WG: ah... claro...
                  TC: Segundo: el dispositivo portátil tiene una versión de SBURB; pero no me permite configurar el cliente.
                  TC: Haga lo que haga, no puedo cambiar de cliente.
                  TC: Y tercero: mi médico me dijo que sería inútil.
                  TC: El juego solo permite tener un cliente por persona.
                  TC: Y ya tengo uno.
                  WG: entiendo... u_u
                  TC: Lo lamento, de veras.


                  Todo el optimismo que inyectó Lilly al garete. Tenían un meteorito por encima de sus cabezas, y la única con quien podía confiar en ese momento no podía ayudarla. Sentía que debía de hacer sus últimos votos por Pesterchum antes que las vías del metro los sepulte en una avalancha.

                  WG: no, no... no hace falta que te disculpes
                  WG: me lo merezco despues de todo
                  WG: por idiota
                  WG: ahora tendre que morir
                  WG: les he fallado a todos...
                  WG: lo siento papa
                  WG: lo siento lilly
                  WG: lo siento helen
                  TC: Hm...
                  WG: y zu, y leon, y brutus, y joe, y thera, y agatha...
                  WG: melody no
                  WG: que se pudra
                  WG: y sobre todo, lo siento mucho sam
                  WG: he cometido un error dejando que kevin entre a ese juego
                  WG: me debes de odiar ahora mismo...
                  TC: Eeeeeeh...
                  TC: No. Claro que eres un poco imbécil por dejar pasar a ese macarra...
                  WG: auch
                  TC: Pero no puedo odiarte por eso.
                  TC: Ahora, ya que hemos aclarado las cosas, tendríamos que buscar otra manera de entrar.
                  TC: U otro servidor.
                  TC: Más colaborador, al ser posible.
                  WG: pero no puedo pasar el juego!
                  WG: si provoco latencia otra vez, me van a quitar internet, estoy seguro!
                  WG: Y NO PUEDO PERMITIR ESO!
                  TC: Hm.
                  TC: De acuerdo.
                  TC: El problema es grande.
                  WG: aparte, no tengo tiempo
                  WG: un meteorito gigante se dirige hacia aqui...
                  WG: parece la luna de majora's mask en llamas
                  WG: creo... que ya estoy muerto despues de todo
                  WG: ha ha
                  WG: al menos ya me despedi de todos
                  WG: snif... :'(


                  Aunque sollozó en pantalla, William no lloró frente el monitor; todo y que le tentaba hacerlo. Empezaban a humedecerle las córneas cuando pensaba lo corta que fue su vida.
                  No quería morir. Se negaba que se había escondido solo para perecer de toda manera. Quería creer que aún había un modo de escapar de ese funesto destino. ¿Pero cómo?
                  Un solo mensaje bastó para que volviera a creer en su salvación.

                  TC: Will.
                  TC: Tienes otros contactos aparte de mi, ¿verdad?
                  WG: bueno... ._.
                  WG: tengo a unos cuantos colegas de la infancia...
                  WG: OH!
                  WG: NO ME DIGAS
                  WG: piensas enviar los archivos a otro para que me salve?
                  TC: Sí.
                  WG: QUE PAULATENA TE BENDIGA, ERES UN GENIO! ^O^
                  WG: ahora ate paso el contacto de pontarc
                  WG: el seguro que me ayuda!
                  TC: Espera, ¿pero ese no era el rubio que acompañaba a Kevin?
                  TC: Madre mía.
                  WG: nah, pero se fue porque era un gorila sin cerebro con el que no podia sacar ningun provecho o algo asi me dijo
                  WG: es buen chico, en verdad
                  WG: dira que es una escoria de persona, pero tambien me ayudo bastante hace unos años
                  TC: Es que es verdad. Es una escoria de persona.
                  TC: Y un engreído, además.
                  WG: pues explicame como quiso humillar a kevin en frente de todos los niños de la escuela despues de decirme que lo hacia por mi
                  TC: Ego. Puro y simple ego.
                  TC: Iba a por tus consolas, ¿recuerdas?
                  WG: ¡que va, si ya los tenia! ¡solo queria ver como jugaba!
                  TC: Quería que se los pasaras por él, entonces.
                  WG: si crees que eso fuera lo que le interesaba, te crees que no me invitaria a casa a comer canapes?
                  WG: y que me ayudara en los deberes de literatura sin intereses?
                  WG: como te lo explicas?
                  TC: ...


                  Como su de una invocación se tratara, su pseudónimo apareció en otra ventana con un texto añil.

                  -envyoftheMonarch [EM] empezó a molestar a windyGamer [WG] a las 8:23-

                  EM: Vaya, buenos días, pequeño saltamontes.
                  EM: ¿Cómo que te has conectado tan temprano?
                  EM: Espera, no me digas.
                  EM: Estás con tus vicios mundanos, ¿verdad?


                  WG: hablando del rey de roma...
                  TC: ¿Realmente puedo confiar en ese sujeto?
                  WG: que si, que si...
                  WG: quiza es un poco...
                  WG: como era la palabra?
                  WG: tocanarices?
                  WG: pero es buena gente, palabra
                  WG: le preguntare si me echa una mano
                  TC: Vas a perder el tiempo con él, William.


                  No hizo caso esa advertencia. Más tiempo perdía en tratar de convencerla de que era de fiar. Suponía que ella lo sabía de sobra.

                  WG: no!
                  WG: me los han quitado ):<
                  EM: Me pregunto por qué...
                  WG: igualmente...
                  WG: llegas en un momento muy oportuno! :D
                  WG: aun tengo uno en mis manos y necesito jugarlo
                  EM: ¿No puedes jugarlo solo?
                  EM: Sabes que esas cosas para niñatos hiperactivos no son para moi.
                  WG: no son para niños! >:C
                  WG: son para todos!
                  WG: y no, es un juego cooperativo :P
                  EM: Ay, Willy, Willy, Willy.
                  EM: Sabes lo que opino de estas cosas, ¿no?
                  EM: Te lo acabo de decir.
                  WG: pero realmente necesito jugarlo!
                  WG: es la única manera que tengo de salvarme
                  EM: Cuán grande es la desesperación que tienes, chaval.
                  EM: Queriendo jugar todo juego hasta el fin de los tiempos...
                  EM: ¿No crees que tu último deseo un tanto fútil?


                  No creía que estaba poniendo el dedo en la llaga. Sabía que lo decía por su desagrado a los videojuegos. Pero la cuestión era de vida o muerte ahora.

                  WG: no, no lo entiendes!
                  WG: ese juego nos ha condenado a todos!
                  EM: ¿Y por qué jugarlo? ¿No crees que, si yo entrara, las cosas empeorarían todavía más?
                  WG: como si fuera a empeorar!
                  WG: mira, ahora mismo viene un meteorito hacia mi...
                  WG: morire si no juego!


                  No había forma de que le creyera. Su escepticismo era muy firme al respecto.

                  EM: ¡Absurdo!
                  EM: ¿¡Cómo un videojuego puede traer condena!?
                  EM: Lo que sí trae el fin son las bombas que van a caer del cielo.
                  EM: Lamento ser yo el que te lo diga, querido; pero estás malgastando un tiempo precioso haciéndome esa petición.
                  WG: pero... pero le dije a sam qu
                  EM: Samantha está muerta. Asúmelo.
                  EM: ¿No leíste las noticias?
                  EM: ¡Oh, excusez moi!
                  EM: Me olvidé que estás aislado del mundo.
                  EM: Resulta que un meteorito destruyó las Islas Canarias.
                  EM: ¿No fue ahí donde se fue?
                  EM: ¿Cómo iría a sobrevivir a un choque de expansión? ¿O a un maremoto, en todo caso?
                  EM: Nadie puede.
                  EM: Es imposible que haya sobrevivido.


                  WG: uuuugh
                  WG: que irritante
                  WG: piensa que estas muerta
                  WG: y no quiere ayudarme
                  WG: le he explicado mi problema y no me cree D:
                  TC: Con que esas tenemos, ¿hm?
                  TC: Ya va siendo hora de que me pases su pester.
                  TC: Quizá así se calle.
                  WG: bien! >:3


                  Sonrió. Cuando dijo que Samantha estaba muerta, sabía que se iba a tragar sus propias palabras. Seguramente en ese momento habría mencionado sobre la gran imaginación que tenía; o tal vez le recordaría la gran dejadez que conllevaba su hobby. Mas estaba callado. Demasiado ocupado hablando con Samantha, parecía ser.
                  Pronto hubo una contesta.

                  EM: Que ironía.
                  EM: Acabo de ser refutado desde el inframundo.
                  WG: ^w^
                  WG: lo sabiiiaa
                  EM: Y si ella está viva, supongo que me puedo creer cualquier cosa...
                  EM: Bien, bien... en media hora empezará esta fiesta.
                  EM: Pon atención para cuando ocurra.
                  EM: A todo esto, ¿cómo has estado?
                  WG: bueno, podria estar peor...
                  WG: oh! sabes lo que hizo kevin anoche!?
                  EM: ¿Qué te hizo esta vez?
                  WG: me utilizo para que jugara ese juego
                  WG: ME UTILIZO!
                  EM: ¿Aún hablas con ese burro?
                  EM: Pensaba que ya lo habías bloqueado.
                  WG: creeme que lo hice D:
                  WG: pero mi padre me dijo que jugara a ese juego urgencia
                  WG: y el tambien queria!
                  EM: A ti te gusta que te hagan daño, ¿verdad?
                  WG: no, no me gusta ._.
                  EM: Mentira.
                  EM: Vamos, ¿tanto cuesta ser honesto con uno mismo?
                  EM: Si tienes problemas mentales, admítelo. No me seas cobarde.
                  WG: dejemos ese tema aparte por favor
                  EM: Supongo que sabrás que negar la realidad es mucho más doloroso, ¿no?
                  EM: Quizá por eso estés negando la cruda verdad.
                  WG: para
                  EM: ¿Para seguir engañándote?
                  WG: te bloqueare a ti tambien!
                  EM: Oh.
                  EM: Pensaba que querías que te ayudara con ese juego.


                  No había manera. Una vez que Pontarc se ponía en ese plan, no iría a parar de malmeter con los supuestos problemas que no tenía. Era libre de decidir si sufrir o no, ¿verdad?
                  Claro que, si había algo que tenía razón, es que no podía parar de herirse. Aún se preguntaba por qué.

                  WG: ugh vale me gusta que me peguen, satisfecho?
                  EM: Lo dices para mi complacencia.
                  EM: No es suficiente.
                  EM: Bueno, reconocer esas cosas toma su tiempo. Será mejor que te deje en paz con eso.
                  WG: eso!
                  EM: En fin… tengo el servidor preparado.
                  WG: bien
                  WG: ahora ejecuto el cliente
                  WG: un momento


                  Regresó al fichero por donde estarían los ejecutables del juego. Solo debía de abrir el client y la pantalla volvería a mostrarse.
                  La terminal hizo acto de presencia. Una tecla y todo dependería de él ahora.

                  AVISO: Algunas funciones del juego han sido modificadas. Estos cambios pueden producir que la sesión llegue a un punto muerto, corrompiendo completamente la partida.

                  ¿Desea restablecer los valores por defecto? [Y/N]


                  No sabía que significaba esto. ¿Modificaciones? ¿Partida que puede corromperse? ¿Cómo era eso? ¿Qué hizo su padre con ese juego?

                  WG: oye sam
                  TC: ¿Qué ocurre?
                  WG: a ti te pidio algo como reestablecer los valores por defecto del juego o algo asi?
                  TC: …
                  TC: No.
                  TC: Para nada.
                  WG: um…
                  WG: ahora no se si tengo que pulsar y o n…
                  TC: Quizá Kevin la haya liado.
                  TC: Bueno. Asumiremos los riesgos que tengamos que asumir.
                  TC: No puedes perder más tiempo.
                  WG: esta bien…


                  Ordenó a la terminal que hiciera lo que tuviera que hacer. Un torrente de mensajes invadió la ventana negra mientras este trataba de conectar con el ordenador de Pontarc.

                  Restableciendo base de datos…
                  Reparando daños…
                  Restableciendo permisos por defecto…
                  Comprobando estado de arcaicos…
                  Actualmente han sido importadas desde otra sesión. Estado: 11 latentes, 1 despierto.
                  ERROR: Se han encontrado entes desconocidas que afectan a la mecánica del juego. Su eliminación se llevará a cabo en cuanto los arcaicos se despierten.
                  Inicializando despertar…
                  Hecho.



                  Todo acorde al plan.

                  Los rezos que ofreció a los fantasmas del olvido habían dado sus frutos; más incluso que rindiendo culto a esos monstruos envueltos en viscosos tentáculos. Aquellos zorros fantasma eran realmente fieles a su propósito; incluso cuando se trataba de reducir a nada parte de las estructuras de su hermosa ciudad. La desesperación de haberlo perdido todo trajo a sus filas más peones para su lucha contra los eruditos del Orador. El pánico regaló a la reina los servicios de la vidente. Cierto era que debía esperar a su despertar; pero cueste lo que cueste, tendría a su disposición el futuro, y, consigo, la victoria absoluta. Jamás emergerá una repugnante rana de las entrañas de Skaia. Bajo ninguna circunstancia dejaría que existiera esa abominación.

                  Aún no sabía qué hacer con la alimaña que le acompañaba, sin embargo. Era pequeña y frágil, cierto era; pero no servía para nada y sabía que podía ser una influencia peligrosa si descubría de lo que era capaz.

                  Quizá acabar con ella sería lo más práctico, desde que tampoco veía cómo la podía ayudar… pero si la asesinaba, probablemente la vidente tenga más valor para rehusarse; quizá hasta se plantearía el suicidio como una forma de liberarse. Y eso sería un problema muy grave.

                  La reina apoyó su mejilla contra su puño, reflexiva. ¿Cómo podía aprovecharse de esa niña?

                  Estuvo reflexionando un buen rato buscando respuestas hasta que las puertas de la sala del trono se abrieron de golpe. Un pequeño dersitano con las ropas hechas harapos irrumpió en la sala jadeando y sudando la gota gorda.
                  Era Courtyard Droll, uno de sus cuatro agentes; el más infantil e incompetente de ellos. Aún se preguntaba por qué lo mantenía en un puesto tan alto.

                  No pudo evitar fruncir el ceño al verle entrar tan apurado. Inquirió una respuesta a voz viva. ¡¿Por qué no estaba en el mundo de los campanarios?! El inquieto sirviente informó de que hacia allí iba, evidentemente.

                  "¿¡Y por qué había vuelto a ella!?", peguntó con impaciencia.

                  Uno de esos perros quería verla. Ah, y el muy condenado no se trajo un arma para cumplir su cometido.

                  Estúpido idiota. Tuvo que señalarle la porra que había en la cómoda mientras se tapaba el rostro con la otra mano. De paso dijo que ahora mismo iría a ver al zorro. Sin más, Courtyard Droll fue a tomar su nuevo garrote y se despidió cordialmente.

                  Ni siquiera sabía si era un verdadero dersitano con trastorno de personalidad o solo era un prospitano pintado de negro.

                  La reina se levantó de su trono y se puso la túnica para salir. Pasó como una transeúnte cualquiera, ocultando su corona de ébano bajo la sombra de la tela. Salió de la plaza real y se mezcló con la gente que trataba de recuperar sus cosas entre la ceniza. Nadie se daba cuenta de que la realeza estaba caminando justo a su lado. Después de todo, todos usaban las mismas ropas. Pasó por la Calle Mayor de la luna, y ascendió a unas largas escalinatas hasta llegar a un mirador. Los lustrosos adoquines morados y añiles del suelo dibujaban un vórtice de seis brazos inconexos. Y, frente la barandilla negra, uno de esos espectros enmascarados esperaba con las patas puestas en la tierra.

                  Luz lila que destacaba entre la oscuridad del Velo. Sus flamantes cuatro colas aguardaban flotando por el aire. Ella sabía que ante esos ojos rojos no podía mentir.
                  Hicieron parte de su trato. Ahora ella debía cumplir con su parte.

                  —Devuélvenos lo que nos pertenece o borraremos tu existencia.

                  No parecía importarles quién era. Sin más, hurgó en los bolsillos de su túnica y sacó una máscara blanca con seis marcas rojas, sin agujero alguno; ni para los ojos tenía. Aquel emisario del vacío tomó el artefacto con sus fauces, teniendo cuidado de no arrancarle un dedo a la reina.

                  —Tu deuda ha sido saldada. Nuestro señor podrá resurgir al fin.

                  Sí... siempre era un placer hacer negocios con aquellos dioses caprichosos venidos de la mismísima nada. Pero aún quería otro favor. Las fuerzas de Prospit estaban aumentando a medida que los héroes despertaban. La esperanza que albergaban en sus corazones aumentaba cada vez más y más. Si su armada contaba con algunos perros de caza, tal vez mermaría sus fuerzas.

                  Pero, siendo realista, no hay modo de poner a los zorros de su lado. A no ser que ofrezca su alma a cambio de su apoyo, no moverían ni una pata por ella. Dejó que se marchara tranquilamente con la máscara de su superior. Fue dejando una estela fatua por el vacío, hasta reducirse a un punto liláceo en la penumbra eterna.

                  El zorro cruzó fronteras ondulantes en ese abismo de chirridos y gruñidos ininteligibles, siendo atravesado una y otra vez por sus apéndices. Pero era como aire; ninguno de esos golpes lograban desviar al can de su destino.

                  Tras soportar los siseos de los Horroterrores y esos repugnantes tentáculos, finalmente llegó a su destino.

                  Sombras. Oscuridad. Nada. Vacío.

                  Se postró ante un ser que el ojo mortal no podía ver. Su opaca presencia se eclipsaba con toda la negrura del Anillo Lejano. Nada era y nada podía hacer. Siempre estuvo despierto y era consciente de lo que pasaba más allá de la hermética oscuridad. Nada podía ocultar a aquel arcano, y nada podía revelar. Pero sin una forma física, no podía tomar de nuevo lo que era suyo. Tan solo aquellos que creó a su imagen y semejanza se mantuvieron fieles a su mandato. Los ocupantes de ahora, los Horroterrores, tan solo le habían causado problemas.

                  Y ahora, aquello que le daba poder para intervenir en la materia física había vuelto a él.

                  El zorro luminiscente dejó a flote la máscara que llevaba consigo. Una de sus colas se ocupó de agarrarla.

                  “Al fin”.

                  La enorme sombra empezó a expulsar ascuas lilas y negras virulentamente. Bajo la careta, una luz celeste se iba iluminando mientras empezaban a distinguirse un par de finas y delgadas patas. Al final, un aullido se escuchó por toda la nada.

                  Una estela fatua se expandió por el Anillo Lejano. Una ardiente estrella que desencadenó en gritos de agonía. Los molestos apéndices ardían y se retorcían intentando que no llegaran al cuerpo; pero por mucho que se esforzaran no pudieron evitar desaparecer sin dejar ni una sola ceniza. Una ruidosa pérdida que algunos habitantes de Derse tuvieron que pagar con algunos de sus sentidos; vista, oído, olfato, tacto o gusto; incluso todos.

                  Entre los clamores de los Horroterrores, algunos vieron como un enorme fulgor despejaba la efímera presencia de esos monstruos para mostrar las nueve colas que quemaban todo.

                  Cerca de Derse ya no había nada, salvo un temible espectro que evocaba el olvido.


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                  • #69
                    #whyimstillwrittingthis

                    Tengo que admitir que este capítulo es... relleno puro. Pero tenía que presentar a dos tipos más, y... bueno, qué demonios, he disfrutado de lo lindo narrando bajo la perspectiva de ese personaje. Es que es la monda. Despreciable, pero con carácter :'D
                    Pero bueno, nadie disfrutará

                    Capitulo 21

                    Spoiler: 
                    -talkingChaplin [TC] empezó a trollear a envyoftheMonarch [EM] a las 8:36-
                    TC: Oye.
                    TC: Tú no me caes bien y yo a ti tampoco.
                    EM: ¿Oh?
                    EM: ¿Quién eres tú?
                    TC: Soy Samantha, idiota.
                    EM: ¿Sam... la futbolista descartada?
                    EM: ¿Pero esto qué es? ¿La ouija de internet?
                    EM: Tendrías que estar durmiendo con los peces, mon cherrie.
                    TC: …
                    TC: Como sea.
                    TC: Serás gilipollas, pero Will necesita tu ayuda.
                    TC: Ya me dijo que no le crees, así que toma el juego que necesita jugar y hazme el favor de ayudarle.
                    TC: No vaya a ser que acabe muerto por tu culpa.


                    Delante de la pantalla, un fantasma; en el espacio blanco, un par de enlaces. Cuánta locura.

                    Tenía un orden impecable en su habitación. Libros ordenados en los estantes, de la A a la Z; camas sin ninguna arruga sobre el colchón; motas de polvos ausentes en los muebles. Y eso en un reducido espacio de diez metros cuadrados con paredes oscuras típicas del carácter inglés... lo único que no tenía ordenada era sus ideas; pero se lo tomaba con calma.

                    Qué cliché; que alguien le grite desesperado y se burle de los propios muertos para que estos acudan a él. No imaginó que esa aspirante a lo imposible haya sobrevivido a la onda expansiva de un gran meteorito. ¡Todo era posible! Y eso, al típico muchacho de ojos azules y tupé rubio le fascinaba en exceso.

                    Nada más ofrecerle el programa, empezó a consumir parte del ancho de banda de los servidores de Cambridge. Habló con el pánfilo de William, quien negaba parte de su ser. Tonto aficionado, si pudiera ver a través de él sabría que, en el fondo, se regodeaba en su propio sufrimiento. Pero al parecer insistía en que el dolor le corroía más que darle un rato de placer... ¡excusas!

                    Por fin la ventana pudo abrir, y vio el lío de cables en el que se había metido William, con sus desmadradas ropas y esa mugre que se adhería a su tez como percebes en la proa. Deplorable. Hasta le daba lástima. Tener que pasar por esas condiciones debía de ser horrible, y más para un afortunado hombre de bien como Pontarc Halminton.

                    EM: Está bien cielo.
                    TC: Para de llamarme así.
                    EM: ¡Oh, pero qué picajosa!
                    EM: Solo quería preguntarte lo que tengo que hacer ahora.
                    EM: No esperarás a que se me revele todo el juego de golpe.
                    TC: …
                    TC: Vale.
                    TC: Primero tienes que ir desplegando toda esa maquinaria.
                    TC: Luego debes guiar a William para que extraiga las vigas y todo eso.
                    TC: El resto dependerá de él.
                    EM: Entiendo...
                    TC: Aquí tienes la guía, por si tienes dudas.
                    TC: Y no me molestes más.
                    EM: Maldita sea tu fobia a los hombres.
                    EM: Deberías dejar esta actitud, Samantha.
                    EM: Vas a acabar sola como la una.
                    TC: Y si tú no paras de meter el dedo en la llaga también.
                    TC: A propósito...
                    TC: Si no quieres morir, más vale que alguien te ayude a entrar en la partida.
                    TC: Seguramente empiece a caer un aluvión de meteoritos en nada.
                    EM: Empezaba a pensar que me querías ver muerto.
                    TC: No me importas, en realidad.
                    TC: Solo lo hago porque tú eres capaz de enfrentarte al idiota de Kevin.
                    TC: No hay otra.


                    Inseguridad ante todo. Se hace brava contra sus enemigos; pero en vez de eso deja a manos de otro su trabajo. ¿Por qué simplemente no pueden decir directamente lo que quieren?

                    En todo caso, era un problema. Si a él debían de hacerle lo mismo que a William, significaba que necesitaba otro ordenador. Claro, eso no era problema desde que Cambridge cuenta con toda una sala dedicada a la informática.
                    El problema vendría con sus... dotes de negociación.

                    No era nadie que se apenara de sus defectos; al contrario, era alguien que creía ser genial, guapo y apuesto. Admitía que tenía defectos de personalidad terribles, pero convivía con ellos y no los cambiaba por nada. La única pega que veía en sí mismo era que, cómo no, a veces era una traba para socializar. Pero no por él; simplemente la gente no apreciaba su hermosura.
                    Qué bello era.

                    Aún así,fue ayudando a William en su misión de salvar su pellejo. Iba tropezándose y disfrutando cada reacción que hacían los habitantes de esas galerías hendiondas. Lástima que no hubiera ni una joven entre los presentes. Realmente lo lamentaba; habría tenido fácil contacto con ella.
                    Y mientras estaba absorto pensando en chicas, oyó unos pasos nerviosos y rápidos. Toda una dentadura rechinaba tras sus orejas. Un par de gafas que reflejaban la luz del monitor eran testigos de lo anormal en su ser.

                    —¿Pe-pe-pero qué coño haces jugando a Los Sims?

                    Pontarc Halmiton giró su mirada, vacilante. He aquí, su irritante compadre por toda la infancia; mendigo de turno; y, recientemente, compañero de habitación. Era un erudito sin igual de toda la electrónica; una eminencia en las artes de enloquecer los servidores; un aficionado de las imágenes desnudas y provocativas; un “feo de narices”.

                    Era un chico lleno de pecas en las mejillas; un miope con un par de lentes enormes; un copete en medio que daba grima con solo verlo. Todo el potencial de ese cabello castaño y esos preciosos ojos verdes, echados a perder con ese cutis lleno de granos. Y encima su personalidad no era nada atractiva. ¡Nada! Era un saco de nervios sudoroso que siempre miraba con asco a todo lo que se moviera. No tenía ni porte, ni firme postura, ni carismas. Simplemente era un estereotipo andante cuyo único propósito era el placer y el trabajo.

                    Pero era su compañero de habitación, y de desventuras amorosas y de copas, sobre todo de copas. Claro que cuando se ponía en plan ignorante era solo eso; carnada para que le saque de aprietos.

                    —No es los Sims, anonado; es una copia china y barata de Los Sims con personajes híperrealistas llamado SBURB. ¿Quieres probar?
                    —Bah, parece un rollo. Eh, pe-pero e-e-espera un momento, ¿ese es William?
                    —Sí que es, sí.
                    —Aibá, esto promete. Grá-grábalo en un disquete cuando puedas.

                    Eso fue más fácil de lo que esperaba. Ni siquiera tuvo que pedirle el favor.

                    ─Cómo no. A todo esto, ¿cómo está el tiempo ahí fuera?—preguntaba mientras atendía las dudas de William.
                    —No hay ni una pu-pu nube.
                    —Oh, eso es… raro. Parece que la vieja Inglaterra ha perdido parte de su personalidad.
                    —No te me-me-me pongas en plan marica, Pontarc.—contestó su compañero irritado—, y grábame el maldito juego.
                    —Ya voy, ya voy. ¿Por qué no montas algunos de tus juguetes, mientras tanto?
                    —N-no son juguetes.—refunfuñó el chico castaño sin más.
                    —Por favor, Henry, hacer un ratón teledirigido es algo tan inútil como un juguete. Ahora vete un momento, que tengo trabajo, ¿quieres?

                    Sin ninguna objeción más, Henry gruñó mientras sacaba los componentes de un ratón de ordenador. Pontarc siempre pensó que los estudiantes de letras y los de ingeniería nunca podían entenderse del todo. Ellos dos, desde luego, no lo hacían.

                    Contempló el drama que William le había ofrecido en pantalla. “¡Oh, qué calamidad!”. El enano rojo se fue hacia aquella luz celeste que flotaba junto a su amigo de la infancia. Había leído que Phanter, o como realmente se llamara esa personita, sabía que peligraban de una forma u otra. Como bien leyó, era necesario que un objeto se fundiera para que pudiera ser el “guía” del jugador… pero poco le quedaba para que el meteoro se llevara la estación de Oxford Circus y sus vías.

                    Y entonces, justo encima del alquimizador, pudo ver una caja de plástico con una mariposa dentro.
                    Qué simbólico. Lejos de retener a esa frágil criatura, Will soltó a ese insecto inconsciente de su belleza. Quizá se quedó embobado al ver esas bellas alas batir; pero gracias a él, pudo liberar todas esas penas, ese morbo que le impedía ser libre…

                    O tal vez solo estaba dando demasiado protagonismo a una mera mariposa encerrada.

                    Un destello y no tardó en volver a ver su cara de empanado.

                    Fue fácil. Hubo algunas trifulcas con esa vieja, pero aparte de eso fue bastante bien. Ahora podía grabar los datos del juego sin que el ordenador muriera en el intento.

                    —¿Dónde tienes los disquetes, Henricito?—preguntó socarrón. Sabía que eso tocaba su moral.
                    —¿¡En-en serio te-te-te-tengo que-que de-de-decirlo o-o-otra vez!? ¡P-pu-pues en el primer cajón, duh!
                    —Gracias, Meadow.—agradeció burlón mientras abría el cajón indicado.

                    Pero había una traba. Y esta vez era seria.

                    Solo habían dos disquetes con capacidad de quinientos megabytes. Una parte del juego pesaba un giga y medio.
                    Qué problema. Por suerte conservaba CDs vírgenes con esa capacidad. No sabía cómo funcionaba el Nero, pero al menos su títere tendría los medios para sobrevivir.

                    Tampoco fue tan difícil.

                    —Henry, bonito, ya tengo los juegos grabados.—anunció una vez que logró grabar los datos los discos.
                    —¡Ya-era-hora, joder!—exclamó Henry, ansioso por probar el juego. —, dame esos disquetes, venga.

                    Pero se llevó una mueca de disgusto al ver que los viejos disquetes fueron desaprovechados por esos CDs del demonio.

                    —¡T-tío, tenía un montón de disquetes ahí!
                    —Se siente, primor; no había ninguno de giga y medio.
                    —¿¡GI-GIGA Y MEDIO!? ¿¡PERO DE D-D-DÓNDE MIERDA HAS SACADO ESE JUEGO!? ¿¡EN ”THE PIRATE BAY”!?
                    —No preguntes tanto y tómalos, anda, querubín.

                    Bufó molesto, pero tomó los CDs igualmente para irse de la habitación. No se le olvidó decir que usara Pesterchum para mantener el contacto. Usando el móvil llamaría demasiado la atención. Y también si juega en vista de todos…

                    Vaya por Dios. Se había olvidado de los monitores de pasillo. Claro que, en esos tiempos de muerte anunciada y resignación, lo más seguro es que hayan admitido la futilidad de su existencia y hayan abandonado sus deberes.

                    O no… habrán algunos que negarán la situación del mundo y vivirán la vida como si nada hubiera ocurrido. Ni que fuera posible.

                    Odiaba las mentiras a muerte. Y los que se mienten a sí mismos no tanto. Pero los manipuladores sí que se iban a la hoguera. Vamos, no era la mejor persona del mundo; pero al menos algo de honor debía de tener.

                    Estar solo le hacía pensar bastante. Lo apreciaba mucho. Mas eso no evitaba que se preocupara. ¿Por qué demonios estaba tardando ese fideo? ¿Lo habrán pillado in fragganti con los CDs, ante una sospecha de material indecente?

                    Como si pensar en el fuera una forma de invocarlo, la ventana del Pesterchum se abrió con su nombre.

                    -shamelessRat [SR] empezó a molestar a envyoftheMonarch [EM] a las 9:14-
                    SR: joder
                    SR: he tenido que tomar mi portatil
                    SR: esos ordenadores son una porqueria


                    Claro, cómo no. Tenía que retasarse porque el equipo no era lo suficientemente bueno para él. ¡Hay que ver, esa gente de ingeniería!

                    EM: Qué quisquilloso.
                    SR: que quieres que haga!?
                    SR: NO QUERIA QUE LOS PROFES ME VIERAN
                    EM: ¿Profes?
                    EM: Hahahahaha, acabas de hablar como un niño pequeño.
                    SC: nyeh
                    EM: Yo tendría que ser el que se tendrá que preocupar por su reputación.
                    EM: ¿Pero, tú?
                    EM: Ya lo fastidias con esa grasa en el pelo.
                    SR: no es grasa
                    SR: es la misma gomina que usas tu para mantener ese estupido tupe
                    SR: idiota
                    EM: Pues anda que el tuyo…
                    SR: UGH TE ODIO PONTARC
                    SR: ahora que?
                    EM: Abre el CD con el servidor.
                    EM: Hay que conectarse.
                    SR: OK.
                    SR: … ¿y…?
                    SR: aiba
                    SR: pero si me apareces tu!
                    SR: espera un momento
                    SR: ¿esa no es la cafeteria?
                    Pensaba que no había otra. Debía de iluminarle un poco sobre lo que estaba pasando.
                    EM: De hecho…
                    EM: Esto es la universidad, querido.
                    SR: que mierda?
                    EM: Parece increíble, ¿verdad?
                    EM: Este juego juega con la realidad, amigo.
                    SR: esto es una broma, verdad?
                    EM: No.
                    SR: me estas engañando
                    EM: Sabes que odio mentir.
                    EM: ¿Por qué lo haría?
                    EM: Y más a ti.
                    SR: …
                    SR: ehe
                    SR: ehehehehehehehehe
                    SR: AHAHAHAHAHAHAHAHAHAHAHA
                    SR: ME ESAS TOMANDO EL PELO!?
                    SR: SOY DIOS AHORA!?
                    SR: CREO QUE VOY A TIRAR COSAS AHORA


                    Quizá cometió un grave error en desvelar ese secreto tan pronto. Empezó a tirar el mobiliario por la ventana, como si pudiera reemplazar todas esas adaptaciones de Shakesphere y ese enorme Don Quijote importado de España. Fue una pérdida dolorosa para el poeta. Incluso dio sentencia de muerte sus libros de álgebra.

                    De hecho eso no fue tan malo.

                    SR: shit
                    SR: el libro de fisica al garete
                    EM: Podrías haber pensado un poco antes de tirar la “casa” por la ventana.
                    EM: ¡Casi te cargas a Philliph!
                    SR: que le den a philliph
                    SR: es un prepotente
                    EM: Bueno, bueno, ¿podrías al menos traerme de vuelta a mi Quijote?
                    EM: Esa toma del siglo XIX me ha costado un dineral, ¿sabes?
                    SR: voy


                    Vio como sus libros caían mientras la estantería trataba de levantarse por sí sola, como si tuviera vida propia. Al final quedó un bloque de madera enorme con una montaña de literatura y matemáticas a su lado esperando a ser vista. El montículo se fue desmontando por sí solo hasta que la obra de Cervantes llegara por el agujero enorme que ahora era la ventana. La cara de los transeúntes no tenía precio alguno. Tantos rostros pálidos le sacaban una tonta sonrisa de la suya.
                    Vale, ahora en serio. Tenían que seguir con la partida.

                    EM: Vale, ahora léeme bien.
                    EM: Tengo que hacer una serie de cosas que no puedo hacer solo para ganar esta fase del juego.
                    SR: oh no me jodas que hay más fases en esta mierda
                    EM: Sí. Pero no te preocupes, que en esta parte eres completamente inútil.
                    SR: jope, gracias por esos animos galloloco
                    EM: ¿Qué? Solo digo la verdad
                    EM: En fin, serafín
                    EM: Lo único que tienes que hacer es poner esos aparatos gratuitos que te da el juego, abrir lo que sería el “cruxtruder” y a partir de ahí me lo hago yo.
                    SR: asco de juego :S
                    EM: Se siente, cielo.
                    EM: Vamos, empieza a trabajar de una vez.


                    Era su hora. El desastre empezó a notarse entre los cimientos. Temblores que espantaron a más de uno cuando se produjeron. Aquellos desgraciados que tuvo la mala suerte de presenciar su causa se llevaron algún que otro infarto. La máquina de café de la cafetería fue desechada por el propio aire, destrozando alguna mesa. La tubería de un baño fue arrancada de cuajo junto al inodoro, inundándolo como si no hubiera mañana. Incluso las maderas que separaban los baños tuvo que quitar.

                    El enfriador de agua solo fue desplazado a otra parte… bloqueando la sala del profesorado. La reacción de los catedráticos y los alumnos fue de puro terror y escándalo. En tan solo dos minutos, Henry Meadow había desatado el caos por toda la escuela de Cambridge. Había creado en la imaginación del colectivo un fantasma terrible. Uno que destrozaba cosas para construir su tecnología alienígena de la nada.

                    Ah, y no olvidemos de la trágica muerte de la máquina expendedora tras abrir el Cruxtruder. Los adictos a la comida basura quedaron completamente indignados. Ojalá Pontarc pudiera ver todo eso; pero solo oía.

                    SR: ala
                    SR: acabo de fastidiar a todos y he puesto todas esas porquerias alrededor
                    SR: contento?
                    EM: Mucho.
                    EM: Puedo saborear la desesperación del ganado
                    EM: Dime, ¿hacia dónde debo ir?
                    SR: eh… espera.
                    SR: alguien me esta…
                    SR: trollendo?
                    SR: en el pester?
                    SR: wtf?


                    Esperaba las órdenes tranquilamente mientras su amigo estaba liado con un problema de troleros. Mientras tanto, volvía a ver el drama que tenía William en las vías.

                    Oh, está hablando con su sprite. Qué aburrimiento. Mejor iba a ver qué más se cocía por los alrededores.

                    Una niña durmiendo con un pingüino, la anciana asando ratas, una ninja saliendo de los suburbios…

                    Había un chico afro y moreno distraído con un ordenador. Vaya desperdicio de cuerpo. Y en las sombras había…

                    ¿El sprite de William?

                    Pero aguarda un momento. ¿No brillaba en la oscuridad ese hombre enano?

                    Ni por asomo podía ser el sprite de William. Era un pequeño monstruito con las mismas ropas y el mismo peinado hortera de ese indio. ¿Habría heredado sus atributos acaso?
                    Así que era cierto. Los enemigos copian las características del sprite.

                    Tomó el libro que había a su lado y lo miró con lástima. Lo sentía por Nicolás Maquiavelo, pero no podía permitir que los enemigos del juego aprendieran todas sus tácticas antes que él. Oh, no, ni por asomo.

                    En vez de eso, iba a usar algo que los volvería torpes. Algo que consideraba la idiotez en persona. Rebuscó en los cajones, en busca de esa cosa. Sí, ¿¡por qué no!? Iría a odiar su guía, pero era mejor que enfrentarse a sus ilustres autores del Renacimiento.

                    Una cacatúa. Redonda y gorda, con ojos saltones y pupilas que temblaban con cada sacudida. ¿A quién demonios se le ocurrió proponer ESO como mascota del equipo de fútbol? ¡Pardiez! Por lo menos hará un favor allanando el camino.

                    Nada más tener esa pelota de gomaespuma rosa con tela y plástico, miró hacia donde tenía que ir.
                    La cafetería era la primera parada.

                    Ahí tenía que girar la llave y darle la ofrenda a esa luz añil; cosa curiosa, desde que es el mismo color y tono que la letra de su Pesterchum. Luego fue a tomar la carta para luego insertarla en el cachivache del pasillo y, finalmente, fue al alquimizador del baño…

                    Qué desastre. Estaba todo anegado. Sus zapatos de la marca Massimo Dutti, echados a perder.

                    Tampoco tenía mucho tiempo para preocuparse por las prendas perdidas. Tenía una tarjeta de crédito llena de dinero… si es que no la habían saqueado esas ratas renegadas.
                    Fue a poner el tótem en el plato, esperando a que pase algo…

                    —¡AAAAAAAH, VAMOS A MORIR TODOS! ¡SALGAN DE ESTE EDIFICIO!

                    Y allá va la poca cordura que le quedaba a Henry. Y al resto del alumnado, de paso.
                    Al final le dejaron solo. ¡Malditas sabandijas!

                    Pero no le importó. Que se mueran. A fin y a cuentas se tenía a él y a esas monedas que descansaban sobre aquella plataforma blanca.

                    Los examinó una por una, averiguando de qué material estaban hechas, aún sabiendo que el susodicho meteorito se encaminaba a tierra firme. Incluso mordió una para comprobar que fueran sólidas.

                    Acabó desechándolas porque seguramente eran falsas y no tendrían valor alguno.

                    Y así es como la Universidad de Cambridge desapareció antes de que el meteoro estrellara. Y con el puente desmoronado, una muchedumbre perdía la conexión con su cordura.


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                    • #70
                      Comento el prologo y el primer capítulo, pero seguiré leyendo.
                      Me está encantando, aunque este basado en otro mundo ya creado, nunca terminé de empezar a leer Homestuck y esta parece uns buena iniciación(?
                      El prólogo, si bien está bien escrito, creo que le falta algo más de introducción a lo que va a ser el resto del fic, una declaración de intenciones (? Puesto así podría parecer un primer capítulo.
                      Me gusta las conversaciones de chat, realistas sobre cómo habla la gente y eso es muy importante, también los modismos españoles, si es que luego lo respetarás también con personajes de otros países (si aparece alguno, ya lo descubriré(?).
                      Comentaría también que el prólogo tenía muchos adjetivos en ciertas escenas, pero el primer capítulo lo mejoró bastante hasta ser imperceptible, así que ignoralo (?

                      Pues eso, lo seguiré leyendo a ver como se pone!

                      Gracias Eli <3

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                      • #71
                        Howdy! ¿Cuándo publiqué el último? ¿Tres semanas? Wao. Pensé que ya había pasado el mes. Eso es bueno.

                        Pues... ¿qué decir? [MENTION=56869]New_World[/MENTION], gracias por volver a dar signos de vida. De verdad aprecio esos "Gracias". Y también a ti, [MENTION=21380]Matthew Crown[/MENTION] por ese comentario... aunque no llegue más allá del primer capítulo (como cada nuevo review que veo).
                        Pero oye, me dijiste que me comentarías otra vez, y espero que lo hagas. No sé hasta dónde has llegado hasta ahora, por eso :3

                        Y bueno, también estuve tanteando un poco con este capítulo. Es decir, tenía una idea de dónde dirigirlo y con qué propósito hacer este capítulo; pero resulta que, tras pensarlo un poco, llegué a la conclusión de que no sería muy interesante ver a otro tipo saliendo de ahí (y más con lo fácil que lo he puesto); así que hice un... cambio de última hora.
                        Últimamente me ocurre mucho, la verdad.
                        Pero bueno, aquí al fin introduzco cosas que normalmente los fans olvidan que existen... ya verán cuál.
                        (Empiezo a entender un poco por qué Hussie se tomaba todas esas pausas. Jesús, hay muchas cosas en ese juego)

                        ... Bueno. Basta de adelantos. El próximo episodio quizá se despejen algunas dudas, tales como "¿pero qué diablos está pasando ahí, qué son esas cosas, the duck are you doing Bird?". Seh. De esas.
                        Wellp. Cheerio~!

                        Capitulo 22

                        Spoiler: 
                        Todo en su sitio.

                        Era un día nefasto para el chico de cabello castaño. Había accedido a jugar un juego cuyo origen era desconocido completamente. No sabía no de qué trataba ni de cómo funcionaba. Para colmo era Pontarc quien le propuso probar. Era raro que ese raro jugara a ese raro juego. ¿No era demasiado… “raro”? ¿Y no era él el “raro” que tendría que tener primero estas cosas? Incluso era “raro” que estuviera en el armario de la limpieza junto todo su equipo, ayudando a Pontarc a alterar toda esa gente.

                        Tanta rareza y tanta ansiedad no podía ser nada bueno. Al menos la Powerbook aguantaba bastante bien, y, desde que no tenía otra cosa que hacer, podría aprovechar y ver si conseguía ayudar a una chica en apuros de ese… desastre.
                        Ah, sí, no estaría nada mal. Sería aclarar las dudas a ese energúmeno y ya podría dejar de actuar como una rata acorralada.
                        No obstante, hubo algo que lo interrumpió en el acto. Algo ya extraño de por sí.

                        -lupinDesire [LD] empezó a trollear a shamelessRat [SR] a las 9:48-
                        LD: cucú~
                        LD: seras tu el que me sacara de este infiernº~?
                        LD: …
                        LD: dime que nº eres un humanº sebºsº
                        LD: ni una larva secuestrada


                        No sabía quién demonios era ese. Tampoco si era una chica desesperada. ¡Ay, ojalá!
                        Pero más que incordiar parecía que solo quería compañía. Tenía que consolar a esa… o ese pobre… bueno, si era un chico no iría a hacer eso, era obvio.
                        O saber quién es, antes que nada.

                        Un rastreo de I.P no le vendría mal en ese momento.

                        SR: uh
                        SR: y tu eres…?
                        LD: ºh!
                        LD: hablas! [:BD
                        LD: fufufu, que chevere~
                        SC: te hice una pregunta
                        LD: yada yada
                        LD: sere directa


                        “¡Es una chica!”, exclamó mentalmente Henry Meadow en su mente. ¿Cuanto hacía que una chica no le dirigía la palabra? Ahora podía ganar a Pontarc en su competición por tener novia…
                        O no.

                        LD: estas en prºblemas wey
                        SR: eh?
                        LD: aja aja~
                        LD: va a caer un pedruscº encima de tu cabecita
                        LD: y si nº sales de aqui ahºra vas a tener
                        LD: MAS
                        LD: PRO
                        LD: BLE
                        LD: MAS~
                        LD: y muchºs
                        SR: eeeeeeh
                        SR: coo estas tan segura?
                        SR: me estas trolleando?
                        LD: ya me encantaria hacer esº
                        LD: perº nº puede ser ahºra
                        LD: apuestº a que ahºra estas jugandº algº llamadº sburb
                        LD: y estas siendº el servidºr de un mºnigºte humanº cºn el pelº clarº, verdad~?


                        Esto ya empezaba a ser perturbador. De todas formas debía de indicarle a Pontarc por donde ir.
                        Cafetería, baños, al lado de la sala de profesores.
                        Listo. Ya podía encargarse de esa chica.

                        SR: como lo has sabido?
                        LD: ºhºhºººº~
                        LD: se muuuuuuchas cºsas, cºmpa [;
                        LD: tambien se que tienes un relºj en una de esas maquinas con una cuenta atrás
                        LD: te ha dichº que es el tiempº que le queda de vida a tu cºlºnia?
                        LD: nº?
                        Era una broma pesada. No cabía duda.
                        SR: que?
                        LD: si, si, n.º te mientº
                        LD: y si n.º sales de aquí, unºs mºnstruitºs te van a despedazar vivº
                        LD: tu y tºdºs esºs humanºs que van cºrrºteandº en busca de ayuda
                        SR: pfffffff
                        SR: y yo voy y me lo creo
                        SR: EN TUS SUEÑOS MONADA
                        LD: n.º me crees?
                        LD: HAH alla tu n.º saldras vivº de estº si me ignºras
                        LD: y si miras pºr la ventana~?
                        LD: esa que hay en el pasillº


                        Esto le traía sin cuidado. Para empezar, su forma de escribir era muy rara. No era tan incomprensible como el leet, pero que usara “º” en vez de “o” le sacaba de sus casillas. Y segundo, si no era estudiante de la universidad, se ha estudiado bien los planos; cosa que aún le inquieta aún más. No había forma de hackear el sistema. Él fue uno de los responsables de que la red fuera segura; y había hecho una obra maestra totalmente infranqueable.
                        Aún así, salió de la oscuridad del armario de limpieza, solo para ver un cielo despejado con dos soles brillando como nunca.

                        Todo normal.

                        Se echó a reír. No podía creer que hubiera creído a un troll de internet. ¡Menuda broma de mal gusto! Era bastante bueno asustando. ¡Dos soles! ¡Era la cosa más ridícula que había pensado nunca!

                        Paró de reír en seco. Realmente habían dos soles en el cielo.
                        No, pero era imposible que hubieran dos soles, sabiendo que el sistema solar tenía solo una estrella. O Pontarc le habrá metido algo en el café o sus gafas estaban sucias. Sí, debía de ser eso.
                        Se las quitó y las frotó con la americana, usando el vaho como limpiador.
                        Y, ahora sí, no veía ese destello molesto que se cierne sobre el cie…

                        Aún seguía ahí.

                        Más aún; se hizo más grande todavía.

                        “Mierda”.

                        Fue lenta y tranquilamente a su escondrijo. Cerró el portátil con parsimonia. Fue metiendo todo el equipo con cuidado en su maletín y lo cerró casi sin hacer ningún ruido.
                        Y, justo cuando lo tenía todo, salió a los pasillos y a los cuatro vientos clamó:
                        —¡AAAAAAAH, VAMOS A MORIR TODOS! ¡SALGAN DE ESTE EDIFICIO!
                        El terror corrió como pólvora a la dinamita. Los susceptibles estudiantes, llenos de pánico, aceleraron hacia la salida, sin ni siquiera acabar sus estudios. Hubo quien corría en círculos sin saber si quedarse dentro de las instalaciones o salir para que el fuego le abrasen.
                        Para desgracia de Henry, eso formó un coágulo que no le dejaba ver el camino.

                        Había que abrirse.

                        Sabía que la gente se apartaría si anunciaba que iba armado. Pero no eran tontos. Nadie se iba a creer una trola como esa, desde que controlan bastante el tráfico de estas.
                        Quizá tenía que estar armado de verdad.
                        Tan rápido como procesó toda la situación, se le ocurrió la forma de abrir esas aguas tan turbulentas. Abrió uno de los bolsillos del maletín y fue sacando lo que sería su arma predilecta; un ratón viejo que no servía para nada.

                        Azotó a todos esos inútiles con la parte dura del ratón, deteniendo su paso. Mientras las víctimas se quejaban de ese dolor en sus testas, el informático prosiguió su camino gritando y anunciando sus inminentes muertes hasta que, al fin, entre un tumulto alborotado hasta salir al exterior.
                        Muchos habían llegado antes que él. Pero definitivamente se ganó el cielo avisando a todos. Ahora era tiempo de buscar un búnker lejos de…

                        De…

                        De repente, la universidad de Cambridge desapareció entre los atónitos ojos de los estudiantes. Aún sin caer al suelo, el edificio se fue sin su famoso puente.
                        Esa cosa, del tamaño de Nueva York, aún no iba a chocar. Y, para colmo, su universidad, odiada universidad, se fue a otra dimensión o vete a saber.

                        Esto era “El Rapto”, sin duda.

                        Estaba sudando. Había metido la pata hasta el fondo. No; hizo un enorme favor a esos pringados golpeándolos con el ratón. Esa gente odiosa, de la cual no conocía, se fueron al cielo gracias a sus equivocaciones.

                        Para más inri, uno de los “supervivientes” le acusó con el índice, furioso.

                        —¡Un momento! Ese es el idiota que ha estado gritando como un loco.

                        Blasfemó en voz alta para sí. Era hora de largarse.

                        Tomó carrera lejos de la multitud enfurecida. Por una vez en la vida, usó sus enclenques piernas para evitar las golpizas que podía recibir. Desgraciadamente para él, había jugadores del equipo de fútbol tras él. Gente que estaba mejor preparada para estas persecuciones.
                        Gritó como nunca mientras trataba de dar esquinazo a esos deportistas. Consideró muchas posibilidades para tratar de evadir el dolor; tirarse por el río o subir a una azotea y tirarse. Pero uno acabaría con el equipo y otro con él mismo.

                        Definitivamente pensó que estaba muerto. Podía sentir la punta de esos pies pisándole los talones; esos puños tiñendo de azul sus flácidos músculos; todo porque trató de advertir un peligro inminente.

                        Hasta que, de un paso, empezó a rodar escaleras abajo. Justo en la parada de metro, Henry empezó a caer y caer, hasta que tocó el suelo. Mareado y casi sin aliento por el susto, Henry permaneció ahí como si fuera un cadáver.
                        La muchedumbre fue testigo de aquel accidente tan torpe. Había quién se le antojaba pincharle con un palo, solo para comprobar si estaba vivo. Pero decidieron dejarlo en paz. Fue una caída bien merecida.

                        La rata esperó seis minutos en esas vías, clausuradas para garantizar su vida; pero sobretodo porque le dolía el cuerpo horrores.

                        Subió los escalones con mucha parsimonia. Anduvo como herido en plena campaña, apoyándose en todo lo que podía. Pisó los resquicios del orden y miraba el cielo, melancólico por la rutina perdida. Era como si la vieja tierra celebrara su anticipado funeral, contratando a otro cuerpo celeste igual de candente que el mismo sol. Ah, las tardes nubosas, ¿dónde se habrán ido? Hasta la pila de bloques derruidos se veían más hermosos con esa luz nítida más propia del sur de Europa. ¡Ah, las memorias de la Toscana! ¡Cuánta ironía en un solo día! Tiempo anormal; actitudes anormales; juegos anormales…

                        Incluso el brillo cegador de unos grandes cristales querían quemar sus ya dañados ojos. Maldijo al sol por aparecer en lo que era el peor día después de que estallara la guerra. Hasta que, por fin bajó su vista hacia el horizonte.

                        La universidad de ciencias de Cambridge. Aquel templo de saber que nunca pudo ir le acababa de salvar la vida, pues cerca de ese lugar había un cibercafé por donde eruditos como él hacían sus fórmulas y navegaban por sus sitios de entretenimiento.
                        Dio un rodeo por las pedregosas calles llenas de hormigón. Gracias a la ciencia o la suerte, el edificio estaba casi intacto. Lo único que sufrió las peripecias de estos tiempos era el letrero.

                        Abrió la puerta vigilando sus flancos en repetidas ocasiones. Luego dio un paso al frente.
                        Esperó a que ocurriera algo.
                        Nada.

                        Se permitió dar unas cuantas risas maníacas; sin exagerar. Entró acelerado mientras comprobaba si había corriente eléctrica.
                        Los ordenadores funcionaban; con monedas, pero aún así funcionaban. Ahora tenía que saber si había conexión a Internet.

                        Le robó el cable telefónico a la torre para luego enchufarla en su portátil. Pesterchum no se conectaba a la red.
                        Supuso que el servidor estaba apagado. Buscó la torre principal para encontrarla y ponerla a trabajar.
                        Bingo.
                        La lista de conectados se hizo presente al fin.
                        Era hora de ajustar cuentas con esa chica.

                        -shamelessRat [SR] empezó a molestar a lupinDesire [LD] a las 9:03-
                        SR: TU
                        LD: yº?
                        SR: SI TU
                        LD: yº que? [;
                        SR: ME ENGAÑASTE *****
                        LD: y~?
                        SR: QUE ESTOY MUERTO
                        SR: ahora la uni me odia
                        SR: Y VAN A POR MI
                        SR: POR TU CULPA
                        LD: pfffff ya
                        LD: segurº que fuiste a gritar cºmº un lºco que se iban a mºrir tºdos
                        LD: y prefieres a que venga un agente de derse y te vaya tºrturandº para dar la infº que n.º tienes, n.º te chinga
                        SR: PERO ME DIJISTE QUE ME SALVARIAS
                        LD: pues clarº~
                        LD: a esº vºy pedazº de burrº
                        SC: COMO!?
                        SC: VAS A IR A LO RAMBO Y CARGARTE ESA ROCA CON UN BAZOOKA GIGANTE!?
                        SR: HA HA NO ME HAGAS REIR
                        LD: ºjala
                        LD: perº n.º
                        LD: vºy a ser tu servidºra


                        Instantáneamente, e ignorante de la naturaleza del juego al que iba a jugar, Henry pensó en otra cosa aparte de videojuegos; y no muy limpia.

                        SR: que?
                        SR: que me vas a hacer?
                        LD: jugar, duh
                        SR: a que?
                        SR: …
                        SR: oye que sepas que eso de ir de amo o tu “servidor” no me va vale?
                        LD: perº que cº
                        LD: n.º idiºta
                        LD: vamºs a jugar a SGRUB
                        LD: duh


                        Claro. Un juego normal tenía que ser. Tenía la cara muy caliente de la vergüenza que estaba pasando por esos momentos. Para colmo, tenía sus manos que no podían pararse quietas sobre el teclado.
                        Tenía que disimular. Como se entere de lo que pasa por su cabeza, iba bien listo.

                        SR: OOOOOOH
                        SR: LOS SIMS CHINOS
                        SR: eeh unmonento
                        SR: para qie quieres juggar conmitgo a esa miernda?
                        LD: pues elemental queridº
                        LD: n.º tienes ºtra
                        LD: sabes por que tu cºlmena cºmunitaria desapareciº asi de repente, hm~?
                        SR: estooooo
                        SR: no?
                        LD: pues es facil de deducir cºrtaditº de pus
                        LD: es por ese juegº
                        LD: pºrque el amiguitº al que servias lºgrº acciºnar el mecanismº para salir de este planeta cºndenadº mientras tu saliste fuera
                        LD: asi que n.º tienes escapatºria~
                        LD: º juegas º mueres


                        Un juego que alteraba los edificios. Un juego que era capaz de romper las cosas y propagar el miedo con los disparates que uno hacía. Y que encima podía trasladar bloques enteros a otra dimensión lejos de un apocalipsis meteórico.
                        Se echó a reír como un descosido. Era algo que no podía computar en su cerebro. ¿Un juego, salvándole el pellejo? No, no, eso ya trascendía a planos cuya existencia no estaba probada científicamente. Ni por asomo pensaba que podría ir en contra de su mala suerte por un simple programa de ocio.
                        Lo sentía por la chica, pero eso era estúpido.

                        SR: PFFFFFFFFFFFT
                        SR: POR FAVOR
                        SR: COMO SI LOS VIDEOJUEGOS SIRVIERAN PARA ALEJARTE DE UN METEORO
                        SR: QUE ES ESTO? “CREA TU PROPIO OVNI”?
                        SR: LA HERRAMIENTA MÁGICA PARA VER ASTRALES
                        SR: AHORA CON MAS GRISES AKAJFKAJFKLADFJALJFDLAJFDAILA
                        LD: ah
                        LD: eres unº de esºs idiºtas escepticºs?
                        LD: pues para que lº sepas; lºs aliens existen
                        LD: de hechº eres unº para mi
                        LD: perº mira dºnde esta tu amigº ahºra
                        LD: y dime si estº n.º tiene nada que ver
                        LD: que te despellejº


                        Trataba de tranquilizar esa risa, para luego poder abrir el juego y morirse de envidia ante Pontarc una vez más.

                        No es que estuviera en el paraíso. De hecho parecía un desierto de arena con constantes tormentas eléctricas y vendavales que llenaban la cámara de granos púrpuras. En el interior, los pocos que no le hicieron caso estaban en un charco de entrañas y sangre o espantando desesperadamente a esos diablos con todo lo que tenían. Tuvo la mala fortuna de presenciar algún acontecimiento propio de una película de gore.

                        En cuanto al suertudo de Pontarc, iba despejando el camino a base de balas y pólvira. No sabía desde cuándo demonios tenía ese revólver, pero daba miedo de lo poco que atinaba.
                        No había duda. Estaba viendo eso porque el juego lo provocó. Todo lo que dijo lupinDesire era cierto, sin duda. Quizá en un sitio más estable tendría más posibilidades de sobrevivir…

                        Que tontería. ¡Claro que no! Si eso era lo que le esperaba después de completar esos mismos pasos, prefería ser barrido por la onda expansiva antes de sufrir esa suerte.
                        Pero de algún modo, la troll se las arregló para convencer. Inyectando un poco de optimismo y apoyo pudo hacer que el estudiante de ingeniería accediera a hacer todos los pasos para abrir las puertas del infierno.

                        El cibercafé desapareció sin dejar ningún rastro ni marca. Acto seguido, aquella bala disparada por los cielos hendió de muerte a la madre Tierra.

                        Una ola mortífera de sonido y fuego reduzco a ceniza todo lo que tocaba; edificios, bosques, prados, personas. Los resquicios del cráter se dispersaron más allá de Inglaterra, llegando incluso hasta Asia septentrional y por el Océano Pafícico. Un diluvio ígneo se expandió por el globo, llegando a arrasar con millones de pueblos y entornos. Era como si la misma tierra se previniera del error humano aniquilando todo.

                        Y luego se hizo la oscuridad. Toda la poca vegetación superviviente de esa llovizna pereció por una enorme y densa nube que no dejaba paso ni un rayo de sol. Aquellos ingenuos que pensaban seguir su vida bajo tierra no tuvieron otra salvo morir de inanición.

                        Y doscientos años pasaron.

                        La Tierra se había convertido en una bola de nieve parcialmente escondida en nubes de hollín. Era un mundo donde el agua ya no era líquida ni gaseosa, si no que permanecía firme y dura junto un enorme frío. Un lugar donde ya no existía ni el día ni la noche; solo una umbría gris donde poco se podía ver salvo una línea blanca y algún que otro pico helado.

                        Perdido en la crudeza de ese frío polar, se hallaba un viejo caballero de armadura oxidada que no tenía ni rumbo ni objetivo. Un anciano caballero que tomó una decisión precipitada al salir de su base. Andaba velando por una vieja amiga desde un gran monitor. Insufló valentía a través de comandos cuando su vida peligraba. Todo para que luego acabara herida en cama, a cuidados de un sujeto gris nada confiable. Todo y que le daba buenos tratos, no podía evitar pensar lo peor de ese desconocido.

                        Juraba que, cuando diera la vuelta y entrara otra vez a su refugio, iría a decirle que lo echara de su casa. Estaba por hacerlo.

                        Pero el frío y el hielo empezaba a hacer mella a su armadura. Empezaba a entrar hielo por los huecos abiertos de este; algunos estaban entre las grebas y las rodilleras. Las articulaciones le dolía horrores por el frío. Incluso estaba por rendirse y dejar que la nieve cubra su derrota. Cayó dejando que su armadura diera un enorme chirrido y ensuciara el suelo con el óxido.
                        Pero algo captó su atención. Un cuerpo de color negro yacía en el hielo, sin presentar ningún signo de vida. Como hombre generoso y amable, tenía que socorrer a esa dama, aunque fuera lo último que hiciera en su larga vida.
                        Se arrastró por el suelo. Pudo ver entonces cómo estaba aquella persona… o debía decir dersitana.

                        Fue despojado de toda palabra nada más ver de quién se trataba.

                        Era el enemigo; peor aún, era quien lideraba toda la tropa de Derse en el Campo de Batalla. Pero en vez de llevar sus ropas reales tenía una vieja túnica hecha harapos. Era lamentable verla de este modo, aunque en un pasado fuera la causa de tanta lucha.
                        Pero ahora ya no existía ninguna guerra. ¿Por qué dejarla ahí?
                        Hizo un esfuerzo en levantarse y cargar con su peso. Había que encontrar un lugar caliente lo más pronto posible. Mas, por si no fuera bastante con su congelada coraza, el viento empezaba a levantar una ventisca. Cada vez el panorama se volvía más borroso. Y poco a poco, el Caballero Opacado empezaba a perder fuerzas.

                        Ya no podía más. Debía reposar. Pero sabía que, si lo hacía, podría quedar convertido en un bloque de hielo. Intentaba dar otro paso. Hizo chirriar una vez más el hierro que le cubría…
                        Para que finalmente, acabara por caer; esta vez, de forma definitiva; a punto de ser un cascarón sin vida. Y todo por ayudar a la reina equivocada.
                        Ya no había más hazañas que pudiera realizar. Solo esperar a que la muerte, o ese pequeño dersitano vestido de mil retales desteñidos se lleve su alma a un lugar apacible.

                        Calidez. Es lo primero que sintió el Caballero Opacado cuando su sueño fue interrumpido por el suave tarareo de un lacayo. En cuanto abrió los ojos, vio una pequeña fogata en una lata de comida preparada. En ella podía disuadir un plato de alubias en una especie de caldo, y un texto que ponía lo siguiente:
                        “Fabada asturiana”.

                        No sabía qué era eso ni a qué sabía. Ojalá tuviera uno de esos ahora mismo.
                        Se asentó y puso sus manoplas cerca del fuego. Sus brazos ya no estaban tan entumecidos como antes, parecía. Debía de agradecer a quien quiera que le haya llevado a su morada.
                        Luego se encontró con una cara inocente, negra como la misma reina que intentó salvar.
                        Pronto cambió de idea y se dispuso a amenazar al pobre lacayo. Nada más desenvainar, el pequeño sirviente retrocedió hasta casi pisar las ascuas de la lata. Quería que le cantara sus intenciones. Ante eso, él solo respondió que lo vio tendido en la nieve, y, preocupado por él, decidió llevarlo a su base para que entre en calor.

                        No parecía mal muchacho. Bajó el arma, sin desconfiar, pero más tranquilo. Por si acaso, el Lacayo Arrepentido se sentó frente al fuego, como si lo usara de barricada.
                        Hubo un silencio incómodo. Finalmente dio las gracias que rescatara a su reina. La muy testadura se empeñó a salir sola en la intemperie, solo para ver qué era esa luz verde al horizonte.

                        “¿Luz verde?”, preguntó aquel señor. Sí, un halo que una vez apareció. Su majestad, quien de mal humor estaba, andaba fuera buscando al resto de sus soldados; pero en vez de eso, noto algo raro más allá. El insistió en que seguramente fuera un fenómeno normal de ese mundo tan solitario; mas ella le ignoró, diciendo que, tal vez, era algo parecido a esos zorros fantasma.

                        “¿Aquellos que una vez arrasaron el campo de batalla?”
                        “Sí, esos eran.”

                        Por supuesto tenía la firme creencia de que existía un ser capaz de atravesar las barreras del espacio-tiempo sobrepasando la velocidad de la luz. Aquel poder, junto al de entrar en los túneles temporales, son fundamentales para regresar a Derse. Al fin y al cabo, para volver al momento anterior del exilio, tenían que atravesar una de las dos. Pero él estaba empeñado en que era imposible que semejante cosa existiera. Cierto que el Medium no funcionaba acorde a las mismas leyes espacio-temporales, ¿pero, y si la llevaban a la Derse de diez años después, justo cuando ya no existiera?

                        Y mientras él estaba preocupándose sobre lo que implicaría romper el tabú, al caballero le empezaba a picar la curiosidad. Quería saber si realmente esa “leyenda” era cierta. Hizo un esfuerzo para levantarse. Como era de esperar, el dersitano detuvo su paso por temor a una hipotermia. Pero él creía que con su armadura era invencible, aunque cayeran unos cuantos trozos.

                        Fue al exterior. El vendaval era fuerte; tanto que entraba la nieve por las grietas más pequeñas. Pero con el peso añadido de su coraza, el prospitano no cedía ni un milímetro.
                        A su izquierda pudo ver un resplandor verduzco que palpitaba sobre el horizonte.
                        Eso debía de ser.

                        Luchó contra la ventisca, tratando de llegar hasta esa luz anormal. El lacayo no podía hacer otra cosa que seguir su paso cubierto en mantas gritando que pare, pero sin ser escuchado. Intentó llegar hasta su procedencia. Cada vez era más costoso avanzar. Y de nuevo, dentro del hierro, empezaba a helarse otra vez. Apenas se le doblaba otra vez la rodilla. Quizá era mejor volver…

                        ¡No! Tenía que averiguar qué era, y, a ser posible, luchar contra esa cosa. Debía de recuperar el honor que había perdido.

                        Por suerte para él, la tormenta estaba amainando. Cada vez tenía la sensación de que estaba aún más cerca de ese monstruo.

                        Otro destello verde. Leve, pero cegador. Y esta vez venía desde abajo.

                        Bajo sus pies, por donde la escarcha no cubría el suelo, dormía sepultado en el hielo una enorme criatura hecha de oscuras y cristalinas escamas. Sus enormes alas, blancas como los páramos que le rodeaban, cubrían parte de su cuerpo. Era curioso. De cabeza a espalda tenía toda la pinta de ser un gran ave de afilado pico; pero en cambio su cuerpo parecía el del Gran Orador, con sus extremidades palmeadas. Bajo el gaznate, tenía un buche negro semejante a una piedra de obsidiana. Y, por cada costado del cráneo, parecía haber un par de agujeros que llevaban al vacío. Parecía como si tuviera que ir los ojos. Cuando no brillaba, podía apreciar la inmensidad del cosmos en sus afiladas escamas.

                        Era como si hubiera crecido junto al hielo. Como si el mismo hubiera forjado su figura. Tuvo la tentación de ver cuán poderosa era esa criatura. Sacó a lucir su espada; pero antes de que pudiera clavar el acero en esa capa translúcida, un par de luces interrumpieron su marcha. Sus ojos se habían encendido.

                        El brillo de sus escamas empezó a adquirir todavía más fuerza, impidiendo ver como iba aumentando su tamaño. El hielo empezó a quebrar, formando grandes bloques que se iban levantando por sí solos. Instintivamente, el noble caballero retrocedió junto al Lacayo Arrepentido.

                        Al fin, la enorme criatura se alzó con ímpetu, desplegando sus alas por primera vez en milenios mientras graznaba junto a un poderoso croar.
                        Los vientos temblaron. El instinto de supervivencia demandaba una fuga; pero la valentía del prospitano le empujaba a poner la espada en riste.

                        Por un momento, aquella deidad primigenia contempló con desprecio aquellos minúsculos seres. Podía ver cómo esos gestos provocativos le incitaban a cometer un asesinato injusto. Una mofa que prefirió ignorar. No era a ellos a quien tenía que enfrentar.

                        Con un impulso de sus alas y cubierto de un halo radiactivo, subió a los cielos atravesando la barrera del sonido, creando un claro entre la nube de polvo. Aumentó su velocidad hasta desaparecer de aquella dimensión, sin dejar ninguna distorsión.
                        Ambos quedaron tirados en el suelo con esa enorme fuerza. Aunque salieron ilesos, sus mentes quedaron con ese temor grabado en fuego.

                        Mientras tanto en ese refugio, la reina de Derse despertaba de su desvanecimiento. Había caído redonda sobre la nieve, y esas bajas temperaturas casi le daban su abrazo mortal. No sabía que el frío tuviera ese efecto. ¿Pero cómo iría, si nunca habían semejantes condiciones en su reino?
                        De todas formas una cosa estaba clara, y era que no iba a tocar tierras gélidas hasta tener ropa decente.

                        Por ahora solo podía ver qué estaba haciendo esa pelirroja en ese monitor. Juzgando por donde estaba, tal vez podía responder algunas dudas.


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                        • #72
                          Capítulo II:
                          Spoiler: 
                          Voy a resumir porque, ya sabés, capítulos viejos, ni idea si mejoraste hasta leer los nuevos, etc. Así que me voy a centrar en las cosas más importantes. La trama me gusta, pero siento que podría disfrutarla más si fuese más lenta en las explicaciones, o si hubiera más; sí bueno, es un fan fic, casi siempre explican menos cosas que cuando haces un world building propio, pero no sé. También supongo que influye el cambio de formato (de comic a fic) y las herramientas que tenés para describir las escenas o acciones del juego. Igual tampoco te voy a joder con capítulos viejos que ni ganas de editar, yo lo entiendo [?

                          Lo que si me molesta y mucho es a veces la cantidad de adverbios que hay en un mismo párrafo.

                          "No era difícil averiguar la causa de su enojo. Había visto desde fuera los cambios radicales desde fuera de su casa. Normalmente estaría temblando de miedo, pero extrañamente, se encontraba con confianza. Seguramente su hermana le había visto venir. "

                          Silenciosamente, sumisamente, peligrosamente, independientemente, amablemente, inútilmente y otras que se leen en varias lineas cercanas. Creo que si las evitaras y reemplazaras estas palabras por otras expresiones, quedaría mucho mejor y más lindo de leer, ya que al menos en los primeros capítulos lo siento algo recurrente. De hecho, a veces ni siquiera es necesario reemplazarlos, con eliminarlos está bien, en la escena donde el tío se acerca a ella, ya sabemos las intenciones por el contexto, no es necesario el "peligrosamente".
                          Subrrayado están las dos palabras que se repiten y me saltó a la vista cuando lo estaba leyendo, aunque probablemente es un error de distracción. Lo de los adverbios no, adverbios = malos. [?]

                          Los dialogos de Griselda siguen siendo 10/10 igual. También las escenas de acción, la forma de narrar que tenés en estos capítulos, con oraciones cortas (usando puntos y no comas) le da una dinámica especial a los momentos como el del final del capítulo, creo que es lo que más me gusta leer del fic.

                          "Se levantó de enseguida y trató de dañar al juguete."

                          Veniamos tan bien, Poi. Dx

                          "No podía perder ahora.
                          Podía hacerlo."

                          Entiendo lo que quisiste decir ahí, tenía la posibilidad de lograrlo, pero puesto así parece que dijeras que podía perder. [?

                          Ya, el capítulo me gustó. El comentario tardó pero al fin llegó, seguiré leyendo. Espera mi próximo comentario para el siguiente eclipse solar [?

                          Gracias Eli <3

                          Comment


                          • #73
                            Dios mío. Esta constancia flaquea.
                            Me tendréis que perdonar, pero entre hype con Sol y Luna, trabajos, altibajos y mis nulas esperanzas en este sitio estaban haciendo que esto se retrase de una forma épica. Aparte, en cuanto pensaba que ya estaba terminado, me di cuenta de lo corto que era. Y, en fin, le tuve que añadir algo de contenido...
                            Que tampoco me perjudicó demasiado, pero tengo una crisis existencial con esta cosa.

                            Y bueno.

                            Gracias por el comentario, [MENTION=21380]Matthew Crown[/MENTION]. Lo cierto es que los adverbios era una cosa que ya no abusaba tanto, pero aún tenía cierta tendencia a sobreusarlos. Ah, y gracias a eso encontré una buena guía para escribir owo
                            Ahora lo que me preocupa es no repetir la misma estructura gramatical... :/

                            Ah. Y por si un día decido parar de publicar aquí, que sepáis que está también en Fanfiction.net y Wattpad. No sé si lo he dicho antes, pero es bueno saberlo.

                            Cheers!

                            Capitulo 23

                            Spoiler: 
                            Las Colinas Ardientes. Un lugar peligroso donde los pies descalzos acabarían carbonizándose por el calor que emanaba las profundidades. Un tortuoso camino donde las llamas se mantenían con violencia, metiéndose por cada brecha del subsuelo y brotando de ellas como si fueran agua en un géiser. Un infierno donde los resquicios de la historia y los antiguos edificios descansaban en paz, aún conservando sus runas y cuentos.

                            Los pequeños y únicos habitantes no hostiles, los búhos, eran los recopiladores de estos fragmentos. Por mucho tiempo, ellos han vivido bajo el regazo de un gran templo, donde entes decoraban sus murales con frescos y crípticas escrituras que intentaron entender mediante la filosofía y el ojo crítico. Pero esta vez era diferente. Aunque el tiempo futuro era grabado en un lenguaje que podían entender, esta vez no era nada claro a su parecer. Donde hubo una premonición concisa sobre los héroes, ahora se hallaba una historia llena de dioses y verbos pasados. Curioso cómo los dibujos recordaban a la época clásica. Y los textos, cómo no, se transformaron en un texto sin nombres y muy poco sentido.

                            Por supuesto los búhos ya conocían ese mito y su procedencia. Lo que nunca pensaron es que iría a regresar.

                            —Esto es… intrigante. —comentó Amber al dar un breve vistazo al mural. —, y cuanto menos inquietante. ¿Decíais que estos frescos son de una… leyenda perdida?

                            Un búho, de plumaje más pálido respondió por el malhumorado de su discípulo. Iba a despotricar una vez más.

                            —Sí. Años ha, esto fue el principio de este mundo. La existencia de los doce arcaicos ha sido incuestionable… pero por alguna razón, algo intentó reescribir la historia a su antojo. Intentó borrar la noción de esos hechos hasta el punto de crear otro principio… pero las bases, por fortuna, son intocables.

                            Ante eso, la “vidente” podía deducir muchas cosas. Muchas conjeturas, pero nada seguro.

                            —Interesante.—respondió ante esa explicación mientras examinaba con más detenimiento las pinturas.

                            “La era oscura. Brechas entre mundos que solo albergaban espíritus y los inalcanzables secretos de la muerte. Ideas, voluntades y virtudes varaban en ese espacio vacío, así como los resquicios de vidas que abandonaron los múltiples universos. Emociones, almas, reflexiones, pensamientos. Todas ellas su fueron congregando hasta que estas adquirieron forma y personalidad.”

                            ¿Ideas perfectas? ¿En un mundo apartado al suyo? Parece que alguien ha leído Platón aquí.

                            “Las energías cósmicas; los elementos que formaban toda la materia; el flujo que todo da continuidad. Todas esas fuerzas crearon a dos seres capaz de dar nacimiento y muerte una infinidad de mundos a complacencia. Esa gran consciencia les encaprichaba con rellenar ese espacio con mundos sensibles; sean réplicas con diferentes circunstancias o lugares aún inexistentes. Una ocurrencia que el señor del vacío, aquel que siempre y nunca existió, no le agradó en absoluto.”

                            Paró su mirada en el dibujo de un enorme zorro añil-liláceo enfrentándose a una especie de batracio mezclado con un águila, o catatúa. ¿O tal vez era un gallo? No estaba segura.
                            Pero más se fijó en el cánido de nueve estelas enmascarado. Sabía que vio esa bestia con anterioridad… ¿pero dónde? Ahora no podía recordar.

                            Continuó con la lectura.

                            “Enfurecido por la intrusión de las cosas, el señor de la nada mandó a sus lacayos a acabar con las dos entes creadoras. Como ser orgulloso, el originador aguantó todas las fauces que trataban de atravesar sus cristalinas escamas. El guardián, en cambio, resultó herido de gravedad, y tuvo que huir hacia un mundo donde el tiempo pudiera circular. Ferozmente, la horda de espectros estaban a punto de cumplir con su cometido, arrastrando al orador hasta la inexorable y aparente muerte. No estaba solo, sin embargo.

                            Con la esperanza de salir victorioso, un ángel de seis alas, imbuido por la luz y la fe, le proporcionó poder para acabar con esos molestos asaltantes con una onda de energía. Otro ser, lánguido y grácil, le insufló vida para que sus grietas se cerraran lo antes posible. Entre los tres, podían derrocar a la nada con tan solo quererlo. No obstante, habían otros dos seres que apoyaban su causa. El rey de las plagas, quien adoraba la estabilidad del vacío, trató de mantener a raya a la sembradora, mientras que la furia e impotencia de los seres, ayudado de sus flamas moradas, trató de derribar con ímpetu al guerrero. Con eso, la batalla se prolongaba hasta que la oscuridad se llenó de luces caóticas que iban agrietando la realidad.

                            Hasta que otra entidad dijo “basta”.

                            Una cegadora bola lumínica se interpuso entre ese choque de fuerzas, clamando serenidad. La portadora de la sabiduría hizo al fin su aparición. Acompañada de otros dios dioses, representando las almas y la mente, la tortuga hizo entrar en razón a ambos bandos. Nada y todo; ambos conceptos se necesitan mutuamente. Después de todo, si la nada no existiera, ninguno estaría ahí, pues aunque su origen residiera en la sustancia, no podrían haberse condensado ahí dentro. También la nada requería del todo, ya que gracias a la idea de los pensantes permitían su eterna existencia, o se desvanecería en el olvido.

                            Así que propuso; si permitía a las entes encargarse de los lares creados por aquellos extranjeros, recibiría a cambio más sustento. Al fin y al cabo, sus dominios eran infinitos. No tuvo otra que aceptar esa condición. Así, la tortuga, deseosa por compartir el conocimiento de la creación, junto al herrero y el jinete del viento, crearon un globo donde la vista del guardián se aglomeraba en las nubes. Su nombre: Skaia.

                            Con el tratado, el ciervo, ahora imbuido por la tecnología del futuro, tuvo la obligación de crear un medio para que aquellos con el anhelo de un mejor mundo puedan hacer el suyo; con la condición de que su esencia siempre permaneciera viva en ese universo.

                            Terminado su trabajo, la tortuga durmió en una de las lunas que creó, ocultando su cuerpo bajo su suelo y dejando su símbolo a vista de sus asistentes. Igual que ella, el resto de deidades cayeron en letargo, aguardando la llegada de esos curiosos. A su vez, para aquellos osados que pisen sus dominios, el señor de la nada creó a varios consortes para que impidieran distribuir el secreto con vida. Mas, sus propios súbditos le arrebataron el poder de actuar y ser visto, y escondieron su máscara en lo más profundo de la luna oscura para que nunca pudiera profanar el globo nuboso.”

                            De repente, una duda insistente atormentó a Amber. Esa génesis… ¿por qué aparece ahora? Si tan importantes eran los papeles de esos dioses, ¿por qué alguien querría cambiar las cosas? ¿Quizá quería el poder?

                            No, estaba divagando. Había un hecho que aún se le escapaba.
                            Ese zorro. El tal “señor de la nada”. La luna morada que gentilmente rozaba el vacío. ¿Por qué le resultaba tan familiar?

                            “Así que por eso querías destruir Skaia… qué astuto.”

                            Un recuadro de texto se puso frente su vista. Era algo muy anormal; un fenómeno jamás visto. Intentó apartar el cuadro mirando a otro lado; pero, como una mancha en las gafas, seguía estorbando su vista.
                            Esto le daba muy mala espina. ¿Será que iba a ser poseía por algo?
                            Tenía un medallón colgado en el cuello. Podía preguntar...
                            No, mejor no molestar.
                            Pronto tuvo que ignorar esas ideas para proseguir con su investigación. ¿No debía de averiguar qué decían esas profecías?

                            Fue más adentro. Ahí estaba. Un enorme bloque profético que supuestamente no podría entender. Quizá así descubra algo de interés. Fue a leer y ponerse manos a la obra con ese pequeño encargo.

                            “En esta realidad los posibles escenarios son pocos. Cuidado pues, porque nadie podrá retroceder y sanar los daños que ocasionen. Algunos estarán desde el principio; otros se originarán; mas no serán visibles a través del conocimiento. Las posibilidades deben ser vistas con antelación, pues unos pocos errores podrían desembocar en catástrofe.

                            Pero una cosa es certera. Hombres de verde invadirá el juego y, atribuyéndose el mérito, reclamarán su divinidad.”

                            ¿Hombres de verde? No puede ser. Le parecía inverosímil. ¿De dónde vendría esa gente?

                            “La traición de dos elegidos enfurecerá al guerrero, quien tratará de defender sus tierras con todo su empeño, a filo y espada. No obstante, caerá ante la bala, no sin antes mermar sus fuerzas. La discordia se cernirá sobre entre vosotros; y algunos de los que habéis traído morirán luchando contra el poder del viejo mundo. Dos seres de un lugar muy remoto traerán consigo parte de los datos vírgenes. Sin notarlo, el joven refugiado en el cobijo de las profundidades llevará consigo el despertar de los dioses, oculto en las entrañas de un pingüino”.

                            Por el bien de este juego y de esa persona esperaba que esta frase no se refiera a un sacrificio. Luego averiguaría qué sería. Esas deidades, aparte del fantasma de la nada, parecían al menos razonables.

                            “Cuando eso ocurra, la reina encontrará la máscara que fue arrebatada y hará un pacto que le otorgará fuerzas para derrotar a sus enemigos. Despertará la hambruna de los zorros, y entonces, los susurrantes serán al fin castigados, y, como venganza a esa creación, cargarán contra Skaia. Las normas definitivamente no serán las mismas. Los intrusos, los dioses creados por el hombre, morirán ante el regreso de los arcaicos. Se instaurará un nuevo orden, donde cada uno tendrá que enfrentarse a su destino. Fortuito o propuesto, tendréis el reto ante vosotros, y debéis salir victoriosos antes del gran asalto, pues sin las reliquias el cuerpo no podrá vivir.”

                            —Un momento, ¿qué? ¿Hay que enfrentarse a esos tales arcaicos ahora?—preguntó Amber en voz alta. —¿Y cómo que el cuerpo necesita de las reliquias para vivir? ¿Cuál cuerpo? Me he perdido.
                            —El Orador, vidente. La gran rana.

                            Seguía sin entender muy bien de qué hablaba.

                            —No es seguro, mas así debe referirse a la rana que debéis concebir.
                            —¿Qué? ¿Pero por qué una rana?
                            —Ese es el universo que debéis crear.

                            Aquello tiraba a tierra toda teoría científica, presocrática, socrática, helenística y estoica sobre el universo. No le cabía en la cabeza que el mundo no fuera ni un plano, ni una esfera ni un plato. Era un anfibio que encima debían criar. Una de dos; o ese juego fue creada por una mente drogada o estaba siendo igual de cerrado que Silvia y no podía admitir que vivió una vil mentira, así que la hizo realidad.

                            Igual no sería ella quien empezara a cargar contra el trasfondo de esta historia. No sabía cuánto tiempo tenía, pero por alguna razón tenía la sensación de que era algo limitado. Debía de actuar pronto si no querían perder. “Posiblemente los muros también hablen de los dioses”, pensó.



                            Solo habían poemas llenas de metáforas y adivinanzas. Estupendo. Con eso se entretendría un buen rato. Por lo menos, eso no era todo el texto que debía de leer.
                            “Pero todo y que logréis cumplir, debéis vigilar. Si dos traidores no bastaron para arruinar vuestro propósito...”
                            —¿Eh? El texto se detiene ahí.—parecía borrado. No se podía leer nada.
                            —¿Entonces has terminado?—preguntó el anciano búho.
                            —Sí, se podría decir. Pero… hay cosas que todavía no sé que son. Lo único que se me ha quedado es que vamos a tener compañía; y no muy buena, que digamos.

                            El búho ululó.

                            —Así que nos avecina una catástrofe.
                            —Puede. Puede que no. La forma en la que está escrita no me ayuda nada. Es más; ni siquiera sé si han ocurrido o no. Debería de hablar con alguien, a ver si así…

                            Aunque la respuesta no le satisfació nada, entendía que aún no podría tener la precisión esperada.
                            En cambio Hermes no podía admitir tanta imperfección e incertidumbre. La tenía en un pedestal, como la panacea inmediata a sus problemas. Y sin embargo, sus expectativas le decepcionan.

                            —¿¡Cómo que no sabes siquiera si han pasado ya, eh!? ¡Se supone que eres LA vidente, carajo!
                            —¿Qué te esperas? Habré predecido el futuro un par de veces, pero solo soy una simple huma-
                            —¡BLA, BLA, BLA, SAN-DECES! ¡Pensaba que esos muros NO MENTÍAN! ¡Y mira lo qué pasa! “Uyyyy, es que no sé a qué se refiere, es todo muy confuso”… ¡VENGA, HOMBRE!
                            —Hermes. Chitón. —ordenaba su maestro.
                            —¡NO, NO-ME-CALLO! ¡De seguro nos han traído la persona equivocada! Es que-es que-es que mírala. ¡MÍRALA! ¡Solo sabe una cosita QUE NI SIQUIERA NOS DICE! ¡NI UNA VISIÓN! Nos tenía que salir UN **** FRAUDE.
                            —Pues… sí que esperabas grandes cosas de mí.— dijo, aún sin perder la calma, —, pero… con todos mis respetos, creo que estáis esperando demasiado de mí.

                            No aguantó más. Tanta ignorancia sobre su potencial era algo que no podía soportar. Intentando contener sus gritos, se fue a tierras áridas, solo y desarmado.

                            —¿Pero qué le pasa a este? Desde luego… —murmuró Amber. —Como sea. No sé qué es lo que os hace pensar que soy capaz de ver el futuro con tanta exactitud o sin cartas. Creo que aquí hay un malentendido.
                            —No, no hay lugar para malentendidos. Mira a tus espaldas.

                            Sí, ya lo vio. Doce personas con coloridos trajes que posaban delante de varios símbolos. Profetas encapuchados con capas o vestidos, intentando hacer algún tipo de acto heroico. Inscripciones se leían bajo sus pies, como si asumiera que cumplirían con su labor.

                            "Con su espada, a los impíos vencerá.
                            A través de sus ojos, el desastre impedirá.
                            Con su fe, las heridas sanará.
                            A través de su presencia, fortuna otorgará.
                            Con alegría y optimismo, corazones moverá.
                            Con gran ahínco, lo que la ciencia no pudo logrará.
                            Con su locura, a alimañas reducirá.
                            Con su sed de poder, los lazos quebrará.
                            Con su ansia de libertad, los vientos moverá.
                            En pos de la verdad, las sombras ahuyentará.
                            Con la información en mano, al fin ayudará.
                            Con sensatez y alegría, las normas cambiará."

                            No había nada que dijera que ella fuera uno de ellos. Solo vagas inscripciones que de poco le servían. Pero se detuvo a mirar un momento las caras de ojos almendrados, por si se equivocaba. Aquel, o mejor dicho, aquella que sujetaba una bola de cristal, con una larga túnica rojiza de anchas mangas tapando hasta los codos. Posado sobre el hombro derecho había una coleta anaranjada, denotando su largo cabello… y cómo no, las pupilas. Verdes como esmeraldas. Mirando fijamente a ese globo cristalino.

                            Se quedó pasmada cuando esos detalles se hicieron claros. Aquel oráculo no era ni más ni menos que ella misma.

                            Era escandaloso. Que un juego ya tuviera claro sus identidades y sus roles… cada vez se creía más esos orígenes escritos en los muros. Era imposible que una persona haya adaptado cada mundo y cada papel para ellos mismos y prediciera exactamente quién jugaría. Y al lado de ella estaban… se le hacía difícil, pero tenía la certeza de que el encapuchado de ojos liláceos era Samantha. Y por delante, deduciendo a partir del texto, probablemente sea Silvia. No estaba muy convencida de que su fe le incitara a cerrar heridas, sin embargo.

                            Aún así, todavía tenía dudas si llegaría a hacer lo que los búhos decían…

                            ¿Uh? Hay un texto debajo de ese fresco.

                            “El pasado jamás cambia. El futuro es mutable. Mientras alguien sea plenamente consciente de las consecuencias de sus actos, podrá forjar su futuro. Esa es la ley del mortal, quien limitado en su propio tiempo y espacio, no puede acelerar ni rebobinar, si no tan solo caminar su sendero. Vosotros, en cambio, habéis decidido atravesar esas barreras. Sea por poder, por bondad o mera supervivencia, estáis aquí, en medio de ese terreno hostil.

                            Quizá algunos lleguen a sanar sus acciones haciendo lo impensable, pues cada uno de vosotros será bendecido con un poder al pisar estos lares. Pero tened en cuenta, jóvenes, que todo gran poder conlleva una gran responsabilidad. Ese regalo se basa en vuestras personalidades; vuestros fuertes, y, sobre todo, en vuestras debilidades.

                            Quizá actuéis bajo la cara opuesta de vuestro rol; quizá lo llevéis en exceso, todo sin tener noción del calibre que tiene vuestros actos. Aparte de hacer un nuevo cobijo en esta vasta realidad, vuestro deber es también aprender y comprenderos. Ese es el verdadero propósito de ese juego, pues nosotros, los arcaicos, vivimos y existimos gracias a vosotros. Y por ello, junto al poder que podemos prestar, podréis continuar el ciclo de la vida.

                            Esa es mi voluntad y mi regalo a este mundo. Os deseo la mayor de las suertes.

                            Logoseng, portadora de la luz.”

                            Con razón le tenían en un pedestal bien alto. Ese texto no parecía ser algo que fuera redactado por un loco con una fuerte fe.
                            Aún así, no podía evitar pensar que le tenían en un pedestal demasiado alto. Si realmente tuviera ese poder y esos seres crearon ese basto espacio, ¿no debería haberlos tenido desde un principio?
                            Tantas cosas que asimilar;tanto que pensar; tanto parloteo y tanto texto que era imposible no tener una cefalea. El sueño y el calor tampoco le ayudaban a aliviar su molestia. Se notaba en su cara que ando andaba nublando su juicio. Algo preocupado, el sabio preguntó si estaba bien.

                            —Sí, tranquilo. Solo… que no estoy en mis mejores momentos, vamos.
                            —Entiendo. Dejaré que repose un poco. Hay un montículo de plumas en la esquina. Por favor, si ve algo… acuda a mi pronto.
                            —Lo haré.

                            Ahí la dejó, junto con una pila de mudas en aquel borde de los murales. Aún no entendían cómo podían tener tan poco escrúpulo por usar sus propias plumas para hacer las camas. Se preguntaba si mataban a sus congéneres y semejantes para tenerlas a mano o eran solo mudas.
                            Aunque, pensándolo mejor, no es que tuvieran mucho más.

                            Basta. Debía descansar su cabeza. Pero le sabía mal tener que dormir en semejante lugar; y más encima de posibles restos mortales. Por una vez debía de hacer caso a las prácticas orientales.

                            Era sentarse con los pies bajo la pierna contraria, poner la espalda recta, respirar hondo y sumirse en un estado de quietud.

                            Con cada aliento imitando el suave oleaje de la cala. Adentrándose en el silencio de su mente, con tan solo sus pulmones depurando su cuerpo. Los sonidos solo pasaban. Cada vez sentía que se adhería más a la piedra templada...

                            Y de pronto, justo cuando no había nada que la desasosegara, un destello fugaz. Un campo de fuego. Cuatro columnas corintias que se alzaban al cielo con su rojo color. Un búho que bien reconocía, acechado por una bestia alargada que apresuró paso para clavar sus dientes en su carne. Y al final, un graznido de espanto. Un sobresalto que terminó con su sosiego. Había despertado gritando el nombre de Hermes, todo sin querer.

                            —¿Ocurre algo, vidente? ¿¡Qué ha visto!?—sin darse cuenta, el sabio acudió a su vocifero.
                            No sabía qué acabó de pasar. Solo había una cosa certera.
                            —He... he visto a Hermes siendo asaltado.
                            —¡Oh!—exclamí maravillado y horrorizado a la vez.
                            —Casi lo devoraba... pa... parecía una visión...

                            Tuvo un escalofrío tras decir semejante cosa. Pudo darse cuenta que esas escrituras eran certeras. Si eso era verdad, entonces aquello que vio está por ocurrir, o peor.
                            Podría haber ocurrido.

                            No. Imposible. Hermes salió hace poco. No creía que se hubiera alejado tanto del templo en tan poco tiempo. Es decir, no había visto nunca esos pilares. Aún era pronto para darlo por perdido.

                            —¡Viejo sabio! ¿Hay algún lugar con cuatro columnas rojas por aquí?

                            El búho tomó un poco de su tiempo para responder.

                            —Ah, sí... los Pilares del Forjador. Eso tiene que ser. Están subiendo la alta ladrea.
                            —Bien. Voy para allá.
                            —¡PERO! Debéis tener cuidado, vidente. Ese lugar está plagado de hostiles y atroces criaturas.

                            ¿Está segura de que podrá ir?

                            Un mal augurio para sus oídos. No es que pudiera hacer frente a un grupo de tres. Con el báculo que ha creado lo tenía más fácil para convertir esos cuerpos en alijos de Grist. Pero, ¿y si ahí resistían más a la magia que este generaba? Pero esa no era la cuestión. Lo importante era que ese búho cascarrabias peligraba, y no podía permitir que muriera. Quién sabía, quizá era una pieza importante del juego.

                            —Podré con ello.
                            —Que así sea entonces. Ve.

                            Con esto, Amber salió hacia el ardiente exterior dispuesta a enfrentar a esos males, en plena solitud, buscando una ladera. Solo debía ver bien los alrededores para notar una pequeña planicie con una estructura inacabada.

                            Esa era.

                            No tuvo problemas en llegar a la ladera. Subirla, en cambio, era un mártir. El nerviosismo y el sudor, estaba teniendo la desagradable sensación de tener un pringue bajo la tela. No podía mantener un ritmo constante.

                            Para colmo había un problema. Sombras desde el aire acechando como buitres, esperando a que diera un paso en falso. Lo único que podía hacer por el momento era ignorar el peligro y continuar apoyándose sobre ese báculo.
                            Hasta que se abalanzaron contra ella. Mariposas malévolas con cuernos, intentando embestirla con sus cuerpos para hacerla caer o levantando el fuego de todo hoyo que hubiera. Tratando que perdiera el equilibrio, que muriera de una buena vez.

                            Pese a las clemencias que esos dos provocaban, ella seguía subiendo, intentando ser paciente. Pero al final, cedió ante la prisa. Con el orbe del báculo alzado, invocó al rayo, haciendo que cayera sobre los dos y se dispersen en formas de Grist. Y sin más preámbulos, escaló en paz hasta pisar la ancha planicie.

                            Cuatro columnas, rojas como rubíes, se alzaban hacia Skaia postradas en una plataforma de alabastro envuelta en las apocalípticas vistas de su mundo. Las humaredas ascendían hasta su horizonte mientras aquel búho contemplaba desde el centro del cuadrilátero los alrededores de su hogar.

                            Ahí estaba. Vivo y coleando. Señal que había llegado a tiempo.

                            —¡Hermes!—llamó. Este giró su cabeza en un ángulo semicompleto hasta dar su espalda.
                            —¡Oh, pero mira quién se atreve a dar la cara! ¿El viejo te ha mandado a por mí o qué?
                            —Hermes, será mejor que vayas volando de aquí ahora mismo.
                            —¡No-me-jodas! ¿Por qué debería? Ah, no me digas, ¿te lo han dicho ese fraude de cartas? ¡Porque no cuela!
                            —Por el amor de Afrodita, eres… eres un...—casi insultaba; pero se mordió la lengua,—¡No me entiendes! ¡Estás en grave peligro! ¡Si no te marchas de aquí, va a venir un monstruo a devorarte!
                            —¡Pffft, por favor! Si lo peor que he visto por aquí son Imps mariposones y Dugs borrachos, ¿qué me falta por ver? ¿Un basilisco con orejas de gato? ¡Ja, ja, ja! ¡No cuela, “vidente”!

                            Le parecía increíble lo tonto que podía ser. Así de claro. Era tonto. Muy tonto.

                            Tanto que no podía volver a girar su cabeza para seguir insultando. En efecto; sus palabras estaban cobrando realidad frente suyo. Usando sus garras incendiadas, escalaba una alargada bestia con cuerpo reptiliano de tres metros de largada y ancha cabeza mezclada con facciones felinas y diabólicas.

                            —Deberías de dejar ver el futuro. Engañas hasta los mismísimos arcaicos con esa estúpida fachada, ¿lo sabías?

                            No podía responder a eso. Ojalá. Tan solo pudo señalar con el rostro lleno de estupefacción aquello que se alzaba.

                            —Ah, sí, ahora querrás que mire atrás para que te rías de lo “tonto” que soy, ¿eh? En tus sueños, monada.

                            Hasta que un soplo, una exhalación húmeda levantó las plumas de su nuca. Un aire caliente que causaba escalofríos del terror que inducía. Un ladeo y sus palabras cobraron vida.

                            —**** ironía…

                            No dudó más. El Basilisco abrió las fauces para clavárselos en la carne del ave. Por suerte Amber pudo preparar uno de esos fulminantes rayos justo para pararle los pies.
                            Pero aunque atinó en la cabeza, no fue suficiente. Después de un rugido de dolor, soltó un bufido a su persona. Hermes no podía creer lo que acababa de hacer. Estaba atónito.

                            —¡No seas idiota! ¡Vete de aquí ahora mismo!—volvió a advertir.
                            —Ay… pues al final sí que eres la-
                            —¿¡No me has oído!? ¡Lárgate!

                            Así hizo. Sin poder darle suerte alguna, Hermes tuvo que volar rápido por su vida. Y ella también lo haría, de no ser porque no podía.

                            Era solo ella y la voraz salamandra metálica, encima de un templo habilitado para el sacrificio. Mientras la bestia se relamía los labios con su lengua bífida, Amber puso el báculo en frente, lista para conjurar otro hechizo.

                            Fue ella que dio el primer intento. Un rayo cayó desde una nube creada por el orbe; suficiente para freír a su enemigo. Sin embargo, el enemigo era veloz. Como si reptara, se echó a un lado dejando un rastro quemado.

                            Era rápido. Demasiado. Tanto que con tres meros pasos desvaneció. ¿Cómo era posible? Un monstruo que se hacía invisible. Era de temer.

                            No era seguro por dónde atacaría. Buscó por todos lados, intentando averiguar por dónde golpearía. No fue, sino por una fogosa nube, que supo su paradero. De no ser por sus reflejos ya estaría muerta.

                            Ese chorro de fuego casi le daba. Solo su rapidez le permitió crear una barrera. Y aún así en sus manos sentía el escozor de una quemadura. Suerte, pues fue un breve disparo. Mas otra corriente advirtió de un posible ataque; y era inminente.

                            Tomó riesgos. Aún con la duda de su posición, dio varios pasos hacia atrás a un supuesto mordisco.
                            Mas erró. La piel de la cara se abrió, desde la mejilla hasta la barbilla. Con un hilo profuso de sangre, Amber no podía ignorar ese intenso dolor.

                            No había manera. Ese ser camaleónico se las arreglaba para engañarla. Más o menos predecía por dónde golpearía; pero era como apostar por un farol. Un paso en falso y acabaría inválida… o peor.
                            Si al menos pudiera ver su próximo movimiento…

                            Espera. Eso podía hacerlo. Solo debía despejarse y cerrar los ojos. Entonces vería su futuro.

                            Y ocurrió.

                            Otro azote dado con el borde de la cola. Un duro golpe que supuso un tropiezo y una caída al abrasador suelo. Su báculo no estaba a su lado. Su pie dolía horrores. La roca quemaba sus manos. No podía apoyarse.

                            Un inútil quejido. Unas fauces que empezaban a mostrarse ante ella.

                            Cayó. Nadie vino y nada hizo. Amber había muerto en el suelo, destripada por los dientes del basilisco.

                            Al ver semejante escena desde la altura, ella imploraba clemencia. Ya vio bastante muerte, ¿por qué ahora debía presenciar la suya?

                            —No. ¡NO!

                            De pronto, volvió a la realidad. Perturbada. Temblorosa. Acabó de abrir una caja que jamás debió tocar siquiera. Estaba atorada en su horror; y aún no podía quedarse en el mismo sitio. Justo cuando pensó eso, reaccionó. Retrocedió. El recuerdo de varios muertos que aún yacía en el bloque regresaban junto a la suya. ¿Por qué ahora? ¿Por qué precisamente debía pensar en ellos?
                            Así no podía continuar. Esa amenaza invisible no podía ser enfrentada. Se sentía desvalida. ¿Cómo pudo pensar que esa responsabilidad no tendría ningún efecto? Solo podía agarrar el medallón que tenía en el cuello y rogar.

                            “¡Abuelo, ayúdame!”

                            Estaba destrozada. El basilisco podía oler su perdición. Sabía que ya era suya. Ya estaba saboreando su presa en sus fauces. Dio un giro y se abalanzó hacia ella sin mostrar sus colores.
                            Pero algo no iba bien. El brillo que emitía el collar con el espirógrafo; esa cosa que estaba tapada por su mano. La luz naranja le forzaba ser cauteloso.

                            Ese haz no resultó ser más que uno de tantos ancianos que habitaban en esas tierras. Tendió a subestimar aquel anciano oculto bajo esas ropas de lino. Fue una onda energética que disipó el camuflaje perfecto del Basilisco. Al fin era visible con todas sus estrías y facciones.
                            Indignación. Era lo que el monstruo había sentido. Trató volver a su juego sucio confundiéndose por el paisaje; pero estaba tan descentrado que no pudo evitar el siguiente movimiento.
                            El último que recibiría.

                            Toda una explosión anaranjada que lo mandó al abismo del que venía y repartió sus restos por el suelo.

                            Se terminó. El anciano dio un suspiro.

                            —Qué bicho más raro era ese.—comentó Rogelio. —¿Estás bien, nieta?

                            ¿Bien? Quizá. Estaba ilesa, ¿no? Solo tenía un corte en la mejilla; no estaba lesionada Eso era bien, ¿verdad? No, no, qué va. Tenía una carga que tomó demasiado rápido. Bien, mal, ¿cómo estaba? ¿Cómo estaría? No podía dar respuesta. Ni siquiera hablar; tampoco murmurar. Podría haber muerto y aún podía hacerlo.

                            —¿Amber? Contéstame, ¿qué ha ocurrido?

                            Preocupación, sanciones, sobre-protección. No quería nada de eso. Se podía notar el trauma que le acallaba. Sin embargo ese silencio no ayudaba a averiguar qué era.

                            Solo había una cosa que su abuelo podía hacer.

                            —Venga. Volvamos a casa.

                            No pudo hacer más que asentir.


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                            • #74
                              No problem, que con Sol y Luna yo y apenas si tengo tiempo para pensar en otra cosa... Bueno, a lo de siempre...
                              Aviso que voy a destripar con mis teorias muchos posibles acontecimientos así que... ¿Alerta de Spoiler?

                              Spoiler: 

                              ¡Joder con este capitulo, y con la profecia esta! Has dicho tanto y la vez tan poco... ¡Me encanta!
                              - ¿No Denizens, supongo? Por que se supone que, normalmente, los jugadores de Sburb tiene que derrotar o negociar contra su respectivo Denizen que resulta una amenaza para su mundo y los Consortes que lo habitan. Estos "seres" me suenan a un rollo más a Yaldabaoth, que te ofreceran "algo" de mucha mayor importancia que lo que podria ofrecerte un Denizen normal ya sea matandolo o negociando con él. Y se ve que no son precisamente civiles entre sí, especialmente el "ser" del Vacio. Al menos sabemos el nombre de uno de ellos, Logoseng del Aspecto de la Luz.
                              - ¿Dos Traidores? Algo me dice que esto provocara conflictos con los Trolls, su aparición es demasiado coincidente con lo relatado por la profecia. Pero está claro que no son los traidores, si no alguien más...
                              - ¿Personas verdes? ¿Leprechaun? Oh, diablos. Eso no es bueno. Esto asegura que alguien comenzara a apuñalar espaldas... O eso o Cherubs, lo cual es igual de malo...
                              - El "ser" del Vacio está relacionado con Derse. Supongo que el es el tiritetero tras una posible guerra Derse-Prospit. ¿Tal vez veremos una versión alterna de la Midnight Crew? Y posiblemente la Reina Negra tenga un papel importante en la batalla final.
                              - Si por Susurrantes hablas de los Horrorterrores... No veo posible que ningún jugador salga vivo de esta partida.
                              - ¿Un pingüino es la clave? ¿Un Juju tal vez?
                              - Y creo que la parte más vital:
                              "Con su espada, a los impíos vencerá.
                              A través de sus ojos, el desastre impedirá.
                              Con su fe, las heridas sanará.
                              A través de su presencia, fortuna otorgará.
                              Con alegría y optimismo, corazones moverá.
                              Con gran ahínco, lo que la ciencia no pudo logrará.
                              Con su locura, a alimañas reducirá.
                              Con su sed de poder, los lazos quebrará.
                              Con su ansia de libertad, los vientos moverá.
                              En pos de la verdad, las sombras ahuyentará.
                              Con la información en mano, al fin ayudará.
                              Con sensatez y alegría, las normas cambiará."
                              ... Con esta pequeña joya me lo has puesto muy facil... pero tambien muy dificil.
                              Spoiler: 

                              "Con su espada, a los impíos vencerá." Caballero del Espacio/Knight of Space (Samantha)
                              "A través de sus ojos, el desastre impedirá." Vidente del Tiempo/Seer of Time (Amber)
                              "Con su fe, las heridas sanará." Silfide de la Esperanza/Sylph of Hope (Sylvia)
                              "A través de su presencia, fortuna otorgará." Picaro de la Luz/Rogue of Light
                              "Con alegría y optimismo, corazones moverá." Heredero/a del Corazón/Heir of Heart
                              "Con gran ahínco, lo que la ciencia no pudo logrará." Paje de la Vida/Page of Life
                              "Con su locura, a alimañas reducirá." Dama de la Rabia/Maid of Rage
                              "Con su sed de poder, los lazos quebrará." Principe de la Sangre/Prince of Blood
                              "Con su ansia de libertad, los vientos moverá." Bardo de la Brisa/Bard of Breath
                              "En pos de la verdad, las sombras ahuyentará." Ladrón del Vacio/Thief of Void
                              "Con la información en mano, al fin ayudará." Mago de la Mente/Mage of Mind
                              "Con sensatez y alegría, las normas cambiará." Bruja de la Condena/Witch of Doom

                              Está claro cual es el God Tier de Amber y, viendo que ha encontrado los "Cuatro Pilares", esperemos que consiga descubrir el procedimiento de "Ascender" si es que no ha cambiado.

                              Tengo que decir que ha sido mi capitulo favorito hasta la fecha. Ameno y entretenido de leer. Has mejorado mucho. Espero con ansias el proximo capitulo.

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                              • #75
                                . . .

                                Chapter 23 was a mistake.

                                Lo sé, lo sé; el único comentario que tengo me dice alabanzas de ese capítulo, pero hubo una tercera opinión que decía que era un galimatías filosófico con un desarrollo del personaje bastante malo. Fue hiriente; pero porque tenía razón. Y tengo que decir; justo por eso hizo que me detuviera varios meses sin continuar este fanfic. Eso y otras cosas más.

                                Sin embargo ese capítulo lo hice con el propósito de que la gente especulara sobre próximos acontecimientos; y cumplí con eso, visto lo visto. Pero me he dado cuenta que hay muchas más maneras de dar un foreshadowing; y no necesariamente tiene que ocupar todo un capítulo como lo hice anteriormente.

                                Ahora, ¿eso querrá decir esto que editaré el capítulo y para reemplazarlo con el que le siguió? ¡NO!

                                Sé que no hay dios ahora que me lea; y podría ignorar esa vieja norma y dar el cambiazo como un **** buitre... pero no soy un ave de carroña, ¡y mucho menos si solo quedan los huesos! [?] Solo porque nadie me ve, dejaré este "amigable" recordatorio de que no debo volver a hacer nada semejante. Al menos no de esta manera.

                                Eso sí, que haya descartado ese capítulo de Wattpad y Fanfiction no significa que lo que haya pasado ahí haya pasado a ser un hecho inexistente. Oh, no, a lo hecho, pecho. Aparte, que no tenía ni ***** idea de qué hacer con Amber. Eso al menos me dio una idea... por muy atropellada que sea.

                                Y sí. Seguí publicando en otros sitios y abandoné hasta el punto de no entrar aquí ni para actualizar. Si eres alguien que va de paso, se da una alegría, lee esto y te cabreas porque he pasado olímpicamente de publicar por aquí... déjame que te diga algo.

                                Te lo dije =_=.

                                En fin. ¿Está todo despejado? Good.

                                Entonces, dejaré este capítulo por el momento. Si nadie dice nada, bien; si no, también.

                                Cheers!

                                Capitulo 23

                                Spoiler: 
                                El pasado jamás cambia. El futuro es mutable. Mientras alguien sea plenamente consciente de las consecuencias de sus actos, podrá forjar su futuro. Esa es la ley del mortal, quien limitado en su propio tiempo y espacio, no puede acelerar ni rebobinar, si no tan solo caminar su sendero. Vosotros, en cambio, habéis decidido atravesar esas barreras. Sea por poder, por bondad o mera supervivencia, estáis aquí, en medio de este terreno hostil.

                                ...

                                Había un aire diferente desde que aquel resplandor cegó a todos los habitantes de aquellas vías. Seguía siendo el mismo espacio umbrío de siempre; al menos por las profundidades, presumían.
                                Donde estaban las escaleras, sin embargo, era como si se hubiera hecho el día de repente. Un aire más limpio ventilaba aquel pasadizo, dejando respirar a todo aquel que viera la luz.

                                Cosas muy raras pasaron antes de aquel cambio. Después de dar enter a la ventana y hacer algún estropicio por la terminal, siguió todas las indicaciones que Samantha le había dado. Sus acciones no pasaron desapercibidas; es más, el ruido había alterado a sus compañeros del subterráneo. Tanto que hasta llamó la atención de Phanter.
                                Y justo cuando vio aquella luz, la tocó. Se fundió con ella. Y pronto tuvo una nueva forma. Ahora tenía una cola ondulante mientras emitía una luz celeste. No dio ninguna explicación de por qué lo hizo. Solo dijo que esperaba no tener que presenciar ese momento antes de convertirse en un ser etéreo.

                                Y tan solo así, sacando a una mariposa de un tarro en esa misma entrada, tras pasar varias penurias, reproches y tiempo soportando a Melody, ahí estaba. Cuando pensó que el meteorito azotaría el suelo y desplomaría la corteza terrestre, se encontraba en otro mundo.
                                Ya no era Londres. Ya no era un cementerio de sueños polvoriento y lleno de peligros. Era un nuevo amanecer para aquellos vagabundos buscados por las autoridades. Una nueva oportunidad.

                                Ahí fuera tenían un exuberante prado con infinidad de colores y pétalos meciéndose con el viento, con un cielo parcialmente nuboso y un espirógrafo azul girando bajo estos. Era un lugar bucólico que se extendía por lo ancho de la tierra. Algo que prometía albergar vida y bonanza.
                                Pero, todo y que era un enorme prado suizo, no se veía ninguna criatura andante. Solo hierba.

                                —Atiza, tío, pero menudo panorama, ¿no?—soltó de repente Helen nada más ver los campos de cosmos.
                                —Ya ves. Aquí se está bastante bien.—dijo luego Lilly después de sentarse sobre la hierba. —Oye, Willy, ¿vas a sentarte o qué?
                                Pero él tenía otros planes que hacer.
                                —N-no… volveré luego.
                                —Hey, relax, no estamos en Londres ya, ¿cierto? No hay ni la pasma por aquí.
                                —Pero es que tengo un asunto pendiente.
                                —¿Uh? Bueno, como quieras, chaval. Yo estaré por aquí… joder, que bien sienta tumbarse a la bartola con este airecillo, macho.

                                Sin dar más rodeos, William bajó las escaleras y fue hacia su ordenador a toda prisa. Se sentó sobre la silla y volvió a abrir la ventana de Pesterchum.

                                WG: pontarc!
                                WG: no me lo puedo creer
                                WG: estamos en el paraiso
                                WG: y todo gracias a ti! ^O^
                                EM: Sí, vaya si lo estás
                                EM: Cómo te envidio.
                                EM: No tengo más que un precipicio y un montón de nubes tormentosas arremolinándose sobre mí.
                                WG: eh? ó-o
                                WG: eso no suena muy bien…
                                EM: Un páramo más catastrofista y desolador que el mismísimo Cambridge, sin duda.
                                EM: Y osas dirigirte a mí, todo alegre, restregando en toda mi cara que has tenido más suerte que moi, mientras puedo ver ese prado de hierba fresca meciéndose con el viento.
                                WG: aaaah D:
                                WG: lo siento!
                                WG: no queria hacerte sentir peor de verdad
                                EM: Y para colmo te disculpas como si fuera un mal menor.
                                EM: Me decepcionas, William.
                                WG: perdon perdon perdon >-<
                                WG: no queria
                                WG: que… queria…


                                Paró un momento. Esa descripción tan superflua y dramatizada empezó a forjar sospechas de que estaba intentando tomarle el pelo.
                                Cosa que resultó verdad, ya que Pontarc empezó a reírse en el chat.

                                EM: Ay, mon cherrie.
                                EM: Pero qué impresionable eres.
                                EM: Que te envidio es verdad, pero que te recrimino…
                                WG: ni puñetera gracia ponty -_-
                                WG: pensaba que te habia cabreado!
                                EM: ¿Pero por qué me iría a enfadar contigo, criatura? ¿Por tener todo un campo de flores?
                                EM: Vamos, tampoco miento cuando digo que mis alrededores son un asco.
                                EM: Pero sería estúpido culparte por tener más suerte que yo. Después de todo, eso no se puede controlar.
                                WG: ay eres un bribon
                                EM: No, tampoco tanto.
                                WG: pero me has engañado! D:
                                EM: No, tú lo tomaste como un engaño.
                                EM: Solo lo hice más trágico.
                                WG: por eso lo has exagerado! I:<
                                EM: Culpa tuya por no haberlo leído con frialdad.


                                Iba a contestar a Pontarc diciendo que no era culpa suya que pareciera ofendido. Pero algo hizo que perdiera la noción de lo que estaba tecleando. Unos pasos muy ligeros pero rápidos retumbaron por las paredes; sin llegar a ser tan sonoros.
                                “Será una rata”, pensó. Y retomó su escritura.
                                Pero entonces los pasos se hicieron más sonoros. Le pareció que eran sus dedos martirizando al teclado; pero estaba siendo demasiado gradual. Después, una fugaz silueta pasó al lado del cristal como un predador nocturno. El fugaz movimiento hizo que parara de escribir de una buena vez. Fue tan rápido como Zu, pero tenía el matojo de pelo de Leon. Aparte, no sabía si vio unos colmillos en la boca…

                                ¿Habrán sido imaginaciones suyas?

                                EM: En todo caso, me acaban de decir que debo de llevarte a una puerta o algo así.
                                EM: Deduzco, por mi gran perspicacia, que es esa cosa azul que va rotando por debajo de las nubes.
                                EM: No sería mala idea si te hiciera una casa decente para que no tengas que estar en estas roñosas vías.
                                EM: Ah, soy genial.
                                EM: Qué alma más caritativa tengo.


                                En serio. ¿Qué fue eso? La curiosidad le podía.

                                EM: Tierra llamando a William, ¿qué estás mirando?


                                Finalmente sonó la notificación del chat. No prestó mucha atención en lo último que escribió. Ahora solo podía pensar en una cosa.
                                WG: um…
                                WG: vi correr algo…
                                WG: ire a ver que es.
                                EM: ¿Algo…?
                                EM: No te estarás despistando al mínimo estímulo de nuevo, ¿no?


                                Pontarc no estaba en la pantalla ahora. Solo era él y la curiosidad que cruzó la oscuridad. Solo quería saber qué fue esa cosa. Tuvo que tomar la linterna y salir de su zona segura. Quería enfocar bien a esa cosa cuando la encontrara.

                                Parecía mentira lo poco que había cambiado el interior comparado con el exterior. Los caminos siquiera se ensancharon un poco; ni siquiera hubo un corte de electricidad. Las luces auxiliares todavía alumbraban… poco. Habría preferido salir al aire con Helen y Lilly para tumbarse a la bartola mientras mordisqueaba un tallo de alguna planta.

                                Y, ahora que se lo planteaba, no pudo evitar preguntarse… ¿por qué no salió al exterior para sentir la brisa del campo? Era libre de hacerlo, ¿no?

                                De repente, sentía que las vías se volvieron menos acogedoras de lo normal; bueno, nunca lo fueron. Pero tenía la sensación de que las ratas se habían vuelto más grandes. O peor.
                                Hablando de roedores, no había ninguna que recorriera el asfalto. Era extraño; como si se hubieran quedado en Londres y sus ruinas. ¿Y si esa cosa se comió a todas ellas y no estaba todavía satisfecho?

                                Negó con la cabeza tras pensarlo. Tenía que tranquilizarse. Comprobó que estuviera solo, moviendo la luz de un lado a otro.

                                Solo eran él y las paredes. Ni idea por qué tenía ese desasosiego. La inseguridad, sospechaba. Dio un suspiro de exasperación. ¿¡Por qué estaba tan paranoico!?
                                No había manera de tener la conciencia tranquila en ese refugio. Salir al exterior era la única forma de que dejara de pensar en el peligro. Y lo iría a hacer, antes de que se pusiera histérico.
                                Pero no pudo evitarlo. Era débil, pero se estaban escuchando choques metálicos y balas disparándose por la lejanía.
                                No podía ser. Estaban refugiados. ¿Cómo podrían estar bajo asedio?

                                “Calma, William”, pensó. “Son soldados experimentados. Podrán salir de esta… ¿verdad?”.
                                Pero sus intentos de sosegarse fueron inútiles. Justo al lado de la entrada de Oxford Circus, se escuchó un grito desgarrador. Temblores atacaron a su frágil cuerpo cuando de enseguida supo quién fue herido. Y, sin pensarlo dos veces, se forzó a correr hacia su procedencia, tratando de ignorar el peligro que podría suponer.

                                Con un dolor en el pecho estrambótico y con las piernas trémulas, tuvo que levantar vista para presenciar lo ocurrido.
                                Sangre. Fue lo primero que vio en la sala, seguido de un brazo moreno y musculoso. Levantando la mirada, tenía a Joe apoyado en la pared, intentando parar esa profusa hemorragia. Y, delante de él…

                                Se quedó atónito. Por un lado parecía el mismo Leon; misma vestimenta, mismo armamento, misma estatura y desde luego misma peluca. Pero algo no cuadraba en él. Sus dedos eran sustituidos por garras; sus dientes por filosos colmillos; y su piel reflejaba la luz de la linterna con un tono plateado. Una de sus hachas estaba teñido de rojo. El rojo de Terabyte.
                                No podía dejar de mover la linterna. Estaba estupefacto. ¿Había pasado de fantasma a bestia? ¿Cómo?

                                Sus ojos, carentes de compasión, se giraron hacia él con hambre. William estaba aterrorizado. No podía moverse ni un solo paso hacia atrás. Consciente de que el entrometido estaba paralizado, “Leon” se acercó a él con parsimonia. Parecía que estaba disfrutando esa reacción.
                                No podía. Rezaba para que Pontarc hiciera algo al respecto. Él movió las máquinas, caray. ¿¡Dónde estaba cuando lo necesitaba!?

                                —¡WILLIAM, HUYE!

                                Pronto, Joe, aún consciente, e intentando sobrellevar el dolor, dio un vocifero. Ante ello reaccionó. Dirigió el foco directamente hacia los ojos del Phanter de aluminio para deslumbrarlo y escapar.

                                Ayuda. Necesitaba ayuda. No podía dejar que sus pies se clavaran al suelo por su miedo. No podía quedarse ahí quieto. Si no, Joe podría…
                                ¡Positivos! Cuando encuentre a Therasa, todo saldría bien. A Hollerith le faltaría un brazo, pero vivirá, como todos. Ese anhelo de que se arregle ese percance le daba las fuerzas para correr. No quería que él muriera. Quería que viviera. Y era libre de hacer que eso ocurriera.
                                Pero las cosas no irían a ser tan sencillas. Tras él, con las hachas en cruz, Leon le perseguía. Y se estaba acercando muy rápido. Estaba acabado.

                                ¡NO! ¡Aún no! Hizo tripas corazón e, ignorando el dolor, pudo mantener una distancia con ese monstruo. Por desgracia, aún con todos sus esfuerzos, no podía alejarse. Lo único que podía hacer era seguir ese ritmo hasta que encontrara a alguien.
                                Costaba. Sus pies le empezaban a doler. Sus músculos se estaban tensando. No sabía cuánto tiempo lograría aguantar. Pero no estaba lejos de la salida. Quizá ahí encontraría a alguien.

                                Estaba tan absorto en escapar de su persecutor que no se dio cuenta de la batalla campal que se producía en la entrada de la estación. Habían tres bestias más parecidas a Leon que asediaban las vías; aunque de diferentes materiales. Cada uno atacaba a los guerreros de las vías.
                                No entendía absolutamente nada. ¿Porqué tantos Leons? ¿¡Qué estaba pasando!?
                                Encima el monstruo que le perseguía le estaba pisando los talones… maldita sea, se había entretenido demasiado. Debía hacer algo.

                                —¡Geeeenteeee!—gritó mientras corría. Havoc y Purple Crow se distrajeron un momento para ver a William, sin bajar todavía la guardia. Zu Battle no tuvo tiempo para contemplaciones. Dijo a Havoc lo que fue una orden y se abalanzó rauda hacia ese monstruo con la katana. Con ello, Will llegó a Havoc; casi arriesgándose a ser herido por el fuego amigo.
                                —Oye. Casi te doy.—se quejó en seco.
                                —Aaaah, ¡perdona, Havoc, es que... ¿¡Ah, porqué me disculpo!? ¡Necesito a Mamá Koala! ¿Dónde está?

                                No respondió. Solo se limitó a disparar esos muñecos asesinos de plástico.

                                —¡HAVOC!
                                —Ya, ya, déjale, ¿no ves que está haciendo algo útil, pedazo de inútil? Aaah… ¿¡porqué no mueren de un tiro estas cosas!?

                                Y ahí estaba Melody, en una esquina, intentando incapacitar a otro demonio; de fibra de carbono. Era difícil darle con sus hachas.
                                Le regañaría por insultarle; pero no tenía tiempo.

                                —¿¡Qué más da!? ¡Terabyte está herido! Y necesita atención médica... ¿¡dónde está Therasa!?
                                —Ah, ¿la foca? Está con la yaya y con Re-Blue Phanter. Se han refugiado en la Sala de Máquinas.
                                —¿Con Redbull Phan…? ¡AH! ¿¡Con Leon!? ¿Pero-pero Leon no son…?
                                —¡Pues claro que no, duh! Mira que llegas a ser imbécil, chaval, ¿¡cómo irían a ser estas cosas el jefe!? ¡POR-FAVOR, cualquiera se puede poner un traje de indio y una peluca chillona!

                                Por alguna razón, todo y que le había insultado, esa información le devolvió algo de alegría. Leon no se había transformado igual. Seguía siendo el mismo.
                                Ahora sabía por dónde ir.

                                —Gracias, Melody.—agradeció antes de partir. La chica solo se limitó a hacer un gesto de asco y seguir disparando a esos atacantes. No podía bajar la guardia.
                                La sala de máquinas no estaba muy lejos. Solo era una pequeña puerta de acero que conducía a un corto pasillo hasta otra entrada del mismo material.
                                Aunque, en ese caso, Red Phanter estaba bloqueándolo.

                                —¡Pero bueno, si aquí estás, Windy! Un momento, no, tendrías que estar saltando por las nubes, ¿qué demonios haces aquí dentro?
                                —Aaah, no podía, Leon, tenía que hablar con alguien.—quería mentir; pero no era el momento.
                                —¿Con… alguien? Ah, ya. Claro. ¡Pero aún así, no puedes estar aquí dentro!
                                —Eh… como sea, necesito a Therasa, ¡y rápido, Joe se me está desangrando!
                                —Oh, rayos, ya me decía que faltaba alguien…—dijo mientras se estiraba la frente hacia abajo. —vale, abre la puerta. Supongo que ya habrá acabado con Grudge…
                                —No me fastidies que ella también…
                                —Nah, no está herida. Es solo un pequeño infartillo de na- bueno, ¿qué estás haciendo? ¡Entra, vamos! No quiero fusionarme con una puerta.

                                No entendió nada. ¿A qué vino eso de fusionarse? ¿Y un infarto? ¡Eso era mil veces peor!

                                Visto que tardaba demasiado en reaccionar, Leonsprite suspiró y trató de bajar el manillar de la puerta con el hacha sin partirlo.

                                —¡Vamos, entra para dentro!

                                Reaccionó de enseguida. Pasó por la sala, solo para ver a la señora Mallow medio mareada en el suelo y a Therasa cerrando un pequeño bote de pastillas. Ella se sorprendió cuando se abrió la puerta.

                                —¿William?
                                —Eh, no hay mucho tiempo. Tengo que… Joe… pérdida de sangre…

                                Las prisas y los nervios le impedían expresarse con claridad. Sin embargo, bastó tres palabras para darle a entender qué ocurría.

                                Sabía que no podía abandonar a Grudge tampoco. Pero pronto dio una solución muy sencilla. Se la cargó consigo; sin importarle demasiado las inquisitorias preguntas de la anciana.

                                —Vale, tú indícame dónde está e iré corriendo.
                                —Thera…—gruñía la anciana con voz débil.
                                —Cállese, a ver si le encuentro una camilla o algo, caray.

                                No dudó más. Sabía que Therasa le iba a seguir el paso. Trató de conducir a la enfermera hacia la sala de Joe; a pesar del tumulto de la entrada. Sin que dijera nada, el fantasma de Leon les cubrió la retaguardia, bloqueando el posible fuego amigo e intentando contener a sus iguales en una lucha de hachas.

                                Tenerle ahí les sirvió para llegar al lugar del delito. Un olor a hierro empezaba a invadir el lugar. No era un lugar por donde la corpulenta señora pudiera dejar a una anciana con un corazón delicado.

                                —Madre mía, que marrón… tu mantente con él. Voy a dejar a Agatha en otro sitio.
                                —¡Pero-pero Thera-!—intentó implorar William; pero Grudge le interrumpió con su ímpetu.
                                —¡No seas cabezota! Yo ya estoy muerta. Déjame por ahí y atiende a ese muchacho.
                                —Ni de coña, señora. Necesita tranquilizarse, y este no es sitio.—intentó decirle con educación mientras se la llevaba.
                                —¡Bah, bo-ba-das! Puedo soportar esto. Vamos, bájame.
                                —Ay señor…—no tuvo otro remedio que dejar a esa persistente bruja al lado de la entrada. Tampoco tenía tanto tiempo como para discutir con una anciana tan tozuda; menos viendo el charco que había.

                                Admiraba el temple que tenía la madre de Lilly a la hora de encontrarse con una situación de aquel calibre. Desde luego, él no habría sido capaz de acercarse tanto.
                                No, qué decía. Aún quería que no pasara ese momento. De todas maneras, él ya estaba siendo atendido. Mientras Therasa miraba el corte, William se puso al lado de Joe y tomó la mano que aún estaba en su brazo.

                                —Eh. Te pondrás bien. He traído a Thera.—dijo; tanto para él como para su amigo. Intentó encontrar pulso en la muñeca mientras tanto.
                                Casi ni lo sentía. Parecía que había llegado tarde. Pero aún podía ver esos ojos, apuntando a él con pena. Él sabía que no iría a aguantar mucho más.
                                Pero seguía insistiendo en que no moriría. No ahora.

                                —¿Sabes? Lo he estado pensando… me estoy acordando del día en el que me encontraste tirado en los escombros, intentando levantarme mientras me desvanecía del hambre. Justo… después de que atraparan a mi padre y escapara de ellos. Fue cuando me ayudaste a levantar.

                                Cómo olvidarse de ese momento. Poco a poco se estaba empezando a dar cuenta de sus mentiras. Un extraño arrepentimiento se apoderaba de él, como si él fuera el responsable de todos esos sucesos.

                                —No lo pensé por aquel entonces. Yo… estaba demasiado afectado por la pérdida de mi padre. Me sentía como una escoria por no haber podido hacer nada por él… y por haberle empujado a salir de nuestro escondrijo solo para ver a alguien que ya se había marchado. Pero en vez de recibir mi merecido, me encontré con una hospitalidad que tampoco creía merecer. Sobre todo viniendo de ti…

                                Tomo aire por un momento. Se le estaba haciendo un nudo en la garganta. Costaba hablar.

                                —Yo… Helen también me ayudó bastante a que… bueno… no me afectara tanto ese hecho. Tú, y todos hicieron algo de su parte. Pero tú estuviste también a mi lado y… tampoco fuiste tan brusco y frío como algunos. Incluso… solo por mí, hiciste ese servidor para que pudiera volver a hablar con ella y mis amigos. Aún estoy muy agradecido por todo lo que has hecho…

                                Trató de calmarse; respirar hondo. Pero en vez de eso salió un sollozo.

                                —Cómo no me pude dar cuenta antes… estaba tan ofuscado con Kevin y con mis desgracias que… no me di cuenta hasta en este momento… de lo mucho que me importabas. Ya… ya sé… soy un idiota… decirte esto ahora… en este estado…

                                Miró a un lado. No podía ver la cara de Terabyte tras contar eso.

                                —De hecho… no sé porqué estoy diciendo estas tonterías ahora. Es irónico, ¿no? Que tengas que estar moribundo para… confesar lo que siento por ti. Yo… s-soy una persona terrible… por ignorarlo por tanto tiempo… no… no quiero que te vayas, Joe. ¡No sé qué voy a hacer!

                                Esperó un reproche. Las manos que sujetaban al moreno se dirigieron a su cara, solo para tapar sus lágrimas. Aquello fue un incentivo para que, en un último esfuerzo, Joe pudiera acariciar su cara y secarle las lágrimas.

                                Él estaba consternado. ¿No era alguien horrible? ¿Acaso Terabyte sintió lo mismo por él? Quería una respuesta; pero pensó que era egoísta inquirirla. Solo esto bastó para destapar esos acuosos ojos.

                                La cara del programador… no era de enfado. No era de dolor. Era de una sonriente tristeza que trataba de animar a William. Solo podía oír alguna carcajada floja.

                                —¿Jo-Joe...?

                                Tenía tanto por decir… pero solo tenía aliento para dos palabras.

                                —Tú... puedes…

                                Sus ojos se entrecerraron. Pronto, dejó que Will sujetara el peso de su mano. Era justo lo que le dijo cuando le recogió en Londres y estaba a punto de desmayar.
                                Fue gracias a esas palabras que pudo vivir…

                                Y ahora no habría nadie para repetírselas.

                                Quebró en un mar de lágrimas mientras intentaba mantener el calor de su mano. Se abrazó a él, negando lo que acababa de ocurrir. Se hizo oír por los pasillos. Justo al lado de su guía.

                                Ahí, Leon no podía evitar tener algún remordimiento. Pena le daba ver al joven derrumbado. Podría haber evitado esa vista, y sin embargo, ocurrió el peor escenario posible; para él y todos ellos.
                                Sintió que había llegado el momento de que su gente al fin conociera la verdad…


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