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  • #31
    Capítulo XXII


    Bueno gente! Aquí acaba todo, el capitulo final, la batalla decisiva entre Aiko y Frei. Espero que a los pocos que leyeron les haya gustado y que estén atentos porque muy pronto habrá una sorpresa relacionada con este fic. Espero que lean este episodio y buena suerte a todos!

    XXII


    [spoiler:922q5wu7]Las luces del estadio refulgían a más no poder y me cegaban a medida que salía al encuentro de mi rival. Estaba muy emocionada, luego de tanto trabajo, de tanto esfuerzo, de tanto aprender de mis amigos y rivales, pude llegar al máximo nivel de una liga tan competitiva como es Odissey. El haber llegado hasta ese lugar siendo una chica tan joven ya era todo un logro y sé que para mucha gente yo ya era una justa campeona. Ahora debía enfrentarme a Frei, nada más y nada menos que el mejor de los Legionarios, el más equilibrado, el que había demostrado mayor valor, más concentración y un magnífico control sobre sus pokémon. Además, era quien mejor me caía, incluso más que Natsuki, porque era maduro, centrado, apuesto, un gran entrenador y me miraba con esos ojos que sólo el tenía… Bueno, sí, quizá sintiera algo por Frei, pero no era el momento indicado para recordarlo, porque por más que me gustara o no, debía aplastarlo en la arena de combate. En los parlantes resonó la voz del relator de la batalla.

    -¡Señoras y señores, aquí aparece uno de los mejores entrenadores de esta edición de la Liga Pokémon, Frei Akeda!

    Desde mi camerino pude verlo, con su cuerpo perfecto torneado por las luces del espectáculo, con su traje de Ranger impecable, como siempre lo llevaba, con tanto orgullo; y su mirada perdida en un punto del horizonte, tratando de concentrarse. Su imagen era sublime.

    -Un entrenador como pocos, con una técnica de batalla exquisita, y unos pokémon entrenados con tanto orgullo que dan ganas de nunca dejar de verlos batallar.

    La multitud que se encontraba presenciando el juego era mucha y gritaba tanto que a veces no escuchaba ni mis pensamientos… eso era malo, pero tenía que concentrarme también. El asesor de vestuario me informó que era mi turno de salir. Aspiré hondo y comencé a caminar, como ya dije, cegada por las luces. Subí la escalerita, y milagrosamente no tropecé, hasta que llegué a la base donde se desarrollaría el combate. Frei me sonrió ligeramente, yo no pude evitar sonrojarme y temblar ante la gran calma de mi rival.

    -¡Un aplauso grande para la campeona del pueblo, la señorita Aiko Hitokage! Una entrenadora tremenda, que ha demostrado una entrega y una valía fuera de serie, con pokémon que dan su máximo en cada batalla y no se rinden ante nada. Este va a ser un verdadero duelo. La magnífica final va a comenzar.

    La multitud fue cediendo con su griterío, mi rival pareció relajarse aún más y palpó sus pokeball en su cinturón. Yo aprisioné las mías también.

    -Las reglas son simples. Usarán tres pokémon y pueden sustituirlos las veces que quieran hasta que se debiliten. No hay límite de tiempo para la batalla. Ganará quien tenga pokémon de pie cuando su rival los haya perdido todos. En caso de empate, los jueces de la final decidirán quién es el ganador, tomando en cuenta las estrategias utilizadas. Pueden comenzar con el combate.

    Con esas palabras el mundo se me vino encima. En ese momento caí que estaba en la final, que estaba en un lugar muy alto y me daba vértigo. Había un joven que no iba a escatimar esfuerzos por empujarme a una caída libre y que mi carrera podía acabar allí. Él sacó una pokeball y yo todavía no atinaba a moverme. El ruido de la gente gritando mi nombre me despertó y saqué a uno de mis pokémon, a Kenhorou. Lo hice casi sin pensar.

    Los dos arrojamos las esferas y se abrieron liberando a los pokémon. Kenhorou se exhibió galantemente ante el público. Del otro lado, el Mebukijika de Frei alzó orgulloso su cornamenta y admiró con sus profundos ojos a Kenhorou. Iba a ser una batalla dura, pero resultó que elegí bien el tipo, empezaría con ventaja.

    vs

    El silencio era sepulcral, sólo se oía la respiración de los pokémon. La gente sabía callarse cuando era necesario.

    -Mebukijika, utiliza Patada Salto.

    -¡Ah! ¡Kenhorou, Ataque Aéreo!

    Los pokémon eran rápidos y se movieron al instante por el campo de batalla. Kenhorou preparó su fuerte movimiento, cargando mucha energía en su cuerpo. El rival aprovechó la lentitud de Kenhorou para reunir fuerzas y cuando llegó cerca de él se dio vuelta y estiró sus patas traseras para golpear al ave. Kenhorou retrocedió golpeado y chilló para acelerar el proceso de carga. Su cuerpo se llenó de energía, sobrevoló el lugar y se abalanzó sobre el rival golpeándolo con sus alas y con su gran pico. La piel tersa del rival era fácil de desgarrar para el pico de Kenhorou y mi pokémon lo hacía sufrir sin miramientos. Comenzaba a sentirme más liviana y disfrutaba más del combate al ver que las cosas no iban tan mal.

    -Mebukijika, quítatelo de encima y usa Doble Filo.

    -Kenhorou, Ataque Rápido.

    Mi pokémon se alejó un poco de su oponente y lo embistió a gran velocidad dándole un golpe con sus garras en el rostro. Mebukijika soportó el dolor y al instante golpeó con su cornamenta a Kenhorou atropelladamente. Ambos rodaron por el suelo, enganchados, lastimándose mutuamente. Cuando se frenaron, el pokémon de hierba hizo lo posible por desenmarañarse, quitándose a empujones a Kenhorou, quien también ponía de su parte para zafarse. Tras el vergonzoso encontronazo, los pokémon volvieron a observarse furiosos para ir al ataque. El cansancio ya se les notaba.

    -Mebukijika, acabemos con esto, Rayo Salvaje.

    -¡Kenhorou, tomate un Respiro!

    Mi pokémon frenó un rato su corazón para reestablecer, con la ayuda de la energía del viento, sus heridas y su fuerza. Lo malo fue que ni bien terminó de respirar ese oxígeno tan fortalecedor, el ciervo chocó contra él con el cuerpo lleno de electricidad, desprendiendo estática a troche y moche. Luego de ese ataque, mi pokémon quedó casi tan golpeado como antes.

    -¡Oh, no! Fue inútil… ¡Usa Ida y Vuelta!

    -¡Acaba esa ave, Doble Filo!

    Los pokémon volaron y trotaron uno contra otro, dispuestos a no rendirse en la batalla. El pico de Kenhorou se estiraba, dispuesto a desgarrar. Las astas de Mebukijika se exhibían orgullosas en el campo de batalla. Los rivales chocaron y cada uno se revolcó por su lado, con magulladuras, hematomas y plumas arrancadas. En un momento me di cuenta que me estaba dejando llevar por la brutalidad de la batalla y quizá mis pokémon no la estaban pasando bien. Al parecer mi rival pensó lo mismo porque se acercó al igual que yo junto a Mebukijika.

    Kenhorou estaba bien, golpeado, pero parecía contento con su actuación. Eso me reconfortó, los pokémon conocían sus límites y habían luchado como lo que era, una verdadera final. Ninguno de los pokémon pudo continuar, y la gente murmuraba sorprendida, se veía de verdad como el combate de los dos mejores entrenadores, los más parejos del juego. Pude ver a Natsuki devorando sus uñas sin piedad y eso me dio un poco de gracia para quitar el estrés. Debía elegir mi siguiente pokémon. Frei sonrío gustoso y también eligió su próxima pokeball.

    -Me gusta como comenzó la batalla- acotó tranquilo.

    -A mi también- le respondí un poco más nerviosa.

    Arrojamos las pokeball que se abrieron en el centro del campo y brillaron liberando a cada uno de los pokémon. Yo elegí a Leopardas, que estaba listo para pelear y que casi podría estar segura que dejaría su vida en combate, pero mi rival escogió nada menos que a Kojondo…

    vs

    No hace falta que diga que Frei sonrió alegre viendo que tenía la ventaja en sus manos. Yo comencé a preocuparme, pero por suerte, tenía una estrategia contra luchadores y esperaba que me sirviera. Cuando las gradas se silenciaron, comenzamos con las órdenes.

    -¡A luchar, Leopardas, usa Cuchillada!

    -Bote, Kojondo.

    Mi pokémon se acercó para atacar, pero su rival lo evitó dando un salto elegante al aire.

    -¡Esquiva, Leopardas y usa Tajo Umbrío!

    -No dejes que te toque.

    Cuando el rival cayó, mi pokémon se hizo a un lado rodando por el suelo y luego estiró sus renegridas garras para propinar su ataque. Claro, el rival con el que me encontraba luchando no era nada fácil de tocar, esquivó con gran agilidad el golpe. Ambos pokémon eran casi igual de rápidos y de flexibles.

    -¡Leopardas, prueba una Garra Umbría!

    -¡Kojondo, esquiva y Avalancha!

    Los pokémon gruñeron y avanzaron hasta encontrarse. Las garras fantasmales de Leopardas cortaban el aire sin piedad una y otra vez mientras Kojondo gambeteaba esquivando por poco cada ataque y sufriendo algún que otro pequeño rasguño. Pero también Leopardas estaba incómodo, tenía que esquivar los pedazos de concreto que el pokémon arrancaba del suelo para arrojarle. No puedo decir que los evitó todos, porque hubo un par de piedras tan grandes que no pudo desviarlas, pero puedo estar segura que hizo lo mejor posible.

    -¡Basta, ya me cansé, Leopardas, usa Golpe Aéreo y termina con tanto regate!

    -Es el momento, Kojondo, ¡Patada de Salto Superior!

    Mi pokémon se movió a gran velocidad y su golpe fue tan certero que Kojono no pudo maniobrar para esquivarlo. Los golpes desde lo alto eran pesadillas para ese pokémon, y Leopardas sabía exactamente cómo atacar a traición. La garra izquierda del felino hizo mella en el pecho descubierto de su rival haciéndolo retroceder y provocándole intermitentes espasmos. Leopardas atacaba justo a su corazón y yo veía que la cosa así podría funcionar. Pero… tanta energía utilizada por parte del siniestro, le costó caro. Kojondo ejecutó su ataque máximo. Dio un salto con pirueta, doble mortal y giro de 360º en el aire que dejó cautivada a la gente, a mí y a Leopardas, que no atinó a moverse. Cuando comenzó a caer, le propinó a mi pokémon una patada descendente que casi le quiebra la espalda.

    -¡Leopardas! ¿Te encuentras bien?- le pregunté a mi pokémon que se encontraba planchado en el piso como si una trituradora le hubiera pasado por encima. Apenas gruñó dándome a entender que continuaría luchando hasta desmayarse-. No quiero que te lastimes…

    Mi pokémon se puso de pie con todas sus fuerzas y rugió para hacerme callar. Frei sonrió y habló.

    -Vamos, Aiko… ¿Crees que con lo bien que entrenaste a estos pokémon van a rendirse justo en una final?

    Tenía razón… yo era una estúpida si pensaba que Leopardas iba a regresar a su pokeball por una patada. Entonces debía dar lo máximo para terminar.

    -Leopardas, usa Golpe Aéreo.

    -¡De nuevo, Kojondo!

    Otra vez el salto olímpico en el aire y la gente que abría la boca como un Lickitung con fiebre. Era tan maravilloso el salto, que casi hipnotizaba. Pero ya no volveríamos a caer en el mismo truco.

    -¡Ey, Leopardas, hazte a un lado!

    Mi pokémon oyó mi mandato, quebró su cintura y sprinteó hacia la derecha haciendo que el pokémon diera su patada en el concreto, rompiéndolo totalmente. Era muy poderoso ese ataque. Pero Leopardas lo había evitado y ahora se encontraba en el aire. Su salto no era tan magnífico, pero sí era más rápido y con sus garras fue otra vez a dañar su pecho, al lugar donde bombeaba la sangre del rival, quien se echó atrás tosiendo y refregándose la herida.

    -No volverán a caer… ¡Usa Avalancha entonces, Kojondo!

    -¡Esta pelea tiene que ser nuestra, Leo, usa Cuchillada!

    A todo o nada los pokémon volvieron al centro de la batalla. Kojondo con una pesada carga de piedras en sus manos. Leopardas con su cola afilada, dispuesto a darse vuelta a último momento para penetrar el corazón del oponente. Los pokémon chocaron en un golpe seco, la Avalancha cayó sobre Leopardas y el tajo al cuerpo de Kojondo fue poderoso. Ambos se derrumbaron en el campo de batalla. La gente comenzó a hablar entre sí, sorprendidos… ¿era otro empate?

    En realidad no, Kojondo se levantó, con su pecho lleno de heridas, pero pudo ponerse de pie. Respiraba con mucha dificultad, pero podía continuar. En cambio, Leopardas no podía… las rocas le habían pegado en la cabeza y lo habían desmayado. Dio todo lo que tenía hasta el último momento.

    -Gracias, Leopardas, muchas gracias. Tomate un descanso y deja que de esto se encargue Midori.

    Saqué la última ball, y de esa no tenía ninguna duda. Era el pokémon con el que inicié ese viaje y con él lo terminaría, siempre lo supe. Frei sonrió y asintió, como si supiera por anticipado de mi elección.

    -¡Midori, a pelear!

    El Jarooda se arrastró con velocidad por el campo de combate y se alzó en toda su estatura frente a Kojondo para intimidarlo. Pero el pokémon no tenía ni la menor intensión de echarse atrás.

    vs

    -Esto no durará mucho, Midori, Golpe Aéreo.

    -Haz lo que puedas, Kojondo, Bote.

    Pero ahora sí había diferencias en la velocidad. Midori era tan veloz y su cuerpo era tan amplio que ocupaba un gran sector del campo de combate, y antes de que Kojondo pudiera ejecutar su ataque, el Golpe Aéreo cayó sobre él con absoluta fuerza, rindiéndolo contra la superficie del domo. Este ataque no fue a su pecho, fue a su cabeza directamente y quedó completamente exhausto.

    -Está bien, no esperaba menos- dijo Frei y regresó a su pokémon-. Creo que este par estaba predestinado a volver a luchar.

    -Midori hace mucho que espera esta batalla. No ha de ser en vano.

    -Claro que no, pero no te confíes de tu ventaja de tipos. ¡Daikenki, tienes que ser un torrente!

    vs

    El elegante pokémon de agua aplastó el área de combate con sus cuatro patas. Se lo veía firme, impávido, mucho más adulto que la vez anterior, cargado de vivencia y aventuras. Sería un rival muy difícil.

    -¿Empezamos el final?

    -Sí, terminemos, Frei. Que gane el mejor.

    -¡Daikenki, Acua Jet!

    -¡Midori, Golpe Aéreo!

    El rival casi voló para golpear a Midori con su bestial cuerpo recubierto de agua. No fue fuerte, pero fue un golpe preciso que sacudió por primera vez a mi pokémon en la batalla ya que antes no había sido golpeado. Como contraataque, Daikenki recibió el golpe volador de mi compañero en la espalda, pero con la resistencia que tenía, apenas lo sintió.

    -¡Usa Hoja Aguda, Midori!

    -¡Demasiado rápido, Aiko! ¡Excavar, Daikenki!

    El pokémon rompió con su cuerno taladrero el cemento de la arena de combate y se ocultó bajo tierra. Midori dejó de juntar energías para realizar el ataque porque sabía que no podía hacerlo.

    -Es cierto… me apresuré a utilizar mi mejor ataque. Pero no importa, ¡un portazo cuando salga, Mido!

    -Eso no servirá. Daikenki, muéstrate y evita su ataque.

    Daikenki apareció cerca de mi Jarooda y con una de sus patas lo tomó por la cola y lo revolcó por el suelo. Cuando mi pokémon se liberó y quiso golpearlo, estaba tan mareado que al Daikenki le fue fácil evitarlo.

    Me mordí el labio. Ese Daikenki era imbatible, le llevaba siglos de ventaja a Midori que apenas podía moverse. No me quedaba mucho por hacer más que esperar el mejor momento para usar Hoja Aguda.

    -¡Usa Cola Dragón, Midori!

    -Y dale con usar la cola… ¡Daikenki, muéstrale por qué no tiene que usar la cola!

    Eso no me gustó para nada… Frei nunca hablaba por hablar, cuando lo hacía era porque verdaderamente sabía lo que hacía. Cuando Midori lo atacó con su larga, esbelta y delicada cola cubierta por una energía turquesa extraída de su corazón, Daikenki lo tomó el rabo con sus patas delanteras aprisionándolo contra el suelo y su cuerno comenzó a brillar y se extendió en tamaño tomando la forma de una espada. Con esa arma, una y otra vez azotó la parte trasera del Jarooda, quien gemía por el cortante ataque.

    -¡No! Sal de ahí… ¡Tienes que liberarte! Si esto sigue así nosotros…

    Midori se retorcía de dolor. No podía seguir soportando todos esos ataques, por más que fueran de agua, el golpe cortante lo lastimaba, Sable Concha estaba destruyendo mis sueños y todo el trabajo que habíamos estado haciendo por tanto tiempo.

    -¡Acaba, Daikenki, usa Megacuerno!

    -¡Ayyyy!

    No pude evitar ese chillido. De repente vi volar por el aire a Midori impulsado por la fuerza de Daikenki y sufrí un mareo momentáneo. Estaba viendo a mi pokémon a punto de ser acabado y de destrozar nuestros sueños… Quizá podrán pensar que fui débil al tener ganas de desmayarme en ese momento en que mi pokémon más me necesitaba, pero no pude evitarlo. Daikenki acuchilló con su cuerno brillando en luz verde el cuerpo delicado de Midori quien cayó al suelo fulminado.

    -Midori…

    Mi pokémon respiraba con dificultad. Se lo notaba muy adolorido…

    -Mi… Midori…

    No contestaba a mis llamados, pero se movía como intentando levantarse.

    -Midori, Midori…

    Comenzaba a desesperarme y mi pokémon dejó de moverse. En ese momento estallé en pánico.

    -¡Midori! ¡Levántate, por favor, no podemos rendirnos ahora! Has pasado por cosas como estas muchas veces, yo entiendo la dificultad de tu adversario pero tienes que…

    El pokémon de hierba enroscó su cuerpo y lentamente se irguió. Estaba adolorido, tenía una herida profunda en el cuerpo, que era el resultado del Megacuerno, pero por suerte, tener un cuerpo tan largo era una ventaja ya que era difícil tocar un lugar donde hubiera órganos vitales. Midori estaba débil, pero se volvían fuertes sus ataques cuando lo estaba, era parte de su naturaleza, su habilidad principal. En cambio, Daikenki, estaba íntegro físicamente, pero con las energías disminuidas por el increíble desgaste en la batalla.

    -Es ahora o nunca, Midori, ¡usa Hoja Aguda!

    -¡Daikenki, Megacuerno!

    Mi pokémon serpenteó el camino hacia su rival, con las hojas de su cuerpo brillando y endureciéndose. Daikenki preparó otra vez su cuerno para ejecutar su ataque máximo. A escasos metros de encontrarse, Midori encendió su velocidad, sprinteo esa pequeña distancia y azotó al rival con las hojas de su cuerpo como si fueran espinas. Esta vez no usó la cola, sino todo su cuerpo que era demasiado voluminoso como para que Daikenki pudiera sostenerlo. El daño cortante de Midori fue sublime, aplastó al rival contra el suelo y trazó tajos profundos en su cuerpo, haciendo que la humedad de su cuerpo que tanta energía le daba se filtrara como por una coladera. Cuando el oponente intentó su movimiento, ya estaba tan débil que a Midori no le costó nada esquivar el golpe. Ahora las cosas estaban más parejas, ese último golpe certero fue perfecto.

    -Ahora la batalla será más emocionante. ¡Midori, Hoja Aguda!

    -¡Daikenki, Acua Jet!

    Los pokémon se cruzaron en el campo de batalla con sus fuertes ataques. Daikenki iba y venía impulsado como un cohete hacia Midori quien sufría sus embestidas estoicamente. Los golpes descendentes de mi pokémon rasgaban el cuerpo del rival en cuanto se acercaba. Se atacaban sin cesar, cada vez que se encontraban forcejeaban lastimeramente hasta que uno hacía ceder al otro y retrocedía.

    Con Frei nos miramos seriamente un momento y luego asentimos sonrientes. Era hora de terminar con la batalla y sólo había una forma de hacerlo: que cada uno ejecutara sus ataques más fuertes, a matar o morir.

    -¡Daikenki, utiliza Megacuerno con toda tu habilidad!

    -¡Midori, resiste ahí y usa Hoja Aguda!

    Los pokémon también se admiraron con el mismo sentimiento que nosotros. Ya le habían dado a la gente un espectáculo bastante bueno y era hora de ponerle fin a la Liga Pokémon.

    Serpentearon y trotaron a toda la velocidad que les daba el cansado cuerpo. El área central del combate ya estaba en un estado calamitoso, esta y las anteriores batallas habían causado estragos en el ambiente. La gente no perdía detalle desde las gradas para cuando se diera el cruce final.

    Como un par de lanceros impulsados por el corazón, los pokémon se vieron las caras. El cuerno largo y filoso de Daikenki apuntó con la mayor precisión que podía. El cuerpo de Midori, se armó hasta los dientes como si fuera un puercoespín vegetal, con cientos de hojas en forma de púas. Los pokémon se envolvieron en una embestida salvaje, arraigando sus figuras y trenzándose en una lucha pandemónica.

    El cuerpo del Jarooda se enlazó en toda la estructura del Daikenki, constriñéndolo con fuerzas, cortándole la respiración y aplastando sus órganos con ayudas de las hojas agudas. El cuerno de Daikenki, había logrado traspasar de un lado a otro una parte de cola de Midori que sangraba sin parar. Ambos forcejeaban, Midori asfixiaba más a su rival y Daikenki empujaba su cuerno con toda su energía para que mi pokémon lo soltara. La batalla se había reducido a ver quién era el más resistente. La gente estaba en silencio y jadeaba con cada gemido de los pokémon.

    Un grito desconsolado de Jarooda me hizo temblar. Pero de repente, Daikenki fue quien cayó al suelo, desmantelado de cansancio. Mi pokémon se irguió, suspirando y haciendo notorias muecas de dolor. Pero… estaba de pie… eso quería decir…

    - ¡Aiko Hitokage campeona! ¡La entrenadora de pueblo Evarne es la ganadora! ¡Luego de una tremendamente encarnizada batalla se corona! ¡Un lujo para los ojos de este relator esta épica y titánica batalla!

    Natsuki se vino abajo desde la tribuna para correr a abrazarme. Frei se acercó a felicitarme con un apretón de manos antes que nadie… yo, totalmente eufórica, no pude conformarme con eso y lo abracé sin miramientos mientras comenzaba a llorar por la victoria conseguida. Era algo soñado, nunca había pensado que se me haría realidad, siempre había luchado, pero las probabilidades de conseguirlo eran pocas

    -¡Sos una genia! Lo hiciste trizas, le ganaste nada menos que a Frei. ¡Que victoria! Esa serpiente es de acero- gritaba Natsuki exteriorizando toda la alegría que yo sentía y no podía demostrar…

    La mirada emotiva de Midori sobre mí fue lo que realmente me conmovió y confirmó lo que pasaba. Lo habíamos conseguido, luego de tanto esfuerzo…


    Con Natsuki esa noche nos vestimos de gala y asistimos a la cena de cierre de la Liga Pokémon. Un evento magnífico, con baile, comida exquisita y una gran demostración de variados talentos humanos y pokémon como espectáculo. Pero la sorpresa llegó para la hora del postre…

    -¡Ayy, estas galletas están como para no parar de comerlas! Maldita sea, mañana tendré que hacer 24 horas de ejercicio si quiero seguir conservando mi estado luego de esta comilona- Natsuki, como dije, seguía demostrando mi alegría.

    -Tendrás que hacerlo si quieres seguir haciendo conmigo las misiones de alto riesgo- dijo Riko que estaba a su lado con su mirada fría de siempre.

    Natsuki se atragantó con una catara de babas y junto con los Ryota y Keita reímos. Frei se había ido pero en cuanto regresó me habló.

    -Aiko… tengo que decirte algo- comenzó misterioso.

    Yo me quedé helada y me sonrojé. Natsuki, nada disimulada, me codeó con fuerzas y me guiñó los ojos.

    -Los dejaría solos, pero estas galletas me lo impiden-dijo luego sonriente.

    -Vamos a caminar- me invitó Frei y no lo rechacé de ninguna manera.

    Luego de apartarnos de las mesas nos acercamos a un roble y allí comenzó la charla… estaba muy nerviosa, me temblaban las rodillas.

    -Bueno, yo quería hablarte…

    -¿Sí?- apresuré.

    - Ehhh… querías formar parte de la Legión, ¿cierto?

    -Ah… sí. Eso quiero.

    No era eso lo que me esperaba… me desilusioné bastante y suspiré.

    -Perfecto, porque con lo que demostraste hoy y en tu viaje, no hace falta que hagas examen de ingreso. Ya estás dentro.

    -¿De verdad? Genial… ¿Sólo eso querías decirme?

    -Ehh, bueno, sí. ¿Pensabas que era algo más?

    -No, no. Tienes razón, ¿qué otra cosa podría ser?

    Retrocedí un poco y corté el contacto visual, preparándome para regresar.

    -Ah, por cierto, Aiko. Eres la primera chica que se une al grupo recomendada por mí y… hay algo que debes hacer. Tendrás que dejar que te invite a tomar un helado, ya sabes, para discutir bien los detalles de las misiones y demás.

    Me sonreí gustosa y entrelacé mis brazos por delante.

    -Sí, por supuesto que quiero que me invites a tomar un helado. No te haré gastar lo que le hace gastar Natsuki a Riko.

    -Eso es un verdadero alivio.

    Juntos, sonriendo, regresamos a la cena, en parte rivales, en parte algo más que amigos… pero iguales en algo. Siempre Legionarios.[/spoiler:922q5wu7]


    Bueno, aquí cierra este ciclo. Gracias a los que acompañaron el fic y espero que les haya gustado esta historia en tiempo record ^^ ¡Hasta el próximo evento!


    Gracias a todos por recordarme :) Sólo tengo buenos recuerdos de ustedes y de este agradable lugar también.

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    • #32
      Re: •Legionarios• [Final]

      genial ganó Aiko que bien :twisted: que no pasara nada entre ellos???? (Aiko y Frei) 8) jeje


      rock xD

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      • #33
        Re: •Legionarios• [Final]

        Genial ,magnifica historia en verdad me ha gustado mucho todo el fic , perdon por responder tan tarde pero estaba de vacaciones y no tenia acceso a internet xd felicitaciones a todos los redactores porque me hicieron leer todos los capitulos ... :baba:

        saludos
        Spoiler: 




        Mi blog:http://trliv.blogspot.com

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